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sábado, 6 de junio de 2009

Reflexiones Sobre Daniel 11: 10 Puntos Basicos a Tener en Cuenta. Por Humberto R. Treiyer

Apreciados amigos:

Ha comenzado un intercambio que se anticipa interesante sobre Daniel capítulo 11. Con especial satisfacción observo que algunos de mis hermanos quieren descubrir la verdad por sí mismos; por lo mismo resistiré la tentación de verter explicaciones detalladas acerca del mismo. En lo que sigue, los investigadores encontrarán un par de pistas respecto del mismo.

Con un abrazo afectuoso, vuestro consiervo en el Señor,

Humberto R. Treiyer

10 Puntos Basicos a Tener en Cuenta en la Interpretación de Daniel 11:

1. El C. B. A. (Comentario Biblico Adventista) concluye el comentario de Daniel 11 con estas palabras de Jaime White, citadas fuera de contexto:

"Al interpretar profecías no cumplidas, donde la historia no está aún escrita, el estudiante debiera presentar su exposición sin demasiado dogmatismo para que no se encuentre extraviado en el terreno de la fantasía".

"Hay quienes piensan más sobre la verdad futura que sobre la verdad presente. Ven poca luz en el sendero en que caminan, pero creen que ven gran luz delante de ellos".

"Las opiniones respecto a la cuestión del Oriente se basan en profecías que no se han cumplido aún. En estos casos debiéramos andar con cautela y nuestras definiciones debieran ser cuidadosas para que no se nos encuentre quitando los hitos que se han establecido firmemente en el movimiento adventista. Puede decirse que hay consenso general sobre este tema, y que todos los ojos se vuelven hacia la guerra actual entre Turquía y Rusia [1877-78] como el cumplimiento de esa porción de la profecía que confirmará mucho la fe en el próximo fuerte clamor y el fin de nuestro mensaje. Pero es inquietante preguntarse cuál será el resultado de este dogmatismo en cuanto a profecías no cumplidas si las cosas no salen como se espera tan confiadamente." (James White, RH, 29-11-1877).

2. Tal como la declaración aparece citada en el C. B. A., parecería indicar que sólo debemos estudiar las profecías ya cumplidas, lo que ya es historia, pero que nada es seguro en la interpretación de las no cumplidas. Si esto fuera así, ¿cuál podría ser entonces el propósito de las profecías?

3. La preocupación del pastor White era, sin embargo, distinta, como lo demuestra el contexto de la cita:

"Echemos un rápido vistazo al bosquejo profético que se presenta cuatro veces en el libro de Daniel. Tendrá que admitirse que se cubre el mismo terreno en los capítulos 2, 7, 8 y 11, con la excepción de que Babilonia es dejada fuera en los capítulos 8 y 11. Veamos primeramente la gran imagen del cap. 2, en la que Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma están representadas respectivamente por el oro, la plata, el bronce y el hierro. Todos coinciden en que sus pies no son Turcos sino Romanos. Al considerar al león, el oso, el leopardo y la bestia con los diez cuernos, [bestias] que representan lo mismo que [los metales de] la gran imagen, nuevamente todos coinciden en que no es Turquía la que será arrojada a las llamas ardientes sino la bestia romana. Así también en el cap. 8, todos coinciden en que el cuerno pequeño que habría de erguirse en contra del Príncipe de los príncipes no es Turquía sino Roma. Es todas estas tres líneas [proféticas] la última forma de gobierno mencionada es Roma".

"Así llegamos al punto básico de nuestro argumento, y del cual mucho depende: ¿Cubre el cap. 11 de la profecía de Daniel el mismo terreno recorrido en los caps. 2, 7 y 8? Si así fuera, entonces el último poder mencionado en este capítulo es Roma." R. & H., noviembre 29, 1877.

4. Resulta claro que la preocupación del pastor White en relación a profecías no cumplidas aún, estaba en la introducción de enfoques que removían los hitos clara y firmemente establecidos, que era precisamente el error en el que estaba incurriendo Urías Smith al identificar a Turquía como el "rey del norte" en Daniel 11.

5. Casi un año mas tarde, White volvió a lo mismo:

"En el cap. 11 [de Daniel] hay una línea histórico-profética en la que los símbolos son dejados de lado, y que comienza con los reyes de Medopersia, y continúa con los de Grecia y Roma, hasta el tiempo cuando este poder [Roma] ‘llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude’ (Dan 11: 45). Si los pies y los diez dedos de la imagen metálica son Romanos; si la bestia con los diez cuernos, que es arrojada a las llamas de fuego del gran día, es la bestia Romana; si el cuerno pequeño que se levantó en contra del Príncipe de los príncipes es Roma – si el mismo terreno y extensión son cubiertos por estas cuatro cadenas proféticas, entonces el último poder del capítulo 11, que ’llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude,’ también es Roma." R. & H., octubre 3, 1878.

6. ¿Cuál es entonces la conclusión? Que Jaime White y nuestros pioneros comprendieron claramente que Roma es el poder que llega hasta el mismo fin de Dan 11. Urías Smith, por otro lado, estaba introduciendo una identificación diferente, Turquía. Y al hacerlo estaba "removiendo los hitos" e introduciendo confusión en la interpretación del libro de Daniel.

a) Urías Smith se unió el personal de la Review and Herald en 1853. Hasta 1867 compartió la posición de los pioneros sobre la identificación del Rey del Norte con el Papado. En la Review del 5 de noviembre, comentando la campaña de Giuseppe Garibaldi por la unificación italiana, Smith adelantó la idea de que si el poder temporal le era quitado al Papado, "probablemente nunca habría de serle restaurado."

b) Desde noviembre de 1867 hasta marzo de 1871 sostuvo que tanto el Papado como el Islamismo podrían cumplir la profecía de los últimos versículos de Dan 11. En mayo de este último año, y como consecuencia de la conclusión de la Guerra Franco-Prusiana (1870 - 1871) que resultó adversa a Francia, el principal apoyo del Papado, Smith llegó a la conclusión de que la única opción restante era Turquía. En la Review del 5 de noviembre de ese año: " ...cuando el Turco, expulsado de Europa, se apresure a hacer de Jerusalén el asiento temporario de su gobierno..., entonces, de acuerdo a [Daniel 12: 1] contemplaremos el levantamiento de Miguel".

c) Esta idea se impuso por dos hechos, la muerte de Jaime White en 1881, el único que tenía ascendiente suficiente como para corregir a Smith, y la publicación del monumental comentario de Smith sobre Daniel y el Apocalipsis. Nadie pudo refutar esa idea, y los hechos parecieron corroborarla. Fueron años en los que ganamos muchísimos conversos. Pero cuando después de la Primera Guerra Mundial Turquía no desapareció, se produjo un éxodo masivo de nuestra iglesia.

7. Los puntos de "ruptura" en la secuencia de Dan 11. Los mas importantes son 4 (hay otros, como el que separa los vv. 2 y 3; etc., pero no son de tanta trascendencia para la interpretación del capítulo):

a) V. 14: El pensamiento del v. 13 se continúa en el v. 15. El v. 14 es un paréntesis necesario para introducir a los Romanos en el complejo cuadro de las luchas entre dos de las divisiones del imperio de Alejandro III el Grande, los Seléucidas (norte) y los Ptolomeos (sur)–las así llamadas "guerras sirias." No "hombres turbulentos de tu pueblo [traducción emprejuiciada, a fin de introducir a los Macabeos]," "sino quebrantadores [hebreo, paritz] de tu pueblo," los Romanos. Se levantarían "para cumplir la visión, pero ellos caerán."

b) Entre los vv. 20 y 21 hay un "vacío histórico" de unos cuatro siglos–desde la muerte de Octavio o Augusto, en el año 14, hasta el ascenso del primer obispo de Roma que mereció ser llamado "Papa," León I el Grande (440 a 461); o bien hasta los tiempos de Virgilio (537 a 555), el primer papa que pudo ejercer la nueva atribución, la de perseguir a los disidentes, recién conferida por el Edicto de Justiniano I. Según el v. 21, "un hombre despreciable," sorpresivamente tomaría "el reino con halagos." (Mejor, de acuerdo al hebreo, "por medio de intrigas," o "por medio de engaños.")

8. Entre los vv. 29 y 31: El mismo poder referido en el v. 21, el Papado, habría de sufrir un serio revés al tratar de reafirmar su dominio sobre un rival al cual había controlado por más de un milenio.

a) La escena descrita en el v. 29 habría de ocurrir "al tiempo señalado", es decir, en 1798.

b) ¿Cuál habría de ser el resultado? "No será la postrera venida como la primera. ... se contristará, ... y se enojaraá ..." (vv. 29, 30), (Otras traducciones: "en esta invasión no triunfará como la primera vez," "esta última vez no sucederán las cosas como en la primera," "esta última expedición no será como la primera.") ¿Por qué no? Por la venida "de las naves de Quitim" – símbolo de la Revolución Francesa.

9. Entre los vv. 39 y 40. Termina en el v. 39 la descripción de la "teología del Papado" (iniciada en el v. 31). El v. 40, con la expresión "al cabo del tiempo," o "al tiempo del Fin," entronca con los acontecimientos anticipados en el v. 29 como ocurriendo "al tiempo señalado." Estos dos versículos hacen referencia a un golpe muy severo (una "como herida de muerte," Apoc 13: 3) que el Rey del Norte (Babilonia espiritual), el Papado, habría de recibir del mismo rival al que había tenido sometido por tantos años, el Rey del Sur (Egipto espiritual).

10. El evento de la cruz marcó un gran cambio en la identificación de lugares, puntos cardinales y referencias geográficas.

a) Hasta la cruz el gran centro geográfico, el gran punto de referencia de la Biblia, fue un monte literal, el Mte. Moria, más conocido como Mte. Sión – un Sión literal, una Jerusalén literal, una Palestina literal, una Babilona literal, un Eufrates literal, un Egipto literal, un Norte, Este y Sur literales, etc.

b) Sin embargo, todo se volvió simbólico después de la cruz. ¿Por qué ese cambio? Cristo lo había advertido: "El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mat 21: 43); "He aquí vuestra casa os es dejada desierta " (Mat 23: 38). Y también Pablo: "Mirad a Israel según la carne . . ." (1 Cor 10: 18), en contraste con el "Israel de Dios" (Gal 6: 16); "No os habéis acercado al monte que se podía palpar ["tangible," "una realidad sensible," "un monte palpable"] ... sino que os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial ..." (Heb 12: 18, 22).

c) La separación entre las referencias geográficas literales y las simbólicas está entre los vv. 20 y 21–hasta el v. 20 todo es literal, totalmente geográfico; pero todo se vuelve simbólico desde el v. 21 hasta el v. 45: un Norte o Babilonia simbólico, un Sur o Egipto simbólico, un Sión -- o "el monte glorioso y santo" -- simbólico; y varias otras entidades políticas, tales como Libia, Etiopía, Moab, Edom y Amón, también simbólicas.

d) Este es un punto sumamente importante, especialmente debido a la gran difusión del falso Sionismo, el llamado a la reunión de los Judíos literales en Palestina, en presunto cumplimiento de las profecías condicionales de restauración del Antiguo Testamento; y la gran ignorancia acerca del verdadero Sionismo, el llamado a la reunión del verdadero Israel, los 144.000, sobre el Mte. Sión, como resultado de la predicación del verdadero mensaje de reunión, el mensaje de los tres ángeles (Apoc 14: 6-13).

Autor: Humberto R. Treiyer, reconocido teólogo adventista nacido en Argentina. B.A., Colegio Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. M.A., Instituto Nacional del Profesorado, Entre Ríos, Argentina. M.Div., Andrews University, MI., USA. Th.D., Southwestern Baptist Theological Seminary, Louisiana, USA.
Ex docente y Ex decano de teología de las siguientes universidades; Universidad Adventista del Plata, Argentina; Universidad Adventista de Costa Rica; Instituto de Estudios Superiores en Teología, Filipinas. Es autor de varios libros algunos de los cuales se han utilizado como libros de texto en distintas instituciones.

Fotografía: Daniel 11: 5-8. Detalle del Papyrus 967 / Kölner Teils.

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lunes, 6 de abril de 2009

La Esperanza de Islam. Por Humberto R. Treiyer

¿Habrá perdido Dios interés en las naciones? Si bien cuando nos remitimos a los libros proféticos de la Biblia, por ejemplo Daniel y Jeremías, vemos el interés de Dios por las naciones de la antigüedad, ¿dónde están los mensajes divinos para las naciones actuales? ¿O es que Dios no tenía conocimiento anticipado de los pueblos que habrían de ir surgiendo cuando se eclipsaran aquellas potencias del pasado?

Estas preguntas son válidas, y no solamente merecen respuestas sino que las demandan. Recordando que Cristo, el Hijo de Dios murió sobre la cruz para redimir a la humanidad, podríamos afirmar que Dios no se ha desentendido de su creación, sino que misericordiosamente sigue supervisando y conduciendo la historia de este planeta y su carga humana. Pero ¿dónde están las evidencias?

Hay una sección del Apocalipsis, el último libro de la Biblia, en la que Dios nos da una respuesta, no acerca de una ciudad o una nación en particular, sino en relación con el más numeroso conjunto actual de naciones de nuestro planeta. Nos referimos a lo que se ha dado en llamar “la luna creciente del Islam”, expresión gráfica que se refiere no solamente al símbolo del Islam, la media luna, sino también a la forma en que se dibuja sobre un mapa de esas tierras la expansión del Islam. Esa “media luna” se extiende desde Indonesia y las Filipinas, en el este, hasta Arabia, Egipto y algunas naciones africanas, hacia el oeste. Aún antes del nacimiento de Ismael, progenitor de los árabes e hijo del patriarca Abraham y de su concubina Agar, Dios anticipó los rasgos que habrían de caracterizar a las naciones descendientes de esta pareja: “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción. Y él será hombre fiero [literalmente “un asno salvaje humano”, expresión que no debe interpretarse como un insulto, todo lo contrario1]; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará” (Génesis 16:10–12).

A los 89 años de edad, Ismael, juntamente con su hermano Isaac, de 75 años, resuelta cualquier diferencia que hubiera podido haber entre ellos, en hermanable armonía dieron sepultura a su padre Abraham (Génesis 25:7–9). Ismael murió de 137 años de edad, después de haberle dado a Abraham los doce nietos que Dios había prometido al patriarca (Génesis 25:12–16). Es más, cuando los bisnietos del patriarca por Isaac y Jacob eran tan sólo doce, los ismaelitas ya recorrían el desierto en caravanas comerciales como la que llevó a José como esclavo a Egipto (Génesis 37:28).

¿Qué pasó con los descendientes de Ismael? La historia de ellos fue larga y complicada, si es que de historia puede hablarse, ya que no llegaron a formar un país centralizado. El aumento constante de su población se tradujo en la formación de algo más de 300 tribus nómadas que recorrían constantemente el vasto desierto de Arabia, tratando de encontrar subsistencia para ellos y sus ovejas, cabras y camellos. Con el tiempo, algunas de estas tribus se radicaron en la franja costera del Mar Rojo, “la Arabia feliz”, como dio en llamársela por contar con condiciones climáticas menos adversas, volviéndose sedentarias. Algo parecido ocurrió con algunas familias judías, las que más tarde habrían de ejercer una gran influencia sobre el joven Mahoma.

En el siglo V d.C., en un desolado valle de 5 km de largo y de 2 a 3 km de ancho, las tribus levantaron un santuario en forma de cubo, la Kaaba, en cuyo interior colocaron sus innumerables ídolos y una piedra de color oscuro, “la piedra negra”. En torno a este santuario las tribus acostumbraban reunirse periódicamente para sus ceremonias religiosas, transacciones comerciales y certámenes diversos. Así fue cómo, con el correr de los años, surgió Meca, la ciudad sagrada de los árabes. La erección del santuario representó un pequeño paso hacia la organización; sin embargo, los mismos historiadores árabes se refieren a la situación imperante en aquellos tiempos como “barbarie”.

Las cosas se complicaron aún más durante el siglo VI, al debilitarse la escasa autoridad política que había en Meca. El alcohol corría abundantemente, especialmente por las noches, y también corría la sangre. El juego añadía a las tensiones; y la prostitución, practicada por bailarinas que iban de tienda en tienda, hacía que las cosas se deterioraran aún más. ¿Y la religión? El animismo politeísta que había llenado el desierto de jinns, o espíritus demoníacos, no era capaz de elevar la moral de sus practicantes ni de controlar la situación. Coinciden los historiadores árabes en que había llegado el tiempo para que surgiera un libertador, un conductor religioso que los guiara fuera del pantano en el que se encontraban.

A una de las tribus, la de los koreichitas, le había sido encomendado el cuidado del santuario. Esta tribu constaba de dos poderosas familias, la de los Benu-abdu-sch-Schemes, la más rica de las dos, y la de los Benu Haschim. De esta última, alrededor de 571 d.C., del matrimonio formado por Abdul-l-lah-ben-Abdu-l-Mutalib, “descendiente directo de Ismael”, como lo pretendía, y por Amina-ben Uahab, nació Mohamed-ben-abdu-l-lah-ben-Abdu-l-Mutalib, es decir, Mahoma. Muertes prematuras en la familia hicieron que el niño peregrinara por varios hogares, hasta que fue adoptado por su tío Abú-Taleb y su esposa Fátima, e iniciado en el comercio por un preceptor judío.

Cuando Mahoma era aún joven, se dedicó a la conducción de caravanas, actividad que lo llevó a Palestina, Siria y Egipto. Una mujer de muchos recursos, Kadidja, viuda dos veces, lo contrató para hacerse cargo de sus caravanas y negocios, y, prendada por las virtudes que exhibía el joven beduino, le propuso matrimonio. A pesar de la diferencia de edades, ella de 40 años y él de tan sólo 25, sus tres décadas de vida matrimonial parecen haber sido aceptablemente plácidas. De los diez hijos que le nacieron, los tres varones murieron en su infancia.

La mayor holgura económica que le proporcionó el matrimonio le permitió dedicar tiempo a meditar y reflexionar sobre algo que le preocupaba grandemente: la situación de violencia e inmoralidad en la que vivían sus congéneres. Realizaba sus retiros en una caverna del Monte Hira, un promontorio rocoso a varios kilómetros de Meca, donde pasaba noches enteras y a veces varios días seguidos. Y fue de esa caverna de donde emergió la frase más reverenciada en el mundo árabe, que continúa sacudiendo al mundo entero hasta nuestros días: “La ilaha illa Allah” (“No hay otro dios fuera de Allah”). Después de la muerte de Mahoma se la modificó a: “La ilaha illa-Allah, Muhammadin rasulo-‘Alah” (“No hay otro dios fuera de Allah, y Mahoma es su profeta”).

El gran acontecimiento, “la noche de la excelencia y el poder”, ocurrió en 611 d.C., cuando Mahoma contaba con 40 años de edad: Un ser sobrenatural que se identificó como ”Gabriel”, tomándolo del cuello y sofocándolo, le ordenó clamar o recitar, en el nombre de Allah, el Creador del género humano a partir de sangre coagulada, lo que habría de revelársele. En otras palabras, ese ser sobrenatural que lo estaba ahorcando lo estaba comisionando como profeta.

Las dos décadas siguientes fueron difíciles. Tuvo mucha oposición entre sus parientes tribales, que rechazaron su ministerio profético. Pero en una segunda visión, en la cual “Gabriel” lo condujo en un caballo alado al séptimo cielo, a la presencia de Allah, fue confirmado en su misión profética.

El viernes 25 de junio de 622 d.C., en circunstancias en que los mecanos se disponían a terminar violentamente con el problema representado por el liderazgo de Mahoma, éste huyó hacia el norte, hacia Yathrib o Medina, población árabe que le abrió las puertas. Esta fuga marcó el comienzo de la era musulmana, punto de partida de toda la cronología del Islam. Con gran ferocidad y mucho derramamiento de sangre, logró someter a las cinco tribus medinenses, dos de las cuales eran judías. Con el respaldo así logrado se lanzó a la conquista de Meca, al costo, a lo largo de ocho años, de nada menos que 78 escaramuzas y combates, no siempre favorables.

Después de la resonante victoria de El Badr (624, d.C.), Mahoma cambió totalmente su prédica: ahora era lucha a muerte contra mecanos, judíos y cristianos, porque, según él, ellos se habían atrevido a introducir modificaciones en la revelación de Allah. Un año más tarde, luego del gran desastre de Ohed, se lanzó juntamente con sus seguidores a la “guerra santa” o jihad, con recompensa inmediata en el cielo para quienes murieran en combate contra los infieles. ¡Tantos siglos transcurridos desde entonces, y los hijos del desierto todavía no la han declarado concluida!

Mahoma murió en Medina el 8 de junio del 632 d.C, sin indicar quién habría de ser su sucesor o califa como líder de la nueva religión recién establecida. Sus revelaciones fueron reunidas después de su muerte en 114 capítulos o suras, que forman el Corán.3

Lo que sucedió en los cien años que siguieron a su muerte es absolutamente asombroso, demostrando cuán profundamente había calado en la mente de sus seguidores el concepto del jihad o “guerra santa”. En ese siglo el Islam extendió a sangre y fuego su férreo dominio desde España hasta las Filipinas e Indonesia.4

Volviendo ahora a nuestras preguntas iniciales, ¿hay alguna porción en las profecías bíblicas referida al Islam? Nada menos que todo el capítulo 9 del Apocalipsis, en la descripción de la quinta trompeta (doce versículos dedicados a la primera oleada de la “guerra santa”, la de los árabes y turcos musulmanes), y la sexta (nueve versículos que describen la segunda oleada, la de los turcos otomanos, con sus períodos culminantes, 150 años, extendidos entre el 27 de julio de 1299 hasta comienzos de 1449, y los 391 años y 15 días, desde 1449 al 11 de agosto del año 1840).

¿Verdad que sería apasionante estudiar el significado de estas escenas simbólicas, reseñadas por Dios siglos antes de que ocurriera toda la historia del Islam a lo largo de unos 12 siglos? ¿Algo más tiene la Biblia para decirnos acerca del Islam y sus centenares de millones de seguidores? Definidamente sí: en el capítulo 18 del Apocalipsis, se describe la esperanza suprema de toda la humanidad, los seguidores del Islam incluidos, la misma que la de todos los que vivimos en estos tiempos finales de la historia de este viejo y agobiado planeta. ¿Cuál es esa esperanza? Así la expresa el sonoro mensaje del Apocalipsis: “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia. . . Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades” (vers. 1–5).

Esta solemne y bondadosa invitación final de Allah (Dios), resonará por todo el planeta, con un poder nunca antes manifestado, poder que será suficiente como para disolver cualquier bruma o velo que pueda estar dificultando la percepción espiritual, como para romper todo lazo, todo compromiso, toda lealtad equivocada: la invitación divina a recibir el más grande regalo de Dios, la vida eterna hecha posible por la muerte de Cristo en la cruz. Sí, quienes todavía creen que es deber del Islam asesinar y eliminar a todos los infieles, verán disiparse ese odio de siglos al escuchar, comprender y aceptar de corazón el mensaje final de la “bendita esperanza”, la segunda venida de Cristo.

Fuente: ElCentinela.com
Autor: Humberto R. Treiyer, reconocido teologo adventista nacido en Argentina. B.A., Colegio Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. M.A., Instituto Nacional del Profesorado, Entre Ríos, Argentina. M.Div., Andrews University, MI., USA. Th.D., Southwestern Baptist Theological Seminary, Louisiana, USA.
Ex docente y Ex decano de teología de las siguientes universidades; Universidad Adventista del Plata, Argentina; Universidad Adventista de Costa Rica; Instituto de Estudios Superiores en Teología, Filipinas. Es autor de varios libros algunos de los cuales se han utilizado como libros de texto en distintas instituciones.
Referencias bibliográficas: 1. Esta figura de lenguaje que se refiere al animal salvaje e indómito, que vaga a su voluntad en el desierto, describe acertadamente el amor de los beduinos por la libertad mientras cabalgan, endurecidos y frugales, gozándose de la cambiante belleza de la naturaleza y despreciando la vida de la ciudad. Una descripción eminentemente poética del asno salvaje aparece en Job 39:5–8. Poderosas naciones han tratado de conquistar Arabia y someterla a su voluntad, pero ninguna ha tenido un éxito permanente. Los árabes han mantenido su independencia y Dios los ha preservado como un monumento perdurable de su cuidado providencial” (Francis D. Nichol, Comentario Bíblico Adventista, tomo 5, Mountain View, California: Pacific Press Pub. Assn., 1978, p. 331). 2. Los musulmanes no tienen problema alguno en aceptar que el Antiguo y el Nuevo Testamentos fueron dados respectivamente a judíos y cristianos. Sin embargo, sostienen que esas revelaciones adolecen de un doble defecto, que no se da en el Corán. Primero, como corresponden a períodos de desarrollo incompleto de la humanidad, nunca fueron revelaciones plenas; y segundo, se corrompieron en el proceso de transmisión, razón principal de las discrepancias de la Biblia con el Corán. 3. El Corán (“leer” o “recitar”), piedra fundamental de la fe musulmana, según Mahoma, le habría sido dictado palabra por palabra por Allah durante un lapso de 23 años. Por esa razón no debe traducirse; quien quiere leerlo debe aprender el árabe. La obra de edición llevó 20 años, completándosela en 654 d.C. 4. Mientras los pilares fundamentales del Islam se mantienen, por lo menos en teoría, la religión fundada por Mahoma se ha dividido en multitud de sectas, tales como sunnitas (que conforman casi el 90 por ciento de los islamitas), shiítas (zayditas, imamíes, ismailíes), jarichitas (azraquitas, yazidiyyas, sufiítas, ibadíes), yazidíes, ahmadiyya, babismo, bahaismo, etc., lo que explica los conflictos interminables entre estas distintas facciones que no cesan de multiplicarse.

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