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jueves, 28 de julio de 2011

El sermón apocalíptico de Mateo 24. Por Alberto Treiyer

Introducción

Las palabras tan contrastantes de Jesús sobre el templo de Dios y su ciudad culminaban, en cierta forma para el Israel antiguo, los tantos anuncios proféticos que desde la antigüedad Dios había enviado acerca del “día del Señor”. Ese día de juicio los profetas lo anticiparon para con las ciudades de sus días, cuyos pecados llegaban a un punto que rebasaban la paciencia divina. Sus ruinas fueron microcosmos ilustrativos del juicio que tendría lugar, en el fin del mundo, en el macrocosmos global y planetario, cuando los mismos pecados que las habían causado pasasen a ser la nota tónica del mundo entero.


Esto entendían también los discípulos del Señor. Al ser testigos de la venida del Mesías prometido, pensaban que si había todavía un día del Señor para volver a destruir Jerusalén, debía ser el mismo día que traería a Jesús de los cielos para terminar con este mundo de pecado. Por eso le preguntaron, momentos más tarde, “¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mat 24:3). Y cuando más tarde Jesús ascendió a los cielos, confirmando su promesa de volver, volvieron a preguntarle: ‘¿Restituirás el reino a Israel en este tiempo?” (Hech 1:6).

1. Microcosmos del fin

Este es el título de un artículo reciente que escribí, por pedido, para la revista Vida Feliz. Allí vinculo la destrucción de las torres gemelas con las predicciones del Espíritu de Profecía. También, por analogía, con la introducción al sermón profético de Jesús y otras profecías que anunciaron la destrucción de algunas ciudades impías del mundo antiguo, incluyendo la vieja Jerusalén.

“‘Maestro, mira qué piedras y qué edificios (Mar 13:1 [Luc 21:5: “adornado de hermosas piedras y dones”]), atinó a decirle uno de ellos. Pero los sentimientos del Señor estaban muy lejos de la vanagloria humana que tanto agrada a los mortales. Para sorpresa de todos, Jesús le respondió: “‘¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada’” (Mat 13:1-2).

¿En qué consistía el “día del Señor”, según los antiguos profetas? En un día amargo, de ira (Ez 22:24; Lam 2:22), de angustia (Isa 13:6ss; 19:16; Jer 30:5-7; Joel 1:16; Abd 12-15), de castigo, venganza, ruina y desolación (Isa 34:8; 63:4; Jer 46:10; 47:4; 50:27-28), de tinieblas y oscuridad (Eze 30:2-3), “de guerra contra las ciudades fuertes y las altas torres” (Sof 1:14-15; Am 5:18-20). ¿Qué es lo que Dios castigaba en aquellos prototipos pequeños del día final?

Ese día del Eterno, según Isaías, debía abatir “la altivez de los ojos del hombre”, y humillar “la soberbia de los hombres”, para que sólo el Señor fuese exaltado (Isa 2:11-12; 14:12-13; Jer 50:29-32). De allí que la destrucción apuntaba mayormente a los símbolos de la arrogancia humana tal como se veían patentados “sobre toda torre alta, y sobre toda muralla fortificada” de sus ciudades (Isa 2:15). ¡Cuán vanos resultaban entonces tales escudos humanos detrás de los cuales procuraban parapetarse, sin buscar refugio en el único lugar seguro que Dios ofrece! (Sal 27:5; 31:19-23; 36:7-8; 91).

A lo largo de los siglos Dios usó el mismo método para referirse al fin del mundo a través de juicios locales y correspondientes a una sola nación o ciudad. La caída del “ícono máximo del capitalismo mundial” (Clarín, 17 de octubre, 2001), tampoco fue el fin, sino un preludio o anticipación del fin. Fuera del diluvio universal y del fuego final, no hay ningún macrocosmos que hubiese estado predicho a través de los microcosmos de los pueblos antiguos. Desde ese pequeño mundo palestino al que le estaba llegando también su hora, Jesús quería llevar a sus discípulos a realidades universales.

2. Hacia el macrocosmos

Siempre hubo guerras, pestes, hambres y terremotos (Mat 24:6-7). Pero cuando tales tragedias típicas de un mundo en pecado se multiplicasen y adquiriesen dimensiones universales, entonces sabríamos que el fin estaría cerca (v. 6úp,8). ¿Cómo sabemos que estas palabras de Jesús se cumplen hoy? No es necesario bautizar el siglo que pasó con nombres nuevos, ya que todos, crédulos e incrédulos cuentan la tragedia de dos guerras mundiales, lo que no ha sido sino “principio de dolores” en relación con los sucesos finales.

Desde un mismo principio los discípulos del Señor tuvieron que padecer persecución, pero el aborrecimiento del cual se harían objeto por llevar el Nombre de Cristo sería universal (v. 9), como universal debía ser también la predicación del evangelio (v. 14). Hoy estamos llevando el Nombre de Cristo “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc 14:6), pero “la ira de las naciones” (Apoc 11:18) está todavía contenida (Apoc 7:1-3), esperando ser suelta para la última tribulación (Apoc 12:17).

Entonces vendrá el fin, “y todas las naciones de la tierra se lamentarán”, mientras que el Señor enviará a sus ángeles para juntar “a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat 24:30-31). Sí, el relámpago que ilustra la naturaleza visible de la venida del Señor no se mostraría en Jerusalén ni en el pequeño mundo de Judea, ni “en las cámaras” o lugares cerrados y ocultos (v. 23,26), sino en una dimensión mundial, “del oriente al occidente” (v. 27). Ya que todos estarían entonces confrontados con el segundo y último macrocosmos de destrucción del planeta, equivalente en su proyección de inmoralidad y castigo universales al primero (Mat 24:37-39). Por esa misma razón, el juicio final no estaría confinado a Jerusalén, Roma o algún otro lugar, sino que comprendería a “todas las naciones” (Mat 25:32).

Siempre hubo engaño en materia religiosa. Falsos cristos, falsos profetas (v. 4-5,11), a quienes el diablo engaña para que engañen. Pero ese tipo de engaño se multiplicaría en forma especial en la época del fin (v. 11), con manifestaciones de engaño mayores que lo común que sacudirían, inclusive, a los mismos escogidos (v. 24; 2 Tes 2:9-12). Libre de los prejuicios y limitaciones nacionalistas que compartió con los demás discípulos al principio, Juan puede describir 60 años más tarde la extensión universal de ese engaño, advirtiendo que abarcaría a “los habitantes de la tierra” (Apoc 13:14), y a los gobernantes “de todo el mundo” (Apoc 16:13-14).

3. La “abominación asoladora” (Mat 24:15)

Volviendo al microcosmos que preocupaba especialmente a sus discípulos, Jesús les anticipó que la imposición de los estandartes idolátricos paganos sobre el predio contiguo al templo, algo abominable para los judíos, sería la señal que permitiría a los cristianos saber exactamente cuándo debían abandonar no sólo Jerusalén, sino también las regiones circundantes (Mat 24:16-18). En su huída debían evitar ser atrapados por sus compromisos comerciales o sociales (véase Luc 21:34-36), no fuese que les pasase lo que le pasó a la mujer de Lot (Luc 17:32-33). Siendo que no debían preocuparse por salvar lo que pudiesen de sus pertenencias (v. 17-18), el Señor les aconsejó orar para que su huída no se diese ni en sábado ni en invierno (v. 20).

Pero, ¿a cuál de las abominaciones mencionadas por Daniel se refirió Jesús? Siendo que Dan 11:31 y 12:11 rinden “abominación” en singular, como en Mat 24:16, algunos han pensado que Jesús se refirió a uno de esos dos pasajes, o a ambos. El contexto de la destrucción del templo literal de Jerusalén tiene que ver, sin embargo, con Dan 9:26-27. Después de la última semana profética que correspondía a los judíos (v. 24), después de la muerte de su Mesías a la mitad de esa semana en que el sacrificio regular perdería toda validez celestial (v. 25-26), vendría el asolador que traería las “abominaciones” hasta que la ruina decidida cayese sobre el asolador (v. 27). Es obvio que esas “abominaciones” se refieren no sólo a la invasión romana que destruyó el templo, sino también a la otra que vendría después sobre el pueblo del nuevo pacto bajo la Roma cristiana apóstata.

Captando, sin duda, que algunos podrían confundirse con respecto a las dos diferentes abominaciones de las que habló Daniel, Jesús agregó: “el que lee, entienda”. Siendo que esa expresión la usó el Señor cuando habló en parábolas (Mat 15:10,15-17; Mar 7:14-18), uno podría inferir que al señalar la abominación sobre la Jerusalén terrenal, el Señor quiso que se la entendiese como parábola o símbolo de la abominación que sería puesta en medio de la iglesia cristiana, tal como las otras dos declaraciones de Daniel lo habían anticipado (11:31; 12:11; véase 2 Tes 2:3-4). Esa abominación, desde que fuese implantada en forma oficial en el cristianismo, duraría 1290 días-años y causaría una tribulación que se extendería por 1260 días-años (Dan 7:25; Apoc 11:2-3; 11:6,14; 13:5). Véase A. R. Treiyer, The Day of Atonement. From the Pentateuch to Revelation (Siloam Springs, 1992), 339-346.

Captando la similitud de los dos eventos, el de la Roma pagana sobre la Jerusalén terrenal y el de la Roma papal sobre la Jerusalén espiritual (Apoc 11:2), varios intérpretes han visto también en Dan 11:31, durante la mayor parte del S. XX, esa doble dimensión. Sin embargo, hacia fines del S. XX, como resultado de estudios sobre hermenéutica (interpretación) bíblica, nuestros teólogos pudieron distinguir entre las profecías condicionales que pueden tener una doble dimensión, y las profecías apocalípticas que no son condicionales y que, por consiguiente, no dan margen a una doble o triple interpretación. Dan 11:31 y 12:11 son vistos (como antes, pero ahora en forma exclusiva como algunos también los habían visto antes), como referencia a la Roma medieval, la única que fue enmarcada con fechas proféticas (Dan 7:25; 12:11; Apoc 11:2-3; 14:6,14; 13:5).

En el sermón profético de Jesús, sin embargo, no hay fechas proféticas. Su visión apocalíptica fue adaptada a la comprensión de sus discípulos, con el propósito de llevarlos del microcosmos de sus días al macrocosmos del fin.

“Mezcló la descripción de estos dos acontecimientos... Por misericordia hacia ellos, fusionó la descripción de las dos grandes crisis, dejando a los discípulos estudiar por sí mismos el significado. Cuando se refirió a la destrucción de Jerusalén, sus palabras proféticas llegaron más allá de este acontecimiento hasta la conflagración final de aquel día en que el Señor se levantará de su lugar para castigar al mundo por su iniquidad... Este discurso entero no fue dado solamente para los discípulos, sino también para aquellos que iban a vivir en medio de las últimas escenas de la historia de esta tierra”, DTG, 566-567.

En base a este hecho, y sin negar que el día ni la hora nadie lo sabe de su venida, sino sólo Dios en su sola potestad, se ha sugerido recientemente que la época de su venida se dará, no importa el año en que Dios escoja, en el otoño del cono norte. Si es que el clamor de su pueblo porque la huída no sea ni en sábado ni en invierno, es tenido en cuenta por el Señor como lo fue en ocasión de la destrucción de Jerusalén, no podría tratarse del verano del cono norte porque, en ese caso, en el sur sería invierno. En un mundo global, quedan como opciones la primavera y el otoño. Y siendo que el otoño corresponde a la época de las fiestas finales, se lo ha sugerido como la época más probable de su venida. (A. Lista, El Retorno de Jesús y el Ritual Judío [Bs.As., 1999]).

4. La “gran tribulación” (Mat 24:21,29)

El hecho de que algunos eventos estuviesen fusionados en el discurso de Jesús, no significa que su discurso careciese de orden. Cristo anunció entonces “algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del mundo y de la iglesia desde su primer advenimiento hasta su segundo; a saber, la destrucción de Jerusaén, la gran tribulación de la iglesia bajo las persecuciones paganas y papales, el obscurecimiento del sol y de la luna, y la caída de las estrellas. Después, habló de su venida...”, Conflicto de los Siglos, 444. Correspondía ir, sin embargo, a las profecías de Daniel y Apocalipsis para determinar a cuál de esas dos tribulaciones, la pagana y la papal, se refirieron mediante fechas proféticas.

Después de describir la destrucción de Jerusalén, Jesús pasa a referirse a la “gran tribulación” medieval que llevó a los papas a exterminar a millones de personas que se le opusieron a lo largo de los siglos.

“Entre estos dos acontecimientos [la destrucción de Jerusalén y la 2da. Venida], estaban abiertos a la vista de Cristo largos siglos de tinieblas, siglos que para su iglesia estarían marcados con sangre, lágrimas y agonía. Los discípulos no podían entonces soportar la visión de estas escenas, y Jesús las pasó con una breve mención. ‘Habrá entonces grande aflicción [tribulación]—dijo—cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será... Durante más de mil años iba a imperar contra los seguidores de Cristo una persecución como el mundo nunca la había conocido antes. Millones y millones de sus fieles testigos iban a ser muertos...”, Deseado de todas las Gentes, 584.

De un autor católico moderno leemos la siguiente confesión: “Comparado con la persecución” medieval, “la persecución de los cristianos por los romanos en los primeros tres siglos después de Cristo fue un procedimiento suave y humano... Debemos colocar la Inquisición... entre las más oscuras manchas en el registro de la humanidad, pues revela una ferocidad desconocida en ninguna bestia”. “La crueldad y la brutalidad fueron aparentemente más frecuentes en la Edad Media que en ninguna civilización antes de la nuestra”, W. Duran, The Age of Faith, 784, 829.

Tres tribulaciones apocalípticas

Tanto Daniel como Juan en el Apocalipsis hablaron de tres tribulaciones que tendrían que ver con Roma en su fase pagana (primera) y papal (las dos restantes). De la persecución romana de los césares paganos se refirió Juan en Apoc 1:9, cuando se consideró a sí mismo compañero “en la tribulación” de los miles de cristianos que sufrían bajo el yugo imperial. También se refirió Jesús a esa tribulación que sufrieron los apóstoles bajo el poder opresor de Roma y de las naciones que gobernaban bajo su autoridad en Mat 24:9-10. De la segunda tribulación, la que está enmarcada en fechas cuyo cumplimiento histórico está confirmado en forma asombrosa, se refirió Jesús más específicamente como “gran tribulación”.

Daniel habló del poder intolerante que la causó, el papado romano, en términos de duración que se extendería por “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” (7:25; 12:6-7), es decir, por 1260 días-años, según la confirmación adicional de Juan (Apoc 11:2-3; 12:6,14; 13:5).

En referencia a los sucesos del tiempo del fin que se verían enmarcados por el juicio investigador previo, el aumento de la ciencia, la angustia o tribulación final y la liberación del pueblo de Dios (Dan 12:1-4), uno de los ángeles preguntó al varón vestido con el ropaje sacerdotal del Día de la Expiación: “¿Cuándo se cumplirán estas cosas extraordinarias?” (v. 5-6). La palabra “cosas extraordinarias” o “maravillas” es la traducción de la raíz hebrea pele’, fácil de recordar por el mundo del deporte debido a un jugador famoso a quien apodaron con una pronunciación equivalente. Aparece 16 veces en la Biblia hebrea, y se refiere a cosas maravillosas o sorprendentes no sólo desde una perspectiva positiva, sino también, y a menudo, negativa. Así, se describen los juicios de Dios mediante ese término que se dan, por ejemplo, con la destrucción de una ciudad o de un imperio (Ex 15:11; Isa 25:1-2), o mediante “un prodigio grande y espantoso” (Isa 29:14). La justicia de Dios revelada en tales juicios es algo extraordinario también (Sal 88:12 [13]).

“Todo eso” [kol ’eleh], referente a todo lo que ocurriría en el “tiempo del fin”, “se cumplirá” según escuchó Daniel, “cuando se acabe de quebrantar el poder del pueblo santo”, luego de “un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo” (Dan 12:7). En otras palabras, eso tendría lugar luego de la “gran tribulación”. Pero entonces Daniel intervino y preguntó: “Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas [’eleh]? (v. 8). Se le respondió que su comprensión estaba sellada para “el tiempo del fin”.

Nuevamente el ángel le refiere la gran tribulación que purificaría mediante el horno de la aflicción a los que pasasen por ella (v. 10; cf. 11:35; Apoc 6:9-11). 1290 días-años duraría la “abominación asoladora” y el quitamiento del “continuo” (v. 11), todo lo cual precedería al juicio final. “Feliz el que espere y llegue” al día en que en el cielo se iniciase el juicio investigador, al cabo de 1335 días-años, cuyo propósito sería vindicar a los santos y darles el reino (v. 12). También Daniel se levantaría entonces, luego de ese juicio, “para recibir” su “herencia” (v. 13; cf. 7:22).

Interpretaciones futuristas que tienden a confundir

En años recientes, algunos han querido vincular los 1290 días-años y los 1335 días-años de Daniel 12:11-12 con el fin del tiempo de gracia y la 2da. Venida de Cristo o algo relacionado con esos eventos finales. Para ello han interpretado los días en forma literal, sin relación con años. Pero esa interpretación carece de consistencia porque se contradice con el principio bíblico de “día por año” para las profecías apocalípticas, claramente confirmado por la exégesis bíblica así como por su cumplimiento histórico.

Por otro lado, las profecías fechadas no tienen doble cumplimiento, en relación con épocas distintas. Los 400 años de cautividad israelita en Egipto no volvieron a cumplirse. Los 70 años de cautividad en Babilonia tampoco volvieron a cumplirse. Las 70 semanas de Dan 9 no volverán a tener cumplimiento. Tampoco los 1260, 1290, 1335 y 2300 días-años que ya se cumplieron en la historia y no debe esperarse un doble cumplimiento para el futuro. Los que en nuestras filas han intentado poner para el futuro lo que ya se cumplió, se basan en una declaración del Espíritu de Profecía sin tener en cuenta las numerosas declaraciones que dió para negar que habría un espacio enmarcado en tiempo que se daría luego de 1844 (véase Apoc 10:7).

La cita del Espíritu de Profecía que ha sido utilizada se refiere a la tribulación final (la tercera si seguimos la relación con Roma, ahora en su fase papal y última).

“Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de esta nación [los EE.UU], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas”, Maranata, 178.

Que tanto los estandartes romanos idólatras en tierra santa como la imposición de un falso día de reposo que no honra a Dios conforme a lo que él indicó en sus mandamientos sean una “abominación”, aunque ella no lo mencione aquí, no es algo que necesite discutirse. Pero, ¿hay algo que nos permita vincular esta declaración suya con el período de abominación mencionado en Dan 12:11? De ninguna manera. Para hacerlo, tendríamos que pasar por encima de muchas otras declaraciones suyas que fueron terminantes con respecto a algún tipo de fecha futura.

Nuestra interpretación de Apoc 10:7 sigue en pie. El pasaje no dice que el tiempo seria corto, según algunas versiones han tratado de traducirlo, sino que "el tiempo [profético] no será más".

"Este tiempo, que el Angel declara con un solemne juramento, no es el fin de la historia de este mundo, ni del tiempo de prueba, sino del tiempo profético que debía preceder a la venida del Señor. Esto es, la gente no tendrá otro mensaje sobre tiempo definido (Apoc 10:4-6). Después de este periodo de tiempo que llega de 1842 a 1844, no puede haber una delineación definida de tiempo profético. El recuento más largo llega al Otoño de 1844," Ms 59, 1900.

"Al Señor le había placido mostrarme que no habría tiempo definido en el mensaje dado por Dios desde 1844," 2MS: 83 (1885).

"Nuestra posición ha sido de esperar y velar, con ninguna proclamación de tiempo entre el cierre de los periodos proféticos en 1844 y el tiempo de la venida del Señor". 10MR:270 (1888).

Con este contexto tan claro, no se puede entender de otra manera una cita del Espíritu de Profecía que tiene que ver con la respuesta de ella a un hombre que la acusaba de varias cosas. Dijo que "le hablamos a él de algunos de sus errores en el pasado, que los 1335 días habían terminado y [le dijimos] muchos de sus errores," París, Maine, 27 de Noviembre de 1850.

"Algunos tomarán la verdad que se aplica a su tiempo y la colocarán en el futuro. Acontecimientos de la secuencia profética que se han cumplido en el pasado son colocados en el futuro, y así es como, a causa de esas teorías, se debilita la fe de algunas personas. Según las instrucciones que al Señor le ha complacido darme, Ud. esta en peligro de llevar a cabo la misma obra al presentar a otros verdades que ya tuvieron su lugar y realizaron su obra especifica para ese tiempo en la historia de la fe del pueblo de Dios. Ud. acepta como verdaderos estos hechos de la historia bíblica, pero los aplica al futuro. Todavía mantienen su fuerza en su lugar debido en la cadena de los acontecimientos que nos han convertido en el pueblo que hoy somos, y como tales deben presentarse a los que moran en las tinieblas del error," 2 MS: 117-118.

5. Las señales estelares de la cercanía del fin.

La tendencia al futurismo—que se manifiesta en procurar empujar hacia adelante lo que ya se cumplió—en relación con la “gran tribulación” medieval a la que se refirió Jesús, conduce a otro problema que algunos han querido también introducir en nuestra iglesia, ya tocando los bordes del tercer milenio. Si la tribulación a la que se refirió Jesús es la final que se da al concluir el juicio celestial (Dan 12:1), no la que debía preceder a su inicio, entonces el gran terremoto de Lisboa en 1755, el día oscuro en 1780, y la caída de las estrellas en 1833, todos precediendo al juicio que comienza en el cielo en 1844 (Dan 8:14), no tuvieron nada que ver con lo que anunció el Señor y lo confirmó en el sexto sello en el Apocalipsis (Apoc 6:12-13). ¿En qué quedaría la historia de nuestra Iglesia, bajo una interpretación tal? Cualquiera puede imaginárselo.

Es cierto que en el Antiguo Testamento Dios dio señales estelares en relación con los microcosmos del fin (Joel 2:30-31). La destrucción de Jerusalén en el año 70 fue precedida también por señales estelares macabras que presagiaban el fin.

“Aparecieron muchas señales y maravillas como síntomas precursores del desastre y de la condenación. A la medianoche una luz extraña brillaba sobre el templo y el altar. En las nubes, a la puesta del sol, se veían como carros y hombres de guerra que se reunían para la batalla... Temblaba la tierra...”, CS, 32-33.

El anuncio de Jesús, así como el que confirmó a Juan, debía darse luego de la “gran tribulación” del quinto sello (Mat 24:21,29; Apoc 6:9-10). Aunque el período de tribulación culminaba, según Daniel y Juan, en 1798 (1260 días-años), con el juicio al papado romano cuyo poder político recibió un golpe mortal (Apoc 13:3), la tribulación o persecución o angustia que había causado el papado romano durante tanto tiempo había sido acortada por misericordia divina. Inmediatamente después de esa persecución que fue acortada antes de recibir su golpe mortal, se darían las señales estelares.

“La persecución contra la iglesia no continuó durante todos los 1260 años. Dios, usando de misericordia con su pueblo, acortó el tiempo de tan horribles pruebas. Al predecir la ‘gran tribulación’ que había de venir sobre la iglesia, el Salvador había dicho: ‘Si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados’ (Mat 24:22). Debido a la influencia de los acontecimientos relacionados con la Reforma, las persecuciones cesaron antes del año 1798”, CS, 309-310.

“Después de describir el largo período de prueba por el que debía pasar la iglesia, es decir, los 1260 años de la persecución papal, acerca de los cuales había prometido que la tribulación sería acortada, el Salvador mencionó en las siguientes palabras ciertos acontecimientos que debían preceder su venida y fijó además el tiempo en que se realizaría el primero de estos” (cita Mar 13:24). Los 1260 días, o años, terminaron en 1798. La persecución había concluído casi por completo desde hacía casi un cuarto de siglo. Después de esta persecución, según las palabras de Cristo, el sol debía obscurecerse”, CS, 351.

¿Debía el terremoto del sexto sello considerárselo como el más grande de la historia? En absoluto. Una de las señales de la cercanía del fin tendría que ver con un incremento de “terremotos en diversos lugares” (Mat 24:7). Pero uno de ellos, descripto como “un gran terremoto” (Apoc 6:12), daría inicio a las señales relativas al “tiempo del fin”. Ninguno de los terremotos que se dieron en China o en la India fueron seguidos por el oscurecimiento de un día y la lluvia de meteoros predicha. Las señales debían ser enviadas a los discípulos del Señor, es decir, a quienes iban a entenderlas, en el mundo cristiano.

Lo mismo puede decirse del oscurecimiento del sol, cuya causa no se conoce plenamente aún. No hay testimonios históricos de incendios de bosques que se hubiesen dado en el lugar del oscurecimiento, de tal magnitud como para abarcar tanto territorio como el que presenció ese evento. Tampoco debía esperarse que la lluvia de meteoros fuese causada por eventos sobrenaturales, ni tampoco debía esperarse que no volviesen a repetirse. Claro está, el orden de los eventos y el efecto causado no iban a ser igualados.

Según el Apocalipsis, habría un terremoto final que destruiría todas las obras de los hombres, en la última plaga, sepultaría islas y barrería con todas las montañas (Apoc 6:14; 16:18-20). Es el mismo terremoto final que cierra todas las series apocalípticas, no el que las inicia (Apoc 8:5; 11:19; 16:18-20). No se daría como señal precursora para que levantemos nuestras cabezas, sabiendo que nuestra “redención está cerca” (Luc 21:28). Tendría lugar en el mismo fin, luego que el cielo se enrollase (o corriese) “como un pergamino” para que desde la tierra pudiese verse venir al Señor en toda su gloria (Apoc 6:14), y los impíos clamasen a los montes y a las rocas que caigan sobre ellos, algo que el Señor cumplirá (v. 15-16).

En otras palabras, ninguna otra señal cósmica del Apocalipsis reservada para el fin mismo, puede relacionársela con las preliminares que aparecen al iniciarse el 5to. sello, luego de la gran tribulación medieval de la que advirtió Jesús en su sermón profético. Con respecto a la serie de eventos cataclísmicos que concluirían cada serie, el Espíritu de Profecía los ubicó en el fin también, no como señal precursora, sino como culminación de las séptuples series proféticas del Apocalipsis.

“Una crisis había llegado en el gobierno de Dios. La tierra estaba llena de transgresión. Las voces de los que habían sido sacrificados a la envidia y odio humanos estaban clamando bajo el altar por retribución [referencia al 5to. sello]. Todo el cielo estaba preparado para ir, a la voz de Dios, en socorro de sus elegidos. Una palabra de él, y los relámpagos del cielo habrían caído sobre la tierra, llenandola con fuego y llamas. Pero Dios tenía que hablar, y habrían habido truenos y relámpagos y terremotos y destrucción”, en RH, 5, 7-17-1900.

Contrastes entre la tribulación medieval y la final.

Llama la atención a la manera en que Jesús se refirió a la tribulación medieval. Por su extensión y crueldad, algo confirmado en la historia humana, según ya vimos, esa tribulación sería única, “como nunca hubo desde el principio del mundo, ni habrá después” (Mat 24:21). Daniel se refirió con términos equivalentes, sin embargo, a la tribulación final que será corta, y en donde los poderes de este mundo no podrán prevalecer como sucedió durante la gran tribulación medieval (Dan 7:25; Apoc 13:7). “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran Príncipe que se pone de pie por tu pueblo. Y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces. Pero en ese tiempo será librado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro” (Dan 12:1).

Es indudable que esa tribulación que sucede al juicio y a las señales del fin, es también única pero por motivos diferentes. Es la tribulación que se dará no sólo porque los redimidos de la última generación tendrán que permanecer en pie ante los poderes de este mundo que procurarán destruirlos a menos que una marca les sea impuesta (Apoc 13:4,15-17), sino también por tener que permanecer en pie ante la ira del Cordero, con el fallo de la corte celestial ya tomado y en espera a conocer su resultado (Apoc 6:17-18; 14:9-12).

Conclusión

¿Cuántas señales quedan por cumplirse para que venga el Señor? ¡Casi todas se han cumplido! Sin embargo, los vientos de las pasiones humanas, de la persecución o tribulación final, siguen contenidas (Apoc 7:1-2). La tormenta está lista para estallar. Pero por misericordia a quienes deben ser sellados, Dios sigue estirando el tiempo de oportunidad (v. 3). ¡Cuánta paciencia divina! ¡Cuánta misericordia!

La última señal que se dará antes que expire el tiempo de gracia será la imposición de la “marca de la bestia” (Apoc 13:15-18). La siguiente tendrá que ver con la primera plaga del Apocalipsis. Y la última señal que se dará del fin mismo será la nube que envuelve al Salvador.

“Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de obscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre”, Conflicto de los Siglos, 698.





Fuente: Mensajes Distintivos Adventistas
Autor: Dr. Alberto Treiyer. Teólogo e investigador sobre los mensajes bíblicos y proféticos distintivos que Dios nos dio para este tiempo.
B.A., Colegio Adventista del Plata, E. R., Argentina, M.Div. y D.Theol., Universidad de Estrasburgo, Francia.
Nota: originalmente publicado el 23 de diciembre de 2008 en esta misma sección de Ojo Adventista




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jueves, 3 de septiembre de 2009

Los 1290 y los 1335 días de Daniel 12. Por Alberto R. Timm

La interpretación de los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 respectivamente como 1.290 y 1.335 años se puede encontrar ya entre los expositores judíos del siglo VIII d. JC. Esa interpretación, que se basa en el principio del día-año (véase Núm. 14:34 y Eze. 4:6, 7), continuó siendo defendida por los seguidores de Joaquín de Fiore (1130-1202), como asimismo por varios otros expositores durante el período anterior a la Reforma y la Reforma misma, y fue incorporada a la tradición protestante posterior a ella.1

Guillermo Miller (1782-1849), por su parte, creía (1) que tanto los 1.290 como los 1.335 años habían comenzado en el año 508, cuando Clodoveo obtuvo su victoria sobre los ostrogodos arrianos, paso decisivo en la unión de los poderes político y eclesiástico para castigar a los "herejes" por parte del catolicismo medioeval; (2) que los 1.290 años se habían cumplido en 1798, con la detención del papa Pío VI por parte del ejército francés; y (3) que los 1.335 años se extendieron otros 45 años más hasta la conclusión de los 2.300 años de Daniel 8:14 en 1843/1844.2 Los primeros adventistas observadores del sábado conservaron esa interpretación, 3 y así se convirtió en la posición histórica de la Iglesia Adventista hasta el día de hoy.4

No obstante, en años recientes algunos predicadores independientes han comenzado a propagar una "nueva luz" acerca de los 1.290 y 1.335 días de Daniel 12. Apartándose de la tradicional interpretación adventista, esas personas alegan que ambos períodos constituyen días "literales" (y no días que representan "años") que deben cumplirse todavía en el futuro. Algunos de ellos sugieren que los dos períodos comenzarán con el futuro decreto dominical; que los 1.290 días "literales" es el período reservado para que el pueblo de Dios salga de las ciudades; y que al final de los 1.335 días "literales" se oirá la voz de Dios que anunciará "el día y la hora" del regreso de Cristo.5

Por más interesantes que puedan parecer estas teorías, existen por lo menos cinco razones básicas que nos impiden aceptarlas.

1. Esta teoría se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía.

Uno de los argumentos empleados para justificar el cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días es la falsa suposición de que Elena de White consideraba erróneo el concepto de que los 1.335 días se habían cumplido en el pasado. Se menciona su carta "a la iglesia que está en la casa del Hno. Hastings", con fecha del 7 de noviembre de 1850, en la que se mencionan algunos problemas relacionados con el Hno. O. Hewit, de Dead River. En el texto original en inglés de esa carta aparece la siguiente declaración: "We told him of some of his errors of the past, that the 1335 days were ended and numerous errors of his".6

Esta sentencia se debería traducir sencillamente de la siguiente manera: "Le mencionamos algunos de sus errores del pasado, que los 1.335 días se habían cumplido y muchos de sus errores". Pero algunos de los defensores de la "nueva luz" profética prefieren reemplazar la conjunción "que" ("that" en inglés) por la expresión "tales como" ("such as" en inglés), con lo que se altera el sentido del texto. De esta manera intentan conseguir que la sentencia diga que entre los errores defendidos por Hewit se encontraba la idea de que "los 1.335 días se habían cumplido".

Si la intención de la Hna. White consistía realmente en corregir al Hno. Hewit por creer que los 1.335 días ya se habían cumplido, surgen una cantidad de interrogantes: ¿Por qué Elena de White se limitó a corregir en 1850 en forma parcial y tendenciosa lo que habría sido sólo una posición personal de este hermano, sin dirigir la más mínima reprensión a los demás dirigentes del movimiento adventista que también creían que ese período profético ya se había cumplido en
1844? ¿Por qué no reprendió a su propio esposo (Jaime White) por afirmar en la Review, en 1857, que "los 1.335 días terminaron junto con los 2.300, con el clamor de media noche en 1844"?7 ¿Por qué no lo reprendió por seguir publicando en la Review diversos artículos de otros autores que defendían la misma idea?8 Más aún, ¿cómo podría haber declarado Elena de White en 1891 que "el Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, pues éste no será nunca más una prueba",9 si el cumplimiento de los 1.290 y los 1.335 días todavía estuviera en el futuro?

Las evidencias de que Elena de White creía que esos períodos ya se habían cumplido en sus días se pueden encontrar también en declaraciones suyas que se refieren a que Daniel ya estaba por recibir su heredad desde el comienzo del tiempo del fin.10 Creemos, por consiguiente, que el Dr. Gerard Damsteegt, profesor del Seminario Teológico de la Universidad Andrews, estaba en lo cierto al declarar que "ya en 1850 Elena G. de White había escrito que los 1.335 días se habían cumplido, sin especificar el momento de ese cumplimiento".11

2. Esta teoría vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel

Para justificar el supuesto cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días, los abogados de esta "nueva luz" profética alegan sin la menor preocupación que el contenido de Daniel 12:5-13, donde aparecen estos períodos, no forma parte de la cadena profética de Daniel 11. Pero un análisis más detenido del libro de Daniel no confirma esta teoría.

El Dr. William H. Shea aclara que en el libro de Daniel cada período profético (1.260, 1.290, 1.335 y 2.300 días) aparece como un apéndice regulador del cuerpo básico de la profecía que le corresponde. Por ejemplo, la visión del capítulo 7 está descrita en los versículos 1 al 14, pero el tiempo que se relaciona con ella aparece recién en el versículo 25. En el capítulo 8 el cuerpo de la visión se encuentra en los versículos 1 al 12, pero el tiempo correspondiente recién figura en el versículo 14. De la misma manera, los tiempos proféticos relacionados con la visión del capítulo 11 se mencionan en el capítulo 12. 12

Este paralelismo comprueba que los 1.290 días y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 participan de la misma naturaleza profético-apocalíptica que el "tiempo, tiempos y medio tiempo" de Daniel 7:25, y las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14. Por lo tanto, si aplicamos el principio de día por año a los períodos proféticos de Daniel 7 y 8, también lo debemos aplicar a los períodos de Daniel 12, por que todos estos períodos están relacionados de alguna manera entre sí, y la descripción de cada visión indica un solo cumplimiento para el período profético que le corresponde.

Además, la alusión de Daniel 12:11 al "continuo sacrificio" y a la "abominación desoladora", conecta los 1.290 y los 1.335 días no sólo con el contenido de la visión de Daniel 11 (véase Daniel 11:31), sino también con las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14 (véase Dan. 8:13; 9:27). El mismo poder apóstata que establecería la "abominación desoladora" en lugar del "continuo sacrificio" se describe en Daniel 7 y 8 como el "cuerno pequeño", y en Daniel 11 como el "rey del
Norte".

Por lo tanto, la tentativa de interpretar algunos períodos proféticos de Daniel (70 semanas, 2.300 tardes y mañanas) como días que simbolizan años, y otros (1.290 y 1.335 días) como meros días literales, desentona totalmente con el paralelismo profético-literario del libro de Daniel.

3. Esta teoría se basa en una interpretación anti bíblica de la palabra hebrea tamid ("diario", "continuo")

La teoría de que tanto los 1.290 como los 1.335 días comienzan con el futuro decreto dominical, se basa en la suposición de que en Daniel 12:11 las expresiones "continuo sacrificio" y "abominación desoladora" significan respectivamente sábado y domingo. Esa suposición también carece de base bíblica.

La expresión "continuo sacrificio" es la traducción del término hebreo tamid, que significa "diario" o "continuo", al cual se le añadió la palabra "sacrificio" que no aparece en el texto original de Daniel 8:13 y 12:11. Ese término (tamid) se usa en las Escrituras en relación no sólo con el sacrificio diario del santuario terrenal (véase Exo. 29:38, 42) sino también con varios otros aspectos de la ministración permanente de ese santuario (véase Exo. 25:30; 27:20; 28:28, 38; 30:8; 1 Crón. 16:6). En el libro de Daniel el término se refiere, obviamente, al continuo ministerio sacerdotal de Cristo en el santuario/templo celestial (véase Dan. 8:9-14). Ya la expresión "abominación desoladora" implica el amplio sistema de falsificación de ese ministerio, basado en las teorías anti bíblicas de la inmortalidad natural del alma, la mediación de los santos, el confesionario, el sacrificio de la misa, etc.

No podemos estar de acuerdo con la teoría de que en Daniel 12 el "diario" representa el sábado y la "abominación desoladora" el domingo. Para creer esto, tendríamos que vaciar esas expresiones del amplio significado que poseen, dado tanto por el propio contexto bíblico en el cual aparecen, como asimismo por el consenso general de las Escrituras.

4. Esta teoría refleja la interpretación jesuítico futurista de la Contra Reforma católica

Los defensores de la interpretación literal y futurista de los 1.290 y los 1.335 días alegan que su posición es genuinamente adventista y que está plenamente sancionada por el Espíritu de Profecía. Pero si analizamos más detenidamente el asunto a la luz de la historia, descubrimos que esta teoría rechaza el historicismo y el principio del día-año, de tradición protestante, para alinearse abiertamente con el futurismo literalista de la Contra Reforma católica.

Los reformadores protestantes del siglo XVI identificaban el "cuerno pequeño" con el papado, que daría origen a la "abominación desoladora" acerca de la cual habla Daniel.13 Con el propósito de defender al papado de esas acusaciones, el cardenal italiano Roberto Bellarmino (1542-1621), el más capaz y renombrado de todos los polemistas jesuitas, sugirió que el "cuerno pequeño" era solo un rey, y que los 1.260, 1.290 y 1.335 días eran días literales, que se cumplirían recién en el período anterior al fin del mundo.14 De esta manera el papado de aquel tiempo no podría ser identificado más con el "cuerno pequeño" o con el "rey del Norte" y, por consiguiente, no se lo podría responsabilizar de la "abominación desoladora".

Muchos de los defensores contemporáneos de la interpretación futurista de los 1.290 y 1.335 días desconocen la relación que existe entre esa teoría y el futurismo de la Contra Reforma católica. Pero aún así, estos individuos deberían reconocer por lo menos que "esas propuestas futuristas reposan, esencialmente, sobre una comprensión equivocada de los patrones de pensamiento de la poesía hebrea", y que "representan una lectura del idioma hebreo con ojos occidentales".15

5. Esta teoría no toma en cuenta las advertencias del Espíritu de Profecía que se opone a la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

Si esta teoría fuera correcta, con la mera promulgación del decreto dominical ya sabríamos con anticipación cuándo se cerraría la puerta de la gracia y cuándo sería la segunda venida de Cristo. Es, por lo tanto, una forma sutil y capciosa de establecer fechas para los eventos finales. Por más originales y creativas que puedan parecer, esas tentativas no pasan de ser propuestas especulativas, que desconocen e inclusive desprecian, en nombre del Espíritu de Profecía, las propias advertencias del Espíritu de Profecía acerca de este asunto.

Ya en 1850 Elena de White advirtió: "El Señor me mostró que el TIEMPO no ha sido motivo de prueba desde 1844, y que nunca más lo será".16 Posteriormente añadió que "nunca más habrá para el pueblo de Dios un mensaje basado en el tiempo". "El Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, porque el tiempo nunca más será una prueba". "Dios no nos reveló el tiempo cuando este mensaje concluirá, o cuándo terminará el tiempo de gracia".17 Solamente después de la terminación del tiempo de gracia, y poco antes de la Segunda Venida, declarará Dios a los salvos "el día y la hora de la venida de Jesús".18

En su comentario acerca de Apocalipsis 10:6, que según la versión inglesa del rey Jaime reza: "no habrá más tiempo", Elena de White aseveró lo siguiente en 1900: "Este tiempo, que el ángel declaró con solemne juramento, no es el fin de la historia de este mundo, ni del tiempo de prueba, sino del tiempo profético, que debe preceder al advenimiento del Señor. Es decir, el pueblo no tendrá otro mensaje basado en un tiempo definido. Después de este período de tiempo, que se extiende desde 1842 a 1844, no puede haber cálculo definido del tiempo profético".19

Si este es el caso, ¿por qué algunos profesos adventistas insisten en aplicar al futuro los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12? Sólo Dios puede juzgar el grado de sinceridad de esas personas; pero una cosa es cierta: "La fe en una mentira no ejercerá influencia santificadora sobre la vida o el carácter. Ningún error es verdad, ni se puede convertir en verdad por la repetición o porque se tenga fe en él. . . Puedo ser perfectamente sincera al seguir un camino equivocado, pero eso no convierte en correcto ese camino, ni me llevará al lugar donde quiero llegar".20

Conclusión

Es evidente, por lo tanto, que la teoría del cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días (1) se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía; (2) vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel; (3) se basa en una interpretación no bíblica del término hebreo tamid ("diario", "continuo"); (4) refleja la interpretación jesuítico-futurista de la Contra Reforma católica; y (5) pasa por alto las advertencias del Espíritu de Profecía contra la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

En una época cuando los vientos de las falsas doctrinas están soplando con mucha intensidad (véase Efe. 4:14), "de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24), sólo estaremos seguros si nos encontramos fundados sobre la clara e inamovible Palabra de Dios. Toda "nueva luz", para que sea verdadera, debe estar en perfecta armonía con el contexto general de las Sagradas Escrituras y de los escritos inspirados de Elena G. de White.21 Los atalayas del pueblo de Dios jamás deberían permitir que las conjeturas y las especulaciones humanas les impidan darle a la trompeta un sonido certero. (Véase Eze. 33:1-9; 1 Cor. 14:8).


Fuente: Centro de Investigaciones Bíblicas / Biblical Research Institute
Autor: Alberto R. Timm, destacado teologo adventista, Doctorado en Teologia en la Andrews University. Rector del Seminario Adventista Latinoamericano de Teología (SALT), Director del Centro de Investigación Elena G. de White, en Brasil.
Referencias: 1. Le Roy E. Froom, The Prophectic Faith of our Fathers (Washington DC: Review and Herald, 1954), tomo 4, 205, 206. 2. William Miller, Evidences from Scriptures and History of the Second Coming of Christ about the Year A.D. 1843, and of His Personal Reign of 1000 Years (Evidencias basadas en las Escrituras y en la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, y de su reino personal de mil años, Brandon, VT: Vermont Telegraph Office, 1833), 31; Idem, Evidence from Scripture and History of the Second Coming of Christ, about the Year 1843; Exhibited in a Course of Lectures (Evidencias basadas en las Escrituras y la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, expuestas en una serie de conferencias, Boston: Joshua V. Himes, 1842), 95-104, 296, 297; idem, "Synopsis of Miller's Views" (Sinopsis de las opiniones de Miller), Signs of the Times (Las señales de los tiempos), 25 de enero de 1843, 148, 149. 3. Véase P. Gerard Damsteegt, Foundations of the Seventh-day Adventist Message and Mission (Fundamentos del mensaje y la misión de los adventistas del séptimo día, Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1977), 168-179. 4. Véase, por ejemplo, Urías Smith, "Synopsis of the Present Truth, No. 12" (Sinopsis de la verdad presente, No. 12), Review and Herald, 28 de enero de 1858, 92, 93; Stephen N. Haskell, The Story of Daniel the Prophet (La historia de Daniel, el profeta, Berrien Springs, MI: Advocate Publishing Company, 1903), 263-265; J.N. Loughborough, "The Thirteen Hundred and Thirty-Five Days" (Los mil trescientos treinta y cinco días), Review and Herald, 4 de abril de 1907, 9-10; Urías Smith, The Prophecies of Daniel and Revelation (Las profecías de Daniel y el Apocalipsis), edición revisada (Washington, D.C.: Review and Herald, 1944), 330,331; George M. Price, The Greatest of the Prophets: a New Commentary on the Book of Daniel (El más grande de los profetas: un comentario acerca del libro de Daniel, Mountain View, CA: Pacific Press, 1955), 337-342; Araceli S. Melo, Testemunhos Históricos das Profecias de Daniel (Testimonios históricos de las profecías de Daniel, Río de Janeiro: Laemmert, 1968), 727-728; Francis D. Nichol, editor, The Seventhday Adventist Bible Commentary (El comentario bíblico adventista, edición revisada, Washington, D.C.:Review and Herald, 1977) tomo 4, 880, 881; Vilmar E. González, "Os 1290 e 1335 dias em Daniel 12" (Los 1.290 y los 1.335 días en Daniel 12), Revista Adventista, septiembre de 1982, 43-45; Jacques B. Doukhan, Daniel: the Vision of the End (Daniel: la visión del fin, edición revisada, Berrien Springs, MI: Imprenta de la Univerdidad Andrews, 1989), 153; William H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Profecías relativas al tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Frank B. Holbrook, editor, Symposium on Revelation -Book 1 (Simposio acerca de Apocalipsis - Tomo 1), Serie producida por la Comisión acerca de Daniel y Apocalipsis, tomo 6 (Silver Spring, Maryland, Instituto de Invetigación Bíblica de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 1992), 327-360; William H. Shea, Daniel 7-12: Prophecies of the End Time (Daniel 7 al 12, profecías relativas al tiempo del fin; El Amplificador de la Vida Bíblica Abundante, Boise, Indiana: Pacific Press Publishing Association, 1996), 217-233. 5Un importante análisis crítico de varias teorías más recientes acerca del cumplimiento de los 1.260, 1.290 y los 1.335 días se puede encontrar en la obra de Victor Michaelson, Delayed Time-Setting Heresies Exposed (Denuncia de ciertas herejías relativas a una tardía fijación de fechas, Payson, Arizona: Leaves-of-Automn, 1989). 6E.G. de White, "To the Church of Bro. Hastings House" (A la iglesia de la casa del Hno. Hastings), 7 de noviembre de 1850 (carta H-28, 1850). Vuelta a publicar en idem, Manuscripts Releases (Manuscritos puestos en circulación), tomo 5, 203; ibidem, tomo 6, 251, ibidem, tomo 16, 208. 7White, James, "The Judgment" (El juicio), Review and Herald, 29 de enero de 1857, 100. 8. Véase, por ejemplo, J.N. Loughborough, "The Hour of His Judgment is Come" (La hora de su juicio ha venido), Review and Herald, 14 de febrero de 1854, 30; Urías Smith, "Short Interviews with Correspondents" (Cortas entrevistas con corresponsales), Review and Herald, 24 de febrero de 1863, 100. Idem, "The Sanctuary" (El santuario), Review and Herald, 8 de septiembre de 1863, 116. 9.Elena G. de White, Testimonios Selectos, tomo 1, 220, 221. 10. Idem. "Temperance" (Temperancia), Manuscrito No. 50, 1893 (publicado en idem, Sermons and Talks (Sermones y charlas), tomo 1, 225, 226), en idem, Testimonios para los Ministros, 115, en portugués); idem, "Diary" (Diario), Manuscrito 176, del 4 de noviembre de 1899 (publicado en Comentario bíblico adventista,tomo 4, 1174); idem. "Help to be Given to our Schools" (La ayuda que se debe prestar a nuestras escuelas), Manuscrito 10, 1900 (publicado en el Comentario bíblico adventista, tomo 7, 949); idem, "To Our Church Members in Australasia" (A nuestros miembros de iglesia en Australasia), Carta B-6, del 17 de enero de 1907 (publicada en el Union Conference Record (Boletín de la Unión -- Australasiana), 11 de marzo de 1907, 1, 2). 11. Damsteegt, 169. 12. Shea, Daniel 7-12, 217-218. 13. Véase Froom, tomo 2, 241-243 y siguientes. 14. Véase ibid., 495-502. 15. (Frank B. Holbrook), "Editorial Synopsis" (Sinopsis editorial) al artículo de W.H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Las profecías relativas a tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Holbrook, editor, Symposium on Revelation (Simposio acerca del Apocalipsis), tomo 1, 327. 16. E.G. de White, "Dear Brethren and Sisters" (Queridos hermanos y hermanas), Present Truth (La verdad presente), noviembre de 1850, 87. Véase también Primeros Escritos, 75. 17. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 188, 191. (En portugués). 18.Idem, El Conflicto de los Siglos, 840. (En portugués). 19. Comentario de Elena G. de White en el Seventh-day Adventist Commentary (Comentario bíblico adventista), tomo 7, 971. 20. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 56. (En portugués). 21. Véase idem, Counsels to Writers and Editors (Consejos a escritores y redactores), 33-51. Publicado por la revista Logos 3/2 septiembre 1999 página 20

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