lunes, 16 de febrero de 2009

La Torre de Babel y el NUEVO ORDEN MUNDIAL. Sermón del Pr. Stephen Bohr

La Torre de Babel y el NUEVO ORDEN MUNDIAL. 1/6


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sábado, 7 de febrero de 2009

Los Estados Unidos en la Profecía. Por Elena G. de White

"FUE abierto el templo de Dios en el cielo, y fue vista en su templo el arca de su pacto." (Apocalipsis 11: 19, V.M.) El arca del pacto de Dios está en el lugar santísimo, en el segundo departamento del santuario. En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía "de mera representación y sombra de las cosas celestiales," este departamento sólo se abría en el gran día de las expiaciones para la purificación del santuario. Por consiguiente, la proclamación de que el templo de Dios fue abierto en el cielo y fue vista el arca de su pacto, indica que el lugar santísimo del santuario celestial fue abierto en 1844, cuando Cristo entró en él para consumar la obra final de la expiación. Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dio principio a su ministerio en el lugar santísimo, contemplaron el arca de su pacto. Habiendo estudiado el asunto del santuario, llegaron a entender el cambio que se había realizado en el ministerio del Salvador, y vieron que éste estaba entonces oficiando como intercesor ante el arca de Dios, y ofrecía su sangre en favor de los pecadores.

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fue abierto el templo de Dios en el cielo, se vio el arca de su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina -la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina. Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador: "Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley." (S. Mateo 5: 18, V.M.) Como la ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre "com testigo fiel en el cielo." Ni un mandamiento ha sido anulado; ni un punto ni un tilde han sido cambiados. Dice el salmista: "¡Hasta la eternidad, oh Jehová, tu palabra permanece en el cielo!" "Seguros son todos sus preceptos; establecidos para siempre jamás." (Salmos 119: 89; 111: 7, 8, V.M.)

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fue proclamado originalmente: "Acordarte has del día del Sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás, harás toda tu obra; mas el séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: no hagas obra ninguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija; ni tu siervo, ni tu criada; ni tu bestia, ni tu extranjero, que está dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo el día del Sábado, y lo santificó." (Éxodo 20: 8-11, Versión Valera de la S.B.A.)

El Espíritu de Dios obró en los corazones de esos cristianos que estudiaban su Palabra, y quedaron convencidos de que, sin saberlo, habían transgredido este precepto al despreciar el día de descanso del Creador. Empezaron a examinar las razones por las cuales se guardaba el primer día de la semana en lugar del día que Dios había santificado. No pudieron encontrar en las Sagradas Escrituras prueba alguna de que el cuarto mandamiento hubiese sido abolido o de que el día de reposo hubiese cambiado; la bendición que desde un principio santificaba el séptimo día no había sido nunca revocada. Habían procurado honradamente conocer y hacer la voluntad de Dios; al reconocerse entonces transgresores de la ley divina, sus corazones se llenaron de pena, y manifestaron su lealtad hacia Dios guardando su santo sábado.

Se hizo cuanto se pudo por conmover su fe. Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial envolvía el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial. Los hombres trataron de cerrar la puerta que Dios había abierto y de abrir la que él había cerrado. Pero "el que abre, y ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre," había declarado: "He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie podrá cerrar." (Apocalipsis 3: 7, 8, V.M.) Cristo había abierto la puerta, o ministerio, del lugar santísimo, la luz brillaba desde la puerta abierta del santuario celestial, y se vio que el cuarto mandamiento estaba incluído en la ley allí encerrada; lo que Dios había establecido, nadie podía derribarlo.

Los que habían aceptado la luz referente a la mediación de Cristo y a la perpetuidad de la ley de Dios, encontraron que éstas eran las verdades presentadas en el capítulo 14 del Apocalipsis. Los mensajes de este capítulo constituyen una triple amonestación (véase el Apéndice), que debe servir para preparar a los habitantes de la tierra para la segunda venida del Señor. La declaración: "Ha llegado la hora de su juicio," indica la obra final de la actuación de Cristo para la salvación de los hombres. Proclama una verdad que debe seguir siendo proclamada hasta el fin de la intercesión del Salvador y su regreso a la tierra para llevar a su pueblo consigo. La obra del juicio que empezó en 1844 debe proseguirse hasta que sean falladas las causas de todos los hombres, tanto de los vivos como de los muertos; de aquí que deba extenderse hasta el fin del tiempo de gracia concedido a la humanidad. Y para que los hombres estén debidamente preparados para subsistir en el juicio, el mensaje les manda: "¡Temed a Dios y dadle gloria," "y adorad al que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua!" El resultado de la aceptación de estos mensajes está indicado en las palabras: "En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús." Para subsistir ante el juicio tiene el hombre que guardar la ley de Dios. Esta ley será la piedra de toque en el juicio. El apóstol Pablo declara: "Cuantos han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados; . . . en el día en que juzgará Dios las obras más ocultas de los hombres . . . por medio de Jesucristo." Y dice que "los que cumplen la ley serán justificados.' (Romanos 2: 12-16, V.M.) La fe es esencial para guardar la ley de Dios; pues "sin fe es imposible agradarle." Y "todo lo que no es de fe, es pecado." (Hebreos 11: 6, V.M.; Romanos 14: 23.)

El primer ángel exhorta a los hombres a que teman al Señor y le den honra y a que le adoren como Creador del cielo y de la tierra. Para poder hacerlo, deben obedecer su ley. El sabio dice: "Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es la suma del deber humano." (Eclesiastés 12: 13, V.M.) Sin obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede agradar a Dios. "Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos." "El que aparte sus oídos para no escuchar la ley, verá que su oración misma es cosa abominable." (1 Juan 5: 3; Proverbios 28: 9, V.M.)

El deber de adorar a Dios estriba en la circunstancia de que él es el Creador, y que a él es a quien todos los demás seres deben su existencia. Y cada vez que la Biblia presenta el derecho de Jehová a nuestra reverencia y adoración con preferencia a los dioses de los paganos, menciona las pruebas de su poder creador. "Todos los dioses de los pueblos son ídolos; mas Jehová hizo los cielos." (Salmo 96:5.) "¿A quién pues me compararéis, para que yo sea como él? dice el Santo. ¡Levantad hacia arriba vuestros ojos, y ved! ¿Quién creó aquellos cuerpos celestes?" "Así dice Jehová, Creador de los cielos (él solo es Dios), el que formó la tierra y la hizo; . . . ¡Yo soy Jehová, y no hay otro Dios!" (Isaías 40: 25, 26; 45: 18, V.M.) Dice el salmista: "Reconoced que Jehová él es Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos." "¡Venid, postrémonos, y encorvémonos; arrodillémonos ante Jehová nuestro Hacedor!" (Salmos 100: 3; 95: 6, V.M.) Y los santos que adoran a Dios en el cielo dan como razón del homenaje que le deben: "¡Digno eres tú, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas!" (Apocalipsis 4: 11, V.M.)

En el capítulo 14 del Apocalipsis se exhorta a los hombres a que adoren al Creador, y la profecía expone a la vista una clase de personas que, como resultado del triple mensaje, guardan los mandamientos de Dios. Uno de estos mandamientos señala directamente a Dios como Creador. El cuarto precepto declara: "El séptimo día será Sábado a Jehová tu Dios: . . . porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó; por tanto Jehová bendijo el día del sábado, y lo santificó." (Éxodo 20: 10, 11, Versión Valera de la S.B.A.) Respecto al sábado, el Señor dice además, que será una "señal . . . para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios." (Ezequiel 20: 20, Id.) Y la razón aducida es: "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó." (Éxodo 31: 17.)

"La importancia del sábado, como institución conmemorativa de la creación, consiste en que recuerda siempre la verdadera razón por la cual se debe adorar a Dios," - porque él es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. "Por consiguiente, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, pues enseña esta gran verdad del modo más contundente, como no lo hace ninguna otra institución. El verdadero motivo del culto divino, no tan sólo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, reside en la distinción existente entre el Creador y sus criaturas. Este hecho capital no perderá nunca su importancia ni debe caer nunca en el olvido." - J. N. Andrews, History of the Sabbath, cap. 27. Por eso, es decir, para que esta verdad no se borrara nunca de la mente de los hombres, instituyó Dios el sábado en el Edén y mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello. Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo. La observancia del sábado es señal de lealtad al verdadero Dios, "que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua." Resulta pues que el mensaje que manda a los hombres adorar a Dios y guardar sus mandamientos, los ha de invitar especialmente a observar el cuarto mandamiento.

En contraposición con los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús, el tercer ángel señala otra clase de seres humanos contra cuyos errores va dirigido solemne y terrible aviso: "¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!" (Apocalipsis 14: 9, 10, V.M.) Para comprender este mensaje hay que interpretar correctamente sus símbolos. ¿Qué representan la bestia, la imagen, la marca?

La ilación profética en la que se encuentran estos símbolos empieza en el capítulo 12 del Apocalipsis, con el dragón que trató de destruir a Cristo cuando nació. En dicho capítulo vemos que el dragón es Satanás (Apocalipsis 12:9); fue él quien indujo a Herodes a procurar la muerte del Salvador. Pero el agente principal de Satanás al guerrear contra Cristo y su pueblo durante los primeros siglos de la era cristiana, fue el Imperio Romano, en el cual prevalecía la religión pagana. Así que si bien el dragón representa primero a Satanás, en sentido derivado es un símbolo de la Roma pagana.

En el capítulo 13 (versículos 1-10, V.M.), se describe otra bestia, "parecida a un leopardo," a la cual el dragón dio "su poder y su trono, y grande autoridad." Este símbolo, como lo han creído la mayoría de los protestantes, representa al papado, el cual heredó el poder y la autoridad del antiguo Imperio Romano. Se dice de la bestia parecida a un leopardo: "Le fue dada una boca que hablaba cosas grandes, y blasfemias.... Y abrió su boca para decir blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que habitan en el cielo. Y le fue permitido hacer guerra contra los santos, y vencerlos: y le fue dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación." Esta profecía, que es casi la misma que la descripción del cuerno pequeño en Daniel 7, se refiere sin duda al papado.

"Le fue dada autoridad para hacer sus obras cuarenta y dos meses". Y dice el profeta: "Vi una de sus cabezas como si hubiese sido herida de muerte." Y además: "Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá; si alguno mata con espada, es preciso que él sea muerto a espada". Los cuarenta y dos meses son lo mismo que "un tiempo, y dos tiempos, y la mitad de un tiempo," tres años y medio, o 1.260 días de Daniel 7, el tiempo durante el cual el poder papal debía oprimir al pueblo de Dios. Este período, como fue indicado en capítulos anteriores, empezó con la supremacía del papado, en el año 538 de J. C., y terminó en 1798. Entonces, el papa fue hecho prisionero por el ejército francés, el poder papal recibió su golpe mortal y quedó cumplida la predicción: "Si alguno lleva en cautiverio, al cautiverio irá".

Y aquí preséntase otro símbolo. El profeta dice: "Vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero." (Apocalipsis 13:11.) Tanto el aspecto de esta bestia como el modo en que sube indican que la nación que representa difiere de las representadas en los símbolos anteriores. Los grandes reinos que han gobernado al mundo le fueron presentados al profeta Daniel en forma de fieras, que surgían mientras "los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar." (Daniel 7:2.) En Apocalipsis 17, un ángel explicó que las aguas representan "pueblos y naciones y lenguas". (Apocalipsis 17:15.) Los vientos simbolizan luchas. Los cuatro vientos del cielo que combatían en la gran mar representan los terribles dramas de conquista y revolución por los cuales los reinos alcanzaron el poder.

Pero la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero "subía de la tierra". En lugar de derribar a otras potencias para establecerse, la nación así representada debe subir en territorio hasta entonces desocupado, y crecer gradual y pacíficamente. No podía, pues, subir entre las naciones populosas y belicosas del viejo mundo, ese mar turbulento de "pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas". Hay que buscarla en el continente occidental.

¿Cuál era en 1798 la nación del nuevo mundo cuyo poder estuviera entonces desarrollándose, de modo que se anunciara como nación fuerte y grande, capaz de llamar la atención del mundo? La aplicación del símbolo no admite duda alguna. Una nación, y sólo una, responde a los datos y rasgos característicos de esta profecía; no hay duda de que se trata aquí de los Estados Unidos de Norteamérica. Una y otra vez el pensamiento y los términos del autor sagrado han sido empleados inconscientemente por los oradores e historiadores al describir el nacimiento y crecimiento de esta nación. El profeta vio que la bestia "subía de la tierra"; y, según los traductores, la palabra dada aquí por "subía" significa literalmente "crecía o brotaba como una planta." Y, como ya lo vimos, la nación debe nacer en territorio hasta entonces desocupado. Un escritor notable, al describir el desarrollo de los Estados Unidos, habla del "misterio de su desarrollo de la nada", y dice: "Como silenciosa semilla crecimos hasta llegar a ser un imperio." - G. A. Townsend, The New Compared with the Old, pág. 462. Un periódico europeo habló en 1850 de los Estados Unidos como de un imperio maravilloso, que surgía y que "en el silencio de la tierra crecía constantemente en poder y gloria." -Dublin Nation. Eduardo Everett, en un discurso acerca de los peregrinos, fundadores de esta nación, dijo: "¿Buscaron un lugar retirado que por su obscuridad resultara inofensivo y seguro en su aislamiento, donde la pequeña iglesia de Leyden pudiese tener libertad de conciencia? ¡He aquí las inmensas regiones sobre las cuales, en pacífica conquista, . . . han plantado los estandartes de la cruz!" -Discurso pronunciado en Plymouth, Massachusetts, el 22 de diciembre de 1824.

"Y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero." Los cuernos semejantes a los de un cordero representan juventud, inocencia y mansedumbre, rasgos del carácter de los Estados Unidos cuando el profeta vio que esa nación "subía" en 1798. Entre los primeros expatriados cristianos que huyeron a América en busca de asilo contra la opresión real y la intolerancia sacerdotal, hubo muchos que resolvieron establecer un gobierno sobre el amplio fundamento de la libertad civil y religiosa. Sus convicciones hallaron cabida en la declaración de la independencia que hace resaltar la gran verdad de que "todos los hombres son creados iguales," y poseen derechos inalienables a la "vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad." Y la Constitución garantiza al pueblo el derecho de gobernarse a sí mismo, y establece que los representantes elegidos por el voto popular promulguen las leyes y las hagan cumplir. Además, fue otorgada la libertad religiosa, y a cada cual se le permitió adorar a Dios según los dictados de su conciencia. El republicanismo y el protestantismo vinieron a ser los principios fundamentales de la nación. Estos principios son el secreto de su poder y de su prosperidad. Los oprimidos y pisoteados de toda la cristiandad se han dirigido a este país con afán y esperanza. Millones han fondeado en sus playas, y los Estados Unidos han llegado a ocupar un puesto entre las naciones más poderosas de la tierra.

Pero la bestia que tenía cuernos como un cordero "hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia. Y hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera, cuya herida mortal fue sanada . . . diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia que recibió el golpe de espada, y sin embargo vivió. (Apocalipsis 13: 11-14, V.M.)

Los cuernos como de cordero y la voz de dragón del símbolo indican una extraña contradicción entre lo que profesa ser y lo que practica la nación así representada. El "hablar" de la nación son los actos de sus autoridades legislativas y judiciales. Por esos actos la nación desmentirá los principios liberales y pacíficos que expresó como fundamento de su política. La predicción de que hablará "como dragón" y ejercerá "toda la autoridad de la primera bestia", anuncia claramente el desarrollo del espíritu de intolerancia y persecución de que tantas pruebas dieran las naciones representadas por el dragón y la bestia semejante al leopardo. Y la declaración de que la bestia con dos cuernos "hace que la tierra y los que en ella habitan, adoren a la bestia primera", indica que la autoridad de esta nación será empleada para imponer alguna observancia en homenaje al papado.

Semejante actitud sería abiertamente contraria a los principios de este gobierno, al genio de sus instituciones libres, a los claros y solemnes reconocimientos contenidos en la declaración de la independencia, y contrarios finalmente a la constitución. Los fundadores de la nación procuraron con acierto que la iglesia no pudiera hacer uso del poder civil, con los consabidos e inevitables resultados: la intolerancia y la persecución. La constitución garantiza que "el congreso no legislará con respecto al establecimiento de una religión ni prohibirá el libre ejercicio de ella," y que "ninguna manifestación religiosa será jamás requerida como condición de aptitud para ninguna función o cargo público en los Estados Unidos." Sólo en flagrante violación de estas garantías de la libertad de la nación, es cómo se puede imponer por la autoridad civil la observancia de cualquier deber religioso. Pero la inconsecuencia de tal procedimiento no es mayor que lo representado por el símbolo. Es la bestia con cuernos semejantes a los de un cordero -que profesa ser pura, mansa, inofensiva- y que habla como un dragón.

"Diciendo a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia". Aquí tenemos presentada a las claras una forma de gobierno en el cual el poder legislativo descansa en el pueblo, y ello prueba que los Estados Unidos de Norteamérica constituyen la nación señalada por la profecía.

¿Pero qué es la "imagen de la bestia"? ¿Y cómo se la formará? La imagen es hecha por la bestia de dos cuernos y es una imagen de la primera bestia. Así que para saber a qué se asemeja la imagen y cómo será formada, debemos estudiar los rasgos característicos de la misma bestia: el papado.

Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado fue el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la "herejía". Para que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la iglesia para cumplir sus fines.

Siempre que la iglesia alcanzó el poder civil, lo empleó para castigar a los que no admitían todas sus doctrinas. Las iglesias protestantes que siguieron las huellas de Roma al aliarse con los poderes mundanos, manifestaron el mismo deseo de restringir la libertad de conciencia. Ejemplo de esto lo tenemos en la larga persecución de los disidentes por la iglesia de Inglaterra. Durante los siglos XVI y XVII miles de ministros no conformistas fueron obligados a abandonar sus iglesias, y a muchos pastores y feligreses se les impusieron multas, encarcelamientos, torturas y el martirio.

Fue la apostasía lo que indujo a la iglesia primitiva a buscar la ayuda del gobierno civil, y esto preparó el camino para el desarrollo del papado, simbolizado por la bestia. San Pablo lo predijo al anunciar que vendría "la apostasía," y sería "revelado el hombre de pecado." (2 Tesalonicenses 2: 3, V.M.) De modo que la apostasía en la iglesia preparará el camino para la imagen de la bestia.

La Biblia declara que antes de la venida del Señor habrá un estado de decadencia religiosa análoga a la de los primeros siglos. "En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, incontinentes, fieros, aborrecedores de los que son buenos, traidores, protervos, hinchados de orgullo, amadores de los placeres, más bien que amadores de Dios; teniendo la forma de la piedad, mas negando el poder de ella". (2 Timoteo 3: 1-5, V.M.) "Empero el Espíritu dice expresamente, que en tiempos venideros algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios." (1 Timoteo 4: 1, V.M.) Satanás obrará "con todo poder, y con señales, y con maravillas mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia." Y todos los que "no admitieron el amor de la verdad, para que fuesen salvos," serán dejados para que acepten "operación de error, a fin de que crean a la mentira." (2 Tesalonicenses 2: 9-11, V.M.) Cuando se haya llegado a este estado de impiedad, se verán los mismos resultados que en los primeros siglos.

Muchos consideran la gran diversidad de creencias en las iglesias protestantes como prueba terminante de que nunca se procurará asegurar una uniformidad forzada. Pero desde hace años se viene notando entre las iglesias protestantes un poderoso y creciente sentimiento en favor de una unión basada en puntos comunes de doctrina. Para asegurar tal unión, debe necesariamente evitarse toda discusión de asuntos en los cuales no todos están de acuerdo, por importantes que sean desde el punto de vista bíblico.

Carlos Beecher, en un sermón predicado en 1846, declaró que el pastorado de "las denominaciones evangélicas protestantes no está formado sólo bajo la terrible presión del mero temor humano, sino que vive, y se mueve y respira en una atmósfera radicalmente corrompida y que apela a cada instante al elemento más bajo de su naturaleza para tapar la verdad y doblar la rodilla ante el poder de la apostasía. ¿No pasó así con la iglesia romana? ¿No estamos reviviendo su vida? ¿Y qué es lo que vemos por delante? ¡Otro concilio general! ¡Una convención mundial! ¡Alianza evangélica y credo universal!" -Sermón, "The Bible a Sufficient Creed," pronunciado en Fort Wayne, Indiana, el 22 de febrero de 1846. Cuando se haya logrado esto, en el esfuerzo para asegurar completa uniformidad, sólo faltará un paso para apelar a la fuerza.

Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para que imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y la inflicción de penas civiles contra los disidentes vendrá de por sí sola.

La bestia de dos cuernos "hace [ordena] que todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos, tengan una marca sobre su mano derecha, o sobre su frente; y que nadie pueda comprar o vender, sino aquel que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre." (Apocalipsis 13: 16, 17, V.M.) La amonestación del tercer ángel es: "¡Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en su frente, o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios!" "La bestia" mencionada en este mensaje, cuya adoración es impuesta por la bestia de dos cuernos, es la primera bestia, o sea la bestia semejante a un leopardo, de Apocalipsis 13, el papado. La "imagen de la bestia" representa la forma de protestantismo apóstata que se desarrollará cuando las iglesias protestantes busquen la ayuda del poder civil para la imposición de sus dogmas. Queda aún por definir lo que es "la marca de la bestia".

Después de amonestar contra la adoración de la bestia y de su imagen, la profecía dice: "Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús." En vista de que los que guardan los mandamientos de Dios están puestos así en contraste con los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca, se deduce que la observancia de la ley de Dios, por una parte, y su violación, por la otra, establecen la distinción entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia.

El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios. Daniel dice del cuerno pequeño, o sea del papado: "Pensará en mudar los tiempos y la ley." (Daniel 7: 25.) Y San Pablo llama al mismo poder el "hombre de pecado," que había de ensalzarse sobre Dios. Una profecía es complemento de la otra. Sólo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios; y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios.

El papado intentó alterar la ley de Dios. El segundo mandamiento, que prohibe el culto de las imágenes, ha sido borrado de la ley, y el cuarto mandamiento ha sido adulterado de manera que autorice la observancia del primer día en lugar del séptimo como día de reposo. Pero los papistas aducen para justificar la supresión del segundo mandamiento, que éste es inútil puesto que está incluido en el primero, y que ellos dan la ley tal cual Dios tenía propuesto que fuese entendida. Este no puede ser el cambio predicho por el profeta. Se trata de un cambio intencional y deliberado: "Pensará en mudar los tiempos y la ley". El cambio introducido en el cuarto mandamiento cumple exactamente la profecía. La única autoridad que se invoca para dicho cambio es la de la iglesia. Aquí el poder papal se ensalza abiertamente sobre Dios.

Mientras los que adoran a Dios se distinguirán especialmente por su respeto al cuarto mandamiento -ya que éste es el signo de su poder creador y el testimonio de su derecho al respeto y homenaje de los hombres,- los adoradores de la bestia se distinguirán por sus esfuerzos para derribar el monumento recordativo del Creador y ensalzar lo instituído por Roma. Las primeras pretensiones arrogantes del papado fueron hechas en favor del domingo (véase el Apéndice); y la primera vez que recurrió al poder del estado fue para imponer la observancia del domingo como "día del Señor." Pero la Biblia señala el séptimo día, y no el primero, como día del Señor. Cristo dijo: "El Hijo del hombre es Señor aun del sábado". El cuarto mandamiento declara que: "El día séptimo es día de descanso [margen, sábado], consagrado a Jehová." Y por boca del profeta Isaías el Señor lo llama: "Mi día santo". (S. Marcos 2: 28; Éxodo 20: 10; Isaías 58: 13, V.M.)

El aserto, tantas veces repetido, de que Cristo cambió el día de reposo, está refutado por sus propias palabras. En su sermón sobre el monte, dijo: "No penséis que vine pare invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir. Porque en verdad os digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido. Por tanto cualquiera que quebrantare uno de estos más mínimos mandamientos, y enseñare a los hombres así, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos: mas cualquiera que los hiciere y enseñare será llamado grande en el reino de los cielos." (S. Mateo 5: 17-19, V.M.)

Es un hecho generalmente admitido por los protestantes, que las Sagradas Escrituras no autorizan en ninguna parte el cambio del día de reposo. Esto se confirma en publicaciones de la Sociedad Americana de Tratados y la Unión Americana de Escuelas Dominicales. Una de estas obras reconoce "que el Nuevo Testamento no dice absolutamente nada en cuanto a un mandamiento explícito en favor del día de reposo, o a reglas definidas relativas a su observancia." -Jorge Elliott, The Abiding Sabbath, pág. 184.

Otra dice: "Hasta la época de la muerte de Cristo, ningún cambio se había hecho en cuanto al día;" y, "por lo que se desprende del relato bíblico, los apóstoles no dieron . . . mandamiento explícito alguno que ordenara el abandono del séptimo día, sábado, como día de reposo, ni que se lo observara en el primer día de la semana". -A. E. Waffle, The Lord's Day, págs. 186 - 188.

Los católicos romanos reconocen que el cambio del día de descanso fue hecho por su iglesia, y declaran que al observar el domingo los protestantes reconocen la autoridad de ella. En el Catecismo Católico de la Religión Cristiana, al contestar una pregunta relativa al día que se debe guardar en obediencia al cuarto mandamiento, sé hace esta declaración: "Bajo la ley antigua, el sábado era el día santificado; pero la iglesia, instruída por Jesucristo y dirigida por el Espíritu de Dios, substituyó el sábado por el domingo; de manera que ahora santificamos el primer día y no el séptimo. Domingo significa día del Señor, y es lo que ha venido a ser".

Como signo de la autoridad de la iglesia católica, los escritores católicos citan "el acto mismo de cambiar el sábado al domingo, cambio en que los protestantes consienten . . . porque al guardar estrictamente el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas y para imponerlas so pena de incurrir en pecado." -H. Tuberville, An Abridgement of the Christian Doctrine, pág. 58. ¿Qué es, pues, el cambio del día de descanso, sino el signo o marca de la autoridad de la iglesia romana, ¡'la marca de la bestia'"?

La iglesia romana no ha renunciado a sus pretensiones a la supremacía; y cuando el mundo y las iglesias protestantes aceptan un día de descanso creado por ella, mientras rechazan el día de descanso de la Biblia, acatan en la práctica las tales pretensiones. Pueden apelar a la autoridad de la tradición y de los padres para apoyar el cambio; pero al hacerlo pasan por alto el principio mismo que los separa de Roma, es a saber, que "la Biblia, y la Biblia sola es la religión de los protestantes".

Los papistas pueden ver que los protestantes se están engañando a sí mismos, al cerrar voluntariamente los ojos ante los hechos del caso. A medida que gana terreno el movimiento en pro de la observancia obligatoria del domingo, ellos se alegran en la seguridad de que ha de concluir por poner a todo el mundo protestante bajo el estandarte de Roma.

Los romanistas declaran que "la observancia del domingo por los protestantes es un homenaje que rinden, mal de su grado, a la autoridad de la iglesia [católica]". -Mons. de Segur, Plain Talk About the Protestantism of Today, pág. 213. La imposición de la observancia del domingo por parte de las iglesias protestantes es una imposición de que se adore al papado, o sea la bestia. Los que, comprendiendo las exigencias del cuarto mandamiento, prefieren observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, rinden así homenaje a aquel poder, el único que ordenó su observancia. Pero por el mismo hecho de imponer un deber religioso con ayuda del poder secular, las mismas iglesias estarían elevando una imagen a la bestia; de aquí que la imposición de la observancia del domingo en los Estados Unidos equivaldría a imponer la adoración de la bestia y de su imagen.

Pero los cristianos de las generaciones pasadas observaron el domingo creyendo guardar así el día de descanso bíblico; y ahora hay verdaderos cristianos en todas las iglesias, sin exceptuar la católica romana, que creen honradamente que el domingo es el día de reposo divinamente instituído. Dios acepta su sinceridad de propósito y su integridad. Pero cuando la observancia del domingo sea impuesta por la ley, y que el mundo sea ilustrado respecto a la obligación del verdadero día de descanso, entonces el que transgrediere el mandamiento de Dios para obedecer un precepto que no tiene mayor autoridad que la de Roma, honrará con ello al papado por encima de Dios: rendirá homenaje a Roma y al poder que impone la institución establecida por Roma: adorará la bestia y su imagen. Cuando los hombres rechacen entonces la institución que Dios declaró ser el signo de su autoridad, y honren en su lugar lo que Roma escogió como signo de su supremacía, ellos aceptarán de hecho el signo de la sumisión a Roma, "la marca de la bestia." Y sólo cuando la cuestión haya sido expuesta así a las claras ante los hombres, y ellos hayan sido llamados a escoger entre los mandamientos de Dios y los mandamientos de los hombres, será cuando los que perseveren en la transgresión recibirán "la marca de la bestia".

La más terrible amenaza que haya sido jamás dirigida a los mortales se encuentra contenida en el mensaje del tercer ángel. Debe ser un pecado horrendo el que atrae la ira de Dios sin mezcla de misericordia. Los hombres no deben ser dejados en la ignorancia tocante a esta importante cuestión; la amonestación contra este pecado debe ser dada al mundo antes que los juicios de Dios caigan sobre él, para que todos sepan por qué deben consumarse, y para que tengan oportunidad para librarse de ellos. La profecía declara que el primer ángel hará su proclamación "a cada nación, y tribu, y lengua, y pueblo." El aviso del tercer ángel, que forma parte de ese triple mensaje, no tendrá menos alcance. La profecía dice de él que será proclamado en alta voz por un ángel que vuele por medio del cielo; y llamará la atención del mundo.

Al final de la lucha, toda la cristiandad quedará dividida en dos grandes categorías: la de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y la de los que adoran la bestia y su imagen y reciben su marca. Si bien la iglesia y el estado se unirán para obligar a "todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos," a que tengan "la marca de la bestia" (Apocalipsis 13: 16, V.M.), el pueblo de Dios no la tendrá. El profeta de Patmos vio que "los que habían salido victoriosos de la prueba de la bestia, y de su imagen, y del número de su nombre, estaban sobre aquel mar de vidrio, teniendo arpas de Dios," y cantaban el cántico de Moisés y del Cordero. (Apocalipsis 15: 2, 3, V.M.)

Fuente: El conflicto de los siglos, pp. 486-503.
Autor: Elena G. de White. Los adventistas creemos que ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.
Fotografía: montaje Menesez Filipov

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viernes, 30 de enero de 2009

Eventos Finales. Por Doug Batchelor



"The final events of Bible prophecy" es presentado por el autor y evangelista Doug Batchelor. El conductor del programa semanal Amazing Facts Presents, explica de manera simple y amena, grandes misterios proféticos.

Este increíble vídeo le lleva paso a paso a través de siete "acontecimientos", incluidos las señales del fin, el regreso de Cristo, el milenio, la tierra nueva, etc. Haciendo un recuento de los acontecimientos de los últimos días y revelando las asombrosas verdades detrás de las profecía Bíblicas!

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jueves, 29 de enero de 2009

El Ultimo Mensaje / The Last Message


Editado por El Ultimo Mensaje
Duración: 46 min.
Idiomas: Español, Inglés, Rumano y Húngaro

DVD con vídeo que debe ser esparcido por todo el mundo y hace parte el mensaje de los tres ángeles. El precio es misionero, sólo de $1.00 dólar por DVD sirve para costos de duplicación e impresión. Nuestro deseo es que usted adquiera este DVD por cantidad y pueda regalarlo a sus amigos y así cumplir nuestro propósito de esparcir este mensaje.

La compra mínima para pedidos fuera de los Estados Unidos es de 100 discos. Y el envío será de 17 dolares por los cien discos para cualquier parte del mundo. Si desea adquirirlos haga clic aquí.

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sábado, 17 de enero de 2009

Los Estado Unidos en la Profecía. Por Stephen Bohr


El pastor Stephen P. Bohr nació en Wisconsin, pero se crió en Venezuela y Colombia, donde sus padres sirvieron como misioneros por más de treinta años. Es un reconocido evangelista que ha predicado desde la Argentina hasta Alaska y de Hawai a Nueva York. También ha presentado seminarios en el Caribe, Australia, Europa y Asia.

En treinta tres años de trabajo confesional Pastor Bohr ha servido como pastor de iglesias y profesor universitario de teología. Como asi tambien director de Jovenes y Conquistadores (Pathfinder), secretario ministerial, y evangelista de conferencias (asociaciones) en los EE.UU.

En 1995, publica en español el libro "Esperanza para el Planeta Tierra" (Pacific Press). Él pastor Bohr ha dedicado años al estudio de los mensaje proféticos en la Biblia y es mejor conocido por su innovadora serie de vídeos, "Cracking the Genesis Code".

Presenta tambien en 3ABN la conocida serie “New Perspectives on the Spirit of Prophecy” (Nuevas perspectivas en el Espíritu de Profecía) y también en español la serie de evangelización via satélite "Felicidad sin Limites", que fue transmitido a una audiencia mundial desde Chicago.

Una vez al año enseña la clase de "Fundamentos Teologicos del Adventismo del Séptimo Día" en el Amazing Facts Center of Evangelism (AFCOE). Actualmente sirve como pastor de la Fresno Central Seventh-day Adventist Church, CA. Y también como orador de SECRETS UNSEALED, una organización sin fines de lucro comprometida con la preservación, proclamación y predicación de la Verdad Presente, el mensaje de la Iglesia Adventista del Séptimo día.

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sábado, 10 de enero de 2009

Profetas, verdaderos y falsos. Por Ángel Manuel Rodríguez

¿Cómo se puede distinguir la diferencia que existe entre un profeta verdadero y otro falso?

El Antiguo Testamento destaca el conflicto constante entre los profetas falsos y los profetas verdaderos del Señor. En el pasado, distinguir entre ellos fue difícil, pero había que hacerlo. Los israelitas preguntaron al Señor: " ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?" (Deut. 18:21). Juan escribió a la iglesia: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1). Dado que este tema es muy importante, el Señor dio a su pueblo algunas instrucciones al respecto.

1. Profecías cumplidas: Moisés dijo a los Israelitas: "Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él" (Deut. 18:22; ver Jer. 28:8, 9). A primera vista, esta es una buena prueba que, sin embargo, a menudo es difícil de aplicar. Para poder determinar si alguien es un profeta verdadero, debemos esperar el cumplimiento de la profecía que anunció. Con el objetivo de poder ayudar a sus oyentes, los profetas algunas veces daban, dentro de sus profecías de largo alcance, algunas profecías de término corto que se cumplían rápidamente (Jer. 28:16, 17). Sin embargo, las profecías de un falso profeta también podrían cumplirse (Deut. 13:1, 2). Esto sugiere que esta prueba no es suficiente, por sí sola, para saber si un profeta es de Dios.

2. Teología correcta. Esta prueba asume que el pueblo ya ha recibido mensajes de Dios y que es capaz de usarlos para evaluar nuevas revelaciones. Por ejemplo, dado que la Ley de Dios prohíbe adorar ídolos, un profeta que dirige a otros a adorar otros dioses sería un falso profeta (Deut. 13:2). El mensaje de un nuevo profeta tiene que estar de acuerdo con las revelaciones previas de Dios (Isa. 30:8). La persona que recibe la nueva revelación tiene que tener un profundo conocimiento personal de la Palabra de Dios. Esto les permite utilizar ese conocimiento para evaluar la veracidad de la nueva revelación. En el Nuevo Testamento, la revelación de Dios a través de Jesucristo llegó a ser la prueba central, junto con la Palabra escrita, para determinar si un profeta era verdadero (1 Juan 4:2, 3; Juan 17:17). Aunque esta prueba es más difícil de adulterar, puede ser falsificada. El apóstol Pablo escribió acerca de "falsos apóstoles [...] que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Cor. 11:13, 14). Y sin embargo, los que conocen la verdad tal como es en Jesús no serán engañados.

3. La prueba de la ética. Los falsos profetas no viven a la altura de las leyes de Dios y no se pronuncian claramente contra el pecado. El profeta Ezequiel acusó a los falsos profetas: "Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo" (Eze. 13:22). Los falsos profetas también eran arrogantes (2 Ped. 2:18), engañadores (Hech. 13:6-10), y a menudo predicaban solo por la paga (2 Ped. 2:3, 13). Su vida no estaba en armonía con la palabra revelada de Dios. Las personas pueden dar la impresión de ser santas, incluso de hablar lo correcto, y sin embargo Jesús dijo que son como lobos vestidos de ovejas (Mat. 7:15).
4. Por sus frutos. Jesús mismo estableció esta prueba. Dijo: "Por sus frutos los conoceréis [...]. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos" (Mat. 7:16, 17). Es parecida a la tercera prueba, pero va más allá, al preguntar: ¿Cuáles son los resultados del ministerio de una persona que dice ser profeta? Su ministerio ¿edifica a la iglesia? Esta prueba requiere tiempo, pero la mentira y el engaño tarde o temprano son revelados.
Tenemos que permanecer abiertos a la posibilidad de que Dios todavía nos hable por medio de sus profetas. Pero, a fin de poder identificar a un verdadero profeta, deberíamos conocer y entender las Escrituras; deberíamos utilizar la Palabra inspirada de Dios para probar las enseñanzas y el estilo de vida de la persona que dice ser un profeta verdadero. Finalmente, no deberíamos aceptar rápidamente a alguien que dice serlo. Debemos darle tiempo para que las acciones del nuevo profeta muestren qué clase de persona es. Probar los espíritus requiere tiempo, oración y conocimiento de lo que Dios ya nos ha revelado.

Centro de Investigaciones Bíblicas de la Asociación General

Fuente: Adventist Biblical Research.
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teologia (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacandose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente academico del Southwestern Adventist University.

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sábado, 3 de enero de 2009

La doctrina adventista del JUICIO INVESTIGADOR. Por el Dr. Mario Veloso.

Introducción

En nuestro desarrollo de este tema necesitamos seguir un esquema muy claro, pues la menor confusión podría conducimos a oscurecer la totalidad de lo que queremos presentar, lo cual podría arrastramos a algunos de los tantos errores que suelen someterse al tratar un tema como éste.

Por lo tanto, esta introducción tiene dos partes bien definidas: la primera se ocupa de darnos cuatro datos previos, indispensables para el desarrollo del tema, y la segunda nos ofrece el bosquejo del mismo, luego de plantear el problema sobre el cual queremos trabajar en esta exposición.

Datos previos indispensables

No se puede desarrollar el tema sin que. primero definamos lo que entendemos por "juicio investigador", luego indiquemos la necesidad de conocerlo, después su importancia y por último la fecha cuando se realiza.

1. Definición. La definición que damos a continuación la extraemos de la SDA Enciclopedia:.

"Es un término adventista para la fase preliminar del gran juicio final, por el cual Dios intervendrá en los asuntos humanos para terminar con el reinado del pecado e inaugurar el eterno reino de justicia de Cristo".

Esta definición no quedaría completa si no decimos en qué consiste y cuál es el propósito del juicio investigador.

"Consiste en un examen de los registros de la vida de los que alguna vez han profesado aceptar la salvación en Cristo y que por lo tanto sus nombres han sido inscriptos en el 'libro de la vida del Cordero'".

Su propósito es verificar si éstos están en condiciones de ser ciudadanos del eterno reino de Dios.

2. La necesidad de conocer el juicio investigador. Esta necesidad está claramente expresada en el siguiente párrafo:

"El pueblo de Dios debería comprender claramente el asunto del Santuario y del juicio investigador. Todos necesitan conocer por sí mismos el ministerio y la obra de su gran Sumo Sacerdote. De otro modo, les será imposible ejercitar la fe tan esencial en nuestros tiempos, o desempeñar el puesto al que Dios los llama".

Las dos primeras declaraciones del párrafo citado no son más que dos formas de decir lo mismo. Destacamos la fuerza enfática de los verbos utilizados: "debería" y "necesitan". Es un deber y una necesidad conocer el juicio investigador o el ministerio y la obra de nuestro gran Sumo Sacerdote. Es una necesidad y un deber porque este conocimiento es uno de los pilares fundamentales de la vida del cristiano verdadero. Uno está vinculado a su relación personal con Dios: la capacidad de ejercer fe en él cuando todo parece oponerse a la fe; y el otro está vinculado a su relación con el prójimo ya que "el puesto al cual Dios nos llama" estará siempre relacionado con, la salvación de nuestros prójimos por ser éste el supremo interés de Dios sobre la tierra.

El ser mismo del cristiano es un ser de fe y de acción que se fundamenta en Dios. La acción es acción evangélica de proclamación, contenido vivo del Evangelio: Cristo Jesús. Todo lo que un cristiano es depende de su relación por la fe con Cristo y con la misión dada por Cristo. Si tanto la fe como el cumplimiento de la misión son afectados por el conocimiento del juicio investigador, este conocimiento ciertamente se convierte en una necesidad y un deber cristiano en esta hora de crisis en la que nos toca vivir.

3. Importancia del juicio investigador. Sólo un breve párrafo de El Conflicto de los Siglos nos aclarará la tremenda importancia de esta parte de la obra de Cristo: "La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz" .

El resto del párrafo dice lo siguiente:

"Con su muerte dio principio a aquella obra para cuya conclusión ascendió al cielo después de su resurrección. Por la fe debemos entrar velo adentro, 'donde entró por nosotros como precursor Jesús' (Heb. 6: 20). Allí se refleja la luz de la cruz del Calvario; y allí podemos obtener una comprensión más clara de los misterios de la redención. La salvación del hombre se cumple a un precio infinito para el cielo; el sacrificio hecho corresponde a las más amplias exigencias de la ley de Dios quebrantada. Jesús abrió el camino que lleva al trono del Padre, y por su mediación pueden ser presentados ante Dios los deseos sinceros de todos los que a él se allegan con fe".

4. Fecha del juicio Investigador. No nos corresponde aquí analizar todos los detalles en cuanto a la fecha del juicio investigador, sino simplemente declarar que se realiza en el tiempo que media entre 1844 y la segunda venida de Cristo.

Problemas a estudiar y bosquejos de su desarrollo

El propósito de nuestro estudio es simplemente determinar la obra que Cristo está cumpliendo en el juicio investigador, a quiénes y cómo les afecta. Para lograr este objetivo analizaremos primero los servicios del Santuario y el juicio investigador, luego la obra de Cristo desde su ascensión y daremos finalmente una síntesis de lo que la Iglesia Adventista cree acerca del juicio investigador.

-LOS SERVICIOS DEL SANTUARIO Y EL JUICIO INVESTIGADOR

La doctrina del juicio investigador está relacionada con la doctrina del Santuario, por lo tanto no podemos estudiar el juicio investigador sin considerar primero el ministerio del Santuario.

En el ministerio del Santuario había dos servicios y tres clases de ofrendas relacionadas con ellos. Uno era el servicio diario. Se realizaba en el atrio y en el Lugar Santo cada día del año (Heb. 9:6). Se presentaban los sacrificios de la mañana y de la tarde -el continuo- y los sacrificios que los pecadores presentaban como ofrenda por sus pecados individuales. El segundo era el servicio anual, realizado en el Lugar Santísimo una vez al año (Heb. 9: 7), cuando se presentaban ofrendas de sacrificios especiales. Este recibía el nombre de día de la expiación.

Los sacrificios

Era la actividad más importante que se realizaba en el Santuario. Fueron el "elemento dominante de la religión hebrea" desde "los tiempos más antiguos hasta la destrucción del segundo templo en el año 70 DC".

1. El continuo (Tamid) sacrificio. Este sacrificio consistía en un animal (cordero) que se ofrecía entero junto con una ofrenda de cereal y una libación (cf. Exo. 29:38-42; Lev. 6:13; 24:3, 4, 8 ; Núm. 28:3, 6; 1 Rey. 18: 29-36; 2 Rey. 25:29, 30; 2 Crón. 2:3; 24:14; Esd. 3:5; 9: 4; Eze. 39:14; 46:13-15). Su nombre en hebreo, Tamid, significa continuidad, perpetuidad; es decir que debía ser hecho continuamente. Por lo tanto, cada día del año, en la mañana y en la tarde, se ofrecían estos sacrificios que eran para beneficio de todo el pueblo. Así se proveía expiación para todos. Dondequiera que un israelita viviera, podía levantar su corazón a Dios, dirigir su rostro a Jerusalén, confesar sus pecados y apoderarse de la gratuita provisión de esta expiación (1 Rey. 8:37, 39, 44, 45, 48, 49).

2. Ofrendas individuales. Los individuos también ofrecían sus propios sacrificios a medida que la oportunidad lo hacía posible. Estos eran una expresión de su gratitud, de su fe y de su aceptación de la provisión divina hecha para salvarlos del pecado. No todas las ofrendas de esta clase eran sacrificios de animales (las primicias, por ejemplo), pero sí lo eran las ofrendas expiatorias -pues "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Heb. 9:22)como la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la culpa (Exo. 29:10, 19; Lev. l: 4; 3: 2, 8, 13; 4: 4, 24, 29, 33; 16:21; 24:14; Núm. 27:18; Lev. 5:16, 19; 7:1-7, 14; Núm. 5:7, 8; 6: 12;18:9; 2 Rey. 12: 17; Esd. 10: 19).

3. Ofrendas especiales del día de la expiación. Este día, llamado en hebreo lom Cafarim, significa día de protección, día de expiación, día de refugio. La expiación es, entonces, "refugio por medio de representación". Un refugio siempre implica la existencia de un peligro: en este caso el peligro era ser "cortado de su pueblo" (Lev. 23:19). El refugio provisto no era un lugar dónde protegerse sino un sustituto, un representante: el sacrificio ofrecido. Tres eran las ceremonias principales del ritual del día de la expiación: En primer lugar estaban los sacrificios que el sumo sacerdote ofrecía por sí mismo y por su casa. En segundo lugar se ofrecía el sacrificio más importante de toda la ceremonia, es decir, el macho cabrío para Jehová, que proveía la sangre expiatoria o purificadora. Y en tercer lugar venía la ceremonia sobre el macho cabrío para Azazel, cuya sangre no era derramada pues había solamente una sangre expiatoria, la del macho cabrío para Jehová. Los ritos de este día, el único día de ayuno prescripto en la ley mosaica, están registrados en Levítico 16, completado por los relatos de Levítico 23: 26-32 y Números 29: 7-11.

Registro de los pecados

¿Cómo se producía la contaminación del pecado? Un estudio cuidadoso de todo el sistema de sacrificios del Santuario muestra claramente que había un registro de pecados. Este registro se producía por transferencia: el pecado se transfería del pecador culpable a la víctima que era sacrificada, luego al sacerdote que comía la carne y por último al altar y al Santuario donde la sangre era derramada y asperjada.

En Jeremías 17: 1 se lee: "El pecado de Judá escrito está... en los cuernos de sus altares". En Levítico 10:17, reprendiendo a Eleazar e ltamar por no haber comido la carne del sacrificio, Moisés dice: "¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación para que sean reconciliados delante de Jehová". (La cursiva es nuestra.) También en Levítico 4:17 leemos: "Mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre y rociará siete veces delante de Jehová hacia el velo". "Con esta ceremonia y en un sentido simbólico, el pecado era trasladado al Santuario por medio de la sangre".

La obra del sacrificio diario era una obra de reconciliación en favor del hombre pecador. Su pecado era perdonado. El transgresor era librado de su iniquidad pero quedaba un sangriento registro del pecado en el Santuario. En este sentido el sacrificio diario cumplía una función doble: era un sustituto que obtenía el perdón para el pecador y un medio para registrar el pecado en el Santuario. El perdón del pecado no elimina la obra del juicio final, sino que garantiza la liberación del pecador, por cuanto el registro de ese pecado se ha hecho por la sangre del sustituto que, por el acto del sacrificio, se ha transformado en el auténtico poseedor de la culpa.

En el Santuario celestial, el "verdadero tabernáculo" (Heb. 8:2), del cual el Santuario terrenal era sólo una "figura y sombra" (Heb. 8:5), también se guardan registros de la conducta de los hombres. Tanto Daniel como Juan -en sus descripciones del juicio- nos hablan de una escena en la que "los libros fueron abiertos" (Dan. 7: 10; Apoc. 20:12). Estos libros no son códigos de leyes, sino registros de conducta.

La Sagrada Escritura nos habla de dos libros, o clases de libros: el libro de la vida (Exo.32:32; Sal. 69: 28; Exo. 32:33; Luc. 10: 20; Fil.4:3; Heb. 12: 13; Apoc. 3: 5; 20: 12, 15) y el libro de memorias (Mal. 3: 16, 17). En el libro de la vida se registran "los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios". En el libro de memorias,, las obras buenas y también las malas. Sobre el registro de buenas obras, Elena G. de White dice: "Quedan consignadas las buenas obras de los 'que temen a Jehová'... En el libro de memoria de Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Cristo". 10 Acerca del registro de las obras malas afirma: "Los pecados que no hayan inspirado arrepentimiento y que no hayan sido abandonados, no serán perdonados ni borrados de los libros de memoria, sino que permanecerán como testimonio contra el pecador en el día de Dios"." Hay varios textos bíblicos que aluden a un registro de los pecados de los hombres. (Véanse, por ejemplo, Ecl. 12: 14; Mat. 12:36, 37; 1 Cor. 4: 5; Isa. 65: 6, 7.)

Queda claro, entonces, que el servicio diario expiaba el pecado y lo registraba en el Tabernáculo hasta el día de la expiación, cuando se limpiaba todo el pecado acumulado allí durante todo el año.

Limpieza de los registros

"Con el traslado de los pecados de Israel al Santuario, los lugares santos quedaban manchados, y se hacía necesaria una obra especial para quitar de allí los pecados"." Dios había ordenado que se hiciera limpieza de cada una de las partes del sagrado Santuario, lo mismo que del altar. "Lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel" (Lev. 16:19; 16).

El objetivo de la ceremonia principal del día de la expiación era limpiar los registros del pecado de Israel que se habían acumulado durante todo el año. Para ello, el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío de Jehová. Sin embargo, no era únicamente limpieza y juicio lo que se hacía en el Santuario durante el día de la expiación, pues el sacrificio continuo no cesaba en este día, con lo cual se indicaba que la salvación del pecador por medio de la administración del perdón continuaba.

La sangre del macho cabrío de Jehová era para beneficio del pueblo (Heb. 7: 27; Lev. 16:30, 33) y para expiación "por todos los pecados de Israel" (Lev. 16: 34). Esa misma sangre limpiaba el Lugar Santísimo, el Lugar Santo, el altar y todo el Tabernáculo.

Cuando la expiación por el pueblo y la limpieza del Santuario se habían realizado, y cuando todos los que querían ser reconciliados ya habían sido reconciliados, entonces, y sólo entonces, entraba en escena el macho cabrío para Azazel (Lev. 16:20). El sumo sacerdote colocaba sobre él los pecados acumulados en el Santuario y luego, por mano de un hombre, el macho cabrío era enviado al desierto para que muriera (Lev. 16: 21, 22). Este macho cabrío no era sacrificado, pues no era él la expiación por el pecado, sino que era condenado a una muerte de hambre y sed en el desierto.

El macho cabrío para Azazel era símbolo de Satanás. Por esto no podía ser sacrificado por el pecado siendo que solamente Cristo es la propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 2:2; 4:10).

Cristo es Sumo Sacerdote en el Santuario celestial (Heb. 8:1,2). Allí administra los méritos de su sacrificio a los pecadores arrepentidos (Heb. 9: 12-15). El Santuario celestial también necesita ser purificado como lo era el Santuario terrenal, figura de aquél. Hebreos 9:23 dice que "las cosas celestiales mismas" serían purificadas "con mejores sacrificios". Daniel profetizó diciendo: "El Santuario será purificado" (Dan. 8:14). El registro del pecado que Dios tiene en el cielo parece ser lo que da impureza al Santuario celestial.

Dado que el día de la expiación del Santuario terrenal era un servicio de limpieza de los registros del pecado de todo el año y de todo el pueblo de Dios, el día de la expiación final o juicio investigador tiene que estar relacionado con una obra semejante. Con esta conclusión estamos listos para entrar a nuestro siguiente punto.

-LA OBRA DE CRISTO DESDE SU ASCENSIÓN

La obra de Cristo desde su ascensión comprende dos actividades que corresponden a dos períodos definidos: el primero va desde su ascensión hasta 1844 y el segundo, desde 1844 hasta su segunda venida en gloria. La idea de dos actividades distintas en la obra de Cristo desde su ascensión queda claramente expresada en el siguiente párrafo:

"Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a principiar su obra como Sumo Sacerdote... Como el ministerio de Cristo iba a consistir en dos grandes divisiones, ocupando cada una su período de tiempo y teniendo un sitio distinto en el Santuario celestial, asimismo el culto simbólico consistía en el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se dedicaba una sección del Tabernáculo".

Desde la ascensión hasta 1844

La obra de Cristo durante este período estaba representada por el servicio diario en el Santuario terrenal. Es decir que durante todo este tiempo, Cristo estuvo ofreciendo ante el Padre "su sangre en beneficio de los creyentes arrepentidos". Cristo estuvo aplicando sus méritos a todos los que se arrepentían con el objeto de perdonarles los pecados y librarlos de sus culpas. Era ésta una obra de perdonar y liberar a los pecadores. El perdón se producía y se produce por los méritos del sacrificio de Cristo y la liberación del pecado se producía y se produce por transferencia de los pecados del pecador a Cristo. Todo esto ocurre en el plano del individuo y de la práctica, pero no en el plano de Dios y de la legalidad. En este último plano hay todavía una obra que hacer, pues "aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador arrepentido de la condenación de la ley, no había de anular el pecado; éste queda registrado en el Santuario hasta la expiación final".

Después de ascender al cielo, Cristo entró al Lugar Santísimo del Santuario celestial (Heb. 9:12) para ser entronizado (Apoc. 3:21) y para inaugurar su ministerio o dedicar el Santuario del modo como Aarón entró en el Lugar Santísimo del Santuario terrenal cuando lo dedicó e inició los servicios en él (Lev. 9: 8-22). Después continuó su trabajo normal en el primer compartimiento. Este ministerio consiste en sostener su iglesia (Apoc. l:12,13), enviar su Espíritu (Apoc. 4:5; 5:6), interceder en favor de los pecadores (Apoc. 8:3-5).

De 1844 hasta la segunda venida de Cristo

La obra de Cristo desde 1844 estaba representada en el Santuario levítico por el servicio anual que se realizaba en el Lugar Santísimo.

1. Intercesión para perdonar. Es verdad que en 1844 Cristo entró en el Lugar Santísimo para iniciar la segunda parte de su ministerio en favor de los pecadores, es decir, el acto de borrar los pecados de los registros celestiales; pero esto no implica que Cristo haya abandonado su obra de perdón y liberación de los pecadores. Por el contrario, así como en el día de la expiación el continuo sacrificio no cesaba, tampoco durante el juicio investigador cesa Cristo su obra de perdonar los pecados. Sólo que desde 1844 Cristo agregó al acto de perdonar los pecados el acto de borrarlos de los registros. Esta idea aparece claramente expresada en el siguiente párrafo:

"Cuando el sumo sacerdote del servicio típico dejaba el Lugar Santo en el día de la expiación, entraba delante de Dios para presentar la sangre de la ofrenda por el pecado en favor de todo Israel, de quienes se arrepentían verdaderamente de sus pecados. Así Cristo solamente ha completado una parte de su obra como nuestro Intercesor, para comenzar otra porción de, su obra, y él todavía presenta su sangre delante del Padre en favor de los pecadores".

2. Intercesión para borrar. Obra de juicio. El acto de borrar incluye necesariamente una obra de juicio (Apoc. 5, 14, 15), pues debe determinarse quién o qué será borrado y quién o qué no será borrado. Con esto ya estamos diciendo qué es lo que se borra: nombres del libro de la vida y pecados del libro de memorias.

Los nombres que se borran del libro de la vida son los de aquellos que, habiendo primero aceptado a Cristo, luego pecaron y se apartaron de él negándolo como sacrificio expiatorio. En Éxodo 32:33 Dios le dice a Moisés: "Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro". Y en Apocalipsis 3:5 se lee: "El que venciere será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida". Esto implica que el que no venciere será borrado del libro de la vida. En todo caso, para determinar quiénes han ganado la victoria por los méritos de la sangre de Cristo y quiénes no la han ganado, se necesita un proceso de juicio: éste es el juicio investigador. En este juicio Cristo borra nombres del libro de la vida y también pecados del libro de memorias.

Los pecados borrados del libro de memorias son aquellos de los cuales sus autores se arrepintieron y recibieron el perdón por los méritos del sacrificio expiatorio de Cristo. La Biblia tiene muchas referencias al hecho de que los pecados serán borrados: En Salmos 51:1 se lee: "Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones", y en el versículo 9 está la frase: "borra todas mis maldades". Nehemías ruega que Dios no cubra su iniquidad de los enemigos de su pueblo y agrega: "ni su pecado sea borrado delante de ti" (Neh. 4: 5). En Isaías 43: 25 Dios se presenta diciendo "yo soy el que borro tus transgresiones", y Pedro ruega a sus oyentes que se arrepientan "para que sean borrados vuestros pecados" (Hech. 3:19).

Según lo que hemos dicho hay una gran diferencia entre el acto de perdonar el pecado y el acto de borrar el pecado. El perdón es algo que puede ser conocido y experimentado por una fe viva en el Señor y elimina el pecado. de la vida del pecador. El acto de borrar el pecado es un proceso legal que elimina el pecado de su registro y que conduce a la eliminación final del pecado en sí.

3. Quiénes son juzgados. Habiendo aclarado que la obra del juicio investigador es esencialmente una tarea en la que se identifica qué nombres deben ser borrados del libro de la vida y a quiénes se les aplica la expiación de Cristo para borrar sus pecados del libro de memorias, debemos ahora establecer qué personas son sometidas a esta clase de juicio. Jaime White, en un artículo titulado "El Juicio", que publicó en la Review and Herald del 29 de enero de 1857, dice que en el mundo hay dos clases de personas: los justos y los pecadores, luego agrega:

"Ambas clases serán juzgadas antes que resuciten de entre los muertos. El juicio investigador de la casa o iglesia de Dios tendrá lugar antes de la primera resurrección y el juicio de los malos tendrá lugar durante los mil años de Apocalipsis 20 y ellos serán resucitados al fin de ese período... El juicio de los justos se realiza mientras Jesús ofrece su sangre para borrar sus pecados".

Según Jaime White, los juzgados en el juicio investigador son los justos o la iglesia de Dios, ya que los malos serán sometidos a juicio después de los mil años. Esta idea concuerda perfectamente con lo expresado por Elena G. de White:

"Así en el gran Día de la Expiación final y del juicio, los únicos casos que se consideran son los de quienes hayan profesado ser hijos de Dios. El juicio de los impíos es obra distinta y se verificará en fecha posterior... y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen el Evangelio?".

Podemos entonces concluir que en el juicio investigador se consideran solamente las vidas de los hijos de Dios que han vivido a través de los siglos y cuyos nombres se encuentran en el libro de la vida. Pero no sólo de los que están muertos, sino también de los que están vivos. Pablo dice a Timoteo: "Los pecados de algunos se ven claramente antes de que ellos vayan a juicio, pero en otros casos los pecados no se ven sino hasta después" (1 Tim. 5: 24, versión Dios Habla Hoy). "Esto es, algunos hombres abren o confiesan sus pecados y van a juicio mientras la sangre de Cristo puede borrarlos y los pecados pueden ser olvidados; mientras que los pecados no confesados, por los cuales no ha habido arrepentimiento, seguirán y estarán en contra del pecador en el gran día del juicio de mil años".

4.¿Cuándo serán juzgados los vivos? Si en el juicio investigador también los justos vivos serán juzgados, nos preguntamos inmediatamente: ¿Cuándo comienza el juicio de los vivos?

La primera respuesta a esta pregunta es, hacia el fin del juicio investigador. Así lo dice Elena G. de White, cuando escribe que "empezando con los que vivieron los primeros en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva, y termina con los vivos". Más aún, tampoco se sabrá cuándo este juicio haya concluido. Así lo expresan las siguientes palabras:

"Cuando quede concluida la obra del juicio investigador, quedará también decidida la suerte de todos para vida o para muerte... Los justos y los impíos continuarán viviendo en la tierra en su estado mortal,... los hombres seguirán plantando y edificando, comiendo y bebiendo, inconscientes todos ellos de que la decisión final e irrevocable ha sido pronunciada en el Santuario celestial".

En cuanto a la fecha de iniciación del juicio de los vivos podemos concluir, entonces, que lo único que sabemos es que los justos vivos son los últimos en ser juzgados. No se sabe cuándo se iniciará el juicio de los vivos, ni cuándo terminará este juicio. Lo que sí sabemos con toda seguridad es que al fin del juicio investigador los pecados de los que hayan perseverado hasta el fin serán borrados de los libros de registros y los nombres de todos los demás -los que no hayan perseverado hasta el fin- serán eliminados del libro de la vida (Exo. 32:32, 33; Apoc. 3:4; 20:12, 15; 22:19).

5. ¿Cuál es la norma del juicio? En el pasaje de la primera epístola de Pedro, donde él hace referencia al juicio investigador, es decir al juicio que comienza "por la casa de Dios" (1 Ped. 4:17), después de afirmar que el fin de todas las cosas está cerca (1 Ped. 4:7) y después de declarar que Dios está preparado para juzgar vivos y muertos (1 Ped. 4:5) continúa: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios" (1 Ped. 4:1l). Esta es la norma de conducta de los que están en el conocimiento de que el juicio comienza por ellos, porque ellos son parte de la "casa de Dios". La norma está expresada en la frase "las palabras de Dios": lógia theou dice el texto griego.

¿Qué son estas lógía? ¿Qué clase de palabras son éstas? Desde luego que tienen que ser palabras que Dios ha pronunciado en forma de normas de conducta, ya que en todo el contexto del juicio en el cual Pedro pronuncia tienen necesariamente ese carácter. La misma palabra lógia es empleada por Esteban en su defensa ante el Sanedrín. El dijo: "Este es aquel Moisés que estuvo en el monte Sinaí y con nuestros padres, y que recibió palabras (iógía) de vida que damos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer" (Hech. 7: 38, 39). Gerhard Kittel, en su famoso diccionario teológico, comentando el significado de este texto dice que se "refiere claramente a la revelación del AT en el Sinaí, especialmente la Torah (o el Decálogo), el cual fue recibido por Moisés".

Las lógia referidas por Pedro como una norma de conducta que debemos observar al preparamos para el juicio de Dios, son las mismas lógia que Esteban dice que Moisés recibió en el Sinaí, es decir "las diez palabras", el Decálogo o ley moral. Este Decálogo es la norma de conducta del juicio investigador.

-SÍNTESIS DE LA DOCTRINA ADVENTISTA DEL JUICIO INVESTIGADOR

La siguiente síntesis de la doctrina adventista del juicio investigador es extraída del libro El Conflicto de los Siglos y se encuentra en la SDA Encyclopedia bajo el título "Investigative Judgment".

1. La obra del juicio investigador y el acto de borrar los pecados serán cumplidos antes de la segunda venida de Cristo.

2. Cristo va al Anciano de días en el cielo al fin de los 2.300 días en 1844. Nuestro gran Sumo Sacerdote entra al Lugar Santísimo y aparece allí ante la presencia de Dios para ocuparse del último acto de su ministerio en favor del hombre: la ejecución del juicio investigador.

3. Jesús aparece como abogado de su pueblo para rogar delante de Dios en favor de él.

4.En el gran día de expiación final y juicio investigador, los únicos casos que se consideran son los del profeso pueblo de Dios.

5. Comenzando con los que vivieron primero sobre la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva y termina con los vivientes.

6.Cada obra del hombre es presentada delante de Dios y es registrada para fidelidad o infidelidad.

7. Los libros de registro del cielo, en los cuales están registrados los nombres y obras de los hombres, están para determinar la decisión del juicio.

8. La ley de Dios es la norma por la cual los caracteres y las vidas de los hombres serán juzgados en el juicio.

9. Todos los que verdaderamente se hayan arrepentido del pecado, y por fe hayan reclamado la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, tendrán anotado el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo. A medida que hayan llegado a ser participantes de la justicia de Cristo y sus caracteres hayan sido encontrados en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán perdonados y ellos serán considerados dignos de la vida eterna.

10.Cualquiera que mantenga pecados de los cuales no se haya arrepentido y sin perdón en los libros de registro, su nombre será eliminado del libro de la vida y las buenas obras que estén en sus registros serán borradas del libro de memorias de Dios.

11. Cuando termine la obra del juicio investigador se habrá decidido el destino de todos para vida o para muerte.

12. Cuando termine el juicio investigador, Cristo vendrá y su recompensa estará con él para dar a cada uno conforme a sus obras.

-CONCLUSIÓN

A modo de conclusión de este estudio sobre la obra de Cristo en el juicio investigador mencionaremos los siguientes puntos:

1. La obra especifica que Cristo está cumpliendo en el juicio investigador tiene relación con los santos que han existido en toda la historia del mundo desde Adán. Nada tiene que ver esta obra de juicio con los impíos, quienes serán juzgados durante los mil años de Apocalipsis 20.

2. El juicio investigador es una obra de intercesión semejante a la que el sumo sacerdote realizaba en el Lugar Santísimo el día de la expiación. Tiene por objeto determinar quiénes permanecerán en el libro de la vida y quiénes no, lo cual se decide al determinar las personas cuyos pecados son borrados del libro de memorias porque han aceptado la sangre expiatoria de Cristo en la cruz.

3. La obra principal de Cristo durante este juicio investigador es, entonces, el acto de borrar los pecados de los que han perseverado hasta el fin y han permanecido bajo los méritos de la sangre de Cristo hasta su último día de existencia.

4. La actividad de Cristo de borrar los pecados de los registros no excluye su intercesión para perdón de los pecadores que en el Santuario estaba representada por el servicio diario, ya que Cristo sigue perdonando pecados y lo hará hasta el momento de pronunciar el decreto final de Apocalipsis 22:11.

5. La eliminación final del pecado de sobre la tierra será realizada cuando Cristo demande de Satanás el pago por su responsabilidad en la existencia del pecado. Al modo como el macho cabrío para Azazel era castigado con la muerte en el desierto, Satanás será castigado al fin porque como instigador del pecado de cada individuo, y como creador del pecado en el universo, tiene una responsabilidad cuya culpa Cristo no expió en la cruz. Cristo sólo expió la parte de responsabilidad y culpabilidad que el hombre tiene en el pecado, especialmente esto es real en el caso de quienes lo han aceptado y que por el arrepentimiento han alcanzado el perdón por los méritos de la sangre de Cristo.

6. Cuando el juicio investigador concluya, después de haber decidido los casos de todos los justos comenzando por los muertos y terminando por los vivos, Cristo habrá borrado todos los pecados de sus hijos de los registros celestiales y por esta obra quedarán delante de Dios como si nunca hubiesen pecado. Listos para ir a vivir con él para siempre en el reino eterno que Cristo Jesús establecerá de acuerdo con sus promesas


Fuente: Ministerio Sello de Dios
Autor: Dr. Mario Veloso. Ex secretario de la Asociación General. Oriundo de Chile, es Doctor en Teología (Universidad del Salvador, Buenos Aires), Magister en Historia y Divinidades (Andrews University, USA). Fundador del Seminario Latinoamericano de Teología (SALT). Es autor de más de 20 libros. Ha enseñado en Chile, Argentina, Brasil, Perú, México, Filipinas, Rusia, Ucrania, Georgia y EE.UU.

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