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miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Buenos solo en apariencia? Por Clifford Goldstein

Dos soldados alemanes, en cuclillas uno junto a otro, elevaron la cabeza por encima de la trinchera, otearon la densa oscuridad, y luego volvieron a agacharse. Nacidos con solo unos días de diferencia en el mismo pueblo bávaro, los dos soldados de infantería tenían acento similar, eran del mismo rango, y hablaban con idéntico fervor de luchar por la defensa de la patria y del honor del káiser. Algunos de sus camaradas bromeaban diciendo que los dos estaban empezando a parecer iguales y les dieron el apodo de “los gemelos”.

“Los gemelos” pasaron la noche con terribles presentimientos. Luego, poco a poco, el sol empezó a iluminar el horizonte y, como demonios furiosos arrojados de tumbas abiertas, los franceses atacaron. Las balas silbaban sobre las cabezas de “los gemelos”, los obuses impactaban contra el suelo, y se desató el caos.

De inmediato, llegó la orden de contraatacar. Al unísono, las tropas alemanas se pusieron en pie para frenar la ofensiva. “Los gemelos” también se pusieron de pie, pero mientras que uno corrió hacia delante para enfrentarse al enemigo en el combate cuerpo a cuerpo, ¡el otro huyó!

¿Gemelos? Una crisis demostró que, no importa lo similares que pareciesen exteriormente, eran tan diferentes en su interior que cuando se disipó la humareda, uno fue condecorado por su heroísmo y el otro fusilado por deserción.

Hace mil novecientos y pico años, sentado en el Monte de los Olivos con sus discípulos, Jesús enseñó una lección similar. En la parábola de las diez vírgenes (véase Mat. 25: 1-13), el Salvador advirtió que habría gente que creería en él, que tendría doctrinas puras, que aguardaría su venida, y que hasta tendría una medida del Espíritu Santo obrando en su vida. Pese a ello, con ocasión de la última crisis, se vería que no estaba preparada para su regreso. Con esta narración, Jesús nos dice con claridad a los cristianos que, no importa lo bueno que sea el aspecto externo de cada cual, lo que cuenta es lo que va por dentro...


La narración de Jesús

"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes", empezó diciendo Jesús, "que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas" (versículos 1-4). Jesús dijo que "como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron". Luego, a medianoche, cuando se oyó el grito de que venía el novio, todas se levantaron y pusieron a punto sus lámparas. Desgraciadamente, las cinco vírgenes insensatas necesitaban aceite porque sus lámparas se estaban agotando. Pidieron a las vírgenes prudentes que las ayudaran, pero estas dijeron que no tenían suficiente para compartirlo. De modo que las vírgenes insensatas fueron a comprar más aceite y, en su ausencia, "llegó el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta". Cuando volvieron las vírgenes insensatas y quisieron entrar, el novio respondió: "De cierto os digo que no os conozco".

Jesús terminó su relato con esta advertencia: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora" (versículo 13).

Pocas de las parábolas de Jesús presentan una advertencia tan seria a quienes aguardan su retorno. Exactamente, ¿qué es lo que nos está diciendo Jesús? Analicemos esta parábola de forma más minuciosa.

Para empezar, Jesús llamó vírgenes a las mujeres, lo que, en la Biblia, representa a gente fiel, en contraste con rameras, que simbolizan la apostasía y la pecaminosidad (véase, por ejemplo, Jer. 3: 6; Apoc. 17: 5). De modo que la parábola de las diez vírgenes no es para ateos, adeptos a Nueva Era o budistas. Jesús habla específicamente de su iglesia, un pueblo de doctrina pura que, en muchos sentidos, le era obediente.

Lo que resulta aún más desconcertante de estas vírgenes es que todas –las prudentes y las insensatas– esperaban al novio. La imagen de la boda simboliza que Jesús viene a buscar su iglesia al final del tiempo (véase Apoc. 19: 6, 7). Estas vírgenes, entonces, representan a cristianos que anhelan el regreso de Cristo y que hasta se esfuerzan por encontrarse con él. No representan –ni siquiera las insensatas– a los cristianos profesos que no creen en el regreso literal de Cristo o que lo sitúan tan en el futuro que no les preocupa.

En la parábola, tanto las prudentes como las insensatas tenían lámparas, símbolo de la Palabra de Dios (véase Sal. 119: 105). Según parece, todas las personas representadas por estas vírgenes leen la Biblia y, hasta cierto punto, han seguido la luz que emana de ella. E incluso todas ellas tenían aceite, símbolo del Espíritu Santo (véase Zac. 4: 1-14). O sea, todas las vírgenes, tanto las prudentes como las insensatas, habían experimentado la obra de Dios en sus vidas.

De modo que las vírgenes prudentes y las insensatas representan a dos grupos entre los seguidores de Jesús. Ambos grupos tienen una doctrina pura, incluida la segunda venida que los dos anhelan de veras. No solo leen la Biblia, sino que sus vidas dan evidencia de que el Espíritu Santo obra en ellos. En la parábola de las ovejas y las cabras es fácil ver la diferencia entre sus verdaderos seguidores y aquellos que son infieles (la mayoría de la gente puede distinguir fácilmente entre una oveja y una cabra). Esta parábola, sin embargo, nos advierte de que la diferencia podría no siempre resultar tan obvia.


La tardanza causa crisis

Como en el caso de “los gemelos” de la trinchera, fue una crisis lo que reveló los caracteres auténticos de las vírgenes. En este caso, la crisis fue la tardanza del novio en volver: "Como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron" (versículo 5). La dinámica esencial de este relato gira en torno a la demora. Si el novio no hubiese tardado, si hubiese vuelto cuando se le esperaba, entonces todas habrían estado listas porque todas habrían tenido bastante aceite en sus lámparas, de modo que no habría hecho falta esta historia.

Pero Jesús sabía, ya cuando estaba sentado en el Monte de los Olivos, que sus seguidores se cansarían de esperar su regreso. Después de todo, también las vírgenes prudentes se durmieron. El problema, entonces –al menos en esta parábola– no estaba en su sueño. Estaba más bien en su falta de preparación para la crisis que se desencadenó. Por medio de esta parábola Jesús advirtió que aun en su hastío, es preciso que los cristianos estén preparados. O sea, Jesús estaba diciendo: "Preparaos para una demora. Preparaos para la realidad de que mi venida no será tan pronto como os gustaría".

En el momento culminante de la crisis, cuando alguien gritó "¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!", todas las mujeres, prudentes e insensatas, se despertaron y avivaron sus lámparas. La situación fue lo bastante grave como para que ninguna siguiera durmiendo. Sin duda, cuando se dé el grito que advierta al mundo que Jesús está a punto de volver, todos los cristianos despertarán e intentarán arreglar “sus lámparas”.

Sin embargo, muchos de ellos no tendrán suficiente aceite, no tendrán suficiente del Espíritu Santo en sus vidas para guiar su senda en ese tiempo de crisis. De hecho, en ese momento sus luces se habrán apagado por completo.

Evidentemente, Jesús está advirtiendo aquí que, sin el Espíritu de Dios, conocer la verdad no es suficiente. No importa cuánto haya obrado el Espíritu en la vida de una persona para llevarla al conocimiento de la verdad, a un grado de obediencia, y hasta a un anhelo de la segunda venida de Jesús, estos factores en sí mismos no bastarán. Cuando llegue el tiempo de crisis, los que no hayan sido alimentados, cultivados y reabastecidos por el Espíritu se encontrarán en la oscuridad. En realidad, no han conocido al Señor, porque la única manera de conocer a Dios es mediante la obra del Espíritu Santo; únicamente el Espíritu permite a las personas tener una relación con Cristo.

En esta parábola, cuando las vírgenes insensatas entendieron por fin lo que su letargo espiritual había ocasionado, cuando comprendieron su escasez en las cosas que importaban, pidieron a las otras que proveyeran a sus necesidades. Pero la salvación no es transferible. Dios ha ofrecido su gracia a cada alma. Cada cual debe tomarla para sí: "El que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida" (Apoc. 22: 17). Esta es una situación en la que nuestro hermano no puede ser nuestro guardián, aunque quisiera.

Cuando las vírgenes insensatas volvieron y golpearon la puerta, era demasiado tarde. El tiempo de gracia había concluido. El novio contestó, pero las palabras que pronunció fueron las más temibles que un cristiano haya oído jamás del Salvador: "De cierto os digo que no os conozco" (Mat. 25: 12).


Un mensaje para los últimos días

Aunque el mensaje de esta parábola es relevante para los cristianos de cualquier época, se aplica específicamente a los de los últimos días. Es para los vivos, no para los muertos.

Jesús les dice a los vivos que las creencias, las ceremonias, las tradiciones y las doctrinas, por sí mismas, no nos van a preparar para la segunda venida. El cristianismo no es solamente un conjunto de reglas, leyes y doctrinas. Es el Espíritu de Dios obrando en los individuos para transformar sus caracteres a semejanza del divino. Una teoría de la verdad, sin el poder del Espíritu Santo, podría conducir a formas externas apropiadas, pero no puede santificar el corazón a imagen del Redentor. Y, como muestra, la parábola; las acciones externas no son suficientes por sí solas.

Al contrario, Jesús dice que debemos abrir nuestra vida a la obra del Espíritu en cada paso del camino cristiano. No importa lo ocupados que estemos, ni lo pesado que sea nuestro trabajo, o cuántas sean nuestras luchas, debemos encontrar tiempo para el Señor; debemos cultivar nuestra relación con Dios a través del Espíritu.

El mensaje de Jesús resulta particularmente importante para los que vivimos en tiempos tan agitados y ajetreados como estos. Está diciendo a su pueblo del tiempo del fin que deben mantener encendidas sus lámparas, aun ante la tardanza. Pese a lo importante que sea tu trabajo, pese a lo exigente de tus ocupaciones diarias y familiares, has de hallar tiempo para mantener una relación salvadora con EVANGELIZAR LO PROFUNDO DEL CORAZÓN él, una relación en la que pueda obrar en nosotros "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 13).

Los cristianos podemos tener este tipo de relación solo mediante la comunión con Jesús, la obediencia a su Ley y una elección consciente de rendirnos a él cada día. No debemos procurar ganarnos su aceptación mediante nuestra propia justicia. Más bien debemos descansar en la seguridad de que ya hemos sido aceptados por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.

"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom. 8: 1). La expresión paulina "los que andan conforme al Espíritu" pone de manifiesto que esta debe ser una experiencia diaria. Solo la relación cotidiana con el Espíritu Santo mantendrá las lámparas ardiendo mientras se demore el novio.

"En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús" escribió Elena White. (1)

Con su parábola de las diez vírgenes, Jesús envía un claro mensaje a la generación del tiempo del fin advirtiéndoles de que no permitan que las apariencias externas, especialmente las propias, los engañen. En esta parábola, los salvos y los perdidos –en sus formas, ceremonias, doctrinas y hasta en su profesión de fe– parecen idénticos. Pero la mitad carece del ingrediente más crucial de todos, uno que no siempre es detectable, y que es el poder del Espíritu Santo en el corazón. Y no se trata de una diferencia nimia. Al contrario, para la última generación, lo que va por dentro no es, como en el caso de “los gemelos” en la trinchera, la distancia entre la medalla y el pelotón de fusilamiento. Es la distancia que hay entre la vida eterna y la muerte eterna.


► Originalmente este articulo ha sido publicado el 16 de octubre de 2007 en uno de los blogs que pasaron a conformar lo que es hoy OJO ADVENTISTA.




Fuente: Revista Adventista, España, junio 2006
Autor: Clifford Goldstein (1960-), actual Editor de la Guía de Estudio -adultos- para la Escuela Sabática. Desde 1992 hasta 1997, fue redactor de ‘Liberty’, y 1984-1992, editor del Shabat Shalom. El tiene M.A. in Ancient Northwest Semitic Languages de la Johns Hopkins University (1992). Es autor de unos 18 libros, los más reciente son "God, Godel, and Grace" y "Graffiti in the Holy of Holies".
Referencias: 1. Elena White, El camino a Cristo, pág. 68.
Transcripción: Mauricio Albareda

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miércoles, 9 de junio de 2010

El remanente del tiempo del fin. Por Ángel Manuel Rodriguez

¿Cuáles son las implicancias prácticas de este concepto teológico?

El concepto del remanente tiene una larga historia bíblica, que va desde el Génesis (6:9; 7:23) hasta el libro de Apocalipsis (12:17); y es fundamental para entender la naturaleza del pueblo de Dios y su intención divina para ellos. En el centro de este concepto bíblico yace un profundo interés en la preservación de la vida humana. Las familias, las tribus y las naciones del mundo antiguo muy frecuentemente se veían amenazadas por la posibilidad de la exterminación a través de ataques militares u otras catástrofes. Por lo tanto, era natural que se preguntaran por el tema de la supervivencia. Si aunque fueran unos pocos, un remanente podía sobrevivir, el grupo no se extinguiría. Se hacían todos los esfuerzos para asegurarse de que un remanente de ellos quedara en la Tierra.

Significado teológico

Perspectiva del Antiguo Testamento: En el Antiguo Testamento, el concepto de remanente tenía un rico contenido teológico. Estaba enraizado en el conflicto cósmico, y transmitía la certeza de que, en este conflicto cósmico, Dios saldría victorioso. Las fuerzas del mal intentaron exterminar al pueblo de Dios, la simiente de la mujer (Gén. 3:15), y circunstancialmente, pareció que tuvieron éxito al engañar, corromper y perseguir a gran parte del pueblo de Dios. No obstante, Dios siempre preservó un remanente. Por medio de estos fieles, llevó a cabo sus intenciones a lo largo del desarrollo de la historia. Fueron preservados por medio de su gracia salvadora. En la mayoría de las ocasiones, esto sucedió en medio de una apostasía nacional (ver Gén. 7:23; 1 Rey. 19:14; Apoc. 2:24). Cuando la verdad fue rechazada, Dios preservó un remanente por medio del cual la verdad fue protegida y restaurada.

Perspectiva cristológica: El remanente está estrechamente vinculado con la persona y la obra de Jesucristo. Si bien el pueblo de Dios forma parte de la simiente de la mujer (Apoc. 12:17; ver Rom. 16:20), Jesús es la Simiente de la mujer; el pueblo de Dios es su descendencia, pero él es el Hijo de la promesa (Apoc. 12:5). Él es la mejor expresión del remanente. Vino a un mundo de rebelión y pecado, permaneció absolutamente leal a Dios y derrotó definitivamente a las fuerzas cósmicas del mal. Jesús fue el instrumento majestuoso de Dios para revelar al universo la verdad acerca del carácter amoroso de Dios. En él y a través de él Dios preservó la raza humana. Por lo tanto, la identidad y la obra del pueblo remanente de Dios están determinadas y centradas en la persona y la obra del Hijo de Dios.

Los adventistas y el remanente de Dios del tiempo del fin

Los adventistas creen que Dios los levantó en el cierre del conflicto cósmico como un movimiento de reforma con el fin de preparar al mundo para el regreso de Cristo. Encontraron su identidad, su mensaje y su misión como remanente de Dios en el tiempo del fin en Apocalipsis 12 al 14. El concepto de remanente desempeña un papel importantísimo en Apocalipsis y encuentra su expresión por medio de diferentes términos. Son llamados específicamente “el remanente/ el resto” (12:17). La palabra griega utilizada por Juan es loipos, y designa aquello que pertenece “a la parte de un todo que permanece o continúa y, así, constituye lo que queda del todo”.1 En el Apocalipsis señala, entre otras cosas, al remanente en la iglesia de Sardis (3:2), y al remanente fiel en Tiatira (2:24).2

Remanente histórico: De acuerdo con Apocalipsis, el remanente es una entidad histórica. Apocalipsis 12 provee un resumen profético de la experiencia de la iglesia cristiana. El dragón avanza primero contra el Hijo de Dios (12:2, 4, 5) y luego contra la mujer, la iglesia, en un intento por destruirla (12:13). Como resultado, el verdadero pueblo de Dios pasa a la clandestinidad y es protegido por Dios (12:14-16). Los 1.260 días señalan el período durante el cual la iglesia experimenta la apostasía, imponiendo su posición sobre los demás por medio del poder civil (ver Hech. 20:29, 30; 2 Tes. 2:2-6; Dan. 7:25; 8:12). Los reformadores intentaron restaurar la verdad bíblica pero, desafortunadamente, su tarea quedó inconclusa. Otras verdades bíblicas necesitaban ser restauradas. Cerca del fin del conflicto permanece un remanente, y es objeto de ataque del dragón (Apoc. 12:17).

Remanente visible: De acuerdo con el Apocalipsis, el remanente del tiempo del fin es identificable, visible. Posee algunas características específicas. Primero, guardan los mandamientos de Dios (12:17; 14:12). Se hace referencia primariamente al Decálogo. El tema central en este conflicto gira alrededor de la adoración: ¿A quién deberían adorar los seres humanos (14:7)? Dado que la ley de Dios fue alterada (ver Dan. 7:25), es necesario restaurarla. El séptimo día sábado ha de ser reinstalado en el Decálogo. Los hombres necesitan comprender que la apostasía en la iglesia le abre la puerta a mayores engaños demoníacos (Apoc. 13:13, 14). El remanente, por medio de la gracia de Dios, guarda sus mandamientos. Segundo, tienen el testimonio de Jesús (Apoc. 12:17). El testimonio de Jesús es identificado con el don de profecía (19:10). Los dones espirituales, incluso el don de profecía, deberían estar presentes en el pueblo remanente de Dios del tiempo del fin. El don de profecía fue manifestado poderosa y específicamente entre nosotros en el ministerio de Elena de White, aun cuando todavía anticipamos un glorioso cumplimiento de Joel 2:28 y 29.

El remanente también se caracteriza por tener la fe de Jesús (Apoc. 14:12); es decir, abrazar las enseñanzas de Jesús, basado en un compromiso de fe con él. Es responsabilidad del pueblo de Dios del tiempo del fin llamar al mundo a volver a las enseñanzas bíblicas de Jesús y sus apóstoles. Finalmente, el remanente tiene la paciencia de los santos (14:12). “Paciencia”, aquí, significa “resistencia”. En un tiempo en que prevalece el engaño y la apostasía parece predominar, el remanente resiste los ataques constantes del enemigo y sigue comprometido con el Salvador amante.

Misión del remanente: Pero el remanente también tiene una misión particular, y corresponde a la misión del movimiento adventista (Apoc. 14:6-12). En el centro de su proclamación está el evangelio eterno. Necesita ser oído nuevamente al fin del conflicto en el contexto del juicio final. Llaman a la humanidad a adorar a Dios el Creador, no al dragón y sus aliados (14:7). Es parte de su misión proclamar que la apostasía del mundo cristiano alcanzará dimensiones globales, pero que no será capaz de ofrecer la salvación que promete. Finalmente, se desplomará bajo su propio peso de engaño (14:8). El remanente anuncia que los que adoran a la bestia y se identifican con la agenda que promueve experimentarán la derrota (14:9-11). Por medio del remanente, Dios está reuniendo a su pueblo de cada tribu, pueblo y lengua. Las características mencionadas anteriormente, al igual que la misión que acabamos de analizar, definen quiénes somos e identifican al movimiento adventista con el remanente histórico y fiel de Dios.

El remanente y la iglesia cristiana

El pueblo de Dios en Babilonia: Dios tiene un pueblo en la Babilonia figurada, y es nuestra misión llamarlo a salir y formar parte del remanente escatológico de Dios del tiempo del fin (18:4). Estos son cristianos sinceros que sirven a Dios en diferentes denominaciones cristianas e incluso entre las religiones mundiales. Forman parte de la iglesia de Cristo. En la actualidad, no forman parte del grupo visible; es decir, no poseen las características del remanente, pero es el plan de Dios sacarlos de su invisibilidad a través de la misión de su pueblo remanente. Podemos, entonces, sugerir que la plenitud de la iglesia de Cristo está constituida por un remanente visible e histórico que tiene características específicas, y también por creyentes leales que todavía están en Babilonia, en el exilio. Necesitan escuchar el mensaje del remanente para poder reafirmar su compromiso con la verdad bíblica y no ser engañados por el dragón y sus aliados.

La plenitud del remanente: Esta comprensión del remanente no deja lugar para el exclusivismo. Dado que en la actualidad la iglesia es más grande que el remanente, este no puede proclamar exclusivismo eclesiástico. Dios también está activo fuera del remanente. Por lo tanto, no hay salvación fuera de la iglesia; esto no es exclusivismo soteriológico. Como ya se ha indicado, el componente invisible de la iglesia de Cristo, llamado por Jesús “otras ovejas que no son de este redil” (Juan 10:16), necesita escuchar el mensaje del remanente. Entonces, sucederá algo maravilloso y glorioso. A medida que el conflicto cósmico se acerque a su final, la expectativa escatológica de la unidad de la plenitud de la iglesia de Cristo será una realidad. El remanente y los que salen de Babilonia constituirán la plenitud del remanente escatológico de Dios. El pueblo de Dios, de cada tribu, nación y lengua, “dará voz al gran testimonio final al mundo”.3 Las fuerzas del mal “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegido y fieles” (Apoc. 17:14). ¡Maranata!





Fuente: Revista Adventista, Mayo 2010 / "God's End-Time Remnant". Adventist Review, Diciembre 2009

Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Referencias: 1. Johannes P. Louw and Eugene Albert Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament: Based on Semantic Domains (New York: United Bible Societies, 1989), t. 1, p. 613. Ver también Frederick William Danker, A Greek-English Lexicon of the NT and Other Early Christian Literature (Chicago: Chicago University Press, 2000), p. 602, que declara que loipos se refirere “a lo que queda, especialmente después de que se ha realizado alguna acción”. 2. Para un análisis más detallado, ver Ekkehardt Mueller, “The End-time Remnant in Revelation”, Journal of the Adventist Theological Society 11 (2000), pp. 188, 189. 3. Jon Paulien, “Eschatology and Adventist Self- Understanding”, en Lutheran and Adventists in Conversations: Report and Papers Presented 1994- 1998 (Silver Spring, Md.: General Conference of Seventh-day Adventists, 2000; Geneva, Switzerland: Lutheran World Federation, 2000), p. 237.

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