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domingo, 27 de noviembre de 2011

El Milenio: el cambio será mayor de lo que imaginamos. Por David Macdonald

“Miré a la tierra, y vi que estaba desordenada y vacía… Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. Miré, y vi que el campo fértil era un desierto” (Jer. 4:23-26).
Con las noticias que tenemos del cambio climático, parecería que las palabras del profeta de antaño podrían cumplirse antes de lo pensado. Los científicos nos dicen que la tierra se encamina hacia un estado como el descrito por Jeremías.

Jeremías está señalando deliberadamente una conexión con Génesis 1:2, en un intento por impresionar a Israel para que se prepare para la inminente invasión de Nabucodonosor. Usa una hipérbole para describir la terrible destrucción que traería el rey de Babilonia. Dice que la tierra será como antes de la creación: “desordenada y vacía”. Cuando Juan escribió el Apocalipsis, también trazó una conexión con Génesis 1:2 al utilizar la palabra griega abussos (Apoc. 20:1), equivalente a la palabra hebrea tehom, generalmente traducida como “abismo” (Gen. 1:2), “profundidad”, “lugar inaccesible”, etc. (Apoc. 20:1).

Hoy vemos el texto de Jeremías no solo como referencia al pasado sino, lo que es más importante, como referencia profética al futuro milenio.

Pero esto parece haberse perdido a lo largo de los años. ¿Podemos ver el plan divino? Antes de la creación del primer cielo y la primera tierra, se afirma que la tierra estaba desordenada y vacía, en un estado de tehom. Al fin de los tiempos, la tierra regresa a esa misma condición. Dios se prepara entonces para crear un nuevo cielo y una nueva tierra. El pecado estropeó nuestra historia. Dios está volviendo a cero para dar inicio a una nueva obra. Dios comenzará nuevamente. Su intención para el planeta tierra se cumplirá. El Paraíso no está perdido. No ha sido frustrado por el pecado o Satanás. “Él es la roca, cuya obra es perfecta” (Deut. 32:4).

La tierra está desordenada y vacía y en un estado de tehom durante mil años debido a lo que sucede al comienzo de ese período. Pedro nos dice que “los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos ardiendo serán deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Ped. 3:10). Si consideramos el lenguaje utilizado por Pedro, el Planeta Tierra parece dirigirse a la fusión termonuclear de millones de grados centígrados.1

Lo que hay que entender

Es de vital importancia que captemos esta verdad sobre la condición de la tierra durante el milenio. Si no lo hacemos, podemos adoptar modelos no bíblicos del milenio. Los adventistas creemos que todos los salvados estarán en el cielo con Jesús durante ese período. Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” (Juan 14:2). Y siguió diciendo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (versículo 2).

Jesús está preparándonos un lugar en el cielo. Durante el milenio, solo el diablo y todos sus demonios habitarán este lugar sombrío que conocemos como el Planeta Tierra. Y solo al fin de los mil años, “la santa ciudad, la nueva Jerusalén”, descenderá “del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo” (Apoc. 21:2).

Otro factor, acaso más importante, que lleva a adoptar modelos equivocados del milenio es la idea de un reino y gobierno político de los judíos y/o de la iglesia cristiana sobre las naciones. Un estudioso afirma que este error es común en todos los demás modelos. Es serio, porque hace que la Segunda Venida de Cristo pierda todo su significado. ¡Qué decepcionante sería si después de la Segunda Venida la vida continuara de la misma manera, más allá del justo gobierno bajo la conducción de Cristo! Si 1844 produjo un chasco, ¡este sería el chasco más grande de la historia!

Por eso debemos descartar la idea de un reino político del Mesías. Ese fue el error de los discípulos. Judas traicionó a Jesús y Pedro lo negó (en efecto, ninguno de los discípulos estaba preparado para la cruz) debido a sus perspectivas equivocadas del Mesías “político”.

Esta visión también se relaciona con el peligro de confundir “las multitudes, desde los más pequeños hasta los mayores”2, para que sean engañadas por la personificación de Cristo que hará Satanás en la Segunda Venida, lo que Elena de White denomina “el engaño más poderoso, casi irresistible”.3 Jesús dijo: “Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí” (Juan 18:36). ¿Cuándo vamos a comprender el verdadero significado de sus palabras? Si el reino del Mesías fuera político, la fusión termonuclear se habría producido en la cruz y no al fin de los tiempos.

Un tercer punto: el milenio es el capítulo final de la historia del pacto divino, del compromiso que hizo para salvar a “todo aquel” que lo desee. Lo que Dios les prometió a Adán y Eva fuera de las puertas del paraíso y a todas las generaciones subsiguientes se está haciendo realidad. Una “gran voz” proveniente del trono lo pronuncia con el lenguaje típico del pacto: “El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apoc. 21:3).

Dios está poniendo fin a la historia de la salvación. Vemos aquí la disposición final de todas las cosas; el destino final de todos los que aceptan la salvación divina; el destino final de todos los que rechazan la salvación; el proceso de juicio que revela estos destinos y vindica el nombre de Dios; el destino final de Satanás y las agencias que ha utilizado en la tierra para cumplir sus terribles acciones; y, específicamente, la muerte es enfrentada y destruida. Finalmente se presentan el cielo nuevo y la tierra nueva en todo su esplendor. Y sí, es Jesús el que hace que estas promesas se hagan realidad. “Porque todas las promesas de Dios son en él ‘sí’, y en él “Amén’” (2 Cor. 1:20).

Un cambio verdadero

Se aproxima el cambio climático. Pero será mucho más radical de lo predicho. La Segunda Venida de Cristo no será un cambio cosmético del Planeta Tierra. La Tierra como la conocemos llegará a su fin. El tiempo se detendrá. Si la cruz divide la historia, la Segunda Venida le pone fin. Si la cruz es central para la historia de la salvación, la Segunda Venida es el capítulo final de esa historia. Nadie debería engañarnos para que pensemos de otro modo.

Los mil años forman un vínculo que mantiene unidas muchas ideas aparentemente sin conexión; pero el evento decisivo de todos los sucesos escatológicos está dado por la Segunda Venida. Nuestra mente se llena de hermosa armonía al ver la forma en que Dios pondrá fin a la historia de la salvación.






Fuente: Adventist World
Autor: David Macdonald es pastor de la iglesia en Bundaberg, Queensland, Australia.

Referencias: 1. The temperature of our sun at its core: Mark R. Chartrand III, Skyguide: A Field Guide for Amateur Astronomers (New York: Golden Press, 1982), p. 202. 2. El gran conflicto, p. 682. 3. Ibíd.





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martes, 15 de septiembre de 2009

Pensamientos acerca del Milenio. Por Ángel Manuel Rodríguez

¿Por que no se podría resolver el problema del pecado, con todas sus ramificaciones cósmicas, en la segunda venida de Cristo? ¿Por qué Dios esperará hasta el fin del milenio para eliminar el pecado del universo?

El tema fundamental involucrado en el conflicto cósmico y el conflicto mismo no está confinado a este planeta. De acuerdo con las Escrituras, la solución al problema del pecado se realiza mediante etapas, por causa de la complejidad del problema y del interés de Dios por revelar al universo la justicia de sus decisiones y acciones. Encontramos en el milenio un evento escatológico indispensable que dará lugar a un reconocimiento cósmico de la justicia y el amor de Dios que reconciliará las cosas en el cielo y en la tierra (Apoc. 20:15-21; Col. 1:20).

1. El milenio crea el contexto adecuado para la conclusión de la controversia. Durante la Segunda Venida, el cosmos todavía no estará listo para la aniquilación del pecado en el universo. La Segunda Venida revelará que el sacrificio de Cristo no sólo salva a los pecadores arrepentidos; también los libera del poder esclavizante del pecado. Sin embargo, la erradicación del cosmos de un fragmento de la creación inteligente de Dios es incuestionablemente un paso más radical en su propósito redentor. Debe suceder en un tiempo apropiado, en el momento en que dará lugar a la restauración de la perfecta armonía en el universo, o shalom; o de otra manera se podría convertir en una fragmentación más pronunciada. El milenio provee el tiempo necesario para moverse hacia un consenso universal que apoye la solución divina del conflicto. Las criaturas inteligentes de Dios necesitan experimentar esta importante etapa del drama escatológico.

2. El milenio es un tiempo de reflexión y análisis cósmicos. Durante el milenio, los resultados del gran conflicto serán revisados tanto en el cielo como en la tierra. Después de la muerte de los malvados durante la Segunda Venida (Apoc. 19:21), Satanás y sus ángeles se hallarán prisioneros en un planeta desolado (Apoc. 20:2, 3). Serán forzados a reflexionar con respecto a su papel en el conflicto cósmico, al mismo tiempo que contemplan los resultados de su rebelión. Esta introspección contribuirá a la reconciliación del universo, indispensable para el final del conflicto.

La reflexión en el cielo se da en el contexto del juicio a los malvados (Apoc. 20:4; 1 Cor. 6:2, 3). Los redimidos se unirán a la corte celestial para examinar la vida de los que persistieron en su rebelión contra Dios. Tienen una contribución que hacer a la resolución del problema cósmico del pecado, ya que tienen un conocimiento personal de su poder esclavizante. Pero también experimentaron el poder redentor de la cruz y el insondable amor de Dios. Conocen por experiencia que no existen razones válidas que excusen la sumisión personal al poder de Satanás. Pueden testificar todo lo que Dios ha hecho para salvar a los pecadores arrepentidos, si ellos lo hubiesen deseado. Dios quiere que todas las criaturas inteligentes que permanecieron leales a él durante el gran conflicto, y que vivirán por la eternidad con él, participen del proceso judicial (Dan. 7:10). Los miembros del reino de Dios participarán de la decisión de erradicar del cosmos la anomalía del pecado; el pueblo de Dios sobre la tierra es parte de ese reino y gozará de los mismos privilegios.

3. El milenio conduce a una adoración universal. Al fin del milenio, la reflexión por parte de los poderes del mal en la tierra y la reflexión en forma de proceso judicial en el cielo llegarán a una misma conclusión. Ambos reconocerán que las decisiones judiciales de Dios son imparciales y justas. El malvado, Satanás, y sus ángeles comparecerán ante el trono de Dios para recibir los resultados de su rebelión (Apoc. 20:11, 12). Admitirán pública y voluntariamente que lucharon por la causa equivocada, confesarán la justicia de Dios, reconocerán el señorío de Cristo y aceptarán la sentencia divina pronunciada contra ellos (Fil. 2:9-11; Apoc. 16:5; Apoc. 19:1, 2). Entonces, cada criatura inteligente del universo se unirá en un canto de alabanza al amor y la justicia de Dios. En ese momento, el universo estará listo para ser testigo de la extinción eterna del pecado y de los pecadores de la creación de Dios. Para poder llegar a ese punto, es indispensable el milenio.


Fuente: Biblical Reseach Institute
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University. Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico del Southwestern Adventist University.
Ilustración: "El Juicio Final" (basado en Apocalipsis 20:12) de Gustave Doré

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jueves, 6 de agosto de 2009

¿Dónde pasará usted el milenio? Por Marvin Moore

Hay dos puntos de vista distintos respecto de dónde pasaremos el milenio. Afortunadamente, la Biblia nos da una clara respuesta.

Yo estudio la Biblia con un grupo de creyentes, y buena parte de 2005 y 2006 lo ocupamos en la lectura del Apocalipsis. Una de las cuestiones que surgieron en el estudio fue dónde pasará el milenio el pueblo de Dios. Alguien dijo que pasaremos el milenio en esta tierra. Yo pienso que lo pasaremos en el cielo. En este artículo compartiré las razones bíblicas por las que creo esto.

La descripción del milenio se encuentra en Apocalipsis 20. Sin embargo, en todo el capítulo sólo el versículo cuatro dice algo acerca del pueblo de Dios en el milenio. Esto es lo que dice: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”.

El término señalado en letra cursiva (vivieron) expresa que los hijos de Dios resucitarán en ocasión de la segunda venida de Cristo, para luego reinar con él. Por lo tanto, este versículo es una imagen que describe al pueblo de Dios durante el milenio, después del retorno de Jesús. Sin embargo, se guarda absoluto silencio respecto de dónde estará el pueblo de Dios en ese tiempo. Afortunadamente, otros textos de la Biblia, algunos en el mismo Apocalipsis, proveen evidencia significativa de que los hijos del Señor pasarán el milenio en el cielo.

La promesa de Jesús

Durante la última cena con sus discípulos, Jesús les anunció que pronto los dejaría (S. Juan 13:33). Esta información perturbó el ánimo de cada uno de ellos, por lo cual, con la intención de consolarlos, el Señor les reveló dónde pasarían el milenio. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (S. Juan 14:1-3). Las siguientes declaraciones resumen lo que Jesús dijo:

- En primer lugar, él iría a la “casa” de su Padre (que la Biblia dice que está en el cielo; véase Hebreos 1:3; 8:1) a fin de preparar un lugar para sus discípulos.
- Luego, él retornaría a la tierra.
- Cuando volviera, él tomaría a sus discípulos (y a nosotros) para que estuvieran con él.
- Para que, finalmente, todos pudieran estar donde él está; es decir, en el cielo. Según el mismo Jesús, estaremos en el cielo con él después de su segunda venida, no en esta tierra.

Y hay más.

La separación de los justos y de los impíos

He encontrado que la mayoría de las personas que creen que los justos pasarán el milenio en esta tierra también creen que los impíos vivirán con ellos. La diferencia, dicen ellos, es que mientras hoy el mundo es gobernado por los impíos, después de la segunda venida de Cristo será gobernado por los justos.

El problema con esta interpretación es la siguiente: en ningún lugar del Nuevo Testamento se sugiere en absoluto que los justos y los impíos vivirán lado a lado después de la segunda venida de Cristo. Al contrario, Jesús dejó muy claro que los dos grupos estarán separados. En San Mateo 13:24-30, el Señor relató una parábola acerca de un labrador que sembró buena semilla en su campo, y luego una noche un enemigo esparció semillas de cizaña en todo el campo. Así es cómo Jesús interpretó esta parábola para sus discípulos: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (S. Mateo 13:40-43; la letra cursiva es agregada).

Las palabras en letra cursiva expresan claramente que en la segunda venida de Cristo los ángeles separarán a los impíos de los hijos de Dios.

Jesús enseñó la misma lección en la parábola de las ovejas y los cabritos: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (S. Mateo 25:31, 32). Jesús concluyó su parábola con esta declaración inequívoca: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (S. Mateo 25:46).

Si los impíos son separados de los hijos de Dios a la segunda venida de Cristo, no pueden al mismo tiempo convivir durante el milenio.

Un planeta devastado

La Biblia también dice que antes de la segunda venida de Cristo el mundo será devastado por terribles desastres naturales.

En Apocalipsis 7:3 y 4 leemos que los 144.000 justos vivirán en el mundo justo antes de la segunda venida de Cristo. El versículo tres dice que un ángel mandará a cuatro ángeles a que no hagan “daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos [los 144.000] de nuestro Dios”. Obviamente, una vez que los hijos de Dios sean sellados, la tierra, el mar y los árboles serán destruidos.

Y la tierra, el mar y los árboles forman parte del mismo sistema ecológico por el que hoy se preocupa la mayoría de los científicos. El Apocalipsis nos está diciendo que poco antes de la segunda venida de Cristo el mundo será devastado por desastres naturales terribles.

En Apocalipsis 6:12-14 leemos que el mundo será devastado por un terremoto global en la segunda venida de Cristo: “Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto... y todo monte y toda isla se removió de su lugar”. Este mismo terremoto es descrito en Apocalipsis 16:18: “Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra”. El versículo 20 agrega que “toda isla huyó, y los montes no fueron hallados”.

Se trata de un terremoto tan poderoso que pulverizará toda montaña y hará desaparecer las islas en el océano, dejando la tierra en la absoluta ruina. Pensemos en cómo quedaron las torres gemelas de Nueva York luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. ¡El terremoto de la segunda venida de Cristo destruirá los rascacielos de todas las ciudades de la faz de la tierra!

Finalmente, Jesús mismo dijo que la tribulación previa a la segunda venida de Cristo será tan severa que “si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo” (S. Mateo 24:22). En otras palabras, la raza humana se extinguiría si Dios no limitara los desastres naturales en el mundo durante el conflicto final. La segunda venida de Cristo pondrá fin a estas calamidades, ¡pero nuestro planeta no será un lugar muy habitable!

Ahora, preguntémonos: ¿vivirán los hijos de Dios en un lugar que fue devastado por la segunda venida de Cristo? La respuesta es obvia: ¡No!

Qué dice el Apocalipsis

De hecho, el Apocalipsis dice exactamente lo contrario. La Biblia nos da cuatro visiones de los hijos de Dios luego de la segunda venida de Cristo, y cada una de ellas es del cielo, no de la tierra.

La primera visión, en el capítulo 7, es de “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero” (Apocalipsis 7:9; la cursiva es agregada).

Y notemos la condición ideal en la que su pueblo vivirá: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos... y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (Apocalipsis 7:16, 17). Nuevamente, ésta es una descripción de una vida perfecta en el cielo, ¡no una existencia entre los impíos en un planeta destruido!

La segunda visión del pueblo de Dios durante el milenio está en Apocalipsis 14:1, 3. Juan dice: “Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil... y cantaban un cántico nuevo delante del trono”. Nuevamente, los redimidos están delante del trono de Dios en el cielo, no en esta tierra.

La tercera visión, en Apocalipsis 15:2, nos muestra “a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio”. Apocalipsis 4:6 dice que “delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal”, lo cual significa que el mar de vidrio está en el cielo.
La contienda entre el pueblo de Dios y los poderes de la bestia terrenal (véase especialmente Apocalipsis 13) es el conflicto final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal en nuestro planeta, y la escena de Apocalipsis 15 nos muestra quiénes han vencido “a la bestia y a su imagen”. Así, el conflicto entre el bien y el mal ha llegado a su fin. Los hijos de Dios están en el cielo delante del trono de Dios. Esto obviamente ocurre después de la segunda venida de Cristo, durante el milenio.

La visión final de los justos que vierte el Apocalipsis después de la segunda venida de Cristo, durante el milenio, está en el capítulo 19. Y aquí Juan lo dice claramente: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud [los justos] en el cielo” (Apocalipsis 19:1; la cursiva es agregada).

Así, la evidencia de la Escritura es muy clara: El pueblo de Dios estará separado de los impíos en la segunda venida de Cristo; y estará con Dios en el cielo, no viviendo con los malvados en un mundo devastado.

En la conclusión de la investigación acerca del milenio, todas las personas del grupo de estudio de la Biblia coincidieron en el punto más importante: Cada uno de nosotros queremos pasar el milenio con Jesús. Esto significa que debemos conocerlo hoy y comprometernos a mantener una relación con él hasta que vuelva.

Yo invito a cada lector... a tener el mismo compromiso.


Fuente: El Centinela
Autor: Marvin Moore, escritor adventista, editor de la revista "Signs of the Times". Autor de mas de 30 libros, de los cuales han sido traducidos al español, "La Gran Catastrofe', "Anticristo y Nuevo Orden Mundial", "El desafió del Tiempo Final", "Evangelio & legalismo" y "¿Será que podría pasar?". Imparte seminarios a través del ministerio "Hope for the End Time" Seminars

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