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sábado, 21 de enero de 2012

Preparados para Su Venida / Sermones de Stephen Bohr

Seminario dedicado a la preparación para la Segunda Venida de Cristo.


• Tema 1: Sin temor en el Juicio

Serie de siete temas presentados por el pastor Stephen P. Bohr. Y producido por el Centro Audiovisual Digital (CAD) de la Corporación Universitaria Adventista / Universidad Adventista de Colombia.


• Tema 2: Como ladrón en la noche


• Tema 3: Un oasis en el Tiempo


• Tema 4: El Fuego consumidor


• Tema 5: Lo Santo y lo Profano


• Tema 6: La Luz Mayor y Menor


• Tema 7: Reflexiones sobre Daniel
Enlace

Fuente: Jespadillchannel /Youtube
Autor: Stephen P. Bohr, nació en Wisconsin, creció en Venezuela, donde sus padres sirvieron como misioneros. Durante más de 30 años que ha servido como pastor, profesor de teología, consejero de la juventud, y evangelista reconocida en todo el mundo. Presenta tambien en 3ABN la conocida serie “New Perspectives on the Spirit of Prophecy” (Nuevas perspectivas en el Espíritu de Profecía) y es autor de la innovadora serie, "Cracking the Genesis Code" (Descifrando el Código de Génesis). También es Presidente del ministerio independiente SECRETS UNSEALED y sirve como pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día Central de Fresno, California.









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domingo, 9 de octubre de 2011

Cruzando el Jordán / Seminario de David Gates

1/6. El riesgo de cruzar el Jordán

• Seminario presentado por David Gates y producido por Gospel Ministries International. Seis predicaciones realizadas en noviembre de 2010.


2/6. La última generación


3/6. Preparación para cruzar


4/6. El ataque de los madianitas


5/6. La conquista del mundo


6/6. He aquí vengo pronto


David Gates es un piloto y misionero adventista independiente. Director de Gospel Ministries International y fundador de Red A.D.venir Internacional el primer canal adventista en español en trasmitir vía satélite a todo el mundo. Haciendo clic aquí puede ver la transmisión en directo de Red A.D.venir en OJO ADVENTISTA







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lunes, 26 de septiembre de 2011

Apocalipsis: Terremotos, maremotos, guerras, crisis… ¿Será que se acerca el fin? Por Fernando L. Canale

“Todo —los pueblos y ciudades aplastadas por un torrente de barro y muerte— es abrumador y casi incomprensible”.1 Con estas palabras Paul Theroux expresaba la impresión de millones frente a la devastación del épico maremoto que recientemente arrasó a Japón. Pero eso no era todo lo que sucedía en el mundo. En un artículo titulado, “Aumenta el caos total: Catástrofes nucleares, revoluciones, y tensiones económicas”, la periodista Tina Brown reflexionaba: “¿Se ha enloquecido el mundo?” 2

Sintetizando los desastres que se sucedieron rápidamente durante los primeros meses de este año, la portada de la revista Newsweek anunciaba ominosamente: “Llegó el Apocalipsis: maremotos, terremotos, desastres nucleares, revoluciones, economías al borde de la ruina. ¿Qué nos depara el futuro?” 3 A pesar de los extraordinarios avances de la ciencia y la tecnología, las perspectivas no parecen alentadoras para la humanidad.

La pregunta ¿qué nos depara el futuro? nos confronta con nuestro destino personal y colectivo. Muchos suponen que pensar en el futuro no es posible ni importante porque, de acuerdo con el dicho, “lo que será, será”; el futuro está fuera de nuestras manos. Sin embargo, vivir implica anticipar el futuro. Consecuentemente, todos tenemos algunas ideas acerca de lo que ocurrirá. Aunque a simple vista nuestras expectativas parezcan meras opiniones personales para compartir entre amigos, ellas determinan en gran manera lo que hacemos y llegaremos a ser. Por lo tanto conviene que pensemos en lo que puede depararnos el futuro.

Anticipando el futuro

La ciencia, los horóscopos, y los médiums espiritistas son algunas de las maneras en que los seres humanos intentan anticipar lo que sucederá. Pero la única forma de hacerlo con seguridad es consultando a Aquel que por naturaleza es dueño del futuro: Dios. Entonces, nuestra pregunta acerca de lo que nos depara futuro debiera ser: ¿Qué nos dice Dios acerca de lo que ocurrirá con nuestro planeta? Para poder contestar esta pregunta debemos considerar lo que nuestro Señor Jesucristo dijo acerca del futuro a sus discípulos.

¿Temor o esperanza?

¿Debemos temer las cosas que sobrevendrán a la tierra o podemos abrigar esperanza en un mundo mejor? En nuestros días asociamos la palabra “Apocalipsis” con la destrucción total del planeta Tierra, y por lo tanto la relacionamos con eventos extremadamente destructivos. 4 Una perspectiva tal solo puede generar temor y ansiedad acerca de las cosas que sobrevendrán.

Sin embargo, el mensaje del Apocalipsis no se centra en la destrucción del planeta sino en su restauración total física y espiritual (Apocalipsis 21:1). Pero de acuerdo con la Biblia, hay algo más importante en el futuro del planeta Tierra que la renovación a su perfección original. El Cristo quien ascendió a los cielos después de su muerte y resurrección prometió que retornaría en las nubes (Hechos 1:11) para morar con los seres humanos (S. Juan 14:1-3; Apocalipsis 21:3). Estos acontecimientos monumentales solo pueden generar esperanza y una visión altamente positiva del futuro de la humanidad.

La cercanía del futuro que anhelamos

Pero ¿cómo se relaciona la multiplicación de hechos catastróficos con la venida de Cristo y el futuro grandioso de nuestro planeta? Cuando sus discípulos le preguntaron cuándo su reino sería instaurado, Jesús mencionó, entre otras cosas, que antes de su retorno a la tierra habría guerras y rumores de guerras; se levantaría nación contra nación, y reino contra reino; y habría pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares (S. Mateo 24:6–8). Estos acontecimientos indicarían la cercanía de su venida, como los nuevos retoños de la higuera indican que el verano está a las puertas (S. Mateo 24:32, 33). Desde la perspectiva de la fe cristiana, entonces, las catástrofes se transforman en signos de esperanza. Ellas anuncian el pronto regreso del Salvador del mundo y la inauguración de su reinado eterno.

Accediendo al futuro eterno

Desde la perspectiva humana, las catástrofes que se suceden rápidamente y aumentan en intensidad auguran un futuro incierto y desesperanzador. Pero el poder creador y la fidelidad de Cristo garantizan el cumplimiento de su promesa de restaurar nuestro planeta a su perfección original (Apocalipsis 21:5). Pero, ¿quiénes participarán en el futuro glorioso de la humanidad cuando Cristo regrese? Cristo dejó claro que solo aquellos quienes por fe acepten la primacía de su voluntad y vivan permanentemente de acuerdo con ella participarán en su futuro reino. Consecuentemente, Cristo recomendó a sus discípulos que estuvieran preparados para el día de su venida (S. Mateo 24:42-44). La preparación es necesaria porque el mismo Cristo la tomará en cuenta cuando juzgue quienes participarán en su futuro reino y determine quienes serán excluidos de él para siempre (S. Mateo 25:31-46).

El futuro hoy

¿Qué preparación necesitamos para participar del futuro glorioso de la humanidad? Necesitamos poseer fe y amor en Cristo (Santiago 2:5) que nazcan sinceramente de lo profundo de nuestro corazón (Deuteronomio 6:5; S. Lucas 10:27). Tener fe significa confiar plenamente en Dios como los niños confían en sus padres (S. Mateo 18:3). Confiar en su voluntad, su ley y sus promesas expresadas en las Sagradas Escrituras. Amar a Cristo significa abrirle el corazón completamente y aceptar su consejo y dirección (ver Proverbios 23:26). Al depositar nuestra confianza en Dios y amarlo, nos arrepentimos de los errores de nuestra vida pasada y comenzamos una nueva manera de vivir bajo la dirección y compañía de Cristo (S. Mateo 3:2, S. Juan 3:5). Esta transformación interna y externa nos hace miembros del reino de Cristo ahora y nos asegura por su gracia una parte en la asombrosa renovación del planeta que Cristo ejecutará antes de establecer su reino eterno sobre la tierra.

Conclusión

Recientemente, una secuencia de catástrofes impresionantes ha llamado la atención del mundo y nos invita a pensar acerca del futuro. Al considerar estos hechos catastróficos, la mayoría de los seres humanos percibimos solo proporciones alarmantes de destrucción y desorden social. Nuestra aprensión crece cuando advertimos que la ciencia y la tecnología humanas son impotentes para anticiparlos, prevenirlos y evitarlos. No es de extrañar que la revista Newsweek preguntara: “¿Qué nos depara el futuro?”

Desde la perspectiva humana, el futuro parece ser una fuente inagotable de desastres que amenazan la vida y estabilidad del planeta. La noción que un mega desastre o una secuencia de ellos pueda destruir la vida en nuestro planeta parece ganar credibilidad. Esta situación inevitablemente engendra temor e inseguridad que solo pueden afectar nuestra existencia negativamente.
Pero desde la perspectiva de la fe cristiana, los mismos acontecimientos no se ven como heraldos de más calamidades y destrucción sino como señales de la pronta llegada del futuro eterno deseado por todas las naciones. Nos dicen que la historia como la conocemos se acerca a su final. La aurora de una nueva historia de la humanidad se aproxima vertiginosamente. Querido lector, te animo a considerar ambas perspectivas cuidadosamente. No olvides que el futuro eterno está disponible para ti ahora en la persona de Jesucristo. ¿Depositarás tu fe y amor en él? Lo que el futuro te deparará depende de la forma en que contestes a esta pregunta.





Fuente: El Centinela
Autor: Fernando L. Canale, PhD, profesor de Filosofía y Teología de Andrews University, EEUU. Licenciado en Teología, Profesor de Filosofía y Pedagogía de la Universidad Adventista del Plata, Argentina. Licenciado en Filosofía, Universidad Católica de Santa Fe, Argentina.
Referencias: 1. Paul Theroux, “Nightmare and Defiance”, Newsweek, 20 de marzo, 2011. 2. Tina Brown, “The Mayhem Mounts: Meltdowns, Revolts, and Economic Stress”, Newsweek, 20 de marzo, 2011. 3. Portada de Newsweek, 20 de marzo, 2011. 4. Véase por ejemplo “Apocalypse”, New Oxford American Dictionary, (Oxford: Oxford University Press, 2005).







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viernes, 22 de abril de 2011

Fidelidad en tiempos de Crisis / Seminario de David Gates

1. Jonas Debajo de las Aguas

Seminario presentado por David Gates y producido por Gospel Ministries International. Cinco predicaciones realizadas en Miami, del 19 al 21 de setiembre de 2010.


2. Esther en el Lujo


3. José en la Esclavitud


4. Nehemias Bajo la Critica


5. En las Llamas


David Gates es un piloto y misionero adventista independiente. Director de Gospel Ministries International y fundador de Red A.D.venir Internacional el primer canal adventista en español en trasmitir vía satélite a todo el mundo.

Haciendo clic aquí puede ver la transmisión en directo de Red A.D.venir en OJO ADVENTISTA




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miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Buenos solo en apariencia? Por Clifford Goldstein

Dos soldados alemanes, en cuclillas uno junto a otro, elevaron la cabeza por encima de la trinchera, otearon la densa oscuridad, y luego volvieron a agacharse. Nacidos con solo unos días de diferencia en el mismo pueblo bávaro, los dos soldados de infantería tenían acento similar, eran del mismo rango, y hablaban con idéntico fervor de luchar por la defensa de la patria y del honor del káiser. Algunos de sus camaradas bromeaban diciendo que los dos estaban empezando a parecer iguales y les dieron el apodo de “los gemelos”.

“Los gemelos” pasaron la noche con terribles presentimientos. Luego, poco a poco, el sol empezó a iluminar el horizonte y, como demonios furiosos arrojados de tumbas abiertas, los franceses atacaron. Las balas silbaban sobre las cabezas de “los gemelos”, los obuses impactaban contra el suelo, y se desató el caos.

De inmediato, llegó la orden de contraatacar. Al unísono, las tropas alemanas se pusieron en pie para frenar la ofensiva. “Los gemelos” también se pusieron de pie, pero mientras que uno corrió hacia delante para enfrentarse al enemigo en el combate cuerpo a cuerpo, ¡el otro huyó!

¿Gemelos? Una crisis demostró que, no importa lo similares que pareciesen exteriormente, eran tan diferentes en su interior que cuando se disipó la humareda, uno fue condecorado por su heroísmo y el otro fusilado por deserción.

Hace mil novecientos y pico años, sentado en el Monte de los Olivos con sus discípulos, Jesús enseñó una lección similar. En la parábola de las diez vírgenes (véase Mat. 25: 1-13), el Salvador advirtió que habría gente que creería en él, que tendría doctrinas puras, que aguardaría su venida, y que hasta tendría una medida del Espíritu Santo obrando en su vida. Pese a ello, con ocasión de la última crisis, se vería que no estaba preparada para su regreso. Con esta narración, Jesús nos dice con claridad a los cristianos que, no importa lo bueno que sea el aspecto externo de cada cual, lo que cuenta es lo que va por dentro...


La narración de Jesús

"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes", empezó diciendo Jesús, "que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas" (versículos 1-4). Jesús dijo que "como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron". Luego, a medianoche, cuando se oyó el grito de que venía el novio, todas se levantaron y pusieron a punto sus lámparas. Desgraciadamente, las cinco vírgenes insensatas necesitaban aceite porque sus lámparas se estaban agotando. Pidieron a las vírgenes prudentes que las ayudaran, pero estas dijeron que no tenían suficiente para compartirlo. De modo que las vírgenes insensatas fueron a comprar más aceite y, en su ausencia, "llegó el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta". Cuando volvieron las vírgenes insensatas y quisieron entrar, el novio respondió: "De cierto os digo que no os conozco".

Jesús terminó su relato con esta advertencia: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora" (versículo 13).

Pocas de las parábolas de Jesús presentan una advertencia tan seria a quienes aguardan su retorno. Exactamente, ¿qué es lo que nos está diciendo Jesús? Analicemos esta parábola de forma más minuciosa.

Para empezar, Jesús llamó vírgenes a las mujeres, lo que, en la Biblia, representa a gente fiel, en contraste con rameras, que simbolizan la apostasía y la pecaminosidad (véase, por ejemplo, Jer. 3: 6; Apoc. 17: 5). De modo que la parábola de las diez vírgenes no es para ateos, adeptos a Nueva Era o budistas. Jesús habla específicamente de su iglesia, un pueblo de doctrina pura que, en muchos sentidos, le era obediente.

Lo que resulta aún más desconcertante de estas vírgenes es que todas –las prudentes y las insensatas– esperaban al novio. La imagen de la boda simboliza que Jesús viene a buscar su iglesia al final del tiempo (véase Apoc. 19: 6, 7). Estas vírgenes, entonces, representan a cristianos que anhelan el regreso de Cristo y que hasta se esfuerzan por encontrarse con él. No representan –ni siquiera las insensatas– a los cristianos profesos que no creen en el regreso literal de Cristo o que lo sitúan tan en el futuro que no les preocupa.

En la parábola, tanto las prudentes como las insensatas tenían lámparas, símbolo de la Palabra de Dios (véase Sal. 119: 105). Según parece, todas las personas representadas por estas vírgenes leen la Biblia y, hasta cierto punto, han seguido la luz que emana de ella. E incluso todas ellas tenían aceite, símbolo del Espíritu Santo (véase Zac. 4: 1-14). O sea, todas las vírgenes, tanto las prudentes como las insensatas, habían experimentado la obra de Dios en sus vidas.

De modo que las vírgenes prudentes y las insensatas representan a dos grupos entre los seguidores de Jesús. Ambos grupos tienen una doctrina pura, incluida la segunda venida que los dos anhelan de veras. No solo leen la Biblia, sino que sus vidas dan evidencia de que el Espíritu Santo obra en ellos. En la parábola de las ovejas y las cabras es fácil ver la diferencia entre sus verdaderos seguidores y aquellos que son infieles (la mayoría de la gente puede distinguir fácilmente entre una oveja y una cabra). Esta parábola, sin embargo, nos advierte de que la diferencia podría no siempre resultar tan obvia.


La tardanza causa crisis

Como en el caso de “los gemelos” de la trinchera, fue una crisis lo que reveló los caracteres auténticos de las vírgenes. En este caso, la crisis fue la tardanza del novio en volver: "Como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron" (versículo 5). La dinámica esencial de este relato gira en torno a la demora. Si el novio no hubiese tardado, si hubiese vuelto cuando se le esperaba, entonces todas habrían estado listas porque todas habrían tenido bastante aceite en sus lámparas, de modo que no habría hecho falta esta historia.

Pero Jesús sabía, ya cuando estaba sentado en el Monte de los Olivos, que sus seguidores se cansarían de esperar su regreso. Después de todo, también las vírgenes prudentes se durmieron. El problema, entonces –al menos en esta parábola– no estaba en su sueño. Estaba más bien en su falta de preparación para la crisis que se desencadenó. Por medio de esta parábola Jesús advirtió que aun en su hastío, es preciso que los cristianos estén preparados. O sea, Jesús estaba diciendo: "Preparaos para una demora. Preparaos para la realidad de que mi venida no será tan pronto como os gustaría".

En el momento culminante de la crisis, cuando alguien gritó "¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!", todas las mujeres, prudentes e insensatas, se despertaron y avivaron sus lámparas. La situación fue lo bastante grave como para que ninguna siguiera durmiendo. Sin duda, cuando se dé el grito que advierta al mundo que Jesús está a punto de volver, todos los cristianos despertarán e intentarán arreglar “sus lámparas”.

Sin embargo, muchos de ellos no tendrán suficiente aceite, no tendrán suficiente del Espíritu Santo en sus vidas para guiar su senda en ese tiempo de crisis. De hecho, en ese momento sus luces se habrán apagado por completo.

Evidentemente, Jesús está advirtiendo aquí que, sin el Espíritu de Dios, conocer la verdad no es suficiente. No importa cuánto haya obrado el Espíritu en la vida de una persona para llevarla al conocimiento de la verdad, a un grado de obediencia, y hasta a un anhelo de la segunda venida de Jesús, estos factores en sí mismos no bastarán. Cuando llegue el tiempo de crisis, los que no hayan sido alimentados, cultivados y reabastecidos por el Espíritu se encontrarán en la oscuridad. En realidad, no han conocido al Señor, porque la única manera de conocer a Dios es mediante la obra del Espíritu Santo; únicamente el Espíritu permite a las personas tener una relación con Cristo.

En esta parábola, cuando las vírgenes insensatas entendieron por fin lo que su letargo espiritual había ocasionado, cuando comprendieron su escasez en las cosas que importaban, pidieron a las otras que proveyeran a sus necesidades. Pero la salvación no es transferible. Dios ha ofrecido su gracia a cada alma. Cada cual debe tomarla para sí: "El que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida" (Apoc. 22: 17). Esta es una situación en la que nuestro hermano no puede ser nuestro guardián, aunque quisiera.

Cuando las vírgenes insensatas volvieron y golpearon la puerta, era demasiado tarde. El tiempo de gracia había concluido. El novio contestó, pero las palabras que pronunció fueron las más temibles que un cristiano haya oído jamás del Salvador: "De cierto os digo que no os conozco" (Mat. 25: 12).


Un mensaje para los últimos días

Aunque el mensaje de esta parábola es relevante para los cristianos de cualquier época, se aplica específicamente a los de los últimos días. Es para los vivos, no para los muertos.

Jesús les dice a los vivos que las creencias, las ceremonias, las tradiciones y las doctrinas, por sí mismas, no nos van a preparar para la segunda venida. El cristianismo no es solamente un conjunto de reglas, leyes y doctrinas. Es el Espíritu de Dios obrando en los individuos para transformar sus caracteres a semejanza del divino. Una teoría de la verdad, sin el poder del Espíritu Santo, podría conducir a formas externas apropiadas, pero no puede santificar el corazón a imagen del Redentor. Y, como muestra, la parábola; las acciones externas no son suficientes por sí solas.

Al contrario, Jesús dice que debemos abrir nuestra vida a la obra del Espíritu en cada paso del camino cristiano. No importa lo ocupados que estemos, ni lo pesado que sea nuestro trabajo, o cuántas sean nuestras luchas, debemos encontrar tiempo para el Señor; debemos cultivar nuestra relación con Dios a través del Espíritu.

El mensaje de Jesús resulta particularmente importante para los que vivimos en tiempos tan agitados y ajetreados como estos. Está diciendo a su pueblo del tiempo del fin que deben mantener encendidas sus lámparas, aun ante la tardanza. Pese a lo importante que sea tu trabajo, pese a lo exigente de tus ocupaciones diarias y familiares, has de hallar tiempo para mantener una relación salvadora con EVANGELIZAR LO PROFUNDO DEL CORAZÓN él, una relación en la que pueda obrar en nosotros "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 13).

Los cristianos podemos tener este tipo de relación solo mediante la comunión con Jesús, la obediencia a su Ley y una elección consciente de rendirnos a él cada día. No debemos procurar ganarnos su aceptación mediante nuestra propia justicia. Más bien debemos descansar en la seguridad de que ya hemos sido aceptados por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom. 8: 1). La expresión paulina "los que andan conforme al Espíritu" pone de manifiesto que esta debe ser una experiencia diaria. Solo la relación cotidiana con el Espíritu Santo mantendrá las lámparas ardiendo mientras se demore el novio.

"En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús" escribió Elena White. (1)

Con su parábola de las diez vírgenes, Jesús envía un claro mensaje a la generación del tiempo del fin advirtiéndoles de que no permitan que las apariencias externas, especialmente las propias, los engañen. En esta parábola, los salvos y los perdidos –en sus formas, ceremonias, doctrinas y hasta en su profesión de fe– parecen idénticos. Pero la mitad carece del ingrediente más crucial de todos, uno que no siempre es detectable, y que es el poder del Espíritu Santo en el corazón. Y no se trata de una diferencia nimia. Al contrario, para la última generación, lo que va por dentro no es, como en el caso de “los gemelos” en la trinchera, la distancia entre la medalla y el pelotón de fusilamiento. Es la distancia que hay entre la vida eterna y la muerte eterna.


Originalmente este articulo ha sido publicado el 16 de octubre de 2007 en uno de los blogs que pasaron a conformar lo que es hoy OJO ADVENTISTA.




Fuente: Revista Adventista, España, junio 2006
Autor: Clifford Goldstein (1960-), actual Editor de la Guía de Estudio -adultos- para la Escuela Sabática. Desde 1992 hasta 1997, fue redactor de ‘Liberty’, y 1984-1992, editor del Shabat Shalom. El tiene M.A. in Ancient Northwest Semitic Languages de la Johns Hopkins University (1992). Es autor de unos 18 libros, los más reciente son "God, Godel, and Grace" y "Graffiti in the Holy of Holies".
Referencias: 1. Elena White, El camino a Cristo, pág. 68.
Transcripción: Mauricio Albareda

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miércoles, 25 de agosto de 2010

¿A quién se parecerá el anticristo? Por Ed Dickerson

¿Reconocería usted al anticristo si apareciera hoy? ¿Qué dice la Biblia sobre este misterioso personaje profético?
En la escuela secundaria trabajé durante un tiempo en una imprenta. El gerente se complacía en contar un chiste sobre el peor falsificador del mundo. Este sujeto, supuestamente había hecho una copia perfecta de un billete, solo que se trataba un billete de 19 dólares, y la había hecho con un centímetro de más. El gerente de la imprenta se disolvía en risas cada vez que contaba el chiste, por eso lo recuerdo todavía. Y cada vez que surge el tema del anticristo, recuerdo el viejo chiste de mi ex jefe, porque el anticristo es la falsificación más grande de todas.

Y solo hay un falsificador con suficiente habilidad y experiencia como para forjar el gran engaño final. Por supuesto, estoy hablando del diablo, el falsificador consumado. No solo inventó la falsificación y el engaño, sino que lo ha estado perfeccionando durante miles de años. El anticristo será el engaño definitivo de parte del diablo, su obra maestra. Esta falsificación será la mejor de todos los tiempos, de hecho, engañará, “si fuese posible, aun a los escogidos” (S. Marcos 13:22).

Y este es el problema que tengo con algunas representaciones del anticristo. Tienden a enfatizar la parte del “anti” y excluyen la parte de “Cristo”. Las representaciones populares del anticristo por lo general lo pintan como siniestro y malo. Por ejemplo, Nicolae Carpathia, el personaje del anticristo en los libros y videos de Left Behind (Dejados atrás), es un político maquinador y asesino, proveniente, ni más ni menos, de Rumania; así que habla con el mismo acento que asociamos con Drácula. ¿Será que la gente cree que guarda algún parecido con Cristo? No es exactamente sutil, y probablemente nadie lo confundiría con Cristo.

Ángel de luz

Sin embargo, esa es la razón de ser del anticristo. Él no es meramente el adversario de Cristo, sino un usurpador, un impostor, un pretendiente al trono, alguien que desea lo que Cristo tiene y pretende ser como él. En especial busca ser adorado. Para conseguir lo que quiere, para persuadir a la gente a adorarlo, tiene que convencerlos de que él es el Cristo. La falsificación por fuerza debe parecerse al producto genuino.

Por supuesto, las personas tienen diferentes ideas acerca de la apariencia de Jesús, pero nadie sabe con certeza. La Escritura nos advierte, sin embargo, que “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14). La expresión “ángel de luz” concuerda bastante con la idea de engañar. Algo impresionante, pero un tanto difuso.

Un llamamiento a nuestras aspiraciones más elevadas

La Biblia no nos da ninguna información acerca de la apariencia física del anticristo, pero sí nos dice cómo son sus acciones, porque sabemos el tipo de cosas que Jesús dijo e hizo. Y es seguro afirmar que el anticristo hablará palabras hermosas y de paz. Sin duda hablará de amor, paz, justicia y fraternidad universal, porque eso es lo que la gente espera. De hecho, esta apelación a nuestros más elevados ideales y aspiraciones es lo que hará que sus mentiras sean tan irresistibles.

El deseo original de Lucifer, que llevó a su caída del cielo, fue llegar a ser “semejante al Altísimo” (Isaías 14:14), ser como Dios mismo. Y utilizó esa misma tentación con Eva. Le dijo que si comía de la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos se abrirían y ella sería como Dios (Génesis 3:5). Ser como Dios suena a algo sumamente bueno. El gran seductor esconde con frecuencia sus tentaciones bajo una bondad aparente.

Vemos esto demostrado en la película Lutero (2003), en la que un joven idealista llamado Aleandro llega a Roma. En el Vaticano, un cardenal le pregunta:

—¿Cuál es tu mayor deseo?
—Servir a Dios con todo mi corazón —responde Alejandro.
—Entonces, en base a esto serás tentado —le advierte el cardenal.

Conforme avanza la película, vemos cómo el deseo de Aleandro de servir a Dios lo lleva a la traición, al secuestro y al asesinato. Así es cómo funciona el demonio: nos ofrece lo mejor para conseguir que hagamos lo peor.

En el desierto, el diablo ofreció a Jesús cosas buenas, incluso bendiciones. Le dijo a Jesús que le daría el pan para sostener su vida, una oportunidad para demostrar el cumplimiento de la promesa de Dios de enviar ángeles para rescatarnos, y el señorío sobre todos los reinos de la tierra. En sí, todas estas cosas son buenas. Algunas incluso fueron parte de la misión y el propósito de Cristo. El mal estaba en lo que el diablo le pidió a Jesús que hiciera para lograrlas. Y a nosotros nos dice lo mismo: “Haz esta cosita pequeña, y todas estas cosas buenas pueden ser tuyas”. Este es un truco conocido por todos los mentirosos y estafadores.

Y el diablo es el padre de todos los mentirosos, el estafador original. Así que en su función de anticristo, él sabrá decir las palabras adecuadas y tocar los botones emocionales precisos, para que nos sintamos seguros de que todas sus intenciones son puras y benévolas, que seguirlo a él solo nos producirá alegría. Habrá suficiente verdad en sus palabras como para hacer que las mentiras sean creíbles; suficiente azúcar para ocultar el veneno. Pero serán mentiras. Como Jesús dijo de él: “Cuando habla mentira, de suyo habla” (S. Juan 8:44).

Señales y prodigios

Sin embargo, las palabras no serán suficientes. La Biblia nos dice que el anticristo desviará nuestra atención de sus mentiras con “señales y prodigios [milagros]” (S. Marcos 13:22). El capítulo 13 de Apocalipsis presenta a un falso profeta que obra milagros, que tiene las características del Cordero [es decir, de Cristo], pero habla “como un dragón”, refiriéndose a Satanás (Apocalipsis 13:11; 12:9). Y para ocultar sus mentiras, “también hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió” (Apocalipsis 13:13, 14).

Sin embargo, hay algunas cosas que el demonio no podrá falsificar, y una de ellas es la segunda venida de Cristo en gloria y majestad. Apocalipsis describe el regreso de Jesús: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7; la cursiva es nuestra). Todo ser humano en el planeta Tierra verá a Jesús cuando regrese.

Sin embargo, el diablo lo intentará. Jesús nos advirtió: “Si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (S. Mateo 24:26, 27). En estos versículos nos enteramos de dos cosas. En primer lugar, el anticristo aparentemente intentará falsificar la venida de Jesús apareciendo en diferentes partes de la tierra. Pero, y este es el segundo punto, el regreso de Cristo va a llamar la atención mundial. Jesús aparecerá en el cielo, visible desde un extremo de la tierra al otro. Pablo nos dio otra descripción muy importante de la segunda venida de Cristo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16, la cursiva es nuestra). Así, además de ser visible en todo el mundo, la segunda venida de Cristo será sumamente audible. ¡El estruendo será imposible de ignorar!

Cuando Jesús regrese a la Tierra, ¡usted lo sabrá!

Evite el engaño

Entonces, ¿cómo usted y yo podemos evitar ser engañados por el anticristo cuando aparezca?

Los banqueros y otros que enfrentan la amenaza de la falsificación saben que la mejor manera de detectar un billete falso es familiarizarse con el billete genuino. De manera que los empleados bancarios no pasan su tiempo analizando el dinero falso. Por el contrario, se concentran en conocer lo genuino.

El mismo método nos funcionará a nosotros. Es extremadamente importante que entendamos todo lo que la Biblia dice acerca de la verdadera segunda venida de Cristo, porque solo por su testimonio vamos a entender la verdad con claridad suficiente para discernir la segunda venida falsa del anticristo. Si entendemos que Jesús volverá en las nubes del cielo con poder y gloria y gran estruendo como de trompeta, podemos fácilmente reconocer a un impostor que se presenta en diferentes partes del mundo, haciéndose pasar por Cristo.

Si bien es importante saber cómo se presentará el anticristo, es mucho más importante conocer al verdadero Cristo. Jesús nos asegura: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (S. Juan 10:27, 28). Quienes conocen al verdadero Jesús, no tienen que temer a los falsos cristos. Ellos conocen el producto genuino. Hablan con él y escuchan a Dios todos los días. Conocen su voz. Y nadie, ni el anticristo ni ningún otro, los puede arrebatar de su mano.

Si usted sabe lo que dice la Biblia acerca de la segunda venida de Cristo, y conoce a Cristo personalmente, no necesita ser engañado por el anticristo cuando se manifieste.





Fuente: ElCentinela.com / agosto 2010
Autor: Ed Dickerson, escritor, autor del libro "Grounds for Belief", vive actualmente en Garrison, Iowa. Ha trabajado con jóvenes desde 19 años de edad, ha enseñado en todos los niveles desde la escuela primaria a la escuela de posgrado, tanto en los Estados Unidos como en el extranjero. Su escritura y sus discursos están salpicadas de referencias a la ciencia, la psicología, la literatura, las películas-incluso en la cultura pop, haciendo que el cristianismo sea accesibles para el público secular, el adventismo y emocionante para el público cristiano. Él es el creador de "Grounds for Belief Café". Ed tiene una Maestría en Educación Religiosa de Andrews Universtity y ha publicado decenas de artículos en todo el mundo.

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jueves, 27 de mayo de 2010

Microcosmos del Fin. Por Alberto R. Treiyer


La jornada había sido larga y muy dura. La más grande confrontación de Jesús con los dirigentes religiosos de la ciudad de Jerusalén quedaba atrás. Al retirarse la gloria divina que se encontraba velada ya no en una nube, como en la antigüedad, sino en la carne humana (Juan 1:9,14), la casa de Dios en Jerusalén iba a quedar vacía de la presencia celestial (Mat 23:38-39). Pero al comenzar a subir por la ladera de la montaña de los olivos, los discípulos se dieron vuelta y pudieron contemplar una vez más una escena tan espectacular como lo era el templo de Jerusalén.

“Durante más de cuarenta años se habían prodigado riquezas, trabajo y arte arquitectónico para enaltecer los esplendores y la grandeza de aquel templo. Herodes el Grande y hasta el mismo emperador del mundo contribuyeron con los tesoros de los judíos y con las riquezas romanas a engrandecer la magnificencia del hermoso edificio. Con este objeto habíanse importado de Roma enormes bloques de preciado mármol, de tamaño casi fabuloso”. No era de extrañar que aún los discípulos, cuyos sueños se vinculaban a esa ciudad y a Jesús como su futuro rey, se sintiesen orgullosos de semejantes construcciones.

“‘Maestro, mira qué piedras y qué edificios (Mar 13:1 [Luc 21:5: “adornado de hermosas piedras y dones”]), atinó a decirle uno de ellos. Pero los sentimientos del Señor estaban muy lejos de la vanagloria humana que tanto agrada a los mortales. Para sorpresa de todos, Jesús le respondió: “‘¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada’” (Mat 13:1-2).


Microcosmos antiguos

Las palabras tan contrastantes de Jesús sobre el templo de Dios y su ciudad culminaban, en cierta forma para el Israel antiguo, los tantos anuncios proféticos que desde la antiguedad Dios había enviado acerca del “día del Señor”. Ese día de juicio los profetas lo anticiparon para con las ciudades de sus días, cuyos pecados llegaban a un punto que rebasaban la paciencia divina. Sus ruinas fueron microcosmos ilustrativos del juicio que tendría lugar, en el fin del mundo, en el macrocosmos global y planetario, cuando los mismos pecados que las habían causado pasasen a ser la nota tónica del mundo entero.

Esto entendían también los discípulos del Señor. Al ser testigos de la venida del Mesías prometido, pensaban que si había todavía un día del Señor para volver a destruir Jerusalén, debía ser el mismo día que traería a Jesús de los cielos para terminar con este mundo de pecado. Por eso le preguntaron, momentos más tarde, “¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mat 24:3). Y cuando más tarde Jesús ascendió a los cielos, confirmando su promesa de volver, volvieron a preguntarle: ‘¿Restituirás el reino a Israel en este tiempo?” (Hech 1:6).


El día del Señor.

¿En qué consistía el “día del Señor”, según los antiguos profetas? En un día amargo, de ira, de angustia, de castigo, venganza, ruina y desolación, de tinieblas y oscuridad, “de guerra contra las ciudades fuertes y las altas torres” (Sof 1:14-15; Am 5:18-20). ¿Debía suponerse, en este contexto dramático, que Dios daba entonces, rienda suelta a caprichos personales, como es usual entre los hombres? No. Para que nadie tuviera dudas acerca de la justicia de sus castigos, lo vemos convocando a su corte celestial para una investigación o requisitoria judicial que precede a su intervención (Gén 18:20ss; Sof 1:12; Dan 7:9-10).

Es más, no sólo los ángeles debían enterarse del proceso que Dios iniciaba contra la nación señalada. También los habitantes de las ciudades que iban a ser destruidas debían enterarse. Por esta razón, los mensajeros que Dios les enviaba para anunciar el castigo, pasaban a actuar, a su vez, como reporteros del juicio (Os 7:1-2; 8:13; 9:9; 10:2; 13:12). Y a pesar de tantas advertencias divinas, el día aciago cayó tantas veces en forma inesperada sobre los incrédulos, sobre “los que reposan tranquilos sobre sus inmundicias, y piensan: ‘el Eterno ni hará bien ni mal’” (Sof 1:12).

¿Qué es lo que Dios castigaba en aquellos prototipos pequeños del día final? Ese día del Eterno, según Isaías, debía abatir “la altivez de los ojos del hombre”, y humillar “la soberbia de los hombres”, para que sólo el Señor fuese exaltado (Isa 2:11-12; 14:12-13; Jer 50:29-32). De allí que la destrucción apuntaba mayormente a los símbolos de la arrogancia humana tal como se veían patentados “sobre toda torre alta, y sobre toda muralla fortificada” de sus ciudades (Isa 2:15). ¡Cuán vanos resultaban entonces tales escudos humanos detrás de los cuales procuraban parapetarse, sin buscar refugio en el único lugar seguro que Dios ofrece! (Sal 27:5; 31:19-23; 36:7-8; 91).

Siendo que la fragilidad y temor humanos acerca del futuro inducían a muchos a pensar sólo en sí mismos a expensas del pobre, el juicio de tal día apuntaba también a sus “grandes y hermosas” propiedades injustamente obtenidas. La inmundicia moral e hipocresía espiritual que se escondía, en tales circunstancias, bajo el barniz elegante de la abundancia material, tampoco escapaban a los ojos de los profetas (Isa 2:13-14; cf. Os 4:12-14).

No todo iba a ser tinieblas y desolación, sin embargo, en el día del Señor. Al derramar su juicio sobre las ciudades malvadas, Dios no olvidó jamás a un remanente fiel al que salvó (Isa 11:11ss; 12; 30:26,29; Joel 3:16ss). Tampoco olvidaría a un resto que guardase sus mandamientos en el fin del mundo cuando, según el Apocalipsis, Dios derramaría sobre toda la tierra, las plagas que consumarían su ira (Apoc 12:17; 14:12; 15:1; 16; 17:14). En otras palabras, tanto en el microcosmos de los pueblos antiguos como en el macrocosmos planetario de hoy, el día del Señor fue y sigue siendo un día contrastante, de desgracia para el mundo, pero de liberación y redención para el pueblo de Dios.


Los juicios microcósmicos anticipan un juicio universal y final.

La Biblia habla de sólo dos juicios universales, el del diluvio que tuvo lugar hace unos 4.000 años atrás (Gen 6-8), y el del fin del mundo que tendrá lugar pronto y por fuego (2 Ped 3:6-7,10). Aparte de los 120 años de predicación de Noé, no tenemos mucha información acerca de cómo Dios previno al mundo antediluviano de la gran catástrofe que iba a tener lugar en aquel entonces. Con respecto a la segunda tragedia universal que nos aguarda, sin embargo, tenemos no sólo el anuncio de los profetas, sino también los anticipos en miniatura de los juicios que Dios dio en lo pasado. En lugar de contemplar en forma pasiva a los hombres, en espera de la gran destrucción final, vemos que Dios interviene constantemente para frenar la maldad, y evitar que la rebelión humana alcance visos universales antes del tiempo señalado.

Por el hecho de limitar sus juicios, en tales ocasiones, a lugares específicos, dejando libres otros pueblos, sus castigos deben interpretárselos como misericordiosos. Debían despertar en los hombres el sentido del peligro que corren, y la realidad del juicio que les espera. Esto lo percibió el profeta cuando reconoció que, “cuando hay juicios” divinos “en la tierra, los habitantes del mundo aprenden justicia” (Isa 26:9). Se llenan otra vez las iglesias, la gente se pregunta muchas cosas, y se vuelve más receptiva para escuchar el evangelio.

Ahora bien, ¿cuáles son los instrumentos del castigo divino? ¿Son siempre la sequía, las tempestades y las plagas? ¿Interviene siempre él, en forma directa? No. Al no haber todavía una conflagración general y global como la que debía esperarse para el fin del mundo, Dios usa a menudo, para castigar las ciudades opresoras, a otros pueblos que tampoco lo reconocen, pero cuyos pecados no han sobrepasado aún los límites de la misericordia divina.

De esta forma, el reino de Asiria pasó a ser la “vara” del “enojo” del Señor, aunque su rey ni siquiera pudo imaginárselo (Is 10:5-7). Una vez que tales instrumentos malvados cumplen el designio de Aquel que pone y quita reyes (Dan 4:17; 6:20-21), Dios decide castigar igualmente “la soberbia” y “la altivez de sus ojos” (Isa 10:10-14). “¿Se jacta el hacha ante el que corta con ella? ¿Se ensoberbece la sierra contra el que la mueve? ¡Como si el bastón levantara al que lo levanta; como si la vara alzara a quien no es de madera!” v. 15).

Cuando los juicios de Dios se ejecutan a través de instrumentos crueles e inconscientes de cumplir con la voluntad divina, la Deidad simplemente juega el papel de Arbitro de todos los destinos. Retira su círculo protector de la ciudad condenada para dar libre acceso al destructor y enemigo por excelencia de Su creación. Así también ocurriría en el mundo entero, cuando los vientos de las pasiones humanas dejasen de ser retenidos por los cuatro ángeles que Dios apostó sobre los cuatro ángulos de la tierra para detener la maldad global, y demorar su destrucción final (Apoc 7:1-3; véase Dan 7:2).


¿Existen todavía microcosmos del juicio final, en esta época global?

¿Un fin del mundo sin la nación de Israel y sin su templo? Esto no podía caber en la mente de los discípulos. Siendo que en lo pasado, el día del Eterno había caído tanto sobre las naciones paganas como sobre su propio pueblo, pensaron que la ruina de Jerusalén coincidiría con la destrucción del mundo, confundiendo así el microcosmos de sus días con el macrocosmos final. Pero Jesús fue más allá de lo que ellos podían entrever a través de sus prejuicios nacionales, y con compasión les mezcló los dos acontecimientos. Cuando sus ojos se abrieran, podrían entender que la cercana destrucción de Jerusalén por los romanos no iba a ser aún el fin de todo, sino otro ejemplo o símbolo de la destrucción del mundo (cf. 1 Cor 10:6,11).

Cabe hacerse ahora la siguiente pregunta. Siendo que vivimos en el mundo en el que se cumplen las señales de repercusión universal que los antiguos profetas y apóstoles, y aún el Hijo de Dios mismo anunciaron, ¿podríamos esperar nuevos minianticipos de la destrucción final? Sí. Jesús los anticipó al describir en forma específica la época del fin. “Oiréis guerras y rumores de guerras”, anunció. Pero advirtió: “¡Cuidado! Nos os turbéis, porque es necesario que todo esto suceda, pero aún no es el fin” (Mat 24:6).

Fue en el S. XX que se dieron las primeras dos guerras mundiales que conoció nuestro mundo, y muchos creyeron que se iniciaba el fin mismo, olvidando las palabras precisas del Señor. Se reunieron los ejércitos de las naciones de nuevo, hace apenas una década, en torno a Iraq, y nuevamente comenzaron a circular versiones de la llegada del Armagedón, la última batalla del mundo de la que habla el Apocalipsis (Apoc 16:16). Pero no debía esperarse el fin aún. “Se levantará nación contra nación, y reino contra reino”, continuó diciendo el Señor. “Habrá pestes, hambres y terremotos en diversos lugares. Y todo esto será principio de dolores”, es decir, juicios anticipados, de mayor escala que los que tuvieron lugar en la antiguedad, pero no todavía el fin mismo.

En tales manifestaciones limitadas de sus juicios, el Señor busca despertar la conciencia de los pueblos y de las naciones a la realidad inminente del juicio que les espera, en donde ya no habrá más misericordia (Apoc 16). Así como en la antiguedad, y “con infalible exactitud, el Infinito sigue llevando cuenta con las naciones. Mientras ofrece su misericordia, y llama al arrepentimiento, esta cuenta permanece abierta; pero cuando las cifras llegan a cierta cantidad que Dios ha fijado, el ministerio de su ira comienza. La cuenta se cierra. Cesa la paciencia divina. La misericordia ya no intercede en favor de aquellas naciones”. “Amplia es la misericordia que se extiende hacia ellos, con llamados al arrepentimiento; pero cuando la culpa de ellos llega a cierto límite que Dios ha fijado, entonces la misericordia cesa sus intercesiones, y comienza el ministerio de la ira”.


La anticipación profética de la destrucción del Centro del Comercio Mundial.

Prácticamente cien años antes que cayesen los edificios más imponentes del mundo el 11 de Septiembre del 2001 en Nueva York, una vidente adventista lo vio y adelantó las razones por las que Dios permitiría que tal desgracia cayese, en un marco equivalente al que lo habían hecho en la antiguedad los mensajeros de Dios. Lo suyo no tuvo nada que ver con Nostradamus ni ningún otro agorero o futurista al que la gente recurre hoy sin poder encontrar nada que pueda realmente orientarlos en relación con los sucesos acaecidos.

Tres años antes de la destrucción de la ciudad de San Francisco por un terremoto en 1906, E. de White declaró que no iba a pasar mucho tiempo antes que esa ciudad sufriese los juicios divinos, y anunció que se repetirían “en otras partes las escenas de la calamidad de San Francisco... Los juicios que ya han descendido”, aclaró, “son una advertencia, pero no el fin del castigo que vendrá sobre las ciudades impías”.

Que habría nuevos microcosmos de resonancia mundial se ve en la siguiente declaración de 1901. “Los deleitables monumentos de la grandeza de los hombres se harán polvo aun antes que venga la última gran destrucción sobre el mundo”. “Estas orgullosas estructuras se convertirán en ceniza”. “Las costosas mansiones, maravillas arquitectónicas, serán destruidas sin previo aviso” como “ilustración de cómo, en un momento, los edificios de la tierra caerán en ruinas”.

“Los hombres continuarán levantando costosos edificios que valen millones”, fueron sus palabras; “se dará especial atención a su belleza arquitectónica y a la firmeza y solidez con que son construidos. Pero el Señor me ha hecho saber que a pesar de su insólita firmeza y su costoza imponencia, esos edificios correrán la misma suerte del templo de Jerusalén”. En otras palabras, no quedaría en ellos “piedra sobre piedra”.

En este respecto debemos recordar que cuando Jerusalén fue destruida, la gente, buscando el oro que se derritió por el fuego y se infiltró en las rendijas, fue moviendo piedra sobre piedra que hubiese quedado, cumpliendo literalmente lo que dijo el Señor. Hay ahora toneladas de oro sepultadas en los escombros de esos edificios de Nueva York, y están removiendo también todo, no solo para limpiar el espacio, sino para llegar hasta esa impresionante sepultura.

En 1904, la misma autora volvió a escribir: "Se me hizo contemplar una noche los edificios [de Nueva York] que, piso tras piso, se elevaban hacia el cielo. Esos inmuebles que eran la gloria de sus propietarios y constructores eran garantizados incombustibles. Se elevaban siempre más altos y los materiales más costosos entraban en su construcción. Los propietarios no se preguntaban cómo podían glorificar mejor a Dios. El Señor estaba ausente de sus pensamientos. Yo pensaba: ¡ojalá que las personas que emplean así sus riquezas pudiesen apreciar su proceder como Dios lo aprecia! Levantan edificios magníficos, pero el Soberano del Universo sólo ve locura en sus planes e invenciones. No se esfuerzan por glorificar a Dios con todas las facultades de su corazón y de su espíritu. Se han olvidado de esto, que es el primer deber del hombre. Mientras que esas altas construcciones se levantaban, sus propietarios se regocijaban con orgullo, por tener suficiente dinero para satisfacer sus ambiciones y exitar la envidia de sus vecinos. Una gran parte del dinero así empleado había sido obtenido injustamente, explotando al pobre. Olvidaban que en el cielo toda transacción comercial es anotada, que todo acto injusto y todo negocio fraudulento son registrados. El tiempo vendrá cuando los hombres llegarán en el fraude y la insolencia a un punto que el Señor no les permitirá sobrepasar y entonces aprenderán que la paciencia de Jehová tiene límite. “La siguiente escena que pasó delante de mí fué una alarma de incendio. Los hombres miraban a esos altos edificios, que juzgaban incombustibles, y decían: 'están pefectamente seguros' [muchos murieron porque los instaron a volver a subir diciendo que los edificios estaban seguros], pero esos edificios fueron consumidos como sustancia resinosa. Las bombas contra incendio no pudieron impedir su destrucción. Los bomberos no podían hacer funcionar sus máquinas. Me fué dicho que cuando llegue el día del Señor si no ocurre algún cambio en el corazón de ciertos hombres orgullosos llenos de ambición, ellos comprobarán que la mano otrora poderosa para salvar, lo será igualmente para destruir. Ninguna fuerza terrenal puede sujetar la mano de Dios. No hay materiales capaces de preservar de la ruina a un edificio cuando llegue el tiempo fijado por Dios para castigar el desconocimiento de sus leyes y el egoísmo de los ambiciosos".

En 1906, E. de White volvió a tener otra visión de terror, pero en donde no se le indicó el nombre de la ciudad a la que fue llevada. ¿Se habrá debido esto a la desatinada reacción de algunos predicadores que, luego de su descripción acerca de Nueva York, comenzaron a decir que esa ciudad iba a ser destruida por un maremoto, tergiversando así sus declaraciones? Hoy, casi 100 años después, asombra ver la similitud de esa otra visión con lo que ocurrió realmente en la destrucción del Centro del Comercio Mundial.

“Estaba en una ciudad sin saber cuál, y escuché una expresión tras otra. Me levanté rápidamente de la cama, y ví desde mi ventana grandes bolas de fuego. De ellas salían chispas, en la forma de dardos, y los edificios estaban siendo consumidos. En muy pocos minutos el bloque entero de edificios estaba cayendo, y los gritos y gemidos de lamento llegaban distintamente a mis oídos. Grité, estando levantada, para saber qué pasaba, ¿dónde estoy?, y ¿dónde está nuestra familia? Entonces desperté. Pero no podía contar dónde estaba, porque estaba en otro lugar fuera de mi hogar” (11 MR, 918).


Reflexiones inevitables.

Los diarios se han referido a las dos torres gemelas que cayeron junto con otros edificios inmensos como un símbolo del “poder humano”, del “poder económico”, que fue abatido. Se dio en medio del centro económico mundial, y afectó tremendamente los mercados mundiales. La ciudad de Nueva York, según todos admiten, no será nunca más la misma. Aunque destruida por manos perversas y asesinas, nadie que crea realmente en Dios puede dejar de preguntarse sobre la razón por la que Dios permitió tal acto de barbarie.

Más de 100.000 homosexuales desfilan por Nueva York todos los años. 434.000 mueren anualmente en los EE.UU solamente por el cigarrillo (1.200 por día), sin que se tomen medidas adecuadas para evitarlo. Cientos de miles más mueren por miseria económica en el resto del mundo, mientras que pocos hombres disponen de la mayor riqueza acumulada del planeta y viven en la abudancia y despilfarro. ¿Habría Dios de mantener indefinidamente su protección sobre un estado de violencia y rebelión tan grandes como la que se dan en esa “capital económica del mundo”?

Llama la atención también que en esa misma ciudad, apenas un año antes, los máximos representantes de todos los países del mundo se dieron cita por primera vez en tal magnitud. 150 presidentes de los principales países del mundo posaron para una foto, pregonando la paz, uno de los objetivos primordiales de las Naciones Unidas. Con el mismo fin, se estableció un organismo que se reunió también, apenas una semana antes también en Nueva York, rotulado “Religiones Unidas”. Todos hablan y parecen querer la paz mundial. Se auguraba un nuevo milenio que, ¡por fin!, gracias a los avances de la civilización y la globalización, iba a ser de paz. Pero en lugar de paz reaparece, repentinamente, el flagelo de la guerra y de la destrucción.

¿No será este el momento al que se refirió el apóstol Pablo, acerca del fin del mundo, cuando todo lo que ocurriese tendría una dimensión universal? Aunque todavía no es el fin, ¿quién puede negar que sea el preludio de los eventos finales? “Porque vosotros sabéis bien”, declaró el apóstol, “que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche. Cuando digan: ‘¡Paz y seguridad!’, entonces vendrá sobre ellos repentina destrucción, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Pero vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como un ladrón... Por tanto, no durmamos como los demás, sino vigilemos y seamos sobrios... Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes 5:2-9).

“A causa del aumento de la maldad”, dijo Jesús en esa tarde de anuncios proféticos a sus discípulos asombrados, “el amor de muchos se enfriará” (Mat 24:12). “En la tierra las naciones estarán en angustia, perplejas... Los hombres desfallecerán por el temor y la ansiedad de lo que vendrá sobre la tierra” (Luc 21:25-26). Pero vosotros, “cuando estas cosas empiecen a suceder, cobrad ánimo, y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (v. 28).





Fuente: Mensajes Distintivos Adventistas / "Microcosmos del Fin" (publicado en Revista Adventista , diciembre 2001). Estudio sobre las destrucciones que cayeron sobre pueblos en el microcosmos del mundo antiguo que Dios usa para ilustrar cómo será el fin del mundo. En especial, se analiza la destrucción de las dos torres gemelas de Nueva York a la luz de las anticipaciones proféticas de Elena de White.

Autor: Dr. Alberto Treiyer. (Argentina, 1948-) Teólogo e investigador sobre los mensajes bíblicos y proféticos distintivos que Dios nos dio para este tiempo.
Posee un B.A., Colegio Adventista del Plata, E. R., Argentina, M.Div. y D.Theol., Universidad de Estrasburgo, Francia.
Enseño teología en el Séminaire Adventiste du Saléve (Francia), en el Colegio Adventista de las Antillas (Puerto Rico), donde permaneció por seis años y fue director de su departamento de teología. Luego en la University of La Sierra, California y en el Columbia Union College.

Referencias: 1. E. G. de White, El Conflicto de los Siglos, p. 26. 2. Ez 22:24; Lam 2:22. 3. Isa 13:6ss; 19:16; Jer 30:5-7; Joel 1:16; Abd 12-15. 4. Isa 34:8; 63:4; Jer 46:10; 47:4; 50:27-28. 5. Eze 30:2-3. 6. “¡Ay de los que juntan casa con casa, y añaden heredad a heredad hasta que no queda lugar! ¿Habitaréis vosotros solos en la tierra? (Isa 5:8-9). 7. Cuando los juicios divinos son ejecutados por entidades malignas, a menudo sufren también justos por pecadores. Así, según una tradición judía, Jeremías murió apedreado por anunciar la destrucción de Jerusalén por los babilonios. Daniel y sus tres amigos fueron llevados cautivos, junto con otros que no perecieron en la destrucción. Se aplican también a los inocentes que sufrirían en tales circunstancias, las siguientes palabras del Señor: “No temáis a los que matan el cuerpo, que no pueden matar al alma. Antes temed a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat 10:28). 8. CS, 40: “La profecía del Salvador referente al juicio que iba a caer sobre Jerusalén va a tener otro cumplimiento, y la terrible desolación del primero no fue más que un pálido reflejo de lo que será el segundo. En lo que acaeció a la ciudad escogida, podemos ver anunciada la condenación de un mundo que rechazó la misericordia de Dios y pisoteó su ley..., consecuencias de haber rechazado la autoridad del Cielo... La historia de lo pasado, la interminable serie de alborotos, conflictos y contiendas, ‘toda la armadura del guerrero en el tumulto de batalla, y los vestidos revolcados en sangre’ (Isa 9:5), ¿qué son y qué valen en comparación con los horrores de aquel día, cuando el Espíritu de Dios se aparte del todo de los impíos y los deje abandonados a sus fieras pasiones y a merced de la saña satánica? Entonces el mundo verá, como nunca los vio, los resultados del gobierno de Satanás”. 9. E. de White, Profetas y Reyes, p. 269. 10. De la misma autora, en LP, 318. 11. E. G. de White, Eventos de los Últimos Días, 117. 12. Ibid, 118. 13. Ibid, 115. Usando la misma expresión, los diarios describieron los atentados contra las dos torres gemelas de Nueva York. Véase Clarín, 17 de octubre: “El ícono máximo del capitalismo mundial, reducido a polvo”. 14. Ibid. 15. Ibid. 16. JT, 280-1. 17. Carta 176, 1903. 18. Clarín, 21 de Octubre, 2001: "Está en juego nuestro futuro económico. Atacando dos grandes símbolos del mundo financiero, como las Torres Gemelas, los terroristas han intentado golpear nuestra confianza en el sistema económico mundial...".

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jueves, 6 de mayo de 2010

La Ultima Crisis de la Tierra. Por Elena G. de White

Temor ampliamente difundido en cuanto al futuro

El momento actual es de interés abrumador para todos los que viven. Los gobernantes y los estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres pensadores de todas las clases, tienen la atención fija en los acontecimientos que se producen en derredor nuestro. Observan las relaciones que existen entre las naciones. Observan la intensidad que se apodera de todo elemento terrenal, y reconocen que algo grande y decisivo está por acontecer, que el mundo se encuentra en víspera de una crisis espectacular. -PR 394, c. 1914.

Las calamidades en tierra y mar, la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor gravedad. Las agencias del mal se coligan y acrecen sus fuerzas para la gran crisis final. Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimientos finales serán rápidos.- 3JT 280, 1909. 12

Pronto vendrán tiempos angustiosos

El tiempo de angustia, que irá en aumento hasta el fin, está a las puertas. No tenemos tiempo que perder. El mundo está agitado con el espíritu de guerra. Las profecías del capítulo 11 de Daniel casi han alcanzado su cumplimiento final. -RH Noviembre 24, 1904.

El tiempo de angustia -angustia como no ha habido desde que hubo nación [Dan. 12: 1]- es Inminente, y no encontramos como las vírgenes dormidas. Debemos despertar y pedirle al Señor Jesús que nos sostenga con su brazos eternos y nos lleve a través del tiempo de prueba que está ante nosotros. -3MR 305 [1906].

El mundo se está volviendo más y más anárquico. Pronto una gran angustia sobrecogerá a las naciones, una angustia que no cesará hasta que Jesús venga.- RH Febrero 11, 1904.

Estamos en vísperas del tiempo de angustia y nos esperan dificultades apenas sospechadas.- 3JT306,1909.

Nos hallamos en el mismo umbral de la crisis de los siglos. En rápida sucesión se seguirán unos a otros los castigos de Dios: incendios e inundaciones, terremotos, guerras y derramamiento de sangre. PR 208 (c.1914).

Tiempos tormentosos están delante de nosotros, pero no profiramos una palabra de descreimiento o desánimo. -SC 169 (1905). 13

Dios siempre ha advertido en cuanto a los juicios venideros

Dios advirtió siempre a los hombres los juicios que iban a caer sobre ellos. Los que tuvieron fe en su mensaje para su tiempo y actuaron de acuerdo con ella, en obediencia a sus mandamientos, escaparon a los juicios que cayeron sobre los desobedientes e incrédulos.

A Noé fueron dirigidas estas palabras: "Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí". Noé obedeció y se salvó. Este mensaje llegó a Lot: "Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad" (Gén. 7: 1; 19: 14). Lot se puso bajo la custodia de los mensajeros celestiales y se salvó. Así también los discípulos de Cristo fueron advertidos acerca de la destrucción de Jerusalén. Los que se fijaron en la señal de la ruina inminente y huyeron de la ciudad escaparon a la destrucción. Así también ahora hemos sido advertidos acerca de la segunda venida de Cristo y de la destrucción que ha de sobrecoger al mundo. Los que presten atención a la advertencia se salvarán.- DTG 588 (1898).

Dios nos ha dicho qué esperar en nuestros días

Antes de la crucifixión, el Salvador había predicho a sus discípulos que iba a ser muerto y que resucitaría del sepulcro, y hubo ángeles presentes para grabar esas palabras en las mentes y en los corazones.* Pero los discípulos esperaban la liberación política del yugo romano y no podían tolerar la idea de que Aquel en quien 14 todas sus esperanzas estaban concentradas, fuese a sufrir una muerte ignominiosa. Desterraron de su mente las palabras que necesitaban recordar, y cuando llegó el momento de prueba, los encontró sin la debida preparación. La muerte de Jesús destruyó sus esperanzas igual que si no se las hubiese predicho.

Así también las profecías nos anuncian el porvenir con la misma claridad con que Cristo produjo su propia muerte a los discípulos. Los acontecimientos relacionados con el fin del tiempo de gracia y la preparación para el tiempo de angustia han sido presentados con claridad. Pero hay miles de personas que comprenden estas importantes verdades de modo tan incompleto como si nunca hubiesen sido reveladas.- CS 118 (1854).

Las profecías acerca de los últimos días demandan nuestra atención

Vi luego el tercer ángel [Apoc. 14: 9-11]. Dijo mi ángel acompañante: "Su obra es terrible. Su misión es tremenda. Es el ángel que ha de separar el trigo de la cizaña, y sellar o atar el trigo para el granero celestial. Estas cosas debieran absorber completamente la mente y la atención". -PE 118 (1854).

Tendremos que comparecer ante magistrados para dar razón de nuestra lealtad a la ley de Dios, para dar a conocer los motivos de nuestra fe; y los jóvenes debieran entender estas cosas. Debieran estar al tanto de las cosas que acontecerán antes del fin de la historia del mundo. Estas cosas tienen que ver con nuestro bienestar eterno, y los maestros y alumnos deben prestarles más atención. -2JT 411 (1900). 15

Debiéramos estudiar los grandes hitos que señalan los tiempos en que vivimos. -4MR 163 (1895).

Aquellos que se coloquen bajo el control de Dios, para ser guiados por él, captarán el paso continuo de los eventos que él ha dispuesto que ocurran. -7T 14 (1902).
Debemos ver en la historia el cumplimiento de la profecía, para estudiar las operaciones de la Providencia en los grandes movimientos de reforma, y para comprender el progreso de los eventos en el ordenamiento de las naciones para el conflicto final de la gran controversia. -8T 307 (1904).

Estúdiense especialmente los libros de Daniel y Apocalipsis

Se necesita un estudio mucho más detenido de la Palabra de Dios; especialmente Daniel y el Apocalipsis deben recibir atención como nunca antes... La luz que Daniel recibió de Dios fue dada especialmente para estos postreros días. -TM 112-113 (1896).

Leamos y estudiemos el capítulo 12 de Daniel. Es una advertencia que todos necesitaremos comprender antes del tiempo del fin. -15 MR 228 (1903).

El último libro del Nuevo Testamento está lleno de verdades que necesitamos entender. -PVGM 103 (1900).

Pronto se cumplirán las predicciones incumplidas del libro de Apocalipsis. Ahora el pueblo de Dios debe estudiar con diligencia esta profecía y entenderla claramente 16. No encubre la verdad; nos advierte con claridad, diciéndonos lo que sucederá en el futuro. -1NL 96 (1903).
Los solemnes mensajes que en el Apocalipsis se dieron en su orden deben ocupar el primer lugar en el pensamiento de los hijos de Dios. -3JT 279 (1904).

El tema debiera mantenerse ante la gente

Hay muchas personas que no comprenden las profecías que se refieren a estos días, y por lo tanto deben ser ilustradas. Es el deber de los centinelas y los laicos dar a la trompeta un sonido certero.- Ev 146 (1875).

Alcen la voz los centinelas ahora, y den el mensaje que es verdad presente para este tiempo. Mostremos a la gente dónde estamos en la historia profética. -2JT 323 (1889).

Hay un día que Dios ha designado, para la conclusión de la historia de este mundo: "Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin". La profecía se está cumpliendo rápidamente. Debiera decirse mucho, mucho más, sobre estos temas tremendamente importantes. Está cercano el día cuando el destino de las almas se decidirá para siempre...

Debieran realizarse grandes esfuerzos para mantener este tema ante la gente. El hecho solemne de que el día del Señor vendrá repentina, inesperadamente, debe mantenerse no sólo ante la gente del mundo sino también ante nuestras propias iglesias. La alarmante advertencia de la profecía se dirige a cada alma. Que nadie 17 se considere libre del peligro de ser sorprendido. Que ninguna interpretación de la profecía le robe a usted la convicción del conocimiento de los acontecimientos que muestran que este gran evento está cercano.-FE 335-336 (1895).

Manteniendo los eventos futuros en su debida perspectiva

No estamos ahora en condiciones de describir con exactitud las escenas que ocurrirán en nuestro mundo en el futuro, pero sí sabemos que éste es un tiempo cuando debemos velar y orar, porque el gran día del Señor está cercano.-2MS 40 (1901).

La marca de la bestia es exactamente lo que ha sido proclamado. No se comprende todavía todo lo referente a este asunto, ni se comprenderá hasta que se abra el rollo.-2JT 371 (1900).
Muchos apartarán su mirada muy lejos de los deberes actuales, del actual consuelo y de las presentes bendiciones, y pedirán prestado dificultades para la crisis futura. Esto significará fabricar un tiempo de angustia anticipado; y no recibiremos gracia para ninguna de esas pruebas anticipadas.-3MS 438 (1884).

Hay un tiempo de angustia que se aproxima para el pueblo de Dios, pero no hemos de mantener eso constantemente delante de los nuestros, manejándolos de tal manera que pasen por un tiempo de angustia de antemano. Ha de haber un zarandeo entre el pueblo de Dios, pero no es ésta la verdad presente para llevar a las iglesias.-1MS 211 (1890). 18



Fuente: Eventos de los Últimos Días. Enfrentando la crisis final de la tierra / Capitulo 1. Pág. 11-18
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.
Nota del editor: La siguiente selección ha sido extraída de la autobiografía de Elena G. de White y describe lo que sucedió durante el verano de 1841, cuando como adolescente luchó para conectarse con Jesús y finalmente halló la paz.

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