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jueves, 16 de febrero de 2012

¿Se puede confiar en la profecía bíblica? La experiencia de Daniel. Por William H. Shea

La profecía es crucial para la fe y las creencias adventistas. Es sobre la base de la profecía bíblica que se fundó el movimiento adventista, con la convicción de que la historia llegará a su clímax en ocasión de la segunda venida de Cristo. Hacia esa culminación gloriosa se dirige la historia que terminará en el momento en que Dios destruya el pecado y a Satanás para siempre y abra las puertas de la eternidad para los redimidos de todas las edades. La interpretación adventista de los eventos de los últimos días se basa en las profecías de Daniel y Apocalipsis, además de otras declaraciones proféticas de la Biblia. Sin embargo, muchos cristianos y no cristianos han cuestionado la autenticidad de la profecía bíblica y tienden a rechazar la interpretación adventista como esencialmente especulativa.

Esta acusación no debe aceptarse sin realizar un serio estudio teológico e histórico de la profecía bíblica para constatar si es digno de creer, o no. Un breve análisis al libro de Daniel muestra que su contenido profético es confiable desde la historia y significativo desde la teología. Este artículo así lo muestra.

El libro de Daniel se divide claramente en dos mitades. La primera relata parte de la historia neobabilónica, especialmente al incluir el relato de Daniel y sus tres compañeros (caps. 1-6). La segunda parte presenta algunas profecías altamente simbólicas y de largo alcance que son llamadas apocalípticas (caps. 7-12). La primera parte también contiene profecías que, con excepción del sueño de Nabucodonosor del capítulo 2, involucran mayormente a personas, lugares y eventos locales. Las profecías relacionadas con Nabucodonosor en el capítulo 4 y con Belsasar en el 5 se parecen más a las profecías “clásicas” que se encuentran, por ejemplo, en Isaías y Jeremías.

Esta gama cronológica de profecías nos brinda la oportunidad de relacionar estas predicciones con el cumplimiento histórico en una escala que va desde el tiempo cercano a Daniel hasta un período intermedio posterior a su vida y que alcanza las profecías futuras de siglos después.


Una profecía cercana: La caída de Belsasar

El capítulo 5 de Daniel narra lo que sucedió en el palacio de Babilonia la noche en que la ciudad cayó en poder de los medos y los persas. El rey, que es identificado como Belsasar, invitó a sus nobles y funcionarios a un gran banquete. Si duda creía que los persas que sitiaban Babilonia no tenía posibilidad de lograr su meta, debido a las extraordinarias y sólidas fortificaciones de la ciudad.

En el transcurso de la fiesta, apareció una escritura sobrenatural en la pared de la cámara del palacio donde se llevaba a cabo el banquete. Las cuatro palabras escritas allí eran tan misteriosas que ninguno de los sabios de Babilonia pudo interpretarlas. Se llamó entonces a Daniel, que era recordado por un episodio previo de interpretación. Él pudo leer la escritura y decirle al rey el significado: había sido pesado en la balanza del juicio divino y había sido hallado falto. Su reino le sería quitado y dado a los medos y persas.

Esta profecía se cumplió esa misma noche cuando las fuerzas invasoras entraron en la ciudad utilizando la estrategia de desviar el curso del río Éufrates. Babilonia fue conquistada sin ninguna batalla. Belsasar fue muerto y su reino pasó a manos de los medos y los persas.

En primera instancia, se podría pensar que no hay forma de constatar mediante fuentes históricas el cumplimiento de esta profecía. Si bien es verdad que sería muy difícil demostrar que ésta fue dada la misma noche de su cumplimiento, existen métodos indirectos para evaluar su contexto.

En cierto momento, la existencia de Belsasar era desconocida. Su padre Nabonido aparecía como el último rey del período neobabilónico. A partir de 1861 el nombre de Belsasar, como príncipe heredero, comenzó a aparecer en tablillas cuneiformes que se estaban traduciendo. Estas referencias se sucedieron hasta que en 1929 se publicó una tablilla conocida como “El relato en verso de Nabonido”. Esta importante tablilla indicaba que Nabonido había “confiado su autoridad” a Belsasar cuando viajó por largo tiempo a Tema, en Arabia. De esta manera se obtuvieron evidencias de que Belsasar fue algo así como con un corregente o rey.

El episodio descrito en Daniel 5 es específico. Indica que cuando Daniel ingresó a la sala del trono para leer la escritura en la pared, el rey presente era Belsasar, no Nabonido. Era de esperar que Nabonido estuviera a cargo de ese banquete, pero él ni siquiera es mencionado en la narrativa, lo que implica que ni siquera estaba en el palacio esa noche. Si no estaba en el palacio, ¿dónde estaba?

Un texto babilónico conocido como “La crónica de Nabonido” nos dice que Babilonia fue tomada sin lucha el 16 de tishri del año 17 y último del reinado de Nabonido. Esto puede equipararse con el 12 de octubre del año 539 a.C. En ese momento, según la misma crónica, Nabonido se encontraba frente a una división del ejército babilonio, peleando con Ciro y los persas en un paraje cercano a la ciudad llamada Opis, sobre el río Tigris. De esta manera, se comprueba que no se encontraba en Babilonia la noche de la caída.

Este hubiera sido un punto en que Daniel muy fácilmente hubiera podido cometer un error mencionado a Nabonido en la sala de banquetes esa noche, pero el escritor sabía que el rey presente era Belsasar, el joven corregente, así como sabía que no era Nabonido, el corregente mayor, ya que éste se encontraba en el campo de batalla con el ejército babilonio.

¿Cómo pudo haber tenido el escritor de este capítulo conocimientos tan exactos acerca de quién estaba en la ciudad y quién no? La respuesta es: porque esa noche él era un testigo ocular en el palacio. Si su conocimiento acerca de este hecho central fue tan exacto, creo que podemos confiar en su registro relacionado con la profecía de lo que sucedería esa misma noche.


Una profecía de duración intermedia: El surgimiento de Alejandro

La profecía de Daniel capítulo 8 comienza con una descripción de lo que lograría el reino medopersa, por medio del símbolo del carnero airado. Este carnero es identificado con Medo-Persia (Daniel 8:20). Lo sigue simbólicamente un macho cabrío que representa a Grecia (Daniel 8:2-8, 21). Este macho cabrío tiene un cuerno notable, como un unicornio. que representa a su primer rey que inicia la guerra contra el carnero persa.

Históricamente sabemos que este “cuerno” es Alejandro Magno, que formó un ejército e invadió el Cercano Oriente derrotando a los persas y conquistando todo el territorio en una campaña relámpago que duró sólo tres años.

Algunos críticos han sostenido que esto no fue profecía, sino historia escrita con posterioridad, como si fuera profecía. Sin embargo, hay un relato interesante en los escritos de Josefo que indica que esta profecía ya era conocida en el siglo IV a.C., mucho antes del tiempo cuando, dicen los críticos, se escribió el libro (siglo II a.C.).

El relato habla de la campaña de Alejandro por la costa de Siria y Palestina. En camino a Egipto, decidió apartarse de la ruta principal hacia el sur e ir a Jerusalén. Cuando llegó a la ciudad, uno de los sacerdotes tomó el rollo de Daniel y le mostró el lugar donde se lo mencionaba en la profecía como el griego que derribaría el imperio persa. Impresionado por la referencia profética de sí mismo, Alejandro preguntó a los líderes judíos qué podía hacer por ellos. Éstos le pidieron que los libere de impuestos durante los años sabáticos cuando dejaban los campos en barbecho y no realizaban la cosecha. Se dice que Alejandro les otorgó lo solicitado. El pasaje de Josefo dice lo siguiente:

“Y cuando se le mostró el libro de Daniel, donde Daniel declaraba que uno de los griegos destruiría el imperio de los persas, supuso que él era la persona prevista; y al alegrarse entonces, despidió a la multitud por el momento, pero al día siguiente los llamó, y les mandó que pidieran los favores que de él quisiesen, a lo que el sumosacerdote deseó que pudieran disfrutar de las leyes de sus antepasados, y pudieran estar eximidos de tributo los séptimos años. Alejandro les otorgó todo lo deseado, y cuando le solicitaron que permitiera a los judíos de Babilonia y Media disfrutar también de sus propias leyes, de buena gana prometió que de allí en más harían lo que desearan”.1

Si el relato de Josefo es exacto, entonces la profecía de Daniel 8, incluyendo el gran cuerno de Grecia que era Alejandro, ya existía en el siglo IV a.C. Esto no sólo brinda evidencias de la composición temprana del libro de Daniel, sino que también muestra de qué manera un elemento de esta profecía halló su cumplimiento y fue reconocido al hacerse realidad.

No es necesario decir que una vez más, los críticos de la naturaleza predictiva de Daniel rechazan el relato como no histórico. En el relato mismo, sin embargo, hay ciertas evidencias que testifican de la naturaleza histórica del encuentro de Alejandro y los sacerdotes en Jerusalén. Esa evidencia proviene de una referencia al año sabático en este contexto.

En fuentes extrabíblicas, se han hallado alrededor de una docena de referencias a años sabáticos. Estos textos e inscripciones dan los equivalentes de esos años sabáticos en términos de otros calendarios. Es así que puede completarse una tabla de años sabáticos. El año en que se produjo esta entrevista con Alejandro fue el 331 a.C. Según la tabla de los años sabáticos, 331 fue de hecho un año sabático. Ahora que Judea había sido tomada por el rey macedonio, los líderes judíos podían ver el problema que deberían enfrentar cuando tuvieran que rendirle tributos. No tendrían cosecha para pagarle los impuestos. De allí la urgencia de su pedido.

Este mínimo detalle, el pedido basado en el año sabático, es una prueba de que el episodio realmente sucedió, y de que la transición histórica que se produjo había sido en realidad profetizada por Daniel antes de que sucediera.2


Una profecía a largo plazo: El surgimiento y la caída de Roma

En Daniel capítulos 2 y 7 se presentan profecías paralelas acerca de cuatro imperios del Mediterráneo y el Cercano Oriente. Daniel 2 relata los eventos que se produjeron en torno a un sueño dado al rey Nabucodonosor que los sabios de Babilonia no pudieron describir o interpretar. Sin embargo, Daniel pudo describir con éxito el sueño e interpretarlo. Usando los símbolos de los cuatro metales que conformaban la impresionante estatua de Daniel 2, el profeta describió la sucesión de estos cuatro grandes imperios: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma.

A algunos no les agradan estas evidencias bien directas del conocimiento previo de Dios en la profecía, y se han opuesto a esta postura afirmando que el autor del libro de Daniel no vivió en el siglo VI a.C. cuando se dio la profecía. Según ellos, vivió en el siglo II a.C. y utilizó el seudónimo de Daniel para escribir acerca de los eventos que ya habían tenido lugar. De esta manera, sostienen los críticos, Daniel es en realidad historia escrita como si fuera profecía.

Puede evaluarse este argumento, sin embargo, para ver cuán bien concuerda con los datos. Si el autor de Daniel escribió en el siglo II a.C. y era sólo un historiador, no un verdadero profeta, ¿qué clase de predicciones podría haber hecho? Existen dos posibilidades. En primer lugar, podría haber dicho que el cuarto reino, Roma, que era más poderoso que todos los anteriores, permanecería para siempre. Esta era probablemente la postura más común respecto del futuro en el siglo II a.C., ya que Roma había llegado a ser preeminente. (Eso creía Flavio Josefo, el historiador judío del siglo I, cuando se ocupó de esta porción del libro de Daniel, ya que no menciona las divisiones o el reinado de la piedra que seguiría). Por otra parte, el escritor podría haber razonado que si se habían sucedido cuatro grandes reinos mundiales, podría haber un quinto, un sexto, un séptimo, y así sucesivamente. En otras palabras, la secuencia debería continuar. Después de Roma, otro gran poder mundial aparecería, y así sucesivamente.

Un historiador que escribiera en el siglo II a.C. sin contar con el conocimiento previo divino, habría tenido estas dos alternativas: o Roma permanecía para siempre o la seguirían otros grandes poderes mundiales.

El escritor del libro de Daniel no abrazó ninguna de estas dos posibilidades lógicas. Al rechazar la idea de que habría otros poderes mundiales, dijo que el cuarto poder sería quebrantado en partes y que esas partes continuarían y lucharían entre sí hasta que Dios estableciera su reino. Asimismo, rechazó la idea de que Roma continuaría para siempre; este cuarto reino sería quebrantado. De hecho, eso es lo que pasó cuando las invasiones bárbaras asolaron Roma en los siglos V y VI d.C.

¿Cómo fue que el autor de Daniel sabía, con varios siglos de anticipación, que Roma sería dividida en partes, que no permanecería para siempre ni sería reemplazada por otro gran reino mundial? ¿Cómo es que eligió la posibilidad menos probable para el futuro desde un punto de vista de la lógica humana? La respuesta es que no se apoyaba en la lógica humana, sino en el conocimiento previo que Dios le había dado.


Resumen

Hay muchas profecías en la Biblia, cuyos escritores dicen que se cumplieron, aunque los registros de estos cumplimientos se hallan solamente en la Biblia. En estos casos no existen evidencias externas que confirmen el cumplimiento. Sin embargo, en el caso de muchas profecías, las evidencias externas indican que se cumplieron. Las expuestas más arriba lo demuestran.

Las profecías bíblicas operan en varios niveles. Algunas fueron dirigidas a individuos, otras a pueblos o ciudades y algunas a reinos o naciones. Sucede lo mismo en términos de tiempo. Algunas profecías tenían que ver con circunstancias inmediatas, otras se ocupaban de los eventos en un futuro relativamente cercano y otras pueden ser clasificadas como predicciones a largo plazo, que abarcan siglos. Lo tratado en este artículo cubre estas tres posibilidades.

El factor común en todos estos casos es que existen evidencias externas que demuestran la exactitud de las predicciones, lo que brinda evidencias de que las profecías han sido escritas sobre una base que trasciende las conjeturas humanas. Dan testimonio de un Dios que brindó informaciones confidenciales a sus siervos, los profetas. Esta es una buena razón adicional para creer en la existencia del Dios de la Biblia.3






Fuente: Dialogo Universitario / Este ensayo está basado en un estudio más extenso publicado en The Big Argument: Does God Exist? editado por John Ashton y Michael Westacott (Master Books, 2005).
Autor: William H. Shea (M.D., Loma Linda University; Ph.D., University of Michigan), es un director asociado del Instituto de Investigación Bíblica en la Asociación General.

Referencias: 1. Josephus, Antiquities of the Jews, libro 11, capítulo 8, párrafos 337, 338. 2. Se pueden consultar las tablas de los años sabáticos de los judíos en B. Z. Wacholder, “The Calendar of Sabbatical Cycles During the Second Temple and the Early Rabbinic Period” (El calendario de los ciclos sabáticos durante el período del segundo templo) Hebrew Union College Annual (1973), pp. 153-196. 3. Lecturas adicionales: Por textos relacionados con Belsasar y una síntesis de ellos, véase R. P. Dougherty, Nabonidus and Belshazzar (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1929). Por una colección muy útil de textos cuneiformes traducidos, especialmente fuentes babilónicas relacionadas con los temas de este artículo, véase J. B. Pritchard, ed., Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1955). Por una revisión útil de la historia babilónica, véase H. W. F. Saggs, The Greatness That Was Babylon (Nueva York: Hawthorn Books, 1962). Por la historia de la interpretación de los cuatro reinos en las profecías de Daniel a través de la historia y la presencia de Alejandro Magno en Daniel 8, véase L. E. Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers, vols. I-IV (Washington, D.C.: Review and Herald Publ. Assn., 1950-1954).


- Versión corregida y re formateada, de la originalmente publicada por Ojo Adventista, el 13 de marzo de 2009.





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viernes, 6 de agosto de 2010

Hasta el fin del mundo. Por Ángel Manuel Rodríguez

Los adventistas han identificado el fin de los 490 años proféticos (Dan. 9) con la muerte de Esteban en Hechos 7. Por qué su muerte fue tan importante?

Este es un caso en el que examinar la manera en la que el libro está organizado —es decir, cómo se desarrolla la trama del libro de Hechos—, es útil para interpretar un segmento particular de su narrativa.

1. La posición de la narrativa en Hechos: La historia de la iglesia registrada en el libro de los Hechos comienza con el encuentro de Jesús con sus discípulos en Jerusalén y termina en la ciudad de Roma, donde Pablo predica desde la prisión. La proclamación del evangelio se desplazó desde Jerusalén hasta la capital del Imperio Romano.

Desde un punto de vista, el desarrollo de la historia se resume en Hechos 1:8, donde Jesús manda a sus discípulos que sean sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta el fin de la Tierra. Los discípulos se movieron geográficamente desde Jerusalén (Hech. 2:42-6:7), a través de Judea y Samaria (Hech. 6:8-9:31), pasando por Palestina y Siria (Hech. 9:32-12:24), atravesando la región este del Imperio Romano (Hech. 12:25-19:20), hasta llegar a Roma (Hech. 19:21-28:31). El discurso de Esteban y su martirio fue el puntapié inicial para la misión a los no judíos (Hech. 7:1-8:1). Están localizados en un punto significativo de la narrativa.

2. El propósito del discurso: El discurso de Esteban contiene una acusación contra los líderes judíos y sus partidarios que no reconocían a Jesús como el Mesías y que se oponían activamente a él (Hech. 7:1-53). Aunque muchos de los judíos y sacerdotes en Jerusalén llegaron a ser cristianos (Hech. 6:7), existía una fuerte oposición a los discípulos por parte de los líderes judíos, particularmente desde el Sanedrín. El discurso de Esteban traza la historia de Israel desde el llamado a Abram hasta los tiempos de Moisés, para poder mostrar la manera como Dios trató con Israel y la oposición del pueblo hacia Moisés, quien al igual que Jesús fue el instrumento de liberación. Luego, Esteban se mueve hacia el tema del tabernáculo y hace una importante declaración que está totalmente desarrollada en Hebreos: El templo israelita no es indispensable para la adoración a Dios.

De manera interesante, Esteban no llama a los líderes judíos al arrepentimiento y la conversión, tal como fue hecho en los discursos previos de Hechos (2:38, 39; 3:10); simplemente los acusa. Los líderes fueron condenados por el Señor, a través de Esteban.

3. El impacto del discurso y la muerte de Esteban: El discurso y la muerte de Esteban desempeñan un importante papel en el desarrollo de la misión cristiana, al forzarlos a ir más allá de los límites de Jerusalén y Judea, hasta el fin del mundo. El ministerio de Esteban impulsó la universalización de la fe israelita, tal como encuentra su cumplimiento en la venida de Jesús como el Mesías prometido. Daniel había profetizado que el pacto de fe se extendería más allá de las fronteras de Israel. Esto es precisamente lo que encontramos después de la muerte de Esteban.

Primero, su muerte provocó la dispersión de la iglesia por medio de la persecución, forzando a los apóstoles a ir al mundo no judío para preservar su vida. Fueron forzados por las circunstancias a dejar Jerusalén.

Segundo, el mensaje de salvación a través del Mesías judío alcanzó una nueva audiencia en Samaria y el resto del mundo, deseosa de oír el evangelio. Bajo el liderazgo de los apóstoles judeocristianos y de los creyentes, se cumplió el plan original de Dios para bendecir a todas las naciones de la Tierra a través de Abram (Gén. 12:1-3).

Tercero, con la conversión de Pablo y la misión que Dios le encomendó, Dios mismo asume el papel protagónico de dirigir a la iglesia hacia una misión universal. Esta situación se da justo en la bisagra histórica creada por el discurso y la muerte de Esteban. El ministerio de Esteban no cerró la puerta de la salvación a los judíos, sino que la abrió al influjo de gentiles que deseaban experimentar la salvación a través de la fe en Cristo, el Mesías. El plan de Dios progresó tal como lo había planeado, y la profecía se cumplió.
Este episodio debe reafirmar nuestra convicción de que el plan redentivo de Dios para la raza humana alcanzará su propósito trazado divinamente a través de Cristo.




Fuente: Centro de Investigaciones Bíblicas / Biblical Research Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Fotografia: Martirio de Esteban / Gustave Dore

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jueves, 1 de abril de 2010

Fuego del Cielo. Por Ángel Manuel Rodríguez

Apocalipsis 13:13 establece que el falso profeta "hace grandes señales, de tal manera que incluso hace descender fuego del cielo a la tierra". ¿Qué quiere decir esta declaración?En el Apocalipsis el fuego es un símbolo importante. Esta figura en general representa el juicio de Dios contra los pecadores (véase 8:5; 14:10), acción que a veces está destinada a preservar a los siervos del Altísimo (11:5). Curiosamente, a menudo está asociado con la Divinidad, específicamente con el Espíritu Santo en Cristo. Por ejemplo, Juan en el santuario celestial vio "siete lámparas de fuego", identificadas por él como símbolo del Espíritu (4:5). A Cristo también se lo relaciona con el fuego: "sus ojos, como llama de fuego" (1:14; 2:18; 19:12), "y sus pies como columnas de fuego" (10:1).

En la Biblia el fuego también es una figura teofánica (teofanía quiere decir manifestación divina), es decir, representa la presencia divina. Esto quiere decir que cuando Dios se manifiesta a los seres humanos, su presencia es comparada o se la asocia con el fuego. Aunque en el Antiguo Testamento hay muchos ejemplos que prueban esto, el más conocido es aquel que recuerda cuando el pueblo de Israel compareció ante Dios en el Sinaí: "Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio del fuego" (Éxo. 19:18). Aunque la flamígera manifestación indicaba la presencia de Dios en ese lugar específico, él permaneció inalcanzable, distanciado del pueblo, sugiriendo con esto la necesidad que ellos tenían de un mediador.

La expresión "de Dios descendió fuego del cielo", también se la utiliza en Apocalipsis 20:9. En este caso, el contexto sugiere que el fuego es un instrumento de la justicia divina. Las huestes malignas están intentando tomar la santa ciudad por la fuerza, ocasión cuando Dios lanza fuego del cielo y las destruye. El uso que aquí se hace es diferente de que aparece en el capítulo 13, ya citado, para anticipar que el falso profeta hace descender fuego del cielo con el propósito de engañar a los habitantes de la tierra. Lo que ocurrió sobre el monte Carmelo con el profeta Elías proporciona la base bíblica para utilizar este símbolo.

Como los israelitas habían estado adorando a su dios Baal, el profeta los enfrentó para que optaran ya sea por el Omnipotente o por Baal. Para que la decisión les resultara más fácil, Elías les dijo que el verdadero Dios se manifestaría haciendo descender fuego del cielo (1 Rey. 18:20-39). Baal no pudo cumplir con el desafío. Elías oró y, como consecuencia, al descender fuego del cielo la gente exclamó: "Jehová es Dios". La realización del milagro fue una clara evidencia de la presencia del Señor, situación que sirvió al pueblo para que pudiera identificar con claridad cuál era el verdadero Dios.

Apocalipsis 13 describe el esfuerzo por falsificar la presencia de Dios mediante realizaciones milagrosas destinadas a persuadir a los seres humanos de que, en el conflicto cósmico, los poderes del mal representan al verdadero Dios. Se va a producir una falsa manifestación —teofanía—, cuyo efecto hará que mucha gente adore a la bestia y al dragón (13:4, 12). Sabemos que la mayor teofanía jamás vista por hombre alguno está por producirse. Pablo lo expresa de este modo: "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13). Un hecho sin precedente se realizará en ocasión de la segunda venida de Cristo.

Respondiendo la pregunta formulada, podría afirmar que el simbolismo de hacer descender fuego del cielo es utilizado para indicar que el falso profeta intentará por todos los medios darle validez a su pretendida misión divina realizando milagros en el mundo. Sin embargo, sobre la base de lo que dijimos en los párrafos precedentes, aventuraré una interpretación más específica. En la descripción que hace el Nuevo Testamento acerca del regreso del Salvador, el fuego desempeña una función teofánica. El que vendrá es "nuestro Dios y Salvador". Pablo nos da un buen argumento: "...Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego..." (2 Tes. 1:7).

Me parece que para los apóstoles el símbolo del fuego que cae del cielo señala el glorioso acontecimiento de la segunda venida de Cristo. Entonces, para la raza humana y para las fuerzas del mal resultará meridianamente claro que Cristo es nuestro verdadero Dios y Salvador. Si aceptamos este planteamiento, podemos concluir que la declaración de Apocalipsis 13 que estamos comentando, describe el intento por parte de los poderes malignos de imitar la segunda venida de Cristo con el propósito de engañar a los seres humanos. El apóstol ya lo anticipó: "Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Cor. 11:14).

Permítanme recordarles que las fuerzas del mal no tienen potestad con relación a los que pertenecen al Señor. Ellas fueron derrotadas por Cristo, y su victoria es la nuestra. Jamás podrán imitar en forma adecuada la venida de Jesús. "Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, elegidos y fieles" (Apoc. 17:14).



Fuente: Centro de Investigaciones Bíblicas / Biblical Research Institute General Conference of Seventh-day Adventists,
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Justicia y Juicio. Por Ángel Manuel Rodríguez

La Biblia dice que “compareceremos ante el tribunal de Dios”. ¿Qué significa esto?

Muy a menudo el significado de expresiones puede ser elucidado al estudiar los pasajes bíblicos en los que son utilizados. En este caso, se trata de una práctica legal de la sociedad romana empleada por Pablo para dar a entender importantes verdades teológicas. Conocer esta antigua práctica es útil, pero el mismo texto bíblico nos ayuda al explicar su significado y su importancia doctrinal.

1. Origen de la frase. “Tribunal” es la traducción al Español del término griego bema. El significado literal de la palabra es “paso” (utilizado como una medida para designar aproximadamente un metro; literalmente, “un pie de largo”). Desde ese significado básico, bema llegó a designar una plataforma elevada al menos un pie por sobre el piso. Tales plataformas generalmente eran construidas en la plaza del mercado o cerca de ella y era utilizada por los oficiales romanos para emitir discursos (por ejemplo, Hech. 12:21) y para tomar decisiones judiciales. El magistrado se sentaba sobre una silla colocad sobre ella para dirigirse a los presentes. El término bema, por extensión, se aplicaba a la silla del magistrado. La “silla del juicio” era la silla de un tribunal.

2. Procedimiento legal. Frente al magistrado romano, permanecía el acusado y los acusadores. Durante el juicio a Jesús, Pilato se sentó “en el tribunal” (Mat. 27:11, 19; Juan 19:13). Los acusadores presentaron los cargos, Pilato permitió que Jesús se defendiera, y se dictó una sentencia legal (Mat. 27:13, 14, 24-26).

Encontramos una situación similar en Hechos. Cuando estaba en Corintio, los judíos llevaron a Pablo al “tribunal” (be-ma) de Galión, procónsul de Acaya (Hech. 18:12). Éste escuchó los cargos contra Pablo, pero determinó que, de acuerdo con la ley romana, no tenían base legal. Y “los echó del tribunal” (vers. 16). Los líderes judíos también insistieron en presentar cargos contra Pablo en Cesarea, ante Festo. “Al siguiente día se sentó en el tribunal, y mando que fuese traído Pablo” (Hech. 25:6). Los acusadores comparecieron y presentaron sus cargos contra Pablo, y se le dio una oportunidad de defenderse (vers. 7, 8).

Por lo tanto, esta silla era un tribunal público, un lugar donde el supuesto delincuente era llevado ante el oficial romano, que funcionaba como un juez. El acusado y los acusadores comparecían ante él, presentando sus argumentos y evidencias, y él escuchaba a la defensa. Después de una evaluación de las evidencias, el magistrado romano pronunciaba su decisión legal a favor o en contra del acusado.

3. Uso teológico. Esta práctica legal fue empleada por Pablo para ilustrar los procedimientos del tribunal celestial. En Romanos 14:10, se refiere a bema como “el tribunal de Cristo”, al igual que en 2 Corintios 5:10. Estos dos pasajes contienen varias ideas importantes. Primero, afirman que hay una corte divina en la que Dios, por medio de Cristo, opera como juez. La referencia es al juicio escatológico.

Segundo, que los creyentes cristianos comparecerán ante el tribunal de Dios para rendir cuenta de sus actos (Rom. 14:12). Al final de este proceso legal escatológico, “toda lengua confesará a Dios” (vers. 11) para reconocer la justicia de Dios.
Tercero, el pueblo de Dios también comparecerá ante él para recibir lo que se merece por “lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Cor. 5:10).

Cuarto, 2 Corintios 5:10 revela que, en el juicio, se analiza la evidencia y Dios pronuncia un veredicto sobre la base de esa evidencia.

Finalmente, deberíamos notar que Pablo no dice quién será el acusador. En 2 Corintios se sugiere que, en el reino celestial, el registro de nuestras obras hablará contra nosotros, pero otras evidencias bíblicas indican que el máximo acusador del pueblo de Dios es el enemigo (Zac. 3:1). Otros pasajes especifican que la defensa es presentada por nuestro abogado, Jesús (1 Juan 2:1; Heb. 7:25). Ya que lo confesamos aquí en la tierra, él confesará en el tribunal celestial de que le pertenecemos (Mat. 10:32; Luc. 12:8, 9).

No hay necesidad de que comparezcamos físicamente ante el tribunal de Dios, ya que Cristo nos representa allí. ¡Estas son buenas nuevas!


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Fotografía: Juicio Final (Oleo sobre lienzo / 1615). Peter Paul Rubens. Alte Pinakothek (Munich)

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jueves, 22 de octubre de 2009

Símbolos e Imágenes. Por Ángel Manuel Rodríguez

En la profecía, al considerar el aspecto de los símbolos, tengamos cuidado de no incorporar ideas personales.

Por favor, explíquenme la frase: "Después vi otra bestia que subía de la tierra" (Apoc. 13:11). No me convence que aquí la "tierra" quiera decir lugares poco habitados.

La interpretación del lenguaje simbólico debe realizarse cuidadosamente, dejando de lado las ideas personales y la especulación. Ni la imaginación ni los sentimientos personales constituyen una guía de interpretación segura. Las imágenes y el lenguaje que utiliza el Apocalipsis encierran códigos que necesitan de una clave para descifrarlos. Por lo tanto, los casos en los cuales a Juan se le informó acerca del significado del símbolo constituyen una gran ayuda para nosotros (Apoc. 1:20).

En muchas ocasiones, como el significado del símbolo no está expresado, hay que buscarlo. Un número importante de exégetas tiene la convicción de que en el Apocalipsis tanto el significado de las palabras como las imágenes tienen sus raíces en el Antiguo Testamento. Es por esto que para entender mejor el tema debemos considerar dicho planteamiento. Los estudios de lenguaje que se han realizado confirman el planteamiento.

Esto quiere decir que los parámetros utilizados para la interpretación del Apocalipsis son proporcionados por la propia Biblia. Esto implica estudio concienzudo, oración y dedicación de mucho tiempo. Es indispensable valerse de una concordancia y, en otros casos, también se necesita un buen diccionario bíblico. Si valiéndose de los auxiliares mencionados y la metodología sugerida todavía no logramos encontrar el código para descubrir el significado de un determinado símbolo, es mejor dejarlo sin descifrar que inyectarle al texto nuestra propia especulación.

Los adventistas tradicionalmente consideran que el símbolo "tierra", que figura en Apocalipsis 13:11, señala una determinada región escasamente poblada. Considerando que la Biblia lo utiliza en este sentido, dicha interpretación es buena o por lo menos una opción posible (véase Jer. 2:6; Prov. 21:19).

Esta interpretación también se fundamenta en el hecho de que en Apocalipsis 13:11 aparece otra bestia, pero que sale del mar. Considerando que el océano simboliza naciones y gentes (Apoc. 17:1, 2), la tierra bien podría simbolizar las zonas poco habitadas. Sin embargo, es posible que uno pueda abusar del símbolo, lo cual redundaría en una interpretación equivocada.
En lugar de centrarse en una determinada palabra, es preferible considerar la imagen que está siendo utilizada. Juan ve una bestia saliendo de la tierra/suelo. La imagen corresponde a un campo agrícola. El verbo "salir" (anabáino) se lo utiliza en el Nuevo Testamento para describir el crecimiento de la planta a partir de la tierra o suelo (Mar. 4:7, 8; Mat. 13:7). Este símbolo es extraño, incluso grotesco. Es que Juan describe a una bestia que sale de la tierra en forma semejante a una planta. Si ese es el caso, ¿existe otro texto bíblico que encierre una idea parecida? Recuerde: Antes de hacer el intento de encontrar la explicación a un símbolo, primero tenemos que tratar de descubrir si existe un paralelo bíblico.

Creanlo o no, existe uno que figura en Génesis 1:24: "Luego dijo Dios: 'Produzca [salga] de la tierra [suelo] seres vivientes...' ". El citado verbo hebreo también es utilizado para describir el crecimiento de un planta fuera de la tierra (Job 38:27). En Génesis 1:25 se califica como seres vivientes a los animales, a las bestias, incluso a los "animales silvestres". La versión griega del Antiguo Testamento traduce como "bestias de la tierra" a los animales silvestres, que es la misma idea que aparece en Apocalipsis 13:10.

En Génesis 1:24 y 25 encontramos una terminología paralela semejante a la que utiliza Juan: bestias que salen de la tierra a semejanza de plantas.

¿Qué es lo que Juan está tratando de enseñarnos por medio de los símbolos? Para poder responder la pregunta, necesitamos volver al Génesis. Moisés está describiendo la manera como el Creador realizó su obra de creación de los animales. Dios habló, y los animales salieron de la tierra/suelo a un medio virtualmente deshabitado.

En Apocalipsis, Juan también describe un poder político que surge mayormente de lugares poco habitados, semejante a los animales en ocasión de la semana de la creación. Juan vio cómo dicho poder se corrompió, hablando como dragón y luchando contra su Creador. Este es un caso sencillo de apostasía, cuyas raíces se encuentran en el Antiguo Testamento, lo cual corresponde exactamente con lo descrito por la profecía de Apocalipsis 13:11.

...para descubrir el significado de un determinado símbolo es mejor dejarlo sin descifrar que inyectarle al texto nuestra propia especulación.


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.

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lunes, 5 de octubre de 2009

Base bíblica para un profeta moderno. Por Frank B. Holbrook

Introducción

El don profético se fundamenta en la necesidad básica de la comunicación que debe existir entre la Deidad y la familia humana caída. El ocultismo y la esfera de los falsos profetas son dos sistemas que han operado a lo largo de la historia humana para engañar y hacer errar al ignorante y al incauto, alejándolo de las comunicaciones genuinas provenientes de Dios. Por el otro lado, el sistema de comunicaciones de Dios, que es básicamente el don profético, está claramente delineado en las Escrituras (Núm. 12:6; Amós 3:7; Luc. 1:70).

Se usan cuatro palabras en las Escrituras (tres en hebreo y una en griego) para referirse al instrumento humano en este tipo de comunicación. Ro'eh (1 Sam. 9:9; Isa. 30:10), y las más frecuente, chozeh (2 Sam. 24:11; Amós 7:12; 2 Rey. 17:13, etc.), establecen una conexión con el concepto de "visión", y están traducidas generalmente como "vidente". La idea parece ser que Dios abre a los "ojos", esto es, al entendimiento del profeta, cualquier información o mensaje que él desee que se transmita a su pueblo. Los términos, por lo tanto, enfatizan el recibimiento de un mensaje divino por parte del profeta.

El significado de la palabra última y más generalmente usada, nâbi' (1 Sam. 9:9), y su equivalente griego, profts, se aprecia mejor en el siguiente uso del término:

"Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta (nâbi'). Tu dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón...

...Tu hablarás a él [Aarón], y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios." (Exo. 7:1, 2; 4:15, 16).


A partir de estas declaraciones en las que Moisés y Aarón habrían de desempeñar el papel de Dios y profeta respectivamente, resulta evidente que el profeta al que se refiere el término nabi', era considerado como un portavoz señalado divinamente por Dios. En este caso, el vocablo de la LXX (Septuaginta) para nabi' es profts, el cual aparece en el Nuevo Testamento y del cual proviene nuestra palabra castellana profeta.

Profts es un vocablo compuesto constituido por la preposición pro, que lleva implícito el matiz de "antes", o "por" en este caso, y el verbo fmi, "hablar". De este modo el "profeta" es, en un sentido general, uno que habla en nombre de otro; pero en el marco bíblico, un verdadero profeta es un portavoz o intérprete de Dios, es decir, un revelador, intérprete divinamente inspirado, o uno que habla en nombre de la Deidad. Por consiguiente, las palabras nabi'/profts destacan el cariz de comunicación del papel del profeta. Las cuatro palabras juntas manifiestan un único oficio o función: un profeta es uno que recibe comunicaciones de parte de Dios, y transmite su propósito a su pueblo.

Como puede esperarse, hablar por Dios puede transformarse gradualmente en predicar por Dios. Consecuentemente, hay quienes sostienen que en el Nuevo Testamento el don a veces simplemente tiene que ver con la predicación expositiva (Lenski, p. 760 al comentar Romanos 12:6). Algunos lo ven como un "don de predicación inspirada" (International Critical Commentary al comentar 1 Cor. 13:2, p. 287), o "predicar la palabra con poder" ( ICC al comentar 1 Cor. 12:10, p. 266). Sin embargo, desde el contexto de 1 de Cor. 12-14 resulta evidente que aunque el "profetizar" activamente a veces puede adoptar la forma de la predicación eficaz (1 Cor. 14:3), esta predicación estaba basada en la revelación divina (1 Cor. 14:30) y no sobre la simple iluminación de las Escrituras por medio del Espíritu, lo cual puede darse con cualquier ministro que habla por Dios.

El Nuevo Testamento mantiene una diferencia entre el simple ministerio de la Palabra y el ministerio profético, entre el "maestro" y el "profeta" (Efe. 4:11; 1 Cor. 12:28). Tanto la predicación de Bernabé como la de Pablo sobre los temas de la salvación sin duda sonaron muy semejantes, pero mientras que uno hablaba por la autoridad de la Palabra escrita, el otro hablaba con la autoridad adicional de la revelación divina (Gál. 1:11,12).

Mientras que algunas autoridades sostienen que en el Nuevo Testamento "profetizar" (profteu) a veces se refiere a la predicación, se admite que una clase de personas que recibieron y comunicaron revelaciones directas y especiales de parte de Dios operaron en el Nuevo Testamento como profetas (Luc. 1:25-38; Hech. 11:27,28; 13:1; 15:32; 21:9). ¿Cuál era la función de ellos?

El papel del don profético en el Nuevo Testamento

En el principal registro neotestamentario de los dones espirituales, el "don profético" está registrado en segundo lugar, entre el de los apóstoles (primero) y el de los maestros (tercero). Véase 1 Cor. 12:28-30 y Efe. 4.11. El don no usurpó el papel de los apóstoles, pero su función influyó a veces en los apóstoles como así también en la membresía de la iglesia en general. Algunos de los apóstoles mismos fueron dotados con este don. Las actividades de las personas dotadas de esta manera pueden resumirse de la siguiente forma:

1. Ellos a veces fueron comisionados para advertir acerca de dificultades venideras (Hech. 11:27-30; 20:23; 21:10-14). En primer lugar (Hech. 11) la advertencia sobre la llegada del hambre originó un vínculo fraterno entre los cristianos gentiles en Antioquía y los cristianos judíos en Judea. Los primeros, contrarios a las costumbres étnicas, enviaron ayuda de buena gana a sus hermanos en Cristo judíos.

2. A través del don fue iniciada la extensión de la misión de la iglesia al extranjero (Hech. 13:1,2). Este también tuvo parte en señalar dónde debían trabajar los primeros misioneros (Hech. 16:6-10). En el segundo viaje misionero de Pablo se advierte que él fue acompañado por Silas, un profeta (Hech. 16:40).

3. Durante una crisis doctrinal el don operó a fin de animar y confirmar la membresía en la doctrina verdadera. La crisis tenía que ver con la relación entre el ritual judío y la salvación de los cristianos gentiles. En armonía con el mandato del Espíritu, un gran concilio de la iglesia tomó una decisión, aunque no fue aceptada íntimamente por todos. El conflicto se había producido en Antioquía, iglesia a la que el concilio le comunicó su decisión mediante una carta. Judas y Silas ayudaron por un tiempo a este grupo: "Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron [en inglés, de la King James Version: exhortaron] (paracale: apelar, incitar, exhortar, animar) y confirmaron (epistriz: fortalecer) a los hermanos con abundancia de palabras" (Hech. 15:32).

4. Los profetas edificaron, animaron y consolaron a la iglesia. "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, (oikodom, metafóricamente 'edificación de la vida espiritual') exhortación (paraklesis: aliento, exhortación) y consolación (paramuthia: aliento, consuelo, consolación)" (1 Cor. 14:3).

5. Los profetas, provistos simultáneamente con otros dones, tendieron a unificar la Iglesia en la fe verdadera y a protegerla de las falsas doctrinas. "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, ... hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe... para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efe. 4:11-15).

6. Los profetas, junto con los apóstoles, ayudaron en la fundación de la iglesia. "Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efe. 2:20, Cf. 3:5; 4:11).

"... Las dos palabras 'apóstoles y profetas' pueden unir al Antiguo Testamento (profetas) con el Nuevo Testamento (apóstoles) como la base de la enseñanza de la Iglesia. Pero el orden invertido de las palabras (no 'profetas y apóstoles'), sino 'apóstoles y profetas') lleva a pensar que probablemente se haga referencia a los profetas del Nuevo Testamento. Si esto es así, su posición junto a los apóstoles como fundamento de la iglesia es significativa. El relato debe referirse nuevamente a un pequeño grupo de maestros inspirados asociados con los apóstoles, que juntamente con ellos dieron testimonio de Cristo, y cuya enseñanza provenía de la revelación (Efe. 3:5) y era fundacional." --John R. W. Stott, God's New Society [Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1979], p. 107. En cuanto a un punto de vista similar, véase The Expositor's Greek Testament, W. R. Nicoll, ed. [Grand Rapids, Michigan: Wn. B. Eerdmans Publishing Company, reimpresión 1961], volumen III, pp. 299, 300.

La continuación del don profético

Como ya hemos notado, el Nuevo Testamento presenta una doctrina de "dones espirituales", o Jarismata, dones de gracia (1 Cor. 12; Efe. 4). Estas dotes conferidas por el Espíritu Santo a miembros particulares de la iglesia son para "perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Efe. 4:12). "Cada uno según el don que ha recibido," ha de emplearlo en el servicio de la iglesia, contribuyendo así en el adelanto de su obra en la tierra (1 Ped. 4:10, 11; Cf. Rom. 12:6, 7).

Puesto que los dones han de ser derramados ininterrumpidamente como el Espíritu vea apropiado, "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efe. 4:13), resulta obvio que tales dones han sido prometidos para que operen hasta que la iglesia haya consumado su ministerio y el tiempo de gracia de los hombres haya terminado.

No existe evidencia alguna en la Escritura de que Dios se proponga retirar el don profético o cualquiera de los otros dones antes de la segunda venida (Cf. 1 Cor. 13:8-12). En cambio, está la profecía del Antiguo Testamento de Joel 2:8-12, la cual es repetida por Pedro (Hech. 2:16:21) prediciendo un derramamiento del Espíritu Santo en el tiempo del fin y una consiguiente actividad de los dones espirituales. Con respecto a esto es conveniente advertir que los falsos profetas también estarán activos en el tiempo del fin. (Mat. 24:24).

El canon de la Biblia y los dones espirituales

Las Sagradas Escrituras, compuestas por el Antiguo y el Nuevo Testamento, son en sí mismas el resultado de la acción del don profético. Indirectamente las Escrituras por sí mismas indican un canon cerrado de escritos sagrados. Los límites y las porciones del Antiguo Testamento ya eran conocidos y entendidos en los tiempos de Jesús. En Mat. 23:35 Jesús señala indirectamente sus límites externos: desde Génesis hasta 2 Crónicas (último libro en la Biblia hebrea); y su división en tres partes en Lucas 24:27, 44: la ley de Moisés, los profetas y los escritos, el primero de los cuales era Salmos.

Hebreos describe de este modo la secuencia de la revelación: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras [literalmente 'en muchas porciones y de diversas maneras'] en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo..." (Heb. 1:1, 2). Las revelaciones de Dios comienzan a ser registradas a partir de Moisés (siglo XV a.C.), y a través de los siglos otros profetas registran los mensajes que les fueron confiados, según Dios veía conveniente, para avivar el entendimiento de su pueblo. Dios finalmente, optó por realizar su revelación final por medio de su Hijo. Jesucristo ha dado a la familia humana la mayor revelación de Dios posible de recibir para el hombre (Juan 1:18). El Nuevo Testamento es el testimonio apostólico inspirado e interpretación de Jesucristo y su enseñanza. La de Cristo es una vida y revelación irrepetible; el de los apóstoles es un testimonio irrepetible sobre El.

Puesto que la vida de Cristo sobre la tierra y su interpretación apostólica proveen la revelación final de Dios, ningún oficio del don profético (como uno de los dones espirituales) posterior al Nuevo Testamento puede igualar, sustituir o ser una adición a su testimonio singular. Antes bien, toda pretensión del don profético debe ser sometida a una prueba por las Escrituras (1 Tes. 5:19-21; 1 Juan 4:1-3; Mat. 7:15-20).

Toda vez que se presente la operación postcanónica del don profético, será similar a su operación en el tiempo de los apóstoles y tendrá la autoridad del Espíritu, que por medio del don, habla a la iglesia. Esta operación puede resumirse de la siguiente manera:

Una manifestación del don profético,

1. Señalará a las Sagradas Escrituras como la base de fe y práctica.
2. Iluminará y declarará enseñanzas ya presentes en las Escrituras.
3. Aplicará los principios de las Escrituras en la vida diaria.
4. Puede ser un catalizador para dirigir la iglesia a fin de que lleve a cabo su cometido tal como se le ha encargado en las Escrituras.
5. Puede ayudar en el establecimiento de la iglesia.
6. Puede reprender, advertir, instruir, alentar, desarrollar y unir la iglesia en las verdades de la Escritura.
7. Puede operar para proteger la iglesia de falsas doctrinas y establecer a los creyentes en la verdad.

La manifestación del don en el tiempo del fin

Joel 2:28-32

Viviendo en "los postreros tiempos" (desde la perspectiva del Antiguo Testamento, 1 Ped. 1:20; Heb. 1:2), el apóstol Pedro vio un cumplimiento de la profecía de Joel en el derramamiento del Espíritu en el día del pentecostés mediante la manifestación del don de lenguas (Hech. 2). Sin embargo, el pentecostés parece haber sido sólo un cumplimiento parcial, puesto que Jesús sitúa las señales en el sol y la luna mencionadas por Joel como ocurriendo después del oscurantismo de la Edad Media, de la persecución y más cerca de la venida de "el día grande y espantoso de Jehová" (Mat. 24:29, 30). Más aún, Joel se refiere específicamente a una manifestación del don de profecía. De esta manera, un cumplimiento completo de la antigua predicción de Joel requeriría una manifestación del don profético en el tiempo del fin.

Mateo 7: 15-20; 24:24

Puesto que Jesús predijo la aparición de "falsos profetas" en el tiempo del fin, tal predicción es una presunta evidencia de una manifestación verdadera del don.

1 Corintios 12; Efesios 4; etc.

La doctrina neotestamentaria de "los dones espirituales" (la cual incluye el don profético) nunca ha sido dejada sin efecto. Si el pasado pudiera dar alguna señal del futuro, podemos advertir que el don profético generalmente operó durante períodos de crisis o de trascendencia: Noé antes del diluvio; el grupo de los profetas mayores y menores en torno a los períodos críticos de la historia de Israel, cuando Asiria, Babilonia y Persia amenazaban o perjudicaban la existencia de Israel; Juan el Bautista antes del advenimiento de Cristo, etc. Por lo tanto, sería razonable esperar algún tipo de manifestación profética previa al fin del tiempo de gracia y la segunda venida, la consumación del plan de salvación.

Apocalipsis 12:17; 19:10

Mientras que enfatizamos la predición de Joel 2 en defensa de una manifestación legítima del don profético, nuestros pioneros no dejaron de tener en cuenta las implicaciones de Apocalipsis 12:17 y 19:10. En un artículo de la Review and Herald del 16 de octubre de 1855, Jaime White expresó:

"Miremos Joel 2:32, y veamos dónde coloca él la profecía. 'Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado'. Es el REMANENTE el que va a presenciar estas cosas. Es el remanente (o última fracción de la iglesia) que guarda los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo, (que es el espíritu de profecía, Apocalipsis 19:10) muy ciertamente, el que va a participar de esta liberación. 'Todo el que invocare el nombre de Jehová' en el tiempo de prueba cual nunca hubo, participará de esa liberación. ¿'Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?' Luc. 18:1-8. Esta invocación del nombre del Señor está simbolizada también por el ángel [Apoc. 14:15] que clama a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: 'Mete tu hoz, y siega; porque la hora ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.' Dios siempre ha manifestado su poder a sus hijos de acuerdo a sus necesidades y a sus ocupaciones. ¿Y podemos nosotros suponer en algún momento que el pueblo de Dios pasará a través de los peligros de los últimos días, y enfrentará el tiempo de angustia cual nunca fue, y que El no se manifestará a ellos mediante aquellos dones que El mismo ha puesto en la iglesia? No, ciertamente. Dios ha prometido, por intermedio del profeta Joel, hacer grandes cosas en favor del REMANENTE 'antes que venga el día grande y espantoso de Jehová'."

1. El libro de Apocalipsis muestra dos mujeres. Una mujer pura vestida de sol (Apoc. 12), y una mujer caída, denominada "Babilonia la Grande" (Apoc. 17). En un sentido, ambas mujeres simbolizan la misma entidad: el cristianismo. Ambas tienen descendencia (Apoc. 12:17; 17:5). Apocalipsis 12 parece estar representando a los seguidores fieles de Dios y el curso de su historia, y Apocalipsis 17 simboliza el desarrollo y el curso de la apostasía cristiana.

La mujer pura que se esconde en el desierto para escapar de la persecución ocasionada por el dragón (12:17) y por la mujer caída (17:6), representa en esencia a múltiples grupos leales. Esos grupos (aunque no necesariamente puros en todos los aspectos doctrinales: cf. La historia simbólica de la iglesia, Apoc. 2:3), mantuvieron la fe en Dios y la lealtad a las Escrituras durante el período del oscurantismo de la Edad Media. ¿Cómo, entonces, ha de identificarse "el resto de su descendencia"? ¿Ha de ser entendido como un resto del tiempo del fin del cristianismo en general, o ha de delimitárselo a un grupo específico de cristianos?

2. El libro de Apocalipsis parece describir a los sinceros seguidores de Dios en el tiempo del fin bajo dos órdenes diferentes.

a. "El resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios" (12:17), y
b. El "pueblo mío" [de Dios] que está en Babilonia (18:4).

Esto implicaría, en un sentido técnico, que el grupo denominado en Apocalipsis 12 como "el resto" o remanente no está constituido por todos los cristianos sinceros en general, sino que aquí se lo está limitando a un grupo específico por ciertas características: guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús.

Es razonable suponer, además, que el remanente o última etapa del pueblo de Dios del cual se habla en Apoc. 12:17 también predicará el último mensaje de Dios. Ese último mensaje es descripto en Apoc. 14:9-12 como el del "tercer ángel". Este es un mensaje específico con características definidas, y que también involucra el contenido del mensaje de los dos primeros ángeles (véase Apoc. 14:6-14). Si aquellos que componen el "resto" de Apoc. 12 son los expositores del mensaje del tercer ángel (Apoc. 14), necesariamente entonces tendrían que ser un grupo específico de cristianos, caracterizados por el distintivo de ese mensaje especial. Históricamente, los adventistas del séptimo día han creído que han estado cumpliendo el papel del tercer ángel; de aquí que hemos visto desde luego a nuestro movimiento como simbolizado también en Apoc. 12:17.

3. El testimonio de Jesús (12:17). El interrogante aquí es si esta frase señala una manifestación en el tiempo del fin del don profético en el grupo definido como "el resto de la descendencia de ella".

La expresión "testimonio de Jesús" aparece seis veces en el libro de Apocalipsis (1:2, 9; 12:17; 19:10; 20:4). El primer problema relacionado con la expresión tiene que ver con la traducción. Dos traducciones son posibles gramaticalmente:

1. El testimonio acerca de o concerniente a: Jesús (genitivo de objeto) = lo que los cristianos atestiguan acerca de Jesús.

2. El testimonio proveniente de o dado por: Jesús (genitivo de sujeto) = mensajes provenientes de Jesús a la iglesia.

La evidencia que proviene del uso de esta expresión en el libro de Apocalipsis sugiere que ésta debiera ser entendida como un genitivo de sujeto (un testimonio proveniente de o dado por Jesús), y que este testimonio es dado a través de la revelación profética. Unos pocos ejemplos:

a. Apocalipsis 1:1, 2. "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos... y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

En este contexto resulta evidente que "la revelación de Jesucristo" señala una revelación proveniente de o dada por Jesús a Juan. De un modo parecido, Juan luego lleva registro de este testimonio proveniente de Jesús. Ambas expresiones genitivas le dan el mejor sentido como genitivos de sujeto en el contexto y concuerdan con las palabras finales de Cristo en el libro: "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve" (Apoc. 22:20).

Comentando sobre la misma frase en Apoc. 19:10, James Moffat escribe:

"El testimonio de Jesús prácticamente equivale a Jesús testificando (22:20). Es la autorevelación de Jesús (de acuerdo a 1:1, debida finalmente a Dios) la que mueve a los profetas cristianos. El forma al instante el impulso y el tema de sus declaraciones." (The Expositor's Greek Testament, W. Robertson Nicoll, ed. [Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, reimpresión 1961], vol. 5, p. 465.

b. Una comparación de Apoc. 19:10 con 22:9 vincula el testimonio proveniente de Jesús con la función profética:

19:10 "Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de

22:9 "Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de

19:10 tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús."

22:9 tus hermanos los profetas..."

c. Apocalipsis 19:10 define al testimonio proveniente de Jesús como "el espíritu de profecía". "Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía."

Aunque James Moffat considera la frase como una glosa, analiza su significado desde las implicaciones de un genitivo de sujeto:

"Porque el testimonio de (es decir, portado por) Jesús es (es decir, constituye) el espíritu de profecía. Esto ... define específicamente a los hermanos que retienen el testimonio de Jesús como poseedores de la inspiración profética." (Ibid.).

4. La frase "espíritu de profecía" puede ser entendida en cualquiera de los dos sentidos.

a. Puede referirse al Espíritu Santo, quien comunica la revelación profética. "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21). Expresiones tales como el "Espíritu de gracia", el "Espíritu de verdad", etc., señalan al Espíritu que comunica gracia o verdad. De este modo el testimonio proveniente de Jesús puede ser comparado o vinculado con la función del Espíritu de inspirar al profeta con una revelación proveniente de Dios (cf. 1:10). Una revelación tal, es en efecto, un testimonio proveniente de Jesús. Esta interpretación de la frase está de acuerdo con 1 Ped. 1:11, que destaca que los profetas del Antiguo Testamento fueron inspirados por "el Espíritu de Cristo", y de este modo dieron un testimonio proveniente de El.

b. La frase "espíritu de profecía" puede también ser entendida como el genio o la esencia distintiva de la profecía. Es decir, el genio mismo o el alma de la profecía es Jesús que da testimonio. Jaime White lo expresó de esta manera: "El espíritu, alma y sustancia de la profecía, es el testimonio de Jesucristo; o, la voz de los profetas concerniente al plan y obra de la redención humana, es la voz del Redentor." (Life Sketches [ed. 1880], pp. 335, 336, citado en Seventh-day Adventist Encyclopedia, artículo "Spirit of Prophecy".

5. Énfasis de Apoc. 12:17. En cualquier caso, el pasaje de Apoc. 12:17, enfatiza que el remanente tiene (participio presente de ejo) el testimonio profético de Jesús. De esta manera, se describe el remanente como teniendo o reteniendo esta posesión mientras el dragón realiza su ofensiva final contra el pueblo de Dios en el tiempo del fin. (Véase Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon, sobre el uso de marturia [testimonio en Apocalipsis].)

6. "Testimonio de Jesús": ¿manifestación canónica o postcanónica?

Si el "testimonio de Jesús" es realmente el testimonio de Jesús a su iglesia a través del canal profético, entonces la incógnita es saber si la característica de Apoc. 12:17 está enfatizando la posesión por parte del remanente de las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamentos, o la posesión de una manifestación postcanónica de los dones espirituales en la forma del don profético. La primera aseveración parece ser un punto demasiado obvio para que el escritor profético lo subraye, pero una manifestación del don profético en un marco del tiempo del fin sería significativa.

Esta profecía concerniente a la posesión del testimonio profético proveniente de Jesús por parte del remanente, puede ser comparada a las muchas referencias al Mesías en los Salmos davídicos. Un lector en los tiempos del Antiguo Testamento habría relacionado con David a muchas de las declaraciones -sino todas- de estos Salmos. Más tarde, después de la vida, muerte expiatoria y resurrección de Cristo, estas declaraciones son vistas como teniendo una aplicación mayor y más perfecta al Mesías, el Hijo de David. Precisamente, en el cumplimiento de Apoc. 12:17, juntamente con el desarrollo del movimiento del tercer ángel, podemos ver ahora lo que no era evidente antes de ese desarrollo: que la posesión del "testimonio de Jesús" por parte del remanente trae consigo la alentadora verdad de que Cristo ha decidido hablar una vez más a su pueblo mediante el don profético al enfrentar éste la miríada de desafíos del tiempo del fin, y de la terminación del tiempo de gracia para la humanidad.


Fuente: Biblical Research Institute of the General Conference of Seventh-day Adventists D.C. / April 1982
Autor: Frank B. Holbrook. B.D., M.Th. Teólogo adventista ya desaparecido. De 1981 a 1990, fue director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Conferencia General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland. También fue Profesor de Religión de la hoy Southern Adventist University.
Edición en español: Centro de Investigación White, Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina. / marzo de 1988
Traducción: Silvia S. de Roscher
Edición: Víctor Casali /1997.
Correcciones de edición ajustándose al original: Menesez Filipov. Ojo Adventista / 2009
Fotografia / montaje: Menesez Filipov

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martes, 15 de septiembre de 2009

Pensamientos acerca del Milenio. Por Ángel Manuel Rodríguez

¿Por que no se podría resolver el problema del pecado, con todas sus ramificaciones cósmicas, en la segunda venida de Cristo? ¿Por qué Dios esperará hasta el fin del milenio para eliminar el pecado del universo?

El tema fundamental involucrado en el conflicto cósmico y el conflicto mismo no está confinado a este planeta. De acuerdo con las Escrituras, la solución al problema del pecado se realiza mediante etapas, por causa de la complejidad del problema y del interés de Dios por revelar al universo la justicia de sus decisiones y acciones. Encontramos en el milenio un evento escatológico indispensable que dará lugar a un reconocimiento cósmico de la justicia y el amor de Dios que reconciliará las cosas en el cielo y en la tierra (Apoc. 20:15-21; Col. 1:20).

1. El milenio crea el contexto adecuado para la conclusión de la controversia. Durante la Segunda Venida, el cosmos todavía no estará listo para la aniquilación del pecado en el universo. La Segunda Venida revelará que el sacrificio de Cristo no sólo salva a los pecadores arrepentidos; también los libera del poder esclavizante del pecado. Sin embargo, la erradicación del cosmos de un fragmento de la creación inteligente de Dios es incuestionablemente un paso más radical en su propósito redentor. Debe suceder en un tiempo apropiado, en el momento en que dará lugar a la restauración de la perfecta armonía en el universo, o shalom; o de otra manera se podría convertir en una fragmentación más pronunciada. El milenio provee el tiempo necesario para moverse hacia un consenso universal que apoye la solución divina del conflicto. Las criaturas inteligentes de Dios necesitan experimentar esta importante etapa del drama escatológico.

2. El milenio es un tiempo de reflexión y análisis cósmicos. Durante el milenio, los resultados del gran conflicto serán revisados tanto en el cielo como en la tierra. Después de la muerte de los malvados durante la Segunda Venida (Apoc. 19:21), Satanás y sus ángeles se hallarán prisioneros en un planeta desolado (Apoc. 20:2, 3). Serán forzados a reflexionar con respecto a su papel en el conflicto cósmico, al mismo tiempo que contemplan los resultados de su rebelión. Esta introspección contribuirá a la reconciliación del universo, indispensable para el final del conflicto.

La reflexión en el cielo se da en el contexto del juicio a los malvados (Apoc. 20:4; 1 Cor. 6:2, 3). Los redimidos se unirán a la corte celestial para examinar la vida de los que persistieron en su rebelión contra Dios. Tienen una contribución que hacer a la resolución del problema cósmico del pecado, ya que tienen un conocimiento personal de su poder esclavizante. Pero también experimentaron el poder redentor de la cruz y el insondable amor de Dios. Conocen por experiencia que no existen razones válidas que excusen la sumisión personal al poder de Satanás. Pueden testificar todo lo que Dios ha hecho para salvar a los pecadores arrepentidos, si ellos lo hubiesen deseado. Dios quiere que todas las criaturas inteligentes que permanecieron leales a él durante el gran conflicto, y que vivirán por la eternidad con él, participen del proceso judicial (Dan. 7:10). Los miembros del reino de Dios participarán de la decisión de erradicar del cosmos la anomalía del pecado; el pueblo de Dios sobre la tierra es parte de ese reino y gozará de los mismos privilegios.

3. El milenio conduce a una adoración universal. Al fin del milenio, la reflexión por parte de los poderes del mal en la tierra y la reflexión en forma de proceso judicial en el cielo llegarán a una misma conclusión. Ambos reconocerán que las decisiones judiciales de Dios son imparciales y justas. El malvado, Satanás, y sus ángeles comparecerán ante el trono de Dios para recibir los resultados de su rebelión (Apoc. 20:11, 12). Admitirán pública y voluntariamente que lucharon por la causa equivocada, confesarán la justicia de Dios, reconocerán el señorío de Cristo y aceptarán la sentencia divina pronunciada contra ellos (Fil. 2:9-11; Apoc. 16:5; Apoc. 19:1, 2). Entonces, cada criatura inteligente del universo se unirá en un canto de alabanza al amor y la justicia de Dios. En ese momento, el universo estará listo para ser testigo de la extinción eterna del pecado y de los pecadores de la creación de Dios. Para poder llegar a ese punto, es indispensable el milenio.


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Ilustración: "El Juicio Final" (basado en Apocalipsis 20:12) de Gustave Doré

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Los 1290 y los 1335 días de Daniel 12. Por Alberto R. Timm

La interpretación de los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 respectivamente como 1.290 y 1.335 años se puede encontrar ya entre los expositores judíos del siglo VIII d. JC. Esa interpretación, que se basa en el principio del día-año (véase Núm. 14:34 y Eze. 4:6, 7), continuó siendo defendida por los seguidores de Joaquín de Fiore (1130-1202), como asimismo por varios otros expositores durante el período anterior a la Reforma y la Reforma misma, y fue incorporada a la tradición protestante posterior a ella.1

Guillermo Miller (1782-1849), por su parte, creía (1) que tanto los 1.290 como los 1.335 años habían comenzado en el año 508, cuando Clodoveo obtuvo su victoria sobre los ostrogodos arrianos, paso decisivo en la unión de los poderes político y eclesiástico para castigar a los "herejes" por parte del catolicismo medioeval; (2) que los 1.290 años se habían cumplido en 1798, con la detención del papa Pío VI por parte del ejército francés; y (3) que los 1.335 años se extendieron otros 45 años más hasta la conclusión de los 2.300 años de Daniel 8:14 en 1843/1844.2 Los primeros adventistas observadores del sábado conservaron esa interpretación, 3 y así se convirtió en la posición histórica de la Iglesia Adventista hasta el día de hoy.4

No obstante, en años recientes algunos predicadores independientes han comenzado a propagar una "nueva luz" acerca de los 1.290 y 1.335 días de Daniel 12. Apartándose de la tradicional interpretación adventista, esas personas alegan que ambos períodos constituyen días "literales" (y no días que representan "años") que deben cumplirse todavía en el futuro. Algunos de ellos sugieren que los dos períodos comenzarán con el futuro decreto dominical; que los 1.290 días "literales" es el período reservado para que el pueblo de Dios salga de las ciudades; y que al final de los 1.335 días "literales" se oirá la voz de Dios que anunciará "el día y la hora" del regreso de Cristo.5

Por más interesantes que puedan parecer estas teorías, existen por lo menos cinco razones básicas que nos impiden aceptarlas.

1. Esta teoría se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía.

Uno de los argumentos empleados para justificar el cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días es la falsa suposición de que Elena de White consideraba erróneo el concepto de que los 1.335 días se habían cumplido en el pasado. Se menciona su carta "a la iglesia que está en la casa del Hno. Hastings", con fecha del 7 de noviembre de 1850, en la que se mencionan algunos problemas relacionados con el Hno. O. Hewit, de Dead River. En el texto original en inglés de esa carta aparece la siguiente declaración: "We told him of some of his errors of the past, that the 1335 days were ended and numerous errors of his".6

Esta sentencia se debería traducir sencillamente de la siguiente manera: "Le mencionamos algunos de sus errores del pasado, que los 1.335 días se habían cumplido y muchos de sus errores". Pero algunos de los defensores de la "nueva luz" profética prefieren reemplazar la conjunción "que" ("that" en inglés) por la expresión "tales como" ("such as" en inglés), con lo que se altera el sentido del texto. De esta manera intentan conseguir que la sentencia diga que entre los errores defendidos por Hewit se encontraba la idea de que "los 1.335 días se habían cumplido".

Si la intención de la Hna. White consistía realmente en corregir al Hno. Hewit por creer que los 1.335 días ya se habían cumplido, surgen una cantidad de interrogantes: ¿Por qué Elena de White se limitó a corregir en 1850 en forma parcial y tendenciosa lo que habría sido sólo una posición personal de este hermano, sin dirigir la más mínima reprensión a los demás dirigentes del movimiento adventista que también creían que ese período profético ya se había cumplido en
1844? ¿Por qué no reprendió a su propio esposo (Jaime White) por afirmar en la Review, en 1857, que "los 1.335 días terminaron junto con los 2.300, con el clamor de media noche en 1844"?7 ¿Por qué no lo reprendió por seguir publicando en la Review diversos artículos de otros autores que defendían la misma idea?8 Más aún, ¿cómo podría haber declarado Elena de White en 1891 que "el Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, pues éste no será nunca más una prueba",9 si el cumplimiento de los 1.290 y los 1.335 días todavía estuviera en el futuro?

Las evidencias de que Elena de White creía que esos períodos ya se habían cumplido en sus días se pueden encontrar también en declaraciones suyas que se refieren a que Daniel ya estaba por recibir su heredad desde el comienzo del tiempo del fin.10 Creemos, por consiguiente, que el Dr. Gerard Damsteegt, profesor del Seminario Teológico de la Universidad Andrews, estaba en lo cierto al declarar que "ya en 1850 Elena G. de White había escrito que los 1.335 días se habían cumplido, sin especificar el momento de ese cumplimiento".11

2. Esta teoría vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel

Para justificar el supuesto cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días, los abogados de esta "nueva luz" profética alegan sin la menor preocupación que el contenido de Daniel 12:5-13, donde aparecen estos períodos, no forma parte de la cadena profética de Daniel 11. Pero un análisis más detenido del libro de Daniel no confirma esta teoría.

El Dr. William H. Shea aclara que en el libro de Daniel cada período profético (1.260, 1.290, 1.335 y 2.300 días) aparece como un apéndice regulador del cuerpo básico de la profecía que le corresponde. Por ejemplo, la visión del capítulo 7 está descrita en los versículos 1 al 14, pero el tiempo que se relaciona con ella aparece recién en el versículo 25. En el capítulo 8 el cuerpo de la visión se encuentra en los versículos 1 al 12, pero el tiempo correspondiente recién figura en el versículo 14. De la misma manera, los tiempos proféticos relacionados con la visión del capítulo 11 se mencionan en el capítulo 12. 12

Este paralelismo comprueba que los 1.290 días y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 participan de la misma naturaleza profético-apocalíptica que el "tiempo, tiempos y medio tiempo" de Daniel 7:25, y las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14. Por lo tanto, si aplicamos el principio de día por año a los períodos proféticos de Daniel 7 y 8, también lo debemos aplicar a los períodos de Daniel 12, por que todos estos períodos están relacionados de alguna manera entre sí, y la descripción de cada visión indica un solo cumplimiento para el período profético que le corresponde.

Además, la alusión de Daniel 12:11 al "continuo sacrificio" y a la "abominación desoladora", conecta los 1.290 y los 1.335 días no sólo con el contenido de la visión de Daniel 11 (véase Daniel 11:31), sino también con las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14 (véase Dan. 8:13; 9:27). El mismo poder apóstata que establecería la "abominación desoladora" en lugar del "continuo sacrificio" se describe en Daniel 7 y 8 como el "cuerno pequeño", y en Daniel 11 como el "rey del
Norte".

Por lo tanto, la tentativa de interpretar algunos períodos proféticos de Daniel (70 semanas, 2.300 tardes y mañanas) como días que simbolizan años, y otros (1.290 y 1.335 días) como meros días literales, desentona totalmente con el paralelismo profético-literario del libro de Daniel.

3. Esta teoría se basa en una interpretación anti bíblica de la palabra hebrea tamid ("diario", "continuo")

La teoría de que tanto los 1.290 como los 1.335 días comienzan con el futuro decreto dominical, se basa en la suposición de que en Daniel 12:11 las expresiones "continuo sacrificio" y "abominación desoladora" significan respectivamente sábado y domingo. Esa suposición también carece de base bíblica.

La expresión "continuo sacrificio" es la traducción del término hebreo tamid, que significa "diario" o "continuo", al cual se le añadió la palabra "sacrificio" que no aparece en el texto original de Daniel 8:13 y 12:11. Ese término (tamid) se usa en las Escrituras en relación no sólo con el sacrificio diario del santuario terrenal (véase Exo. 29:38, 42) sino también con varios otros aspectos de la ministración permanente de ese santuario (véase Exo. 25:30; 27:20; 28:28, 38; 30:8; 1 Crón. 16:6). En el libro de Daniel el término se refiere, obviamente, al continuo ministerio sacerdotal de Cristo en el santuario/templo celestial (véase Dan. 8:9-14). Ya la expresión "abominación desoladora" implica el amplio sistema de falsificación de ese ministerio, basado en las teorías anti bíblicas de la inmortalidad natural del alma, la mediación de los santos, el confesionario, el sacrificio de la misa, etc.

No podemos estar de acuerdo con la teoría de que en Daniel 12 el "diario" representa el sábado y la "abominación desoladora" el domingo. Para creer esto, tendríamos que vaciar esas expresiones del amplio significado que poseen, dado tanto por el propio contexto bíblico en el cual aparecen, como asimismo por el consenso general de las Escrituras.

4. Esta teoría refleja la interpretación jesuítico futurista de la Contra Reforma católica

Los defensores de la interpretación literal y futurista de los 1.290 y los 1.335 días alegan que su posición es genuinamente adventista y que está plenamente sancionada por el Espíritu de Profecía. Pero si analizamos más detenidamente el asunto a la luz de la historia, descubrimos que esta teoría rechaza el historicismo y el principio del día-año, de tradición protestante, para alinearse abiertamente con el futurismo literalista de la Contra Reforma católica.

Los reformadores protestantes del siglo XVI identificaban el "cuerno pequeño" con el papado, que daría origen a la "abominación desoladora" acerca de la cual habla Daniel.13 Con el propósito de defender al papado de esas acusaciones, el cardenal italiano Roberto Bellarmino (1542-1621), el más capaz y renombrado de todos los polemistas jesuitas, sugirió que el "cuerno pequeño" era solo un rey, y que los 1.260, 1.290 y 1.335 días eran días literales, que se cumplirían recién en el período anterior al fin del mundo.14 De esta manera el papado de aquel tiempo no podría ser identificado más con el "cuerno pequeño" o con el "rey del Norte" y, por consiguiente, no se lo podría responsabilizar de la "abominación desoladora".

Muchos de los defensores contemporáneos de la interpretación futurista de los 1.290 y 1.335 días desconocen la relación que existe entre esa teoría y el futurismo de la Contra Reforma católica. Pero aún así, estos individuos deberían reconocer por lo menos que "esas propuestas futuristas reposan, esencialmente, sobre una comprensión equivocada de los patrones de pensamiento de la poesía hebrea", y que "representan una lectura del idioma hebreo con ojos occidentales".15

5. Esta teoría no toma en cuenta las advertencias del Espíritu de Profecía que se opone a la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

Si esta teoría fuera correcta, con la mera promulgación del decreto dominical ya sabríamos con anticipación cuándo se cerraría la puerta de la gracia y cuándo sería la segunda venida de Cristo. Es, por lo tanto, una forma sutil y capciosa de establecer fechas para los eventos finales. Por más originales y creativas que puedan parecer, esas tentativas no pasan de ser propuestas especulativas, que desconocen e inclusive desprecian, en nombre del Espíritu de Profecía, las propias advertencias del Espíritu de Profecía acerca de este asunto.

Ya en 1850 Elena de White advirtió: "El Señor me mostró que el TIEMPO no ha sido motivo de prueba desde 1844, y que nunca más lo será".16 Posteriormente añadió que "nunca más habrá para el pueblo de Dios un mensaje basado en el tiempo". "El Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, porque el tiempo nunca más será una prueba". "Dios no nos reveló el tiempo cuando este mensaje concluirá, o cuándo terminará el tiempo de gracia".17 Solamente después de la terminación del tiempo de gracia, y poco antes de la Segunda Venida, declarará Dios a los salvos "el día y la hora de la venida de Jesús".18

En su comentario acerca de Apocalipsis 10:6, que según la versión inglesa del rey Jaime reza: "no habrá más tiempo", Elena de White aseveró lo siguiente en 1900: "Este tiempo, que el ángel declaró con solemne juramento, no es el fin de la historia de este mundo, ni del tiempo de prueba, sino del tiempo profético, que debe preceder al advenimiento del Señor. Es decir, el pueblo no tendrá otro mensaje basado en un tiempo definido. Después de este período de tiempo, que se extiende desde 1842 a 1844, no puede haber cálculo definido del tiempo profético".19

Si este es el caso, ¿por qué algunos profesos adventistas insisten en aplicar al futuro los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12? Sólo Dios puede juzgar el grado de sinceridad de esas personas; pero una cosa es cierta: "La fe en una mentira no ejercerá influencia santificadora sobre la vida o el carácter. Ningún error es verdad, ni se puede convertir en verdad por la repetición o porque se tenga fe en él. . . Puedo ser perfectamente sincera al seguir un camino equivocado, pero eso no convierte en correcto ese camino, ni me llevará al lugar donde quiero llegar".20

Conclusión

Es evidente, por lo tanto, que la teoría del cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días (1) se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía; (2) vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel; (3) se basa en una interpretación no bíblica del término hebreo tamid ("diario", "continuo"); (4) refleja la interpretación jesuítico-futurista de la Contra Reforma católica; y (5) pasa por alto las advertencias del Espíritu de Profecía contra la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

En una época cuando los vientos de las falsas doctrinas están soplando con mucha intensidad (véase Efe. 4:14), "de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24), sólo estaremos seguros si nos encontramos fundados sobre la clara e inamovible Palabra de Dios. Toda "nueva luz", para que sea verdadera, debe estar en perfecta armonía con el contexto general de las Sagradas Escrituras y de los escritos inspirados de Elena G. de White.21 Los atalayas del pueblo de Dios jamás deberían permitir que las conjeturas y las especulaciones humanas les impidan darle a la trompeta un sonido certero. (Véase Eze. 33:1-9; 1 Cor. 14:8).


Fuente: Centro de Investigaciones Bíblicas / Biblical Research Institute
Autor: Alberto R. Timm, destacado teologo adventista, Doctorado en Teologia en la Andrews University. Rector del Seminario Adventista Latinoamericano de Teología (SALT), Director del Centro de Investigación Elena G. de White, en Brasil.
Referencias: 1. Le Roy E. Froom, The Prophectic Faith of our Fathers (Washington DC: Review and Herald, 1954), tomo 4, 205, 206. 2. William Miller, Evidences from Scriptures and History of the Second Coming of Christ about the Year A.D. 1843, and of His Personal Reign of 1000 Years (Evidencias basadas en las Escrituras y en la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, y de su reino personal de mil años, Brandon, VT: Vermont Telegraph Office, 1833), 31; Idem, Evidence from Scripture and History of the Second Coming of Christ, about the Year 1843; Exhibited in a Course of Lectures (Evidencias basadas en las Escrituras y la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, expuestas en una serie de conferencias, Boston: Joshua V. Himes, 1842), 95-104, 296, 297; idem, "Synopsis of Miller's Views" (Sinopsis de las opiniones de Miller), Signs of the Times (Las señales de los tiempos), 25 de enero de 1843, 148, 149. 3. Véase P. Gerard Damsteegt, Foundations of the Seventh-day Adventist Message and Mission (Fundamentos del mensaje y la misión de los adventistas del séptimo día, Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1977), 168-179. 4. Véase, por ejemplo, Urías Smith, "Synopsis of the Present Truth, No. 12" (Sinopsis de la verdad presente, No. 12), Review and Herald, 28 de enero de 1858, 92, 93; Stephen N. Haskell, The Story of Daniel the Prophet (La historia de Daniel, el profeta, Berrien Springs, MI: Advocate Publishing Company, 1903), 263-265; J.N. Loughborough, "The Thirteen Hundred and Thirty-Five Days" (Los mil trescientos treinta y cinco días), Review and Herald, 4 de abril de 1907, 9-10; Urías Smith, The Prophecies of Daniel and Revelation (Las profecías de Daniel y el Apocalipsis), edición revisada (Washington, D.C.: Review and Herald, 1944), 330,331; George M. Price, The Greatest of the Prophets: a New Commentary on the Book of Daniel (El más grande de los profetas: un comentario acerca del libro de Daniel, Mountain View, CA: Pacific Press, 1955), 337-342; Araceli S. Melo, Testemunhos Históricos das Profecias de Daniel (Testimonios históricos de las profecías de Daniel, Río de Janeiro: Laemmert, 1968), 727-728; Francis D. Nichol, editor, The Seventhday Adventist Bible Commentary (El comentario bíblico adventista, edición revisada, Washington, D.C.:Review and Herald, 1977) tomo 4, 880, 881; Vilmar E. González, "Os 1290 e 1335 dias em Daniel 12" (Los 1.290 y los 1.335 días en Daniel 12), Revista Adventista, septiembre de 1982, 43-45; Jacques B. Doukhan, Daniel: the Vision of the End (Daniel: la visión del fin, edición revisada, Berrien Springs, MI: Imprenta de la Univerdidad Andrews, 1989), 153; William H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Profecías relativas al tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Frank B. Holbrook, editor, Symposium on Revelation -Book 1 (Simposio acerca de Apocalipsis - Tomo 1), Serie producida por la Comisión acerca de Daniel y Apocalipsis, tomo 6 (Silver Spring, Maryland, Instituto de Invetigación Bíblica de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 1992), 327-360; William H. Shea, Daniel 7-12: Prophecies of the End Time (Daniel 7 al 12, profecías relativas al tiempo del fin; El Amplificador de la Vida Bíblica Abundante, Boise, Indiana: Pacific Press Publishing Association, 1996), 217-233. 5Un importante análisis crítico de varias teorías más recientes acerca del cumplimiento de los 1.260, 1.290 y los 1.335 días se puede encontrar en la obra de Victor Michaelson, Delayed Time-Setting Heresies Exposed (Denuncia de ciertas herejías relativas a una tardía fijación de fechas, Payson, Arizona: Leaves-of-Automn, 1989). 6E.G. de White, "To the Church of Bro. Hastings House" (A la iglesia de la casa del Hno. Hastings), 7 de noviembre de 1850 (carta H-28, 1850). Vuelta a publicar en idem, Manuscripts Releases (Manuscritos puestos en circulación), tomo 5, 203; ibidem, tomo 6, 251, ibidem, tomo 16, 208. 7White, James, "The Judgment" (El juicio), Review and Herald, 29 de enero de 1857, 100. 8. Véase, por ejemplo, J.N. Loughborough, "The Hour of His Judgment is Come" (La hora de su juicio ha venido), Review and Herald, 14 de febrero de 1854, 30; Urías Smith, "Short Interviews with Correspondents" (Cortas entrevistas con corresponsales), Review and Herald, 24 de febrero de 1863, 100. Idem, "The Sanctuary" (El santuario), Review and Herald, 8 de septiembre de 1863, 116. 9.Elena G. de White, Testimonios Selectos, tomo 1, 220, 221. 10. Idem. "Temperance" (Temperancia), Manuscrito No. 50, 1893 (publicado en idem, Sermons and Talks (Sermones y charlas), tomo 1, 225, 226), en idem, Testimonios para los Ministros, 115, en portugués); idem, "Diary" (Diario), Manuscrito 176, del 4 de noviembre de 1899 (publicado en Comentario bíblico adventista,tomo 4, 1174); idem. "Help to be Given to our Schools" (La ayuda que se debe prestar a nuestras escuelas), Manuscrito 10, 1900 (publicado en el Comentario bíblico adventista, tomo 7, 949); idem, "To Our Church Members in Australasia" (A nuestros miembros de iglesia en Australasia), Carta B-6, del 17 de enero de 1907 (publicada en el Union Conference Record (Boletín de la Unión -- Australasiana), 11 de marzo de 1907, 1, 2). 11. Damsteegt, 169. 12. Shea, Daniel 7-12, 217-218. 13. Véase Froom, tomo 2, 241-243 y siguientes. 14. Véase ibid., 495-502. 15. (Frank B. Holbrook), "Editorial Synopsis" (Sinopsis editorial) al artículo de W.H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Las profecías relativas a tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Holbrook, editor, Symposium on Revelation (Simposio acerca del Apocalipsis), tomo 1, 327. 16. E.G. de White, "Dear Brethren and Sisters" (Queridos hermanos y hermanas), Present Truth (La verdad presente), noviembre de 1850, 87. Véase también Primeros Escritos, 75. 17. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 188, 191. (En portugués). 18.Idem, El Conflicto de los Siglos, 840. (En portugués). 19. Comentario de Elena G. de White en el Seventh-day Adventist Commentary (Comentario bíblico adventista), tomo 7, 971. 20. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 56. (En portugués). 21. Véase idem, Counsels to Writers and Editors (Consejos a escritores y redactores), 33-51. Publicado por la revista Logos 3/2 septiembre 1999 página 20

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