lunes, 8 de febrero de 2010

El sermón apocalíptico de Jesús. Por Ángel Manuel Rodríguez

Jesús es el vínculo indispensable entre las profecías apocalípticas del Antiguo Testamento y las del Nuevo. Como estudiante de Daniel que era, Jesús nos proveyó información que aclara el contenido y cumplimiento de las profecías de Daniel y reafirma su validez para la iglesia cristiana. Las profecías apocalípticas cristianas están firmemente establecidas en las enseñanzas de Jesús a sus discípulos y por medio de ellos a la iglesia. Siguiendo el patrón profético de Daniel, Jesús comenzó sus sermones con lo que iba a ocurrir a partir del tiempo de su ministerio hasta el momento de su retorno en gloria para establecer el reino eterno de Dios sobre la tierra. No inició con el imperio babilónico sino con el romano -el cuarto reino de Daniel, que entonces gobernaba- y concluyó con el quinto reino de Daniel: el reino de Dios.

El sermón de Jesús tiene un propósito básico: exhortar a la iglesia a ser fiel y a velar al enfrentar y experimentar los amenazadores eventos históricos que precederán al glorioso regreso de Jesús desde el cielo. Este sermón intenta desanimar la agitación prematura respecto al tiempo del segundo advenimiento al listar una serie de eventos y señales que lo precederán. Aunque el sermón de Jesús no pone en duda la certidumbre del evento en sí, indica de manera implícita que el tiempo será mayor que el que algunos pueden pensar. Sin embargo, todo es parte del plan de Dios.

Preguntas y respuestas

Jesús se estaba retirando del área del templo, en dirección al monte de los Olivos, cuando los discípulos hicieron algunos comentarios referentes a esa casa de adoración. En respuesta, Jesús profetizó la destrucción total del templo. Esto perturbó a los discípulos. Tan pronto como llegaron al monte, en una conversación más privada, le hicieron varias preguntas. La primera: "¿Cuándo serán estas cosas [la destrucción del templo]?" La segunda: "¿Qué señal habrá de tu venida?" Y finalmente: "¿Y [cuál será la señal] del fin del mundo?" (Mat. 24:3). Ellos no cuestionaron la veracidad de la profecía, sino que se interesaron en el elemento tiempo, quizá porque identificaban inmediatamente la destrucción de Jerusalén con el momento cuando Dios establecería su reino sobre la tierra. Jesús comienza su exposición donde ellos están a fin de iluminarlos acerca del futuro de la iglesia. Al hablar de la caída de Jerusalén, la ruina de la ciudad se convirtió en un "símbolo de la ruina final que abrumará al mundo". (El discurso maestro de Jesucristo, pág.99)

Las tres preguntas hechas por los discípulos forman la estructura básica del sermón apocalíptico de Jesús. Luego el sermón concluye con una exhortación a estar listos y velar. Examinemos cada una de las preguntas.

"¿Qué señal habrá... del fin del siglo?"

Esta parte de la segunda pregunta que hicieron los discípulos, Jesús la contestó primero en su sermón (Mat. 24:4-14). La palabra clave en ella es "fin", y Jesús la usa varias veces al responder la pregunta (vers. 6, 13, 14). En su respuesta Jesús los alerta acerca del temor y de los engaños peligrosos que podían minar su fe. En ese proceso les provee información que podía protegerlos. Jesús habla del engaño religioso en la forma de individuos que pretenden ser el Cristo/Mesías (vers. 4), y del trastorno social en forma de guerras que podría, por otro lado, hacerlos creer que él había entregado el mundo al mal. Estos elementos, junto con las hambres y los terremotos, continuarían en el mundo hasta el mismo fin. Ninguno de ellos es en sí mismo la señal del fin. Ellos simplemente señalan que "aún no es el fin" (vers. 6).

Durante el tiempo de espera los discípulos serán perseguidos, muertos y rechazados por muchos (vers. 9). Pero más allá de eso la iglesia misma luchará con serios conflictos internos. Muchos abandonarán su fe, otros traicionarán a sus hermanos creyentes o los engañarán a través de profecías falsas, y otros más se descorazonarán debido al aumento del mal en el mundo (vers. 10-12). En medio de esa tenebrosa situación Jesús exhortó a la iglesia: "Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo" (vers. 13). El resultado final del conflicto está predeterminado y sólo quienes resistan participarán en él.

Jesús todavía no ha respondido su pregunta sobre la "señal del fin" (note que está en singular). Luego el versículo 14 declara explícitamente: "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin". El cumplimiento universal de la comisión evangélica nos introducirá en el fin (Mat. 28:18-20). "El fin de la época actual, respecto a lo cual preguntan los discípulos en el versículo 3, no puede venir inmediatamente sino que debe ser precedido por un período de evangelización universal." (Donald A. Flagner, Matthew 14-28 (Dallas: Word, 1995), pág. 696 ). El fin de Jerusalén sería un cumplimiento parcial del fin de la era del pecado.

"¿Cuándo serán estas cosas?"

Ahora Jesús contesta la primera pregunta de los discípulos, que tenía que ver con la destrucción del templo (Mat. 24:15-20). El versículo 15 introduce su respuesta: "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora... entonces los que estén en Judea, huyan a los montes" [vers. 15, 16]. La frase "la abominación desoladora" es una cita de Daniel, donde aparece tres veces (Dan. 9:27; 11:3 1; 12:11). El mejor paralelo es Daniel 9:27, porque, al igual que en Mateo, el contexto trata de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y del templo por la Roma pagana. La "abominación" se refiere a aquello que ofende a Dios, ética y religiosamente, y causa desolación o destrucción entre el pueblo de Dios. La Escritura emplea frecuentemente este término al referirse a las prácticas idólatras que el Señor considera detestables (e.g., Isa. 66:3; Jer. 7:30). Pero en algunos casos también se refiere a quienes las llevan a cabo; como en Oseas 9:10, donde Israel se hizo abominable al practicar actos de ese tipo.

La destrucción del templo ocurriría cuando los ejércitos romanos rodearan la ciudad, haciendo inminente su caída. Ese ejército pagano es la abominación que causa desolación, y su llegada indicará claramente que la destrucción del templo está por ocurrir. Lucas es más explícito: "Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado" (Luc. 21:20). Lucas creía que tal evento era un cumplimiento de la profecía (vers. 22), y Mateo aclara que esa era la profecía dada por Daniel.

Conocer cuándo sería la destrucción del templo era importante para la iglesia temprana, porque, de acuerdo con Jesús, sus seguidores tendrían tiempo para abandonar la ciudad, evitando así las luchas y el sufrimiento que generalmente acompañan a un sitio. El consejo de Cristo fue que quienes se hallaran fuera de la ciudad no regresaran a ella sino que buscaran lugares de refugio en las montañas. Nadie debía preocuparse por sus pertenencias personales. Todo lo que se hallara dentro de la ciudad debía abandonarse. Diversas circunstancias podrían dificultar la huida a los creyentes. Jesús mencionó particularmente el problema de las mujeres embarazadas o madres criando. Él quería que supieran que estaba pensando en ellas y que se preocupaba por su bienestar.

Jesús también mencionó el invierno y el sábado y les sugirió a los discípulos que oraran para que su huida fuera en una estación propicia y en un día común. Durante el invierno Palestina puede tornarse bastante fría durante la noche y los caminos se tornan lodosos, dificultando los viajes. Una huida durante el sábado haría casi imposible su observancia. Cuando Jesús sugiere a los discípulos que oren al respecto, su consejo claramente implica que él esperaba que la iglesia siguiera observando el sábado 40 años después de su muerte y resurrección. ¡Él no planeaba abolir el mandamiento del sábado! Su comentario muestra su interés en el bienestar personal y espiritual de los creyentes durante la caída de Jerusalén.

La respuesta de Jesús a la primera pregunta de los discípulos fue breve y al punto: la presencia de los ejércitos romanos significaría que la caída de la ciudad y del templo había llegado. Cristo no describe la destrucción del templo ni las condiciones terribles que imperarían dentro de la ciudad durante el sitio. Su interés principal se centra en la experiencia de sus seguidores y les da palabras de ánimo, simpatía e interés.

"¿Qué señal habrá de tu venida?"

Jesús respondió esta parte de la segunda pregunta al final, porque era la más importante. En, cierto sentido es paralela a la segunda cláusula, acerca del Fin del siglo, porque ambas nos llevan más allá de la destrucción del templo hasta el mismo Fin del mundo. Él separó las contestaciones a estas dos preguntas colocando su respuesta acerca del templo en medio de ellas. Así que el sermón termina con un desarrollo de lo que dijo Jesús en Mateo 24:4-14 seguido por una exhortación.

El examen de la mayoría de las traducciones bíblicas da la impresión de que el versículo 21 es una continuación de la discusión previa acerca de la caída de Jerusalén. Sin embargo, eso no es necesariamente así. Primero, el lenguaje cambia de lo regional -Jerusalén- a lo universal. La aflicción o angustia es de tal naturaleza que amenaza a todos, dificultando la supervivencia. Segundo, Jesús ya no está discutiendo el destino de los judíos sino el de los "escogidos", quienes parecen estar en peligro. El peligro parece no involucrar la caída de la ciudad, porque él ya les ha dicho cómo evitar esa amenaza. Tercero, la frase introductoria "porque... entonces..." no significa que lo siguiente ocurrirá junto con la invasión de la ciudad. "Entonces" sirve para introducir lo que sigue en tiempo [ El término griego tote ("entonces") puede designar un tiempo futuro, introduciendo eventos que entonces ocurrirán. El término "por" (Gr. gat,) a veces señala una nueva oración y puede traducirse "y, entonces", o puede dejarse sin traducir. ], es decir, el siguiente evento importante después de la caída de Jerusalén, y se refiere a la experiencia de la iglesia y no a lo que les ocurrió a los judíos en Jerusalén. Jesús pasa de la caída de la ciudad a la aflicción de sus seguidores. De esta forma introduce su respuesta a la segunda pregunta hecha por los discípulos.

De Roma pagana y su ataque contra el templo y la ciudad de Jerusalén Jesús nos lleva a la obra de la Roma eclesiástica después del colapso del Imperio Romano predicho en Daniel 7:25. Pero su interés principal es la pregunta hecha por los discípulos acerca de su segunda venida. Él describe la tribulación predicha en términos de su intensidad: "cual no la ha habido desde el principio del mundo"; y su duración: "si aquellos días no fuesen acortados" (Mat. 24:21, 22). Consideraremos primero el elemento tiempo. El verbo traducido "acortados" ( koloboo) significa "mutilar". Dios tuvo que intervenir y "mutilar" el tiempo de opresión, haciéndolo "más corto de lo que habría sido normalmente en términos del propósito y poder de los opresores" ( Gerhard Delling. "Koloboo", en Gerhard Kittel, ed., Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids: Eerdinans, 1965), tomo 3, págs. 823, 824). Dios ya ha prefijado la duración de la opresión, acortando ("mutilando") las intenciones de su enemigo. Daniel define ese período corno los 1260 años (Dan. 7:25).

La intensidad de la opresión es tan grande que amenaza aún la misma supervivencia de los elegidos. El lenguaje usado para describirla es un eco de Daniel 12:1, 2, pero no deberíamos identificar una tribulación con la otra. "La tribulación de los 1260 días/años fue la mayor de la historia en el sentido de que continuó por siglos, y de vez en cuando produjo un elevado porcentaje de mortandad" (C. Mervyn MaxweIl, God Cares, tomo 2, pág. 35). Algunas de las señales específicas que seguirán a la tribulación son el surgimiento de falsos mesías y la segunda venida. La tribulación mencionada en Daniel 12:1, 2 también es singular, pero según el contexto "ocurrirá en conexión con la resurrección en la segunda venida. Ocurrirá después que la corte del juicio descrita en Daniel 7:9-14 haya terminado de examinar los libros. Infundirá terror únicamente a los malos. El pueblo de Dios será librado de ella, 'todos los que se hallen escritos en el libro". Id., pág. 34

De acuerdo con Jesús, después de la opresión los poderes malignos intentarán engañar incluso a los escogidos (Mat. 24:23, 24). El engaño produce un "hijo del hombre" falso que aparecerá en diferentes partes el mundo afirmando ser el Cristo. Individuos autoproclamándose como profetas apoyarán las diferentes manifestaciones. Junto con el falso cristo, "harán grandes señales y prodigios" (vers. 24). Este engaño es tan poderoso que Jesús lo profetizó a fin de proteger a sus seguidores. Pero hizo más que eso. Él describió la forma de su regreso a la tierra. En contraste con las manifestaciones locales del falso cristo, el Cristo verdadero llenará el planeta con la gloria de su persona al regresar en las nubes del cielo: "Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre" (vers. 27). El impacto universal de su presencia contrasta con la manifestación regional limitada de los falsos cristos.

Luego Jesús regresa al período que sigue inmediatamente a la tribulación y que precede a la segunda venida (vers. 29). Él asocia el fin de la tribulación con varias señales cósmicas: el oscurecimiento del sol y de la luna, la caída de las estrellas y la conmoción de las potencias de los cielos. Siendo que ya hemos mostrado que el período profético de los 1260 años terminó en 1798, las señales tuvieron que ocurrir alrededor de esa fecha. Ciertamente es impresionante notar que toda una serie de importantes eventos proféticos ocurrió entre 1755 y 1844. Véase William Shea, "Cosmic Signs Through History", Ministry (febrero de 1999)

El siguiente cuadro ilustra el punto:
Evento / Año

El gran terremoto de Lisboa / 1755 El día oscuro (sol y luna) / 1780 Fin del periodo profético de los 1260 años / 1789 La caída de estrellas /1833 Comienzo del juicio en el cielo / 1844

Tal conjunto de eventos no fue el resultado de la pura coincidencia sino de la intervención de Dios en la historia, llamando nuestra atención al hecho de que los importantes eventos proféticos que estaban ocurriendo nos acercarían al regreso de nuestro Señor. Una de las señales que Jesús mencionó, todavía espera su cumplimiento: la conmoción de los cuerpos celestes. Un poderoso terremoto que removerá a cada montaña e isla de su lugar (Apoc. 6:14) acompañará a la conmoción, y ocurrirá en el mismo momento de la venida del Señor.

Algunos interpretan Apocalipsis 6:12-14 como un pasaje que describe eventos futuros que ocurrirán en ocasión del regreso de Cristo (e.g., Hans K. LaRondelle, Las profecías del fin [Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1991, págs. 145-148). Ellos sostienen que el gran terremoto del versículo 12 es el mismo evento mencionado en el versículo 14. Es cierto que los versículos están estructurados formando un paralelismo invertido:

terremoto sol, luna, estrellas cielo montañas e islas

Pero eso no significa que el segundo grupo de paralelismos se refiere exactamente a los mismos eventos. Por ejemplo, el oscurecimiento del sol y de la luna y la caída de las estrellas no es lo mismo que "el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla". Sí, ambos tratan de cuerpos celestes, pero no describen el mismo evento. El paralelismo es sintético o progresivo. De hecho, la lista no sólo es progresiva, también muestra una intensificación de la naturaleza y resultados de los eventos. El pasaje menciona al terremoto (1755), el oscurecimiento del sol y de la luna y la caída de las estrellas en el mismo orden en que se cumplieron en la historia. El versículo 14 es paralelo a la frase las potencias de los cielos serán conmovidas" de Mateo 24:29. Pero ahora Apocalipsis 6:14 nos informa que en ese tiempo no sólo los cuerpos celestes serán conmovidos, sino que la tierra misma temblará de una forma particular. Es esta conmoción cósmica -que afecta a los cuerpos celeste y a la tierra- la que ocurrirá al momento de la venida del Señor.

Hasta ahora Jesús ha descrito los peligros que enfrentará la iglesia al momento de su venida así como también algunos eventos específicos que ocurrirán. Dichos eventos ayudarían a la iglesia a saber dónde se encontraba en el camino de la profecía hacia el regreso de Cristo. Ahora Jesús estaba listo para contestar la pregunta de los discípulos: "¿Qué señal habrá de tu venida?" Note nuevamente que los discípulos usaron el término singular "señal". Y Jesús les dio una respuesta específica: "Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el Cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra" (Mat. 24:30). Los intérpretes de la Biblia han especulado sobre la naturaleza de esta señal particular, pero no han llegado a un consenso acerca de su significado. Algunos creen que se refiere a la cruz; otros, al Hijo del Hombre mismo. Esta última opción puede ser la más cercana a la verdad. Elena de White identifica la señal del Hijo del Hombre como la nube en la que Cristo regresa y que a la distancia se ve negra y pequeña. "Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre" (El Conflicto de los siglos, pág.698).

Cristo describe su venida en gloria con un vívido lenguaje lleno de emoción, sonido y acción. Escuchamos el estruendo de la trompeta y somos testigos del rápido desplazamiento de los ángeles de un lado del cielo al otro para juntar a los redimidos. Pero notamos también el gemido y lamento del resto de la humanidad que se halla del otro lado del conflicto espiritual, temerosa de Aquel cuya naturaleza es amor. Ellos no pueden resistir la intensidad de su amor.

Preparados

El sermón de Jesús se extiende hasta Mateo 25, dándonos un total de 96 versículos, de los cuales él usó solamente 31 para responder las preguntas de los discípulos. Alrededor de 2/3 del sermón enfatizan nuestra necesidad de estar listos para encontrar al Señor y para esperar su venida. El tiempo entre la ascensión de Jesús y su regreso estaría lleno de expectación (Mat. 24:32-25:13) y del cumplimiento de la misión que Jesús le encomendó a la iglesia (Mat. 25:14-46). Nuestro estudio de las profecías apocalípticas debiera estimularnos a caminar cerca del Señor y a compartir nuestra esperanza con otros. Es compartiéndola como la recordamos. Debemos vivir en constante y gozosa expectación, sabiendo que Aquel que murió en la cruz por nosotros pronto regresará a establecer una relación visible y permanente con sus hijos. El sermón apocalíptico de Jesús y su cumplimiento dentro de la historia de la iglesia cristiana debiera reafirmar nuestra convicción de que lo que aún queda sin cumplirse pronto se cumplirá.



Fuente: ContestandoTuPregunta.org
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.

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viernes, 8 de enero de 2010

¿Israel es parte de la profecía del fin? Por Clifford Goldstein

Cada año las universidades bíblicas gradúan a cientos de creyentes armados con los fundamentos del futurismo: la creencia de que el Armagedón se centrará en los judíos y en Israel. Oral Roberts, Kenneth Copeland, Jim Bakker, Jimmy Swaggart y miles de otros predicadores esperan que el Armagedón ocurra en Palestina. Las revistas cristianas evángelicas publican diariamente artículos que se centran en el papel profético que desempeñaran los judíos e Israel en los últimos días. “Debemos notar el hecho”, escribe un futurista, “de que todo el universo, todas las estrellas, el sol y la luna has sido subordinadas por Dios al llamamiento de Israel. ¡Esto muestra lo importante que es Israel a la vista de Dios!

Estas creencias no están confinadas a la escuela dominical. Jerry Falwell ha traído las convicciones futuristas a debates acerca de la defensa, la política exterior y el control del armamento. Pat Robertson, aspirante a presidente y entusiasta futurista, predijo en 1982 que una guerra en el Líbano llevaría a la destrucción de Rusia como potencia mundial. Las declaraciones del presidente Reagan en cuanto al Armagedón y al Medio Oriente señalan que él también ha sido influenciado por la teología futurista.

¿Cuál es el origen del futurismo? ¿Es bíblico? Y con la fuerza política creciente del cristianismo evangélico en los Estados Unidos, ¿qué efectos podría tener esto sobre el país?

El futurismo se originó con la Reforma. Martín Lutero, queriendo al comienzo reformar el papado, eventualmente lo condenó como el anticristo. “Debes estar armado con la Escritura”, escribió, “para que no sólo puedas llamar al papa anticristo, sino también para saber cómo probarlo tan claramente que puedas morir con esta convicción y estar en contra del diablo en la muerte”.

El rótulo pegó, y pronto los protestantes de todos los colores y formas estaban señalando a Roma como “el asiento del anticristo real y verdadero”. Queriendo revertir la mala publicidad, Francisco Rivera, un jesuita español, publicó un comentario en 1590 que argumentaba que el anticristo hacía referencia no a Roma sino a un individuo que se levantaría justo antes de la segunda venida de Jesús. El anticristo, decía Ribera, reinaría en Palestina y reconstruiría el templo junto con los judíos (restaurados en la tierra).

La campaña de relaciones públicas funcionó tan bien que para el siglo XIX muchos púlpitos protestantes estaban predicando distintas versiones del futurismo, especialmente en las Islas Británicas, donde el futurismo se incorporó a una teología más compleja llamada dispensacionalismo. En el siglo XX, la Scofield Reference Bible, el comentario bíblico de mayor circulación en toda la historia, promocionó el futurismo a millones por medio de su elaborado sistemas de notas de pie de página. Algunos futuristas aficionados reverencian estas notar casi tanto como las misma Escrituras.

En años recientes, el sumo sacerdote indisputado de la profecía futurista ha sido Hal Lindsey, cuyo libro The Late Great Planet Earth ha tenido más de cuarenta reimpresiones, ha sido traducido mas de treinta y un idiomas y ha vendido la cantidad astronómica de 18 millones de copias. “Antes de que los judíos fueran una nación”, escribe Lindsey, “nada era pertinente. Ahora que eso ocurrió, comenzó una cuenta regresiva de todo tipo de señales proféticas que van cayendo en su lugar”.

“La señal mas clara del regreso de Cristo”, de acuerdo con Leon J. Wood en The Bible and Future Events, “es el estado moderno de Israel”.

Esta obsesión futurista con el moderno Israel surge de las promesas que Dios hizo hace miles de años al antiguo Israel. “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todo los pueblos que están sobre la tierra”. (Deut. 14:2). Dios prometió a los hebreos prosperidad material. “Bendito será tú en la ciudad, y bendito tu en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tus canasta y tu artesa de amasar” (Deut. 28:3-5). Incluso les prometió victorias militares: “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti”. (vers. 7).

Dios prometió estas bendiciones al antiguo Israel y muchas más, porque quería que los judíos evangelizaran al mundo. Los gentiles, al ver la gran prosperidad de Israel, dirían: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” (Zac. 8:23). Los gentiles vendrían a Jerusalén y se convertirían al Dios de los judíos. El templo sería llamado “casa de oración para todos los pueblos” (Is. 56:7), y “todas las naciones llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová” (Jer. 3:17.

Sin embargo, los futuristas pasan por alto el hecho de que Dios dio estas promesas a Israel bajo la condición de la obediencia. “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos... Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra” (Deut. 28:1).

Junto con estas promesas venía una advertencia: “Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos”, entonces “maldito serás tu en la ciudad y maldito en el campo, maldito el fruto de tu vientre”. En lugar de victoria, “Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra” (vers. 15,16,18,25).

La naturaleza condicional de la bendición es presentado muy bien en Jeremías 18:9 y 10: “En otro momento puedo hablar de construir y plantar a una nación o a un reino. Pero si esa nación hace malo ante mis ojos y no me obedece, me arrepentiré del bien que había pensado hacerles” (NVI).

Como muestra la Biblia, Israel como nación rehusó escuchar la voz del Señor. Los gentiles vinieron a Jerusalén, pero para quemar la ciudad, no para adorar allí. Tuvieron lugar todas las calamidades que el Señor había advertido que ocurrirían, hasta que Israel en verdad fue “vejado por todos los reinos de la tierra” (Deut. 28:25).

En la parábola del agricultor que plantó la viña, Jesús ilustró el fracaso de Israel. Cuando el dueño envió a sus siervos a recibir la fruta de la viña, los inquilinos los mataron uno por uno. Finalmente envió a su hijo, y lo mataron también. El dueño destruyó a los inquilinos y le dio la viña a otros. Jesús, usando la viña como símbolo de la tierra de Israel y a los inquilinos para simbolizar la infidelidad de la nación, les dijo a los líderes: “El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mat. 21:43).

A pesar de la naturaleza condicional de la promesa, a pesar del fracaso al no cumplir con las condiciones y a pesar de la declaración de Cristo de que el reino sería quitado de Israel por su fracaso, los futuristas insisten en que la promesa del Antiguo Testamento hecha a los judíos ha permanecido válida durante casi 2000 años. Y aplican estas promesas al Estado de Israel moderno, aunque es un país secular que no ha hecho ningún pacto con Dios para vivir de acuerdo con las condiciones delineadas en la Biblia.

“Durante los últimos treinta y siete años”, escribió el futurista Win Malgo en 1985 acerca del estado judío en Palestina, “hemos sido testigos del cumplimiento progresivo de la promesa que Dios hizo al a nación de Israel”. J.Dwight Pentecost escribió que las promesas “hechas por Dios a Israel con respecto a su relación con la tierra deben ser consideradas como un pacto incondicional”.

Directamente ligado a esta insistencia errada en cuanto a que las promesas de Dios a Israel son incondicionales hay un error relacionado: el fracaso del futurismo en reconocer la enseñanza del Nuevo testamento de que la iglesia ha tomado el lugar del antiguo Israel de este lado de la cruz. En la parábola de la viña, Jesús dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y dado a una nación que trajera frutos. El evangelio no ha ido a una sola nación; se ha esparcido en todo el mundo. Los creyentes de todo el mundo componen el “pueblo que produzca los frutos del reino” (NVI).

Escribiendo a los cristianos esparcidos en las iglesias de todo el Medio Oriente, Pedro se dirigió a ellos con los títulos de Israel: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa” (1 Pedro 2:9). Pablo, escribiendo a los creyentes gentiles de Efeso, les recuerda que una vez estuvieron “ajenos a los pactos de la promesa”, pero que ahora son “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Ef. 2:12,19).

Las promesas del evangelio no excluyen al judío; se convierte en parte del Israel espiritual (la iglesia) por medio de la fe en Jesús, al igual que todos los demás. “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gál. 3:29). En Romanos 11, Pablo usa el símbolo del árbol de olivo para representar a Israel. Los judíos eran la iglesia original, “las ramas naturales”, mientras que los gentiles son las ramas del olivo “silvestre”. Por causa de la incredulidad y la desobediencia, las ramas naturales, los judíos, fueron “desgajadas”, mientras que las ramas silvestres, los gentiles, fueron “injertados”. Sin embargo, Pablo advierte a los gentiles que si desobedecen, ellos también pueden ser cortados. Pablo explicó que si la rama gentil que “por naturaleza es olivo silvestre” podía ser injertada, “¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”, si (note la condición que Pablo expresa) “no permanecieren en incredulidad” (vers. 23,24).

Centenares de promesas del Antiguo Testamento que el Señor hizo al antiguo Israel permanecen sin cumplir porque Israel permaneció infiel a las condiciones. El futurismo, rechazando la idea de la condicionalidad, aplica estas promesas al Israel moderno. El resultado es una variedad de escenarios improbables para el fin del mundo. Al aplicar al Israel moderno las promesas del victorias militares hechas al antiguo Israel, los futuristas creen que Rusia será derrotada en una guerra contra los judíos.

El libro del Apocalipsis está lleno de simbolismos del Antiguo testamento y de su ambientación en la antigua Palestina. Así cono Pablo y Pedro aplicaron los títulos del Israel literal al Israel espiritual, el Apocalipsis también aplica espiritualmente los antiguos símbolos palestinos del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el Apocalipsis habla del pueblo de Dios saliendo de “Babilonia”. Sin embargo, Babilonia, un sistema religioso y político claramente falso, enemigo del pueblo de Dios en el tiempo del antiguo Israel, no ha sido una nación por más de 2000 años y, de acuerdo a Isaías, nunca sería restaurada. Por lo tanto, Juan en el Apocalipsis, no puede estar haciendo referencia a la nación literal de Babilonia. En su lugar, está usando símbolos del Antiguo Testamento literal para enseñar verdades espirituales del Nuevo Testamento: que el pueblo de Dios debe abandonar las enseñanzas de la religión falsa, es decir, la Babilonia espiritual. El futurismo, al rehusar ver las interpretaciones espirituales de estas imágenes, las aplica literalmente, lo que explica su obsesión con el Medio Oriente.

Rechazar el futurismo no significa, necesariamente, rechazar a Israel. Millones de personas que no ven significación profética en el Estado judío apoyan sin embargo el derecho de Israel a tener una patria segura. Y su apoyo viene sin todas las trampas teológicas del futurismo, que incluye, para algunos, otro holocausto. “Millones de judíos devotos”, dice Jerry Falwell, “serán asesinados nuevamente”. Con defensores como éstos, ¿quién necesita de la OLP? Sería mejor que los judíos se preocuparan por sí mismos.

Pero los judíos no son los únicos que se preocupan. Hay otros preocupados también por la manera en que esta teología popular pueda afectar la política del gobierno. Las declaraciones del presidente Reagan acerca del Armagedón, antes de las elecciones del 1984, hizo que la gente se preguntara “si la creencia aparente del presidente en un escenario bíblico particular para el fin del mundo significa que considera la guerra nuclear como un instrumento divino” (Time, 5 de noviembre de 1984). Otros también se preguntan si la descripción que hizo del presidente de Rusia como un “imperio impío” vino de la teología futurista, que describe a Rusia de la misma manera. Algunos creen que es más que una coincidencia que muchos oponentes firmes al congelamiento nuclear o la reducción de armamento sean evangélicos futuristas, cuyos escenarios para los últimos días siempre incluyen una guerra nuclear. Hal Lindsey, cuyos libros acerca de profecías bíblicas especulan con una guerra nuclear entre Norteamérica y Rusia antes de la segunda venida, dio una charla un vez a los estrategas del Pentágono acerca de ese mismo tema: la guerra nuclear entre EEUU y Rusia.

Rechazar a Lindsey y al escenario futurista para la segunda venida, sin embargo, no significa rechazar la segunda venida. Jesús fue claro, volverá, y antes de ese regreso habrá “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo” (Mat. 24:21). Este tiempo de angustia podría incluir de un modo plausible una guerra en el Medio Oriente. Pero si es así, no será porque el Israel moderno tenga alguna significación profética en al actualidad.

Jesús también dio otra profecía específica en relación con la segunda venida. Advirtió que antes de su regreso abundarían las falsas enseñanzas, enseñanzas que, advirtió, “engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos” (vers 24).

El futurismo no explica esta advertencia profética, ¡la cumple!


Fuente: "Como fuego en mis huesos". Este es una articulo escrito en el año 1987, parte de este libro. Ante la creencia generalizada de que Israel tiene un papel profético antes del fin, es bueno leer otra posición para poder tener un panorama mas amplio y correcto. Editor
Autor: Clifford Goldstein, prolífico escritor adventista. Editor de la Guía de estudio para adultos para la Escuela Sabática. Desde 1992 hasta 1997, fue redactor de ‘Liberty’, y 1984-1992, editor del Shabat Shalom. El tiene M.A. in Ancient Northwest Semitic Languages de la Johns Hopkins University (1992). Es autor de unos 18 libros, los más reciente son "God, Godel, and Grace" y "Graffiti in the Holy of Holies".

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Justicia y Juicio. Por Ángel Manuel Rodríguez

La Biblia dice que “compareceremos ante el tribunal de Dios”. ¿Qué significa esto?

Muy a menudo el significado de expresiones puede ser elucidado al estudiar los pasajes bíblicos en los que son utilizados. En este caso, se trata de una práctica legal de la sociedad romana empleada por Pablo para dar a entender importantes verdades teológicas. Conocer esta antigua práctica es útil, pero el mismo texto bíblico nos ayuda al explicar su significado y su importancia doctrinal.

1. Origen de la frase. “Tribunal” es la traducción al Español del término griego bema. El significado literal de la palabra es “paso” (utilizado como una medida para designar aproximadamente un metro; literalmente, “un pie de largo”). Desde ese significado básico, bema llegó a designar una plataforma elevada al menos un pie por sobre el piso. Tales plataformas generalmente eran construidas en la plaza del mercado o cerca de ella y era utilizada por los oficiales romanos para emitir discursos (por ejemplo, Hech. 12:21) y para tomar decisiones judiciales. El magistrado se sentaba sobre una silla colocad sobre ella para dirigirse a los presentes. El término bema, por extensión, se aplicaba a la silla del magistrado. La “silla del juicio” era la silla de un tribunal.

2. Procedimiento legal. Frente al magistrado romano, permanecía el acusado y los acusadores. Durante el juicio a Jesús, Pilato se sentó “en el tribunal” (Mat. 27:11, 19; Juan 19:13). Los acusadores presentaron los cargos, Pilato permitió que Jesús se defendiera, y se dictó una sentencia legal (Mat. 27:13, 14, 24-26).

Encontramos una situación similar en Hechos. Cuando estaba en Corintio, los judíos llevaron a Pablo al “tribunal” (be-ma) de Galión, procónsul de Acaya (Hech. 18:12). Éste escuchó los cargos contra Pablo, pero determinó que, de acuerdo con la ley romana, no tenían base legal. Y “los echó del tribunal” (vers. 16). Los líderes judíos también insistieron en presentar cargos contra Pablo en Cesarea, ante Festo. “Al siguiente día se sentó en el tribunal, y mando que fuese traído Pablo” (Hech. 25:6). Los acusadores comparecieron y presentaron sus cargos contra Pablo, y se le dio una oportunidad de defenderse (vers. 7, 8).

Por lo tanto, esta silla era un tribunal público, un lugar donde el supuesto delincuente era llevado ante el oficial romano, que funcionaba como un juez. El acusado y los acusadores comparecían ante él, presentando sus argumentos y evidencias, y él escuchaba a la defensa. Después de una evaluación de las evidencias, el magistrado romano pronunciaba su decisión legal a favor o en contra del acusado.

3. Uso teológico. Esta práctica legal fue empleada por Pablo para ilustrar los procedimientos del tribunal celestial. En Romanos 14:10, se refiere a bema como “el tribunal de Cristo”, al igual que en 2 Corintios 5:10. Estos dos pasajes contienen varias ideas importantes. Primero, afirman que hay una corte divina en la que Dios, por medio de Cristo, opera como juez. La referencia es al juicio escatológico.

Segundo, que los creyentes cristianos comparecerán ante el tribunal de Dios para rendir cuenta de sus actos (Rom. 14:12). Al final de este proceso legal escatológico, “toda lengua confesará a Dios” (vers. 11) para reconocer la justicia de Dios.
Tercero, el pueblo de Dios también comparecerá ante él para recibir lo que se merece por “lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Cor. 5:10).

Cuarto, 2 Corintios 5:10 revela que, en el juicio, se analiza la evidencia y Dios pronuncia un veredicto sobre la base de esa evidencia.

Finalmente, deberíamos notar que Pablo no dice quién será el acusador. En 2 Corintios se sugiere que, en el reino celestial, el registro de nuestras obras hablará contra nosotros, pero otras evidencias bíblicas indican que el máximo acusador del pueblo de Dios es el enemigo (Zac. 3:1). Otros pasajes especifican que la defensa es presentada por nuestro abogado, Jesús (1 Juan 2:1; Heb. 7:25). Ya que lo confesamos aquí en la tierra, él confesará en el tribunal celestial de que le pertenecemos (Mat. 10:32; Luc. 12:8, 9).

No hay necesidad de que comparezcamos físicamente ante el tribunal de Dios, ya que Cristo nos representa allí. ¡Estas son buenas nuevas!


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Fotografía: Juicio Final (Oleo sobre lienzo / 1615). Peter Paul Rubens. Alte Pinakothek (Munich)

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domingo, 15 de noviembre de 2009

10 profecías fallidas sobre el fin del mundo

Con el estreno de ‘2012’ y el auge mediático de los calendarios mayas han vuelto a ponerse de moda las predicciones fatalistas, las fechas para la llegada del Apocalipsis. Durante la historia han sido varios los pronósticos (con día, mes y año) que avisaban a la humanidad de la llegada del fin del mundo. Todos tienen algo en común: fallaron.

La gallina profeta de Leeds (1806): durante la historia han sido muchos los que han vaticinado el regreso de Jesucristo para juzgar a la humanidad por sus pecados. Uno de los más curiosos es la gallina de Leeds (Inglaterra). En 1806 esta gallina empezó a poner huevos con la frase “Cristo viene”, algo que fue tomado por milagro y tuvo muchísima difusión hasta que alguien demostró que todo era una farsa.

Milleristas (23 de abril de 1843): Un agricultor de Nueva Inglaterra llamado Guillermo Miller, tras años de estudio de la Biblia concluyó que el tiempo escogido por Dios para destruir el mundo podía adivinarse directamente interpretando el texto. El mundo se acabaría en algún momento entre el 21 de marzo 1843 y 21 de marzo de 1844. Predicó y publicó lo suficiente como para atraer a miles de seguidores (conocido como Milleristas), y finalmente estableció la fecha del fin del mundo el 23 de abril 1843. Nada ocurrió los y los Milleristas se disolvieron. Algunos de ellos forman lo que hoy se conoce como adventistas del séptimo día.

Armagedón mormón (1891 o antes): Joseph Smith, fundador de la iglesia mormona, convocó a una reunión de sus líderes de la iglesia en febrero de 1835 para decirles que había hablado con Dios. Supuestamente Dios le había comunicado que Jesús regresaría en los próximos 56 años y que el fin del mundo comenzaría tras este regreso de Cristo.

El cometa Halley (1910): En 1881, un astrónomo descubrió a través de análisis espectral que colas de los cometas contienen un gas mortal llamado cianógeno. No saltó la alarma hasta que se hizo público que la Tierra contactaría con los restos de la cola del cometa Halley en 1910. Se dijo que todo el mundo sería víctima de un ‘baño de gas mortal’ entonces (llegó a ser tema de las páginas principales del New York Times). El pánico se apoderó del mundo entero hasta que otros científicos confirmaron que no había nada que temer.

Pat Robertson (1982): En mayo de 1980, tele-evangelista y fundador de la Coalición Cristiana, Pat Robertson, sorprendió y alarmó a muchos, cuando anunció que a finales de 1982 se acabaría el mundo. Dijo tal cual: “Garantizo que a finales de 1982, el mundo será juzgado”.

Heaven's Gate / Puerta del cielo (1997): Cuando el cometa Hale-Bopp apareció en 1997, surgieron rumores de que una nave espacial le estaba siguiendo. La NASA y la Comunidad astronómica lo negaban mientras que crecía la creencia de que lo ocultaban. Programas especializados en lo paranormal, como el "Coast to Coast AM" de la radio, seguido ampliamente en EE UU, afirmaban que el seguimiento de este cometa se producía, lo que llevó a la creación de un movimiento en San Diego, llamado Heaven's Gate que advertía de que el mundo se acabaría pronto. Los científicos se vieron obligados a pedir que todo aquel que tuviese un telescopio de cierta potencia observase con sus propios ojos que el supuesto seguimiento del cometa por parte de la NASA era totalmente falso. El fervor por el movimiento Heaven's Gate fue tal que el 26 de marzo de 1997, 39 miembros del culto se suicidaron.

Nostradamus (1999): Los escritos de Michel de Nostredame han intrigado a la gente durante más de 400 años. Han sido interpretados de miles de formas distintas dando lugar a profecías que han calado en la sociedad. Uno de sus cuartetos más famosos advertía: “El año 1999, séptimo mes / Desde el cielo vendrá el gran rey de terror”.

El año 2000 / Y2K: Desde la década de los 70 empezó a advertirse de que las computadoras no lograrían diferenciar entre 1900 y 2000. Muchos no tenían claro qué consecuencias tendría esto, pero se llegó a especular con que podría dar lugar a un holocausto nuclear. Miles de personas corrieron a comprar víveres y armas en EE UU. Lo cierto es que hubo fallas, pero sin importancia.

5 de mayo de 2000: Richard Noone, autor del libro de 1997 "5/5/2000 Hielo: el desastre final". Pronosticó que el deshielo de la Antártida conduciría a un desastre de proporciones mundiales en mayo de 2000

La Iglesia de Dios (2008): Según el ministro de la Iglesia de Dios, Ronald Weinland, el fin del mundo llegaría en 2008. En 2006 publicó ‘2008: God's Final Witness’ donde advertía de que cientos de millones de personas morirían para ese año y de que EE UU dejaría de ser potencia mundial y nación independiente.


Fuente: Livescience.com / Bad Science
Autor: Benjamin Radford es editor en jefe de la revista de la ciencia Skeptical Inquirer. Sus libros, películas y otros proyectos se puede encontrar en su página web. Su columna mala ciencia aparece regularmente en LiveScience.

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jueves, 22 de octubre de 2009

Símbolos e Imágenes. Por Ángel Manuel Rodríguez

En la profecía, al considerar el aspecto de los símbolos, tengamos cuidado de no incorporar ideas personales.

Por favor, explíquenme la frase: "Después vi otra bestia que subía de la tierra" (Apoc. 13:11). No me convence que aquí la "tierra" quiera decir lugares poco habitados.

La interpretación del lenguaje simbólico debe realizarse cuidadosamente, dejando de lado las ideas personales y la especulación. Ni la imaginación ni los sentimientos personales constituyen una guía de interpretación segura. Las imágenes y el lenguaje que utiliza el Apocalipsis encierran códigos que necesitan de una clave para descifrarlos. Por lo tanto, los casos en los cuales a Juan se le informó acerca del significado del símbolo constituyen una gran ayuda para nosotros (Apoc. 1:20).

En muchas ocasiones, como el significado del símbolo no está expresado, hay que buscarlo. Un número importante de exégetas tiene la convicción de que en el Apocalipsis tanto el significado de las palabras como las imágenes tienen sus raíces en el Antiguo Testamento. Es por esto que para entender mejor el tema debemos considerar dicho planteamiento. Los estudios de lenguaje que se han realizado confirman el planteamiento.

Esto quiere decir que los parámetros utilizados para la interpretación del Apocalipsis son proporcionados por la propia Biblia. Esto implica estudio concienzudo, oración y dedicación de mucho tiempo. Es indispensable valerse de una concordancia y, en otros casos, también se necesita un buen diccionario bíblico. Si valiéndose de los auxiliares mencionados y la metodología sugerida todavía no logramos encontrar el código para descubrir el significado de un determinado símbolo, es mejor dejarlo sin descifrar que inyectarle al texto nuestra propia especulación.

Los adventistas tradicionalmente consideran que el símbolo "tierra", que figura en Apocalipsis 13:11, señala una determinada región escasamente poblada. Considerando que la Biblia lo utiliza en este sentido, dicha interpretación es buena o por lo menos una opción posible (véase Jer. 2:6; Prov. 21:19).

Esta interpretación también se fundamenta en el hecho de que en Apocalipsis 13:11 aparece otra bestia, pero que sale del mar. Considerando que el océano simboliza naciones y gentes (Apoc. 17:1, 2), la tierra bien podría simbolizar las zonas poco habitadas. Sin embargo, es posible que uno pueda abusar del símbolo, lo cual redundaría en una interpretación equivocada.
En lugar de centrarse en una determinada palabra, es preferible considerar la imagen que está siendo utilizada. Juan ve una bestia saliendo de la tierra/suelo. La imagen corresponde a un campo agrícola. El verbo "salir" (anabáino) se lo utiliza en el Nuevo Testamento para describir el crecimiento de la planta a partir de la tierra o suelo (Mar. 4:7, 8; Mat. 13:7). Este símbolo es extraño, incluso grotesco. Es que Juan describe a una bestia que sale de la tierra en forma semejante a una planta. Si ese es el caso, ¿existe otro texto bíblico que encierre una idea parecida? Recuerde: Antes de hacer el intento de encontrar la explicación a un símbolo, primero tenemos que tratar de descubrir si existe un paralelo bíblico.

Creanlo o no, existe uno que figura en Génesis 1:24: "Luego dijo Dios: 'Produzca [salga] de la tierra [suelo] seres vivientes...' ". El citado verbo hebreo también es utilizado para describir el crecimiento de un planta fuera de la tierra (Job 38:27). En Génesis 1:25 se califica como seres vivientes a los animales, a las bestias, incluso a los "animales silvestres". La versión griega del Antiguo Testamento traduce como "bestias de la tierra" a los animales silvestres, que es la misma idea que aparece en Apocalipsis 13:10.

En Génesis 1:24 y 25 encontramos una terminología paralela semejante a la que utiliza Juan: bestias que salen de la tierra a semejanza de plantas.

¿Qué es lo que Juan está tratando de enseñarnos por medio de los símbolos? Para poder responder la pregunta, necesitamos volver al Génesis. Moisés está describiendo la manera como el Creador realizó su obra de creación de los animales. Dios habló, y los animales salieron de la tierra/suelo a un medio virtualmente deshabitado.

En Apocalipsis, Juan también describe un poder político que surge mayormente de lugares poco habitados, semejante a los animales en ocasión de la semana de la creación. Juan vio cómo dicho poder se corrompió, hablando como dragón y luchando contra su Creador. Este es un caso sencillo de apostasía, cuyas raíces se encuentran en el Antiguo Testamento, lo cual corresponde exactamente con lo descrito por la profecía de Apocalipsis 13:11.

...para descubrir el significado de un determinado símbolo es mejor dejarlo sin descifrar que inyectarle al texto nuestra propia especulación.


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.

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lunes, 5 de octubre de 2009

Base bíblica para un profeta moderno. Por Frank B. Holbrook

Introducción

El don profético se fundamenta en la necesidad básica de la comunicación que debe existir entre la Deidad y la familia humana caída. El ocultismo y la esfera de los falsos profetas son dos sistemas que han operado a lo largo de la historia humana para engañar y hacer errar al ignorante y al incauto, alejándolo de las comunicaciones genuinas provenientes de Dios. Por el otro lado, el sistema de comunicaciones de Dios, que es básicamente el don profético, está claramente delineado en las Escrituras (Núm. 12:6; Amós 3:7; Luc. 1:70).

Se usan cuatro palabras en las Escrituras (tres en hebreo y una en griego) para referirse al instrumento humano en este tipo de comunicación. Ro'eh (1 Sam. 9:9; Isa. 30:10), y las más frecuente, chozeh (2 Sam. 24:11; Amós 7:12; 2 Rey. 17:13, etc.), establecen una conexión con el concepto de "visión", y están traducidas generalmente como "vidente". La idea parece ser que Dios abre a los "ojos", esto es, al entendimiento del profeta, cualquier información o mensaje que él desee que se transmita a su pueblo. Los términos, por lo tanto, enfatizan el recibimiento de un mensaje divino por parte del profeta.

El significado de la palabra última y más generalmente usada, nâbi' (1 Sam. 9:9), y su equivalente griego, profts, se aprecia mejor en el siguiente uso del término:

"Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta (nâbi'). Tu dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón...

...Tu hablarás a él [Aarón], y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios." (Exo. 7:1, 2; 4:15, 16).


A partir de estas declaraciones en las que Moisés y Aarón habrían de desempeñar el papel de Dios y profeta respectivamente, resulta evidente que el profeta al que se refiere el término nabi', era considerado como un portavoz señalado divinamente por Dios. En este caso, el vocablo de la LXX (Septuaginta) para nabi' es profts, el cual aparece en el Nuevo Testamento y del cual proviene nuestra palabra castellana profeta.

Profts es un vocablo compuesto constituido por la preposición pro, que lleva implícito el matiz de "antes", o "por" en este caso, y el verbo fmi, "hablar". De este modo el "profeta" es, en un sentido general, uno que habla en nombre de otro; pero en el marco bíblico, un verdadero profeta es un portavoz o intérprete de Dios, es decir, un revelador, intérprete divinamente inspirado, o uno que habla en nombre de la Deidad. Por consiguiente, las palabras nabi'/profts destacan el cariz de comunicación del papel del profeta. Las cuatro palabras juntas manifiestan un único oficio o función: un profeta es uno que recibe comunicaciones de parte de Dios, y transmite su propósito a su pueblo.

Como puede esperarse, hablar por Dios puede transformarse gradualmente en predicar por Dios. Consecuentemente, hay quienes sostienen que en el Nuevo Testamento el don a veces simplemente tiene que ver con la predicación expositiva (Lenski, p. 760 al comentar Romanos 12:6). Algunos lo ven como un "don de predicación inspirada" (International Critical Commentary al comentar 1 Cor. 13:2, p. 287), o "predicar la palabra con poder" ( ICC al comentar 1 Cor. 12:10, p. 266). Sin embargo, desde el contexto de 1 de Cor. 12-14 resulta evidente que aunque el "profetizar" activamente a veces puede adoptar la forma de la predicación eficaz (1 Cor. 14:3), esta predicación estaba basada en la revelación divina (1 Cor. 14:30) y no sobre la simple iluminación de las Escrituras por medio del Espíritu, lo cual puede darse con cualquier ministro que habla por Dios.

El Nuevo Testamento mantiene una diferencia entre el simple ministerio de la Palabra y el ministerio profético, entre el "maestro" y el "profeta" (Efe. 4:11; 1 Cor. 12:28). Tanto la predicación de Bernabé como la de Pablo sobre los temas de la salvación sin duda sonaron muy semejantes, pero mientras que uno hablaba por la autoridad de la Palabra escrita, el otro hablaba con la autoridad adicional de la revelación divina (Gál. 1:11,12).

Mientras que algunas autoridades sostienen que en el Nuevo Testamento "profetizar" (profteu) a veces se refiere a la predicación, se admite que una clase de personas que recibieron y comunicaron revelaciones directas y especiales de parte de Dios operaron en el Nuevo Testamento como profetas (Luc. 1:25-38; Hech. 11:27,28; 13:1; 15:32; 21:9). ¿Cuál era la función de ellos?

El papel del don profético en el Nuevo Testamento

En el principal registro neotestamentario de los dones espirituales, el "don profético" está registrado en segundo lugar, entre el de los apóstoles (primero) y el de los maestros (tercero). Véase 1 Cor. 12:28-30 y Efe. 4.11. El don no usurpó el papel de los apóstoles, pero su función influyó a veces en los apóstoles como así también en la membresía de la iglesia en general. Algunos de los apóstoles mismos fueron dotados con este don. Las actividades de las personas dotadas de esta manera pueden resumirse de la siguiente forma:

1. Ellos a veces fueron comisionados para advertir acerca de dificultades venideras (Hech. 11:27-30; 20:23; 21:10-14). En primer lugar (Hech. 11) la advertencia sobre la llegada del hambre originó un vínculo fraterno entre los cristianos gentiles en Antioquía y los cristianos judíos en Judea. Los primeros, contrarios a las costumbres étnicas, enviaron ayuda de buena gana a sus hermanos en Cristo judíos.

2. A través del don fue iniciada la extensión de la misión de la iglesia al extranjero (Hech. 13:1,2). Este también tuvo parte en señalar dónde debían trabajar los primeros misioneros (Hech. 16:6-10). En el segundo viaje misionero de Pablo se advierte que él fue acompañado por Silas, un profeta (Hech. 16:40).

3. Durante una crisis doctrinal el don operó a fin de animar y confirmar la membresía en la doctrina verdadera. La crisis tenía que ver con la relación entre el ritual judío y la salvación de los cristianos gentiles. En armonía con el mandato del Espíritu, un gran concilio de la iglesia tomó una decisión, aunque no fue aceptada íntimamente por todos. El conflicto se había producido en Antioquía, iglesia a la que el concilio le comunicó su decisión mediante una carta. Judas y Silas ayudaron por un tiempo a este grupo: "Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron [en inglés, de la King James Version: exhortaron] (paracale: apelar, incitar, exhortar, animar) y confirmaron (epistriz: fortalecer) a los hermanos con abundancia de palabras" (Hech. 15:32).

4. Los profetas edificaron, animaron y consolaron a la iglesia. "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, (oikodom, metafóricamente 'edificación de la vida espiritual') exhortación (paraklesis: aliento, exhortación) y consolación (paramuthia: aliento, consuelo, consolación)" (1 Cor. 14:3).

5. Los profetas, provistos simultáneamente con otros dones, tendieron a unificar la Iglesia en la fe verdadera y a protegerla de las falsas doctrinas. "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, ... hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe... para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efe. 4:11-15).

6. Los profetas, junto con los apóstoles, ayudaron en la fundación de la iglesia. "Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efe. 2:20, Cf. 3:5; 4:11).

"... Las dos palabras 'apóstoles y profetas' pueden unir al Antiguo Testamento (profetas) con el Nuevo Testamento (apóstoles) como la base de la enseñanza de la Iglesia. Pero el orden invertido de las palabras (no 'profetas y apóstoles'), sino 'apóstoles y profetas') lleva a pensar que probablemente se haga referencia a los profetas del Nuevo Testamento. Si esto es así, su posición junto a los apóstoles como fundamento de la iglesia es significativa. El relato debe referirse nuevamente a un pequeño grupo de maestros inspirados asociados con los apóstoles, que juntamente con ellos dieron testimonio de Cristo, y cuya enseñanza provenía de la revelación (Efe. 3:5) y era fundacional." --John R. W. Stott, God's New Society [Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1979], p. 107. En cuanto a un punto de vista similar, véase The Expositor's Greek Testament, W. R. Nicoll, ed. [Grand Rapids, Michigan: Wn. B. Eerdmans Publishing Company, reimpresión 1961], volumen III, pp. 299, 300.

La continuación del don profético

Como ya hemos notado, el Nuevo Testamento presenta una doctrina de "dones espirituales", o Jarismata, dones de gracia (1 Cor. 12; Efe. 4). Estas dotes conferidas por el Espíritu Santo a miembros particulares de la iglesia son para "perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Efe. 4:12). "Cada uno según el don que ha recibido," ha de emplearlo en el servicio de la iglesia, contribuyendo así en el adelanto de su obra en la tierra (1 Ped. 4:10, 11; Cf. Rom. 12:6, 7).

Puesto que los dones han de ser derramados ininterrumpidamente como el Espíritu vea apropiado, "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efe. 4:13), resulta obvio que tales dones han sido prometidos para que operen hasta que la iglesia haya consumado su ministerio y el tiempo de gracia de los hombres haya terminado.

No existe evidencia alguna en la Escritura de que Dios se proponga retirar el don profético o cualquiera de los otros dones antes de la segunda venida (Cf. 1 Cor. 13:8-12). En cambio, está la profecía del Antiguo Testamento de Joel 2:8-12, la cual es repetida por Pedro (Hech. 2:16:21) prediciendo un derramamiento del Espíritu Santo en el tiempo del fin y una consiguiente actividad de los dones espirituales. Con respecto a esto es conveniente advertir que los falsos profetas también estarán activos en el tiempo del fin. (Mat. 24:24).

El canon de la Biblia y los dones espirituales

Las Sagradas Escrituras, compuestas por el Antiguo y el Nuevo Testamento, son en sí mismas el resultado de la acción del don profético. Indirectamente las Escrituras por sí mismas indican un canon cerrado de escritos sagrados. Los límites y las porciones del Antiguo Testamento ya eran conocidos y entendidos en los tiempos de Jesús. En Mat. 23:35 Jesús señala indirectamente sus límites externos: desde Génesis hasta 2 Crónicas (último libro en la Biblia hebrea); y su división en tres partes en Lucas 24:27, 44: la ley de Moisés, los profetas y los escritos, el primero de los cuales era Salmos.

Hebreos describe de este modo la secuencia de la revelación: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras [literalmente 'en muchas porciones y de diversas maneras'] en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo..." (Heb. 1:1, 2). Las revelaciones de Dios comienzan a ser registradas a partir de Moisés (siglo XV a.C.), y a través de los siglos otros profetas registran los mensajes que les fueron confiados, según Dios veía conveniente, para avivar el entendimiento de su pueblo. Dios finalmente, optó por realizar su revelación final por medio de su Hijo. Jesucristo ha dado a la familia humana la mayor revelación de Dios posible de recibir para el hombre (Juan 1:18). El Nuevo Testamento es el testimonio apostólico inspirado e interpretación de Jesucristo y su enseñanza. La de Cristo es una vida y revelación irrepetible; el de los apóstoles es un testimonio irrepetible sobre El.

Puesto que la vida de Cristo sobre la tierra y su interpretación apostólica proveen la revelación final de Dios, ningún oficio del don profético (como uno de los dones espirituales) posterior al Nuevo Testamento puede igualar, sustituir o ser una adición a su testimonio singular. Antes bien, toda pretensión del don profético debe ser sometida a una prueba por las Escrituras (1 Tes. 5:19-21; 1 Juan 4:1-3; Mat. 7:15-20).

Toda vez que se presente la operación postcanónica del don profético, será similar a su operación en el tiempo de los apóstoles y tendrá la autoridad del Espíritu, que por medio del don, habla a la iglesia. Esta operación puede resumirse de la siguiente manera:

Una manifestación del don profético,

1. Señalará a las Sagradas Escrituras como la base de fe y práctica.
2. Iluminará y declarará enseñanzas ya presentes en las Escrituras.
3. Aplicará los principios de las Escrituras en la vida diaria.
4. Puede ser un catalizador para dirigir la iglesia a fin de que lleve a cabo su cometido tal como se le ha encargado en las Escrituras.
5. Puede ayudar en el establecimiento de la iglesia.
6. Puede reprender, advertir, instruir, alentar, desarrollar y unir la iglesia en las verdades de la Escritura.
7. Puede operar para proteger la iglesia de falsas doctrinas y establecer a los creyentes en la verdad.

La manifestación del don en el tiempo del fin

Joel 2:28-32

Viviendo en "los postreros tiempos" (desde la perspectiva del Antiguo Testamento, 1 Ped. 1:20; Heb. 1:2), el apóstol Pedro vio un cumplimiento de la profecía de Joel en el derramamiento del Espíritu en el día del pentecostés mediante la manifestación del don de lenguas (Hech. 2). Sin embargo, el pentecostés parece haber sido sólo un cumplimiento parcial, puesto que Jesús sitúa las señales en el sol y la luna mencionadas por Joel como ocurriendo después del oscurantismo de la Edad Media, de la persecución y más cerca de la venida de "el día grande y espantoso de Jehová" (Mat. 24:29, 30). Más aún, Joel se refiere específicamente a una manifestación del don de profecía. De esta manera, un cumplimiento completo de la antigua predicción de Joel requeriría una manifestación del don profético en el tiempo del fin.

Mateo 7: 15-20; 24:24

Puesto que Jesús predijo la aparición de "falsos profetas" en el tiempo del fin, tal predicción es una presunta evidencia de una manifestación verdadera del don.

1 Corintios 12; Efesios 4; etc.

La doctrina neotestamentaria de "los dones espirituales" (la cual incluye el don profético) nunca ha sido dejada sin efecto. Si el pasado pudiera dar alguna señal del futuro, podemos advertir que el don profético generalmente operó durante períodos de crisis o de trascendencia: Noé antes del diluvio; el grupo de los profetas mayores y menores en torno a los períodos críticos de la historia de Israel, cuando Asiria, Babilonia y Persia amenazaban o perjudicaban la existencia de Israel; Juan el Bautista antes del advenimiento de Cristo, etc. Por lo tanto, sería razonable esperar algún tipo de manifestación profética previa al fin del tiempo de gracia y la segunda venida, la consumación del plan de salvación.

Apocalipsis 12:17; 19:10

Mientras que enfatizamos la predición de Joel 2 en defensa de una manifestación legítima del don profético, nuestros pioneros no dejaron de tener en cuenta las implicaciones de Apocalipsis 12:17 y 19:10. En un artículo de la Review and Herald del 16 de octubre de 1855, Jaime White expresó:

"Miremos Joel 2:32, y veamos dónde coloca él la profecía. 'Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado'. Es el REMANENTE el que va a presenciar estas cosas. Es el remanente (o última fracción de la iglesia) que guarda los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo, (que es el espíritu de profecía, Apocalipsis 19:10) muy ciertamente, el que va a participar de esta liberación. 'Todo el que invocare el nombre de Jehová' en el tiempo de prueba cual nunca hubo, participará de esa liberación. ¿'Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?' Luc. 18:1-8. Esta invocación del nombre del Señor está simbolizada también por el ángel [Apoc. 14:15] que clama a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: 'Mete tu hoz, y siega; porque la hora ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.' Dios siempre ha manifestado su poder a sus hijos de acuerdo a sus necesidades y a sus ocupaciones. ¿Y podemos nosotros suponer en algún momento que el pueblo de Dios pasará a través de los peligros de los últimos días, y enfrentará el tiempo de angustia cual nunca fue, y que El no se manifestará a ellos mediante aquellos dones que El mismo ha puesto en la iglesia? No, ciertamente. Dios ha prometido, por intermedio del profeta Joel, hacer grandes cosas en favor del REMANENTE 'antes que venga el día grande y espantoso de Jehová'."

1. El libro de Apocalipsis muestra dos mujeres. Una mujer pura vestida de sol (Apoc. 12), y una mujer caída, denominada "Babilonia la Grande" (Apoc. 17). En un sentido, ambas mujeres simbolizan la misma entidad: el cristianismo. Ambas tienen descendencia (Apoc. 12:17; 17:5). Apocalipsis 12 parece estar representando a los seguidores fieles de Dios y el curso de su historia, y Apocalipsis 17 simboliza el desarrollo y el curso de la apostasía cristiana.

La mujer pura que se esconde en el desierto para escapar de la persecución ocasionada por el dragón (12:17) y por la mujer caída (17:6), representa en esencia a múltiples grupos leales. Esos grupos (aunque no necesariamente puros en todos los aspectos doctrinales: cf. La historia simbólica de la iglesia, Apoc. 2:3), mantuvieron la fe en Dios y la lealtad a las Escrituras durante el período del oscurantismo de la Edad Media. ¿Cómo, entonces, ha de identificarse "el resto de su descendencia"? ¿Ha de ser entendido como un resto del tiempo del fin del cristianismo en general, o ha de delimitárselo a un grupo específico de cristianos?

2. El libro de Apocalipsis parece describir a los sinceros seguidores de Dios en el tiempo del fin bajo dos órdenes diferentes.

a. "El resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios" (12:17), y
b. El "pueblo mío" [de Dios] que está en Babilonia (18:4).

Esto implicaría, en un sentido técnico, que el grupo denominado en Apocalipsis 12 como "el resto" o remanente no está constituido por todos los cristianos sinceros en general, sino que aquí se lo está limitando a un grupo específico por ciertas características: guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús.

Es razonable suponer, además, que el remanente o última etapa del pueblo de Dios del cual se habla en Apoc. 12:17 también predicará el último mensaje de Dios. Ese último mensaje es descripto en Apoc. 14:9-12 como el del "tercer ángel". Este es un mensaje específico con características definidas, y que también involucra el contenido del mensaje de los dos primeros ángeles (véase Apoc. 14:6-14). Si aquellos que componen el "resto" de Apoc. 12 son los expositores del mensaje del tercer ángel (Apoc. 14), necesariamente entonces tendrían que ser un grupo específico de cristianos, caracterizados por el distintivo de ese mensaje especial. Históricamente, los adventistas del séptimo día han creído que han estado cumpliendo el papel del tercer ángel; de aquí que hemos visto desde luego a nuestro movimiento como simbolizado también en Apoc. 12:17.

3. El testimonio de Jesús (12:17). El interrogante aquí es si esta frase señala una manifestación en el tiempo del fin del don profético en el grupo definido como "el resto de la descendencia de ella".

La expresión "testimonio de Jesús" aparece seis veces en el libro de Apocalipsis (1:2, 9; 12:17; 19:10; 20:4). El primer problema relacionado con la expresión tiene que ver con la traducción. Dos traducciones son posibles gramaticalmente:

1. El testimonio acerca de o concerniente a: Jesús (genitivo de objeto) = lo que los cristianos atestiguan acerca de Jesús.

2. El testimonio proveniente de o dado por: Jesús (genitivo de sujeto) = mensajes provenientes de Jesús a la iglesia.

La evidencia que proviene del uso de esta expresión en el libro de Apocalipsis sugiere que ésta debiera ser entendida como un genitivo de sujeto (un testimonio proveniente de o dado por Jesús), y que este testimonio es dado a través de la revelación profética. Unos pocos ejemplos:

a. Apocalipsis 1:1, 2. "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos... y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

En este contexto resulta evidente que "la revelación de Jesucristo" señala una revelación proveniente de o dada por Jesús a Juan. De un modo parecido, Juan luego lleva registro de este testimonio proveniente de Jesús. Ambas expresiones genitivas le dan el mejor sentido como genitivos de sujeto en el contexto y concuerdan con las palabras finales de Cristo en el libro: "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve" (Apoc. 22:20).

Comentando sobre la misma frase en Apoc. 19:10, James Moffat escribe:

"El testimonio de Jesús prácticamente equivale a Jesús testificando (22:20). Es la autorevelación de Jesús (de acuerdo a 1:1, debida finalmente a Dios) la que mueve a los profetas cristianos. El forma al instante el impulso y el tema de sus declaraciones." (The Expositor's Greek Testament, W. Robertson Nicoll, ed. [Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, reimpresión 1961], vol. 5, p. 465.

b. Una comparación de Apoc. 19:10 con 22:9 vincula el testimonio proveniente de Jesús con la función profética:

19:10 "Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de

22:9 "Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de

19:10 tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús."

22:9 tus hermanos los profetas..."

c. Apocalipsis 19:10 define al testimonio proveniente de Jesús como "el espíritu de profecía". "Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía."

Aunque James Moffat considera la frase como una glosa, analiza su significado desde las implicaciones de un genitivo de sujeto:

"Porque el testimonio de (es decir, portado por) Jesús es (es decir, constituye) el espíritu de profecía. Esto ... define específicamente a los hermanos que retienen el testimonio de Jesús como poseedores de la inspiración profética." (Ibid.).

4. La frase "espíritu de profecía" puede ser entendida en cualquiera de los dos sentidos.

a. Puede referirse al Espíritu Santo, quien comunica la revelación profética. "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21). Expresiones tales como el "Espíritu de gracia", el "Espíritu de verdad", etc., señalan al Espíritu que comunica gracia o verdad. De este modo el testimonio proveniente de Jesús puede ser comparado o vinculado con la función del Espíritu de inspirar al profeta con una revelación proveniente de Dios (cf. 1:10). Una revelación tal, es en efecto, un testimonio proveniente de Jesús. Esta interpretación de la frase está de acuerdo con 1 Ped. 1:11, que destaca que los profetas del Antiguo Testamento fueron inspirados por "el Espíritu de Cristo", y de este modo dieron un testimonio proveniente de El.

b. La frase "espíritu de profecía" puede también ser entendida como el genio o la esencia distintiva de la profecía. Es decir, el genio mismo o el alma de la profecía es Jesús que da testimonio. Jaime White lo expresó de esta manera: "El espíritu, alma y sustancia de la profecía, es el testimonio de Jesucristo; o, la voz de los profetas concerniente al plan y obra de la redención humana, es la voz del Redentor." (Life Sketches [ed. 1880], pp. 335, 336, citado en Seventh-day Adventist Encyclopedia, artículo "Spirit of Prophecy".

5. Énfasis de Apoc. 12:17. En cualquier caso, el pasaje de Apoc. 12:17, enfatiza que el remanente tiene (participio presente de ejo) el testimonio profético de Jesús. De esta manera, se describe el remanente como teniendo o reteniendo esta posesión mientras el dragón realiza su ofensiva final contra el pueblo de Dios en el tiempo del fin. (Véase Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon, sobre el uso de marturia [testimonio en Apocalipsis].)

6. "Testimonio de Jesús": ¿manifestación canónica o postcanónica?

Si el "testimonio de Jesús" es realmente el testimonio de Jesús a su iglesia a través del canal profético, entonces la incógnita es saber si la característica de Apoc. 12:17 está enfatizando la posesión por parte del remanente de las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamentos, o la posesión de una manifestación postcanónica de los dones espirituales en la forma del don profético. La primera aseveración parece ser un punto demasiado obvio para que el escritor profético lo subraye, pero una manifestación del don profético en un marco del tiempo del fin sería significativa.

Esta profecía concerniente a la posesión del testimonio profético proveniente de Jesús por parte del remanente, puede ser comparada a las muchas referencias al Mesías en los Salmos davídicos. Un lector en los tiempos del Antiguo Testamento habría relacionado con David a muchas de las declaraciones -sino todas- de estos Salmos. Más tarde, después de la vida, muerte expiatoria y resurrección de Cristo, estas declaraciones son vistas como teniendo una aplicación mayor y más perfecta al Mesías, el Hijo de David. Precisamente, en el cumplimiento de Apoc. 12:17, juntamente con el desarrollo del movimiento del tercer ángel, podemos ver ahora lo que no era evidente antes de ese desarrollo: que la posesión del "testimonio de Jesús" por parte del remanente trae consigo la alentadora verdad de que Cristo ha decidido hablar una vez más a su pueblo mediante el don profético al enfrentar éste la miríada de desafíos del tiempo del fin, y de la terminación del tiempo de gracia para la humanidad.


Fuente: Biblical Research Institute of the General Conference of Seventh-day Adventists D.C. / April 1982
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Edición en español: Centro de Investigación White, Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. / marzo de 1988
Traducción: Silvia S. de Roscher
Edición: Víctor Casali /1997.
Correcciones de edición ajustándose al original: Menesez Filipov. Ojo Adventista / 2009
Fotografia / montaje: Menesez Filipov

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