viernes, 3 de julio de 2009

Interpretemos los tiempos. Por Roy Adams

Debemos evitar la histeria y permanecer cerca de las Escrituras.

Existen diversas versiones de la leyenda del Papa y de un anciano judío llamado Moishe. He aquí una de ellas.

Hace más de un siglo, el Papa decidió que todos los judíos tenían que abandonar Roma. Pero al enterarse del alboroto de la comunidad judía y, con la intención de parecer conciliatorio, se le ocurrió una novedosa idea. Propuso debatir con cualquier miembro de la comunidad judía. Si esa persona ganaba el debate, los judíos podrían quedarse, pero si el Papa ganaba, tendrían que abandonar la ciudad.

Como los educados y poderosos judíos no se animaban a enfrentar a este gigante de la cristiandad, la comunidad terminó escogiendo a un viejo conserje llamado Moishe. No obstante, como estaba preocupado debido a su escaso poder de oratoria, Moishe aceptó participar del debate con una condición: que el evento se realizara sin pronunciar palabra. Increíblemente, el Papá aceptó el reto.

Al llegar el gran día, se sentaron frente a frente. Durante un minuto, se miraron sin moverse y sin pronunciar palabra. Finalmente, el Papa levantó su mano y mostró tres dedos. Moishe lo miró y levanto un solo dedo. El Papa entonces trazó un círculo en el aire con un dedo por sobre su cabeza. Moishe señaló con decisión el suelo bajo sus pies. El Papa entonces extrajo una ostia y una copa de vino, y los colocó sobre la mesa. Moishe extrajo una manzana y la puso frente a él.

Ante esta acción, el Papa se puso de pie y dijo: “Me rindo. Este hombre es demasiado bueno. Los judíos pueden quedarse”.

Después del encuentro, los cardenales se reunieron con el Papa y le preguntaron qué había sucedido. Este contestó: “En primer lugar levanté tres dedos para representar la 
Trinidad. Él levantó uno para recordarme que hay un Dios, que es común a todas las religiones. Entonces le marqué con un dedo que Dios está en todas partes. Él respondió señalando el suelo, mostrando que Dios también está aquí con nosotros. Extraje el vino y la ostia para mostrarle que Dios nos absuelve de nuestros pecados. Él extrajo una manzana para recordarme el pecado original. Tenía una respuesta para todo. ¿Qué podía hacer?”

Entretanto, la comunidad judía se agolpó alrededor de Moishe, maravillada de que este anciano conserje sin educación hubiera hecho lo que todos sus eruditos habían insistido que era imposible. “¿Qué sucedió?”, le preguntaron. “Bueno –dijo Moishe– en primer lugar levantó tres dedos para decirme que los judíos teníamos tres días para salir de Roma. Yo levanté un dedo para decirle que ninguno de nosotros se iría. Entonces trazó un círculo con su dedo por sobre su cabeza, para expresar que la ciudad quedaría libre de judíos. Yo señalé el suelo con mi dedo para decirle que nos quedaríamos aquí mismo”.

–¿Y entonces?, preguntó una mujer.

–No sé –dijo Moishe– el sacó su almuerzo y yo saqué 
el mío.

La moraleja del relato: puede ser que todos estemos mirando los mismos eventos, las mismas señales, las mismas evidencias, todas silenciosas, y las interpretaciones que a menudo les damos están basadas en nuestras presuposiciones personales.

Por esta razón es esencial que a menudo nos sentemos a los pies de Jesús y escuchemos una vez más –con oídos más atentos y exentos de prejuicios– lo que él tiene para decirnos sobre el fin del mundo. Una de las porciones de la Escritura más sustanciosas al respecto, se halla en Mateo 24. Por razones de espacio, me ocuparé aquí solamente de los primeros doce versículos, ya que resumen de manera efectiva todo 
su discurso.

En calma y sin histeria

En respuesta a la admiración que sentían los discípulos por el templo, en los versículos 1 y 2 Jesús predijo su destrucción. Profundamente escandalizados, tres de ellos se acercaron a Jesús en privado para que les aclarase ese punto. “¿Cuándo serán estas cosas –preguntaron– y que señal habrá de tu venida y del fin del siglo?”

Los discípulos preguntaron dos cosas: por el tiempo y las señales. Jesús habla de las dos, pero es importante notar qué es lo que responde en primer lugar. Como si no oyera lo que le preguntaban, dijo: “Mirad que nadie os engañe” (vers. 4). El tema del engaño es una parte esencial de la respuesta de Jesús, y volveremos a ello. Pero por el momento, miremos lo que dicen los versículos:

“Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Se levantará nación contra nación 
y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es solo principio 
de dolores”.

Lo que noto al analizar estos pasajes es la calma de Jesús, la ausencia de todo rastro de histeria. Ante la calamidad y el desastre, los discípulos no tenían que esperar que el fin se produjera inmediatamente. En efecto, Jesús en realidad traza un bosquejo que implica un futuro más lejano. “Es necesario –dijo– que todo esto acontezca, pero aún no es el fin”. En otras palabras, no deberíamos tratar de establecer una conexión directa entre un conflicto militar o los desastres naturales y la Segunda Venida. Como adventistas, hemos tenido la tendencia a vincularla con la guerra y las crisis económicas. Durante las Guerras Mundiales, nuestras predicaciones abundaban en predicciones como esas. (Y desde el punto de vista humano –según ciertas presuposiciones– así parecía). Pero las guerras terminaron y Jesús no regresó.

La Gran Depresión de la década de 1930 hizo que millones quedaran sin empleo y muchos pasaran hambre. Fue un colapso económico de gran magnitud. Pero la Gran Depresión no produjo el regreso de Cristo.

En 1991, cuando estaba por comenzar la Guerra del Golfo y Saddam Hussein lanzaba advertencias aterradoras sobre “la madre de todas las batallas”, nuestro sesgo profético cobró vida nuevamente, y algunos adventistas proclamaron desde el púlpito y la palabra escrita que pronto se produciría la batalla del Armagedón.

Hoy día, la histeria continúa. Un obrero adventista ha estado afirmando que tiene informes secretos, que recibió de un pastor evangélico anónimo, que dicen que el presidente de los Estados Unidos (en ese entonces, George W. Bush) había dado órdenes secretas a todas las Fuerzas Armadas del país sobre qué hacer cuando se produzca la siguiente crisis. Una vez que llegue la crisis –ya sea por un ataque terrorista o colapso financiero– las familias del personal militar tendrían 
dos horas para salir de las ciudades en dirección a las montañas o a poblados aislados. Todas las principales ciudades de los Estados Unidos serían selladas, y nadie podría ingresar o salir de ellas. Entretanto, los militares ya habrían almacenado millones de ataúdes (quinientos mil tan solo en el área de Atlanta) supuestamente para poner allí los millones de cuerpos de los que serían sacrificados. Y parece ser que los adventistas deberían almacenar alimentos y tenerlos a mano para huir también a las montañas.

Me desconcierta pensar que hay adventistas atrapados en semejantes ideas que degradan el valor de la profecía y hacen de la religión algo ridículo ante los ojos de otros que podrían simpatizar con ella y aun llegar a ser creyentes. Una de nuestras principales preocupaciones debería ser la credibilidad de la iglesia a largo plazo. Ya sea mediante la palabra escrita o hablada, deberíamos expresar las cosas de tal forma que los detractores de la iglesia no puedan rechazar o burlarse de nuestras afirmaciones con facilidad.

Recordemos que nuestras predicciones que hablan de la proximidad de la venida, basadas en la última calamidad de turno, no influyen sobre el momento del evento. Si así fuera, Jesús habría regresado a mediados del siglo XIX, en una época de expectativa y fervor sin precedentes.

Nos referimos aquí al Dios soberano del universo. Sus planes no se ven afectados por la interpretación errada que haga yo de la profecía. Como lo expresó Elena White: “Como las estrellas en la vasta órbita de su derrotero señalado, los propósitos de Dios no conocen premura ni demora” (El Deseado de todas las gentes, p. 23).

Lo que más me preocupa
Lo que más preocupa al leer Mateo 24 no es lo que Jesús dijo sobre las guerras, los terremotos, las hambrunas y las pestilencias, ¡sino lo que dijo sobre nosotros! Después de mencionar que sus seguidores serían perseguidos, muertos y “odiados por todos” Cristo dice que “muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se odiarán” (vers. 9, 10).

Con esto en mente, escuchemos a Elena White: 
“Conforme vaya acercándose la tempestad, muchos que profesaron creer en el mensaje del tercer ángel, pero que no fueron santificados por la obediencia a la verdad, abandonarán su fe, e irán a engrosar las filas de la oposición […]. Hombres de talento y elocuencia, que se gozaron un día 
en la verdad, emplearán sus facultades para seducir y 
descarriar almas. Se convertirán en los enemigos más encarnizados de sus hermanos de antaño” (El conflicto de los siglos, p. 666).

Leamos a continuación el versículo 11: “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos”. A veces creemos que somos la generación más inteligente, pero entre nosotros se encuentran los seres más cándidos que alguna vez anduvieron por el planeta. En la primavera de 2005, 
miles de personas peregrinaron bajo un puente de ferrocarril en Chicago, donde el agua de los desagües había creado una mancha que se decía parecía la Virgen María.

Si una mancha de un desagüe pudo producir semejante respuesta, imagine lo que sucederá cuando se cumpla lo 
que escribió Elena White: “El acto capital que coronará el gran drama del engaño será que el mismo Satanás se dará por el Cristo […]. En varias partes de la tierra, Satanás se manifestará a los hombres como ser majestuoso, de un 
brillo deslumbrador […]. La gloria que lo rodee superará cuanto hayan visto los ojos de los mortales. El grito de triunfo repercutirá por los aires: ¡Cristo ha venido! ¡Cristo ha venido! El pueblo se postrará en adoración ante él, 
mientras levanta sus manos y pronuncia una bendición sobre ellos […]. Cura las dolencias del pueblo, y luego, en 
su fementido carácter de Cristo, asegura haber mudado 
el día de reposo del sábado al domingo […]. Es el engaño 
más poderoso y resulta casi irresistible” (El conflicto de los siglos, p. 682).
Estas son las cosas que más nos tienen que preocupar. ¿Permaneceremos fieles?

El clímax del pasaje

Si buscamos una señal que marque la inminencia real 
de la venida de Jesús, una señal que, cuando se cumpla, 
podamos decir: “¡Esa es!”, tenemos que leer Mateo 24:14: 
“Y será predicado este evangelio del Reino en todo el 
mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces 
vendrá el fin”.

Esta no es una señal llamativa. No produce histeria alguna. No hace uso del recurso del pánico. Pero es de suma importancia. Es la única señal que Jesús conectó en forma directa con su advenimiento.

Puede ser que algunos se regocijen perversamente en el aparente lento avance del evangelio, al asumir que pueden disfrutar todavía del mundo mientras están atentos al 
cumplimiento de la comisión evangélica, y entonces regresar a la iglesia poco antes del fin.

Pero esta es una actitud sumamente necia. En primer lugar, el cumplimiento de la predicación del evangelio a todo el mundo no es algo que podamos medir en términos 
humanos. Como humanos no podemos saber cuándo se completará esta tarea según la sabiduría inescrutable de Dios. Tampoco podemos tener idea de la multitud de 
agencias que nuestro omnipotente Dios ha destinado para cumplir su obra entre las naciones. Solo la eternidad lo 
revelará (y, creo yo, nos llevaremos grandes sorpresas).

En segundo lugar, tenemos que considerar la incertidumbre de la vida. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, catorce mil almas se dirigieron a sus oficinas y citas en las inmensas torres gemelas en la ciudad de Nueva York. 
Ninguno sospechó siquiera vagamente que sería un día distinto. Pero cuarenta segundos después de las 8:46, se produjo una explosión y la desaparición de miles de personas sin mediar advertencia.

Nuestra única seguridad radica en estar firmes en Dios hoy mismo y cada día, permitiendo que la Gran Comisión se cumpla en nosotros y por nuestro medio.

Tiempo de expectativa y gozo

La redacción de Lucas 21:25-28 nos lleva a la conclusión que inmediatamente antes del advenimiento habrá una repetición de ciertos presagios, acaso en una escala más intensiva. El pasaje habla del sol, la luna y las estrellas; de angustia y confusión en la tierra; y de la conmoción de las potencias celestes. “Entonces –dice Jesús– verán al Hijo 
del hombre que vendrá en una nube con poder y gloria” (vers. 27).

Pero al pasar por este tiempo de calamidades, no 
debemos temer. Cuando veamos que suceden estas cosas, 
levantemos nuestras cabezas, enderezcamos nuestros hombros, pongámonos de pie, sonriamos y cantemos. Que en ese momento, el gozo pleno de esa fantástica esperanza repercuta en cada fibra del ser, “porque vuestra redención está cerca” (vers. 28).


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Roy Adams es el redactor de asociado
 Adventist World. Ha sido editor asociado de la Adventist Review desde 1988. Anteriormente, Adams servido a la Iglesia Adventista en los EE.UU. y Filipinas. Obtuvo un ThD en la Andrews University. Es autor de varios libros incluyendo El Santuario (The Sanctuary, Review and Herald, 1994) y La naturaleza de Cristo (The Nature of Christ, Review and Herald, 1994).

+ Leer más..

viernes, 19 de junio de 2009

Un movimiento profético singular. Por James R. Nix

Si como adventistas se nos pidiera que definiéramos la singularidad de nuestra iglesia, sin duda habría respuestas muy diversas. Algunos mencionarían el reposo sabático; otros podrían hablar de la aceptación del ministerio de Cristo en el Santuario celestial, del ministerio profético de Elena White o inclusive podrían señalar aspectos del estilo de vida, tales como la alimentación, el entretenimiento o el arreglo personal. En cierto sentido, todas estas respuestas están en lo correcto.

Pero existe otra manera de definir el adventismo, y es como movimiento profético. Vemos que el adventismo es único debido a tres características distintivas que aunque ninguna otra iglesia las sostiene, los adventistas aun antes de la fundación oficial de la iglesia en 1863, consideraron que definían a la iglesia.

Esas tres características distintivas describen a los adventistas como el único pueblo que posee:

1. raíces proféticas o historia predicha en Apocalipsis 10.
2. identidad profética definida en Apocalipsis 12.
3. mensaje y misión profética dados en Apocalipsis 14.


Como adventistas no realizamos estas afirmaciones con actitud exclusivista o de jactancia religiosa. No significa afirmar que somos “mejores que”, sino más bien “diferentes de” otras iglesias.

Las raíces proféticas de Apocalipsis 10

En Apocalipsis 10:1-10, el apóstol Juan describe eventos que cobran importancia al analizar las raíces proféticas y la historia del adventismo. Creemos que el “librito” mencionado en los versículos 2, 8, 9 y 10 se refiere al libro de Daniel. Si bien la profecía de Daniel era en primer lugar un mensaje de tiempo, cuando preguntó por el significado de los períodos revelados, se le dijo: “Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin” (Dan. 12:4). Era evidente que él no necesitaba comprender el mensaje, pero lo que durante siglos permanecería sellado un día sería entendido.

Daniel quería comprender el período de los dos mil trescientos días, al fin del cual el santuario sería purificado. Ese era el único mensaje sellado del libro de Daniel. Siglos después, en visión en la isla de Patmos, se le mostró a Juan un tiempo futuro cuando un ángel poderoso descendería a la tierra, y en su mano tendría un librito abierto –no cerrado ni sellado, sino abierto.

Desde nuestra ventajosa posición en la historia, podemos ver que fue cerca del fin de la profecía de los dos mil trescientos días en 1844 que este ángel con el libro abierto de Daniel hizo exactamente lo que Juan había visto. En el preciso momento predicho, el mensaje profético del ángel rodeó toda la tierra. Como había sido predicho en la visión de Juan, el tiempo profético había alcanzado su momento cumbre.

Al final del siglo XVIII y comienzo del XIX, muchas personas comenzaron a estudiar las profecías de Daniel y Apocalipsis. Al hacerlo, llegaron a la conclusión de que los dos mil trescientos días de Daniel 8:14 culminarían en la década de 1840. Como pensaron que la purificación del santuario descrita por Daniel se refería a la purificación de la tierra por el fuego al momento de la segunda venida de Cristo, concluyeron que Jesús regresaría para esa época. Pronto estas noticias fueron predicadas en diversas partes del mundo.

Para los adventistas en particular, 1844 y los años que le precedieron evocan el nombre de Guillermo Miller. Pero él fue tan solo uno de muchos que durante ese tiempo predicaron sobre el pronto regreso de Jesús. Personas como Manuel Lacunza, Joseph Wolff, Henry Drummond, Edward Irving, Hugh M’Neile y los niños predicadores de Suecia proclamaron también que los grandes períodos proféticos estaban por hallar su cumplimiento, y que entonces –según entendían– Jesús regresaría.

No fue solo en los Estados Unidos o Europa que la gente proclamó este mensaje, sino que circundó el globo. Wolff predicó en el Oriente Medio y en el norte del África (desde Egipto a Afganistán y desde Inglaterra a la India). En 1837 visitó los Estados Unidos. En la India, Daniel Wilson, obispo episcopal de Calcuta, predicó y escribió folletos sobre las profecías de Daniel.1 En Adelaida, Australia, el mensaje de un Salvador pronto a venir fue predicado por Thomas Playford.2 Tan grandes eran las multitudes que sus seguidores tuvieron que construir una iglesia con mayor capacidad.

Al fin del período profético, precisamente como se le había mostrado al apóstol Juan y en el momento predicho por Daniel más de dos mil trescientos años antes, el mensaje fue proclamado alrededor del mundo a viva voz. No es de extrañar que los pioneros adventistas estuvieran tan entusiasmados al darse cuenta de que estaban cumpliendo la profecía.

Apocalipsis 10:10 dice: “Entonces tomé el librito de la mano del ángel y lo comí. En mi boca era dulce como la miel, pero cuando lo hube comido amargó mi vientre”.

Puede ser que no exista mejor resumen de lo que pasó a partir de allí en la historia adventista, que esas palabras proféticas. Los fundadores de la iglesia habían sido todos milleritas; es decir, seguidores de Guillermo Miller, un agricultor bautista que se convirtió en predicador y proclamó que Cristo regresaría entre 1843 y 1844, cuando concluyese la profecía de los dos mil trescientos días. Como adventistas contemporáneos se nos hace difícil imaginar qué preciosa fue la experiencia de esos milleritas al aproximarse el 22 de octubre de 1844, la fecha en que, según sus estudios, finalizaba la profecía de Daniel. La experiencia de ellos fue especialmente dulce durante las últimas semanas y días previos a la fecha señalada. Al leer algunos de sus testimonios, podemos tener una vislumbre de sus sentimientos alegres pero al mismo tiempo solemnes.

Al describir el encuentro campestre de agosto de 1844 en Exeter, New Hampshire, donde se anunció por primera vez la fecha de octubre, José Bates más tarde recordó:

“Cuando ese encuentro llegó a su fin, las colinas de New Hampshire anunciaron el potente clamor que venía el novio y había que salir a recibirlo. A medida que los carros, las diligencias cargadas y los trenes recorrían los diferentes estados, ciudades y aldeas de Nueva Inglaterra, se escuchaba el clamor: Aquí viene el novio. ¡El tiempo es breve! ¡Preparaos! ¡Preparaos!”3

“Como marea creciente –escribió Elena White– el movimiento se extendió por el país. Fue de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y hasta a lugares remotos del campo, y consiguió despertar al pueblo de Dios que estaba esperando”.4

Finalmente llegó el gran día. Guillermo Miller observó que “aun los burladores malvados permanecieron en silencio” ese día.5 Pero luego sigue diciendo: “El día pasó. Y al día siguiente pareció como si todos los demonios del abismo insondable hubieran sido liberados sobre nosotros. Los mismos que […] habían clamado por misericordia […] ahora se burlaban, mofaban y nos amenazaban de la forma más blasfema”.6

La experiencia que había sido tan dulce en la boca, como había anticipado el apóstol Juan, se volvió terriblemente amarga en el estómago. Como no podemos comprender 
plenamente lo que habrá sido anticipar el regreso de Cristo ese lejano martes 22 de octubre, tampoco podemos comprender la desgarradora desilusión que sufrieron en los días y semanas que siguieron.

Hiram Edson fue probablemente quien mejor resumió la experiencia: “Esperamos la venida del Señor hasta que el reloj dio las doce de la noche. El día había pasado; nuestra desilusión se hizo realidad. Nuestras más caras esperanzas y expectativas fueron destruidas, y nos acometió tal espíritu de llanto como jamás habíamos experimentado antes […] Lloramos y lloramos hasta el amanecer”.7

Sin embargo, el capítulo 10 de Apocalipsis sigue diciendo: “Él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apoc. 10:11).

Por cierto, debido a su desilusión, los pioneros adventistas no comprendieron plenamente este versículo, especialmente la parte que habla de profetizar “otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”. Poco a poco entenderían la obra mundial que se les estaba asignando. Y también el mensaje más abarcador que debían predicar, que incluía el sábado, el santuario, el estado de los muertos y el mensaje de salud, entre otros.

Este resumen, aunque breve, nos recuerda por qué como iglesia vemos nuestra historia profética anticipada en Apocalipsis 10. Pero esta es solo la primera de las tres características identificadas por la profecía.

La identidad profética de Apocalipsis 12

Apocalipsis 12 cubre un mayor período histórico que cualquier otro capítulo de la Biblia: desde la caída de Lucifer hasta el año 1798 d. C. En el último versículo del capítulo, vemos que la iglesia verdadera de Dios surge de su experiencia del “desierto”. A continuación aparece un pueblo “remanente” que es identificado por dos características:

1. Guardan los mandamientos de Dios (todos los mandamientos), incluyendo el cuarto.
2. Tienen el “testimonio de Jesús”, que en Apocalipsis 19:10 es definido como el “espíritu de la profecía”: una 
renovada concesión del divinamente inspirado don de profecía.

Aunque existen iglesias que guardan el sábado y otras que afirman tener el don de profecía, ninguna de ellas concuerda con las dos características dadas aquí. En consecuencia, como adventistas hallamos nuestra identidad profética en las dos características dadas en Apocalipsis 12:17.

Fue un día de diciembre de 1844 cuando mientras oraba con otras cuatro mujeres, una jovencita de 17 años llamada Elena Harmon experimentó que el Espíritu Santo descansaba sobre ella como jamás lo había hecho antes. Dios había escogido una vez más una mensajera profética. Así como lo había hecho en muchos otros momentos cruciales de la historia de la salvación (Noé antes del diluvio, Juan el Bautista antes del ministerio de Cristo), Dios ahora envió otro mensajero profético. Otro hito crucial de la historia profética había llegado: los grandes períodos proféticos de Daniel y Apocalipsis estaban llegando a su fin; y así como había sido predicho, el pueblo remanente de Dios recibió una vez más el don de profecía.

En 1846, Elena Harmon se casó con Jaime White, y su ministerio se extendería durante un período de setenta años (de 1844 hasta su muerte en 1915, incluiría unas dos mil visiones e incorporaría la autoría de más de cinco mil artículos y 24 libros (además de dos manuscritos inéditos) antes de su muerte.

Hoy día, después de más de ciento cincuenta años de observar el fruto de su labor, puede demostrarse que los consejos que Dios le dio a la iglesia por medio de Elena White son sólidos: han resistido la prueba del tiempo. Toda evaluación sincera de la historia de la denominación revela que la iglesia ha prosperado toda vez que siguió la dirección divina dada a través del espíritu de profecía, y tambaleó en cada ocasión que no lo hizo.

Esto nos lleva a la tercera característica.

El mensaje profético de Apocalipsis 14
Creemos que tenemos un mensaje para el mundo que se halla en Apocalipsis 14:6-12. Hasta donde sé, ninguna otra iglesia está proclamando hoy día “los mensajes de los tres ángeles”.

Es digno de destacar que al traducir la Biblia al inglés contemporáneo en una versión especial para católicos, monseñor Ronald Knox incluyó una interesante nota al pie en su traducción de Apocalipsis 14:6.

La mayoría de las versiones suelen identificar los mensajes de los tres ángeles como “el evangelio eterno”. En su traducción, Knox la traduce como “un evangelio final”8 y añade entonces la siguiente nota al pie: “Final significa literalmente eterno. No está claro –dice Knox– por qué se describe así al evangelio predicado por el ángel, pero el contexto sugiere que se trata del último llamado al arrepentimiento ofrecido a los hombres en la historia de este mundo”.9

En relación con este mismo punto, muchos años antes Elena White escribió: “En un sentido muy especial, los adventistas del séptimo día han sido colocados en el mundo como centinelas y transmisores de luz. A ellos ha sido confiada la tarea de dirigir la última amonestación a un mundo que perece. La Palabra de Dios proyecta sobre ellos una luz maravillosa. Una obra de la mayor importancia les ha sido confiada: proclamar los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Ninguna otra obra puede ser comparada con esta y nada debe desviar nuestra atención de ella”.10

Durante más de ciento sesenta años, como iglesia hemos estado proclamando los mensajes de los tres ángeles. Los dos primeros (la predicación del evangelio “eterno” o “final” con el trasfondo del mensaje del juicio, y el llamado a salir de Babilonia), fueron dados por primera vez por los milleritas, pero después de la desilusión que sufrieron los fundadores de la iglesia, les llevó un tiempo determinar la significación del mensaje del tercer ángel. Después de descubrir la obligación y el privilegio de observar el sábado, pronto entendieron también su significación teológica y profética en relación con el mensaje del tercer ángel.

Elena White escribió: “Cada aspecto del mensaje del tercer ángel ha de ser proclamado en todas partes del mundo. Esta obra es mucho más importante de lo que muchos creen”.11.
Conclusión

Sí; en el fin de los tiempos habrá en esta tierra un grupo de fieles observadores de los mandamientos que se distinguirán de todas las entidades religiosas de tres maneras singulares. Solo los adventistas encajamos exactamente en esta descripción. El hecho de que hayamos sido llamados a dar un mensaje único antes de la segunda venida de Cristo no da lugar a la jactancia ya que el mismo no pertenece a la iglesia, sino a Dios.

Así las cosas, los adventistas tenemos que vivir de manera diferente, actuar en forma diferente y predicar de manera diferente. Muchas otras iglesias están haciendo una buena obra, pero nadie está predicando el evangelio “eterno” o “final” con el trasfondo del mensaje del juicio. Esto debería darnos un sentido de la urgencia de nuestra predicación.

Tenemos como iglesia una obra especial que hacer en el fin del tiempo. Que Dios no permita que perdamos el sentido de nuestro enfoque y de la misión profética, sino que, por el contrario, experimentemos el entusiasmo y el compromiso de los pioneros que entendieron que Dios quería obrar por su medio para culminar su obra aquí en la tierra. Que el mismo sentido de asombro y dedicación sea la experiencia de la Iglesia Adventista actual.

Si desea leer el artículo completo, preparado originalmente a manera de sermón, visite el sitio www.whiteestate.org Se agradece de manera especial a Roger Coon por conceptos usados en este artículo.


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: James R. Nix es director del Patrimonio White / White State, en la sede central de la Iglesia Adventista en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos.
Referencia: 1. L. E. Froom, Prophetic Faith of Our Fathers, vol. 3, pp. 617-622. 2. M. E. Olsen, Origin and Progress of Seventh-day Adventists, p. 103. 3. José Bates, Second Advent Way Marks and High Heaps, 1847, pp. 30, 31. 4. Elena White, El gran conflicto, ed. 2007, p. 397. 5. Carta manuscrita de Guillermo Miller al Dr. J. O. Orr, 13 de diciembre de 1844, citada en F. D. Nichol, The Midnight Cry, p. 250 (CHL ed., p. 266). 6. Ibíd. 7. Hiram Edson, fragmento manuscrito autobiográfico sin fecha que obra en la Biblioteca de la Universidad Andrews, pp. 8a, 9. 8. Msgr. Ronald A. Knox, The Holy Bible, 1944, 1948, 1950. 9. Msgr. Ronald A. Knox, The Holy Bible, Sheed & Ward, Inc., New York, 1956, p. 270, nota al pie sobre Apocalipsis 14:6. 10. Testimonios para la iglesia, vol. 9, p. 17. 11. Alza tus ojos, p. 275.

+ Leer más..

sábado, 6 de junio de 2009

Reflexiones Sobre Daniel 11: 10 Puntos Basicos a Tener en Cuenta. Por Humberto R. Treiyer

Apreciados amigos:

Ha comenzado un intercambio que se anticipa interesante sobre Daniel capítulo 11. Con especial satisfacción observo que algunos de mis hermanos quieren descubrir la verdad por sí mismos; por lo mismo resistiré la tentación de verter explicaciones detalladas acerca del mismo. En lo que sigue, los investigadores encontrarán un par de pistas respecto del mismo.

Con un abrazo afectuoso, vuestro consiervo en el Señor,

Humberto R. Treiyer

10 Puntos Basicos a Tener en Cuenta en la Interpretación de Daniel 11:

1. El C. B. A. (Comentario Biblico Adventista) concluye el comentario de Daniel 11 con estas palabras de Jaime White, citadas fuera de contexto:

"Al interpretar profecías no cumplidas, donde la historia no está aún escrita, el estudiante debiera presentar su exposición sin demasiado dogmatismo para que no se encuentre extraviado en el terreno de la fantasía".

"Hay quienes piensan más sobre la verdad futura que sobre la verdad presente. Ven poca luz en el sendero en que caminan, pero creen que ven gran luz delante de ellos".

"Las opiniones respecto a la cuestión del Oriente se basan en profecías que no se han cumplido aún. En estos casos debiéramos andar con cautela y nuestras definiciones debieran ser cuidadosas para que no se nos encuentre quitando los hitos que se han establecido firmemente en el movimiento adventista. Puede decirse que hay consenso general sobre este tema, y que todos los ojos se vuelven hacia la guerra actual entre Turquía y Rusia [1877-78] como el cumplimiento de esa porción de la profecía que confirmará mucho la fe en el próximo fuerte clamor y el fin de nuestro mensaje. Pero es inquietante preguntarse cuál será el resultado de este dogmatismo en cuanto a profecías no cumplidas si las cosas no salen como se espera tan confiadamente." (James White, RH, 29-11-1877).

2. Tal como la declaración aparece citada en el C. B. A., parecería indicar que sólo debemos estudiar las profecías ya cumplidas, lo que ya es historia, pero que nada es seguro en la interpretación de las no cumplidas. Si esto fuera así, ¿cuál podría ser entonces el propósito de las profecías?

3. La preocupación del pastor White era, sin embargo, distinta, como lo demuestra el contexto de la cita:

"Echemos un rápido vistazo al bosquejo profético que se presenta cuatro veces en el libro de Daniel. Tendrá que admitirse que se cubre el mismo terreno en los capítulos 2, 7, 8 y 11, con la excepción de que Babilonia es dejada fuera en los capítulos 8 y 11. Veamos primeramente la gran imagen del cap. 2, en la que Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma están representadas respectivamente por el oro, la plata, el bronce y el hierro. Todos coinciden en que sus pies no son Turcos sino Romanos. Al considerar al león, el oso, el leopardo y la bestia con los diez cuernos, [bestias] que representan lo mismo que [los metales de] la gran imagen, nuevamente todos coinciden en que no es Turquía la que será arrojada a las llamas ardientes sino la bestia romana. Así también en el cap. 8, todos coinciden en que el cuerno pequeño que habría de erguirse en contra del Príncipe de los príncipes no es Turquía sino Roma. Es todas estas tres líneas [proféticas] la última forma de gobierno mencionada es Roma".

"Así llegamos al punto básico de nuestro argumento, y del cual mucho depende: ¿Cubre el cap. 11 de la profecía de Daniel el mismo terreno recorrido en los caps. 2, 7 y 8? Si así fuera, entonces el último poder mencionado en este capítulo es Roma." R. & H., noviembre 29, 1877.

4. Resulta claro que la preocupación del pastor White en relación a profecías no cumplidas aún, estaba en la introducción de enfoques que removían los hitos clara y firmemente establecidos, que era precisamente el error en el que estaba incurriendo Urías Smith al identificar a Turquía como el "rey del norte" en Daniel 11.

5. Casi un año mas tarde, White volvió a lo mismo:

"En el cap. 11 [de Daniel] hay una línea histórico-profética en la que los símbolos son dejados de lado, y que comienza con los reyes de Medopersia, y continúa con los de Grecia y Roma, hasta el tiempo cuando este poder [Roma] ‘llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude’ (Dan 11: 45). Si los pies y los diez dedos de la imagen metálica son Romanos; si la bestia con los diez cuernos, que es arrojada a las llamas de fuego del gran día, es la bestia Romana; si el cuerno pequeño que se levantó en contra del Príncipe de los príncipes es Roma – si el mismo terreno y extensión son cubiertos por estas cuatro cadenas proféticas, entonces el último poder del capítulo 11, que ’llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude,’ también es Roma." R. & H., octubre 3, 1878.

6. ¿Cuál es entonces la conclusión? Que Jaime White y nuestros pioneros comprendieron claramente que Roma es el poder que llega hasta el mismo fin de Dan 11. Urías Smith, por otro lado, estaba introduciendo una identificación diferente, Turquía. Y al hacerlo estaba "removiendo los hitos" e introduciendo confusión en la interpretación del libro de Daniel.

a) Urías Smith se unió el personal de la Review and Herald en 1853. Hasta 1867 compartió la posición de los pioneros sobre la identificación del Rey del Norte con el Papado. En la Review del 5 de noviembre, comentando la campaña de Giuseppe Garibaldi por la unificación italiana, Smith adelantó la idea de que si el poder temporal le era quitado al Papado, "probablemente nunca habría de serle restaurado."

b) Desde noviembre de 1867 hasta marzo de 1871 sostuvo que tanto el Papado como el Islamismo podrían cumplir la profecía de los últimos versículos de Dan 11. En mayo de este último año, y como consecuencia de la conclusión de la Guerra Franco-Prusiana (1870 - 1871) que resultó adversa a Francia, el principal apoyo del Papado, Smith llegó a la conclusión de que la única opción restante era Turquía. En la Review del 5 de noviembre de ese año: " ...cuando el Turco, expulsado de Europa, se apresure a hacer de Jerusalén el asiento temporario de su gobierno..., entonces, de acuerdo a [Daniel 12: 1] contemplaremos el levantamiento de Miguel".

c) Esta idea se impuso por dos hechos, la muerte de Jaime White en 1881, el único que tenía ascendiente suficiente como para corregir a Smith, y la publicación del monumental comentario de Smith sobre Daniel y el Apocalipsis. Nadie pudo refutar esa idea, y los hechos parecieron corroborarla. Fueron años en los que ganamos muchísimos conversos. Pero cuando después de la Primera Guerra Mundial Turquía no desapareció, se produjo un éxodo masivo de nuestra iglesia.

7. Los puntos de "ruptura" en la secuencia de Dan 11. Los mas importantes son 4 (hay otros, como el que separa los vv. 2 y 3; etc., pero no son de tanta trascendencia para la interpretación del capítulo):

a) V. 14: El pensamiento del v. 13 se continúa en el v. 15. El v. 14 es un paréntesis necesario para introducir a los Romanos en el complejo cuadro de las luchas entre dos de las divisiones del imperio de Alejandro III el Grande, los Seléucidas (norte) y los Ptolomeos (sur)–las así llamadas "guerras sirias." No "hombres turbulentos de tu pueblo [traducción emprejuiciada, a fin de introducir a los Macabeos]," "sino quebrantadores [hebreo, paritz] de tu pueblo," los Romanos. Se levantarían "para cumplir la visión, pero ellos caerán."

b) Entre los vv. 20 y 21 hay un "vacío histórico" de unos cuatro siglos–desde la muerte de Octavio o Augusto, en el año 14, hasta el ascenso del primer obispo de Roma que mereció ser llamado "Papa," León I el Grande (440 a 461); o bien hasta los tiempos de Virgilio (537 a 555), el primer papa que pudo ejercer la nueva atribución, la de perseguir a los disidentes, recién conferida por el Edicto de Justiniano I. Según el v. 21, "un hombre despreciable," sorpresivamente tomaría "el reino con halagos." (Mejor, de acuerdo al hebreo, "por medio de intrigas," o "por medio de engaños.")

8. Entre los vv. 29 y 31: El mismo poder referido en el v. 21, el Papado, habría de sufrir un serio revés al tratar de reafirmar su dominio sobre un rival al cual había controlado por más de un milenio.

a) La escena descrita en el v. 29 habría de ocurrir "al tiempo señalado", es decir, en 1798.

b) ¿Cuál habría de ser el resultado? "No será la postrera venida como la primera. ... se contristará, ... y se enojaraá ..." (vv. 29, 30), (Otras traducciones: "en esta invasión no triunfará como la primera vez," "esta última vez no sucederán las cosas como en la primera," "esta última expedición no será como la primera.") ¿Por qué no? Por la venida "de las naves de Quitim" – símbolo de la Revolución Francesa.

9. Entre los vv. 39 y 40. Termina en el v. 39 la descripción de la "teología del Papado" (iniciada en el v. 31). El v. 40, con la expresión "al cabo del tiempo," o "al tiempo del Fin," entronca con los acontecimientos anticipados en el v. 29 como ocurriendo "al tiempo señalado." Estos dos versículos hacen referencia a un golpe muy severo (una "como herida de muerte," Apoc 13: 3) que el Rey del Norte (Babilonia espiritual), el Papado, habría de recibir del mismo rival al que había tenido sometido por tantos años, el Rey del Sur (Egipto espiritual).

10. El evento de la cruz marcó un gran cambio en la identificación de lugares, puntos cardinales y referencias geográficas.

a) Hasta la cruz el gran centro geográfico, el gran punto de referencia de la Biblia, fue un monte literal, el Mte. Moria, más conocido como Mte. Sión – un Sión literal, una Jerusalén literal, una Palestina literal, una Babilona literal, un Eufrates literal, un Egipto literal, un Norte, Este y Sur literales, etc.

b) Sin embargo, todo se volvió simbólico después de la cruz. ¿Por qué ese cambio? Cristo lo había advertido: "El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mat 21: 43); "He aquí vuestra casa os es dejada desierta " (Mat 23: 38). Y también Pablo: "Mirad a Israel según la carne . . ." (1 Cor 10: 18), en contraste con el "Israel de Dios" (Gal 6: 16); "No os habéis acercado al monte que se podía palpar ["tangible," "una realidad sensible," "un monte palpable"] ... sino que os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial ..." (Heb 12: 18, 22).

c) La separación entre las referencias geográficas literales y las simbólicas está entre los vv. 20 y 21–hasta el v. 20 todo es literal, totalmente geográfico; pero todo se vuelve simbólico desde el v. 21 hasta el v. 45: un Norte o Babilonia simbólico, un Sur o Egipto simbólico, un Sión -- o "el monte glorioso y santo" -- simbólico; y varias otras entidades políticas, tales como Libia, Etiopía, Moab, Edom y Amón, también simbólicas.

d) Este es un punto sumamente importante, especialmente debido a la gran difusión del falso Sionismo, el llamado a la reunión de los Judíos literales en Palestina, en presunto cumplimiento de las profecías condicionales de restauración del Antiguo Testamento; y la gran ignorancia acerca del verdadero Sionismo, el llamado a la reunión del verdadero Israel, los 144.000, sobre el Mte. Sión, como resultado de la predicación del verdadero mensaje de reunión, el mensaje de los tres ángeles (Apoc 14: 6-13).

Autor: Humberto R. Treiyer, reconocido teólogo adventista nacido en Argentina. B.A., Colegio Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. M.A., Instituto Nacional del Profesorado, Entre Ríos, Argentina. M.Div., Andrews University, MI., USA. Th.D., Southwestern Baptist Theological Seminary, Louisiana, USA.
Ex docente y Ex decano de teología de las siguientes universidades; Universidad Adventista del Plata, Argentina; Universidad Adventista de Costa Rica; Instituto de Estudios Superiores en Teología, Filipinas. Es autor de varios libros algunos de los cuales se han utilizado como libros de texto en distintas instituciones.

Fotografía: Daniel 11: 5-8. Detalle del Papyrus 967 / Kölner Teils.

+ Leer más..

martes, 19 de mayo de 2009

La Profecía Como Pasado y Futuro. Por Ángel Manuel Rodríguez.

¿Son aceptables las variantes para interpretar el libro de Daniel?

Estoy escuchando que algunos adventistas están interpretando como literal el período mencionado por Daniel 12:5 al 13. ¿Qué piensan acerca de esta variante?

Efectivamente, hay algunos que aplican al futuro los textos mencionados en la pregunta. Piensan que ciertos acontecimientos sucederán después que Miguel se levante (vers. 1). En consecuencia, dicen que los períodos proféticos mencionados en dichos textos —1.260, 1.290, 1.335 días respectivamente—, deben ser considerados como días literales que todavía están en el futuro.

Utilizando el método histórico de interpretación, tradicionalmente los adventistas han considerado que los días proféticos representan años. Con la intención de introducir un doble cumplimiento apocalíptico, cualquier intento de armonizar la concepción futurista con la historicista, echa por tierra nuestro sistema de interpretación profética. Al no contar con el aval ni del contexto, tampoco del resto del libro de Daniel, la mencionada pretensión no tiene asidero. Lo fundamentaré:

1. Estructura de la visión. La visión que figura en el capítulo 10 comprende hasta el versículo 4 del capítulo 12, el cual finaliza con la conclusión registrada en los versículos 5 al 13 del último capítulo de Daniel. La introducción registra una conversación sostenida por Daniel con dos criaturas celestiales. La conclusión de la visión describe la misma conversación sostenida por el profeta con los citados personajes. Se trata de una unidad literaria de estructura simple.

2. Períodos que abarcan. El factor tiempo de las profecías de Daniel se encuentra al final de las visiones. En el capítulo 7 la visión se describe desde el versículo 1 al 14; el aspecto del tiempo se registra en el versículo 25. En la visión de Daniel 8:1 al 12 el asunto del tiempo está presentado en el versículo 14. Esto indica que el tema tiempo del capítulo 12:5 al 13 está directamente relacionado con la visión del capítulo 11.

3. Daniel 7 y los 1.260 días. Las tres veces y media, período profético/1.260 días, se introduce por primera vez en Daniel 7:25 en un contexto claramente simbólico. Por esto no existe razón alguna para interpretar en forma literal el mismo período que aparece en el versículo 7 del capítulo 12. Este planteamiento invalida el principio día por año. Su aplicación es una inconsistencia. Además, Daniel 12:7, período durante el cual los enemigos de Dios persiguen al "pueblo santo" constituye un paralelo perfecto del capítulo 7.

4. Relación lingüística entre los capítulos 11 y 12. La frase "¿Cuándo será el fin de estas maravillas?" (12:6) se refiere a Daniel 11:36, texto en el cual se encuentra la misma raíz hebrea —pala— que se utiliza para describir las palabras que los enemigos pronunciaron contra Dios (véase 8:24). Ambos textos indican que el poder del mal tendrá éxito sólo durante un determinado período. El capítulo 11 es el que se ocupa de ese tiempo específico durante el cual este fenómeno se realiza y, al mismo tiempo, señala que tendrá su fin después que los enemigos acaben con "la dispersión del poder del pueblo santo" (12:7). Estos hechos se describen en Daniel 7:25 y 8:24, textos que utilizan la misma terminología designada para los siervos de Dios. Otras conexiones incluyen referencias a los "impíos" (Dan. 11:32; 12:10), y los verbos "comprender" (11:33; 12:10), "limpiar" "emblanquecer" y "purificar" (11:35; 12:10).

La palabra "continuo" en Daniel 11:31 y 12:11 se utiliza junto con el verbo "quitar/abolir". Ambos usan la frase "la abominación desoladora" en conjunción con el verbo "establecer". Por esto es que no hay posibilidad alguna para que estos dos textos estén considerando situaciones diferentes. Al utilizar la misma terminología el escritor afirma que está haciendo referencia al mismo tema. Por lo tanto, los períodos mencionados en Daniel 12:11, 12 —1.290 días y 1.335 días—, deben aplicarse a los hechos descritos en Daniel 11:31. Daniel 12:7 describe el período de persecución que se menciona en el capítulo 11:32 al 35.

Definir el cumplimiento histórico de los 1.290 días y de los 1.335 no ofrece dificultad. Primero, los 1.290 días están asociados con la obra realizada por los enemigos de Dios mencionados en todas partes. Daniel 7 puntualiza que el control ejercido por un poder religioso/político contra el pueblo de Dios llegaría a su fin en 1798, fecha que señala el fin de los 1.290 años. Su punto de partida es el 508 d.C. cuando los francos vencieron a los arrianos visigodos. Segundo, los 1.335 días constituyen una extensión de los 1.290 días, lo que indicaría que comenzaron al mismo tiempo. Esto significa que los 1.335 años finalizaron en 1843/1844.


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.

+ Leer más..

martes, 5 de mayo de 2009

Gremios y monopolios. Por Elena G. de White.

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. (Sant. 5: 7).

Los gremios serán uno de los instrumentos que traerán sobre esta tierra un tiempo de angustia como nunca ha habido desde que el mundo fue creado.

La obra del pueblo de Dios consiste en prepararse para los acontecimientos del futuro, los que pronto lo sobrecogerán con fuerza abrumadora. En el mundo se formarán monopolios gigantescos. Los hombres se asociarán en gremios que los encerrará en el redil del enemigo. Unos pocos hombres se unirán para apoderarse de todos los medios que puedan obtenerse en ciertos tipo de negocios. Se formarán gremios de obreros y los que rehuse unirse a ellos serán hombres marcados...

Estos gremios constituyen una de las señales de los último días. Los hombres están siendo unidos en atados listos para se quemados. Puede ser que sean miembros de la iglesia, pero mientras pertenezcan a esas asociaciones, no pueden guardar los mandamientos de Dios, porque el pertenecer a ellas implica despreciar todo el Decálogo.

"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. . . y. . . a tu prójimo como a ti mismo" (Mar. 12: 30, 31). . . ¿Cómo pueden los hombres obedecer estas palabras, y formar combinación que privan a las clases más pobres de las ventajas que les pertenecen con justicia, y les impiden comprar o vender, a no ser bajo ciertas condiciones?

Los que pretenden ser hijos de Dios en ningún caso debería unirse a los gremios que ya están formados o que se van a formar. El Señor lo prohíbe. ¿No pueden ver los que estudian la profecías lo que hay delante de nosotros?

Pronto habrá que hacer frente a graves crisis, y queremos estar escondidos en la hendidura de la roca para que podamos ver a Jesús y ser vivificados por su Santo Espíritu. No tenemos tiempo que perder ni siquiera un instante.




Enlace
Fuente: ¡Maranata: el el Señor Viene! p.181.
Autor: Elena G. de White. Los adventistas creemos que ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.
Nota del Editor: originalmente posteado en Articulos / Ojo adventista donde podrá ver también muchos comentarios.


+ Leer más..

martes, 21 de abril de 2009

Desastres naturales: ¿Obra de Dios o de Satanás? Por Herbert E. Douglass

En los últimos años, nuestro planeta ha estado sufriendo un número creciente de desastres naturales: terremotos, huracanes, sequías, inundaciones y un tsunami devastador. Algunas de estas crisis, aunque menos dramáticas, tales como el calentamiento global y el consecuente retroceso de los glaciares y del casquete ártico, han planteado interrogantes en muchas mentes al respecto de sus causas. ¿Son estos sucesos resultado de leyes naturales todavía mal comprendidas? ¿Es el maltrato humano del ambiente la verdadera causa? Los creyentes de distintas religiones también se plantean si estas catástrofes no son castigos enviados por una deidad airada. Los creyentes en la Biblia han reflexionado sobre los papeles respectivos que juegan Dios y Satanás como protagonistas de última instancia en un drama cósmico. ¿Será que estas calamidades señalan en dirección a un acontecimiento culminante de la historia humana?

Al tratar de entender qué papel juega Dios en los desastres naturales, tenemos que evitar caer en la trampa promocionada por Satanás, a saber, que los desastres de los últimos días de la historia provienen de un Dios afrentado y airado. Justamente así es como Satanás ha estado pintando a Dios desde el Edén e incluso antes. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, estamos en medio de las últimas horas de un conflicto cósmico, el Gran Conflicto que ha aquejado al universo desde que hubo “guerra en el cielo” (Apocalipsis 12:7).


Un vistazo a la profecía bíblica

En el Apocalipsis leemos que hacia el final de la historia humana Dios, por medio de sus ángeles, estará “deteniendo los cuatro vientos de la tierra para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol” (7:1). Antes del tiempo del fin, esta tierra habrá visto todo tipo de aflicciones aquejando los continentes, el mar y la vegetación. Pero no hemos visto todavía nada como lo que ocurrirá cuando los vientos de destrucción sean completamente liberados del poder retentivo de los cuatro ángeles que reciben sus órdenes directamente de Dios mismo.1

¿Por qué se detiene todavía a los vientos? El pueblo de Dios no ha sido completamente sellado todavía con la aprobación del Señor “escrita en su frente” (Apocalipsis 14:1). El sello divino de aprobación será colocado sobre aquellos que lo puedan representar adecuadamente al mundo, los que digan la verdad acerca de Dios y testifiquen de su poder, que es, de nuevo, lo que Satanás ha estado tratando de impedir por un tiempo muy largo. Aquí hay gente que está ahora lista para permanecer firme en medio de las angustias de los últimos días descritas en los versículos finales de Apocalipsis 6. ¿Y qué decir de estos vientos? Representan la obra maléfica de Satanás que están por ser liberados de la mano restrictiva de Dios. Todo esto puede ser comprendido mejor a la luz del Gran Conflicto. Es la reproducción del libro de Job, pero a escala colosal: fuego que cae del cielo y quema las ovejas de Job y sus siervos, pandillas de bandidos que merodean a su gusto, un gran viento del cielo que destruye una casa y mata a sus hijos (Job 1 y 2). ¡Satanás es increíblemente malvado! Y sigue siendo el mismo hoy como era en días de Job.


El papel de Satanás

La bien estudiada estrategia de Satanás siempre ha sido confundir, engañar y destruir la paz del mundo. Ha sido “homicida desde el principio” (Juan 8:44). ¿Por qué? Para eliminar toda esperanza y confianza entre los miles de millones que habitan en la tierra de que Alguien más poderoso, fiel y justo reina sobre el universo Pero, ¿dónde está Dios? Dios, dentro de los propósitos del Gran Conflicto, permite este ataque final de engaño y aflicción, ya no sólo sobre un hombre llamado Job sino ahora sobre todo el planeta. Todo lo que Job llegó finalmente a saber sobre lo que había detrás de las catástrofes que estaban sufriendo él y su familia –incluyendo fuego del cielo y un viento devastador– Dios se lo hizo saber con posterioridad. Pero hasta entonces, fueron tiempos muy amargos. Job supo sólo más tarde que Dios había sido desafiado por Satanás, quien estaba furioso porque Job había sido bendecido con una gran familia y abundante prosperidad. Satanás acusó a Dios de favoritismo, de que la razón por la cual Job era tan fiel en su obediencia religiosa era porque Dios le había puesto un “cerco” alrededor y de esta manera había comprado su obediencia (Job 1:8-12; 2:3-7).

Y entonces aparecen los teólogos diletantes que vienen a explicar a Job por qué había tenido que experimentar estos terribles desastres (Job 2:11-13). Lo que leemos en los siguientes capítulos del libro son los diferentes razonamientos que mucha gente usa todavía hoy para explicar las terribles calamidades. Es porque Job está escondiendo terribles secretos de malos hábitos y Dios lo está castigando. O porque Dios sólo escucha a los justos y pasa por alto a otros porque es un Dios justo, o es tan santo y justo que sólo descarga su ira contra los malvados, o que Job está recibiendo todavía menos castigo de lo que merece. Oímos muchos ecos de los tres “amigos” de Job hoy, en internet, en los medios masivos de comunicación y en muchos púlpitos. El apóstol Pablo lo dice claramente: Satanás es “el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia (Efesios 2:2).2 ¡Es más que un mito! Es el gran antagonista de Dios, que hace todo lo que puede para distraer, desmoralizar y destruir a hombres y mujeres. Y por razones que sólo Dios sabe, va a retirar gradualmente el poder restrictivo que ha estado ejerciendo hasta ahora sobre los planes homicidas de Satanás.3


Jesús describe el futuro

Por supuesto, este planeta siempre tuvo terremotos, tornados, inundaciones, huracanes (tifones) y hambrunas. Algunos de los peores que se conozcan ocurrieron hace mucho tiempo, causando mucho más daño que los que hemos experimentado en los últimos años, si bien hoy hay poblaciones mayores que viven en las mismas zonas. Durante los últimos días del ministerio terreno de Jesús sus seguidores le preguntaron por señales del fin de los tiempos y de su prometido regreso. Entre otros indicadores, Jesús les dijo: “Oiréis de guerras y rumores de guerras, mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:6-8).

En otras palabras, el mundo tendrá siempre guerras, terremotos, pestes y desastres. Pero hay señales específicas que él delineó en Mateo 24 y 25, tales como el evangelio predicado en todo el mundo, y entonces regresará (24:14). Comparó los últimos días del planeta Tierra con los últimos días antes de que Noé entrara en el arca (24:37-39). Ilustró su regreso demorado con la demora de un novio en aparecer en su boda (25:5).


Detección de diferencias

Al meditar en los desastres de los últimos años, notamos una diferencia con los del pasado. En un cuadro gráfico, el aumento de su frecuencia e intensidad sería una curva exponencial, con una pendiente ascendente de la curva que se levanta rápidamente en contraste con un aumento proyectado que podría esperarse como una línea recta ascendente. ¿Puede alguien negar que huracanes, inundaciones, pestilencias, quiebras, degradación moral, agotamiento de las fuentes acuíferas, consumo desbocado de energía y realidades similares están aumentando con sorprendente velocidad?4 La mayoría de la gente vive con un sentimiento de que todo está desencajado con respecto al tipo de vida que se hacía aun hace pocas décadas. No parece haber manera de retrasar el reloj. La escalera mecánica, sea la que sube o la que baja, parece ir cada vez más rápido. Y en todos anida una sensación de que no podemos salirnos de esa escalera, que se incrementa cuando las noticias de los últimos desastres son emitidas por los medios globales de comunicación y llegan a nuestras computadoras.5


Una perspectiva adventista

Durante más de 150 años, los adventistas del séptimo día han estado proclamando al mundo que la historia humana se acerca rápidamente a su fin, predicho por Dios mismo en las Escrituras. Nos anima ver que millones de otros cristianos también han comenzado a enfocar su atención y esperanza en la pronta venida de Jesús. Además, hay ahora docenas de páginas en la internet que están dedicadas a los acontecimientos de los últimos días. La serie de libros de gran venta y películas “Dejados Atrás” amplifican la sensación de que algo tremendo está por ocurrir. Sin embargo, debido a nuestra comprensión de la profecía bíblica, no creemos que los cristianos serán rescatados en un arrebatamiento (rapto) secreto o que Israel sea protagónico en los acontecimientos de los últimos días. Ni esperamos un Armagedón donde ejércitos modernos luchen en la llanura de Esdraelón.

Los optimistas están en lo cierto: el mundo no terminará en un quejido ni en una explosión. Las potencias nucleares del mundo no incinerarán la tierra, ni nos asfixiaremos en nuestra propia basura, ni nos desecaremos en una hambruna masiva. Y los pesimistas también están en lo cierto: por más vacunas que almacenemos para los problemas físicos que enfrentamos hoy, no habrá vacuna que nos proteja de la marejada de basura moral que se infiltra por doquier en la vida moderna, especialmente en el “civilizado” occidente. Todos los posicionadores satelitales y automóviles de combustibles limpios no podrán acallar el odio en aumento que infecta las comunidades y las naciones.


Conclusión

El entender la interacción precisa entre los factores humanos, naturales y sobrenaturales que producen los desastres que nuestro mundo experimenta en aumento está más allá del conocimiento humano. Para el creyente en la Biblia, sin embargo, algunas cosas son ciertas: Satanás busca destruir a tanta gente como puede con los medios de que dispone. Pero en última instancia, la verdad triunfará y Dios y sus leales quedarán al fin reivindicados. Vivimos en los días finales de la historia de la tierra. Cada día es precioso e irrepetible.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el Día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios!” (2 Pedro 3:9-12). ¿Estás listo, estoy yo listo?



Fuente: Diálogo Universitario
Autor: Herbert E. Douglass (Th.D., Pacific School of Theology) teólogo y erudito adventista, figura clave del movimiento "Last Generation Theology". Fue presidente del Altantic Union College; editor de la Review an Herald; preidente el Weimar Institute; vicepresidente del Adventist Heritage Ministry: consultor de Amazing Facts... fue uno de los editores del Comentario Biblico Adventista. Es autor de 24 libros, que incluyen Messenger of the Lord, Pacific Press, 1998) y God at Risk (Amazing Facts, 2004).
Referencias: 1. “Ángeles están circundando el mundo, rechazando las pretensiones de Satanás a la supremacía, las que presenta debido a la gran multitud de sus adeptos. No oímos las voces de esos ángeles, ni vemos con la vista natural la obra de ellos; pero sus manos están unidas alrededor del mundo, y con vigilancia que no duerme mantienen a raya a los ejércitos de Satanás hasta que se cumpla el sellamiento del pueblo de Dios” (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Boise, Idaho: Pacific Press Publ. Assoc., 1990], t. 7, p. 978). 2. “Satanás está obrando en la atmósfera; la está envenenando, y nosotros dependemos de Dios para la protección de nuestras vidas: de nuestra vida actual y eterna. Y por encontrarnos en la posición en que estamos, necesitamos estar bien despiertos, plenamente consagrados, completamente convertidos y cabalmente dedicados a Dios. Pero al parecer permanecemos inactivos como si estuviésemos paralizados. ¡Dios del cielo, despiértanos!” (Elena White, Mensajes selectos ([Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1967], t. 2, p. 59). 3. “Satanás obra asimismo por medio de los elementos para cosechar muchedumbres de almas aún no preparadas. Tiene estudiados los secretos de los laboratorios de la naturaleza y emplea todo su poder para dirigir los elementos en cuanto Dios se lo permita.… Producirá enfermedades y desastres al punto que ciudades populosas sean reducidas a ruinas y desolación. Ahora mismo está obrando. Ejerce su poder en todos los lugares y bajo mil formas: en desgracias y calamidades del mar y tierra, en las grandes conflagraciones, en los tremendos huracanes y en las terribles tempestades de granizo, en las inundaciones, en los ciclones, en las mareas extraordinarias y en los terremotos. Destruye las mieses casi maduras y a ellos siguen la hambruna y la angustia; propaga por el aire emanaciones mefíticas y miles de seres perecen en la pestilencia. Estas plagas irán menudeando más y más y se harán más y más desastrosas. La destrucción caerá sobre hombres y animales” (Elena White, El conflicto de los siglos [Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1977], pp. 646, 647). 4. “Se me ha mostrado que el Espíritu del Señor se está retirando de la tierra. Pronto se les negará el poder protector de Dios a todos los que continúan despreciando sus mandamientos.… La iniquidad se está convirtiendo en un asunto tan común que ya no sacude los sentidos como en un tiempo lo hacía” (Elena White, Eventos de los últimos días [Boise, Idaho: Pacific Press Publ. Assn., 1992], p. 28). 5. “Cuando la mano restrictiva de Dios se retire, el destructor comenzará su trabajo” (íd., p. 114).




+ Leer más..

lunes, 6 de abril de 2009

La Esperanza de Islam. Por Humberto R. Treiyer

¿Habrá perdido Dios interés en las naciones? Si bien cuando nos remitimos a los libros proféticos de la Biblia, por ejemplo Daniel y Jeremías, vemos el interés de Dios por las naciones de la antigüedad, ¿dónde están los mensajes divinos para las naciones actuales? ¿O es que Dios no tenía conocimiento anticipado de los pueblos que habrían de ir surgiendo cuando se eclipsaran aquellas potencias del pasado?

Estas preguntas son válidas, y no solamente merecen respuestas sino que las demandan. Recordando que Cristo, el Hijo de Dios murió sobre la cruz para redimir a la humanidad, podríamos afirmar que Dios no se ha desentendido de su creación, sino que misericordiosamente sigue supervisando y conduciendo la historia de este planeta y su carga humana. Pero ¿dónde están las evidencias?

Hay una sección del Apocalipsis, el último libro de la Biblia, en la que Dios nos da una respuesta, no acerca de una ciudad o una nación en particular, sino en relación con el más numeroso conjunto actual de naciones de nuestro planeta. Nos referimos a lo que se ha dado en llamar “la luna creciente del Islam”, expresión gráfica que se refiere no solamente al símbolo del Islam, la media luna, sino también a la forma en que se dibuja sobre un mapa de esas tierras la expansión del Islam. Esa “media luna” se extiende desde Indonesia y las Filipinas, en el este, hasta Arabia, Egipto y algunas naciones africanas, hacia el oeste. Aún antes del nacimiento de Ismael, progenitor de los árabes e hijo del patriarca Abraham y de su concubina Agar, Dios anticipó los rasgos que habrían de caracterizar a las naciones descendientes de esta pareja: “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción. Y él será hombre fiero [literalmente “un asno salvaje humano”, expresión que no debe interpretarse como un insulto, todo lo contrario1]; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará” (Génesis 16:10–12).

A los 89 años de edad, Ismael, juntamente con su hermano Isaac, de 75 años, resuelta cualquier diferencia que hubiera podido haber entre ellos, en hermanable armonía dieron sepultura a su padre Abraham (Génesis 25:7–9). Ismael murió de 137 años de edad, después de haberle dado a Abraham los doce nietos que Dios había prometido al patriarca (Génesis 25:12–16). Es más, cuando los bisnietos del patriarca por Isaac y Jacob eran tan sólo doce, los ismaelitas ya recorrían el desierto en caravanas comerciales como la que llevó a José como esclavo a Egipto (Génesis 37:28).

¿Qué pasó con los descendientes de Ismael? La historia de ellos fue larga y complicada, si es que de historia puede hablarse, ya que no llegaron a formar un país centralizado. El aumento constante de su población se tradujo en la formación de algo más de 300 tribus nómadas que recorrían constantemente el vasto desierto de Arabia, tratando de encontrar subsistencia para ellos y sus ovejas, cabras y camellos. Con el tiempo, algunas de estas tribus se radicaron en la franja costera del Mar Rojo, “la Arabia feliz”, como dio en llamársela por contar con condiciones climáticas menos adversas, volviéndose sedentarias. Algo parecido ocurrió con algunas familias judías, las que más tarde habrían de ejercer una gran influencia sobre el joven Mahoma.

En el siglo V d.C., en un desolado valle de 5 km de largo y de 2 a 3 km de ancho, las tribus levantaron un santuario en forma de cubo, la Kaaba, en cuyo interior colocaron sus innumerables ídolos y una piedra de color oscuro, “la piedra negra”. En torno a este santuario las tribus acostumbraban reunirse periódicamente para sus ceremonias religiosas, transacciones comerciales y certámenes diversos. Así fue cómo, con el correr de los años, surgió Meca, la ciudad sagrada de los árabes. La erección del santuario representó un pequeño paso hacia la organización; sin embargo, los mismos historiadores árabes se refieren a la situación imperante en aquellos tiempos como “barbarie”.

Las cosas se complicaron aún más durante el siglo VI, al debilitarse la escasa autoridad política que había en Meca. El alcohol corría abundantemente, especialmente por las noches, y también corría la sangre. El juego añadía a las tensiones; y la prostitución, practicada por bailarinas que iban de tienda en tienda, hacía que las cosas se deterioraran aún más. ¿Y la religión? El animismo politeísta que había llenado el desierto de jinns, o espíritus demoníacos, no era capaz de elevar la moral de sus practicantes ni de controlar la situación. Coinciden los historiadores árabes en que había llegado el tiempo para que surgiera un libertador, un conductor religioso que los guiara fuera del pantano en el que se encontraban.

A una de las tribus, la de los koreichitas, le había sido encomendado el cuidado del santuario. Esta tribu constaba de dos poderosas familias, la de los Benu-abdu-sch-Schemes, la más rica de las dos, y la de los Benu Haschim. De esta última, alrededor de 571 d.C., del matrimonio formado por Abdul-l-lah-ben-Abdu-l-Mutalib, “descendiente directo de Ismael”, como lo pretendía, y por Amina-ben Uahab, nació Mohamed-ben-abdu-l-lah-ben-Abdu-l-Mutalib, es decir, Mahoma. Muertes prematuras en la familia hicieron que el niño peregrinara por varios hogares, hasta que fue adoptado por su tío Abú-Taleb y su esposa Fátima, e iniciado en el comercio por un preceptor judío.

Cuando Mahoma era aún joven, se dedicó a la conducción de caravanas, actividad que lo llevó a Palestina, Siria y Egipto. Una mujer de muchos recursos, Kadidja, viuda dos veces, lo contrató para hacerse cargo de sus caravanas y negocios, y, prendada por las virtudes que exhibía el joven beduino, le propuso matrimonio. A pesar de la diferencia de edades, ella de 40 años y él de tan sólo 25, sus tres décadas de vida matrimonial parecen haber sido aceptablemente plácidas. De los diez hijos que le nacieron, los tres varones murieron en su infancia.

La mayor holgura económica que le proporcionó el matrimonio le permitió dedicar tiempo a meditar y reflexionar sobre algo que le preocupaba grandemente: la situación de violencia e inmoralidad en la que vivían sus congéneres. Realizaba sus retiros en una caverna del Monte Hira, un promontorio rocoso a varios kilómetros de Meca, donde pasaba noches enteras y a veces varios días seguidos. Y fue de esa caverna de donde emergió la frase más reverenciada en el mundo árabe, que continúa sacudiendo al mundo entero hasta nuestros días: “La ilaha illa Allah” (“No hay otro dios fuera de Allah”). Después de la muerte de Mahoma se la modificó a: “La ilaha illa-Allah, Muhammadin rasulo-‘Alah” (“No hay otro dios fuera de Allah, y Mahoma es su profeta”).

El gran acontecimiento, “la noche de la excelencia y el poder”, ocurrió en 611 d.C., cuando Mahoma contaba con 40 años de edad: Un ser sobrenatural que se identificó como ”Gabriel”, tomándolo del cuello y sofocándolo, le ordenó clamar o recitar, en el nombre de Allah, el Creador del género humano a partir de sangre coagulada, lo que habría de revelársele. En otras palabras, ese ser sobrenatural que lo estaba ahorcando lo estaba comisionando como profeta.

Las dos décadas siguientes fueron difíciles. Tuvo mucha oposición entre sus parientes tribales, que rechazaron su ministerio profético. Pero en una segunda visión, en la cual “Gabriel” lo condujo en un caballo alado al séptimo cielo, a la presencia de Allah, fue confirmado en su misión profética.

El viernes 25 de junio de 622 d.C., en circunstancias en que los mecanos se disponían a terminar violentamente con el problema representado por el liderazgo de Mahoma, éste huyó hacia el norte, hacia Yathrib o Medina, población árabe que le abrió las puertas. Esta fuga marcó el comienzo de la era musulmana, punto de partida de toda la cronología del Islam. Con gran ferocidad y mucho derramamiento de sangre, logró someter a las cinco tribus medinenses, dos de las cuales eran judías. Con el respaldo así logrado se lanzó a la conquista de Meca, al costo, a lo largo de ocho años, de nada menos que 78 escaramuzas y combates, no siempre favorables.

Después de la resonante victoria de El Badr (624, d.C.), Mahoma cambió totalmente su prédica: ahora era lucha a muerte contra mecanos, judíos y cristianos, porque, según él, ellos se habían atrevido a introducir modificaciones en la revelación de Allah. Un año más tarde, luego del gran desastre de Ohed, se lanzó juntamente con sus seguidores a la “guerra santa” o jihad, con recompensa inmediata en el cielo para quienes murieran en combate contra los infieles. ¡Tantos siglos transcurridos desde entonces, y los hijos del desierto todavía no la han declarado concluida!

Mahoma murió en Medina el 8 de junio del 632 d.C, sin indicar quién habría de ser su sucesor o califa como líder de la nueva religión recién establecida. Sus revelaciones fueron reunidas después de su muerte en 114 capítulos o suras, que forman el Corán.3

Lo que sucedió en los cien años que siguieron a su muerte es absolutamente asombroso, demostrando cuán profundamente había calado en la mente de sus seguidores el concepto del jihad o “guerra santa”. En ese siglo el Islam extendió a sangre y fuego su férreo dominio desde España hasta las Filipinas e Indonesia.4

Volviendo ahora a nuestras preguntas iniciales, ¿hay alguna porción en las profecías bíblicas referida al Islam? Nada menos que todo el capítulo 9 del Apocalipsis, en la descripción de la quinta trompeta (doce versículos dedicados a la primera oleada de la “guerra santa”, la de los árabes y turcos musulmanes), y la sexta (nueve versículos que describen la segunda oleada, la de los turcos otomanos, con sus períodos culminantes, 150 años, extendidos entre el 27 de julio de 1299 hasta comienzos de 1449, y los 391 años y 15 días, desde 1449 al 11 de agosto del año 1840).

¿Verdad que sería apasionante estudiar el significado de estas escenas simbólicas, reseñadas por Dios siglos antes de que ocurriera toda la historia del Islam a lo largo de unos 12 siglos? ¿Algo más tiene la Biblia para decirnos acerca del Islam y sus centenares de millones de seguidores? Definidamente sí: en el capítulo 18 del Apocalipsis, se describe la esperanza suprema de toda la humanidad, los seguidores del Islam incluidos, la misma que la de todos los que vivimos en estos tiempos finales de la historia de este viejo y agobiado planeta. ¿Cuál es esa esperanza? Así la expresa el sonoro mensaje del Apocalipsis: “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia. . . Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades” (vers. 1–5).

Esta solemne y bondadosa invitación final de Allah (Dios), resonará por todo el planeta, con un poder nunca antes manifestado, poder que será suficiente como para disolver cualquier bruma o velo que pueda estar dificultando la percepción espiritual, como para romper todo lazo, todo compromiso, toda lealtad equivocada: la invitación divina a recibir el más grande regalo de Dios, la vida eterna hecha posible por la muerte de Cristo en la cruz. Sí, quienes todavía creen que es deber del Islam asesinar y eliminar a todos los infieles, verán disiparse ese odio de siglos al escuchar, comprender y aceptar de corazón el mensaje final de la “bendita esperanza”, la segunda venida de Cristo.

Fuente: ElCentinela.com
Autor: Humberto R. Treiyer, reconocido teologo adventista nacido en Argentina. B.A., Colegio Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. M.A., Instituto Nacional del Profesorado, Entre Ríos, Argentina. M.Div., Andrews University, MI., USA. Th.D., Southwestern Baptist Theological Seminary, Louisiana, USA.
Ex docente y Ex decano de teología de las siguientes universidades; Universidad Adventista del Plata, Argentina; Universidad Adventista de Costa Rica; Instituto de Estudios Superiores en Teología, Filipinas. Es autor de varios libros algunos de los cuales se han utilizado como libros de texto en distintas instituciones.
Referencias bibliográficas: 1. Esta figura de lenguaje que se refiere al animal salvaje e indómito, que vaga a su voluntad en el desierto, describe acertadamente el amor de los beduinos por la libertad mientras cabalgan, endurecidos y frugales, gozándose de la cambiante belleza de la naturaleza y despreciando la vida de la ciudad. Una descripción eminentemente poética del asno salvaje aparece en Job 39:5–8. Poderosas naciones han tratado de conquistar Arabia y someterla a su voluntad, pero ninguna ha tenido un éxito permanente. Los árabes han mantenido su independencia y Dios los ha preservado como un monumento perdurable de su cuidado providencial” (Francis D. Nichol, Comentario Bíblico Adventista, tomo 5, Mountain View, California: Pacific Press Pub. Assn., 1978, p. 331). 2. Los musulmanes no tienen problema alguno en aceptar que el Antiguo y el Nuevo Testamentos fueron dados respectivamente a judíos y cristianos. Sin embargo, sostienen que esas revelaciones adolecen de un doble defecto, que no se da en el Corán. Primero, como corresponden a períodos de desarrollo incompleto de la humanidad, nunca fueron revelaciones plenas; y segundo, se corrompieron en el proceso de transmisión, razón principal de las discrepancias de la Biblia con el Corán. 3. El Corán (“leer” o “recitar”), piedra fundamental de la fe musulmana, según Mahoma, le habría sido dictado palabra por palabra por Allah durante un lapso de 23 años. Por esa razón no debe traducirse; quien quiere leerlo debe aprender el árabe. La obra de edición llevó 20 años, completándosela en 654 d.C. 4. Mientras los pilares fundamentales del Islam se mantienen, por lo menos en teoría, la religión fundada por Mahoma se ha dividido en multitud de sectas, tales como sunnitas (que conforman casi el 90 por ciento de los islamitas), shiítas (zayditas, imamíes, ismailíes), jarichitas (azraquitas, yazidiyyas, sufiítas, ibadíes), yazidíes, ahmadiyya, babismo, bahaismo, etc., lo que explica los conflictos interminables entre estas distintas facciones que no cesan de multiplicarse.

+ Leer más..